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18 enero, 2021

El negocio nefasto y cruel del K-Pop

Con este ensayo inauguro la sección de "Investigando temas que me dan curiosidad"

Agradezco muchísimo a Valeria (ValEnCiel) y Maka (Maka García) quienes tuvieron la amabilidad de leer el ensayo y aportar su conocimiento sobre el tema. 

Aclaración: este ensayo fue hecho con la única finalidad de exponer mis opiniones personales. Seguramente haya errores de fechas u otro contenido, pido disculpas por anticipado. No soy conocedora ni experta del k-pop, sólo tenía ganas de escribir sobre el tema. 


El negocio nefasto y cruel del K-Pop

                                     

                                       Imagen: K-magazine (http://www.k-magazinemx.com)


Corría el año… ¿2010? y recuerdo que las convenciones de animé comenzaban a inundarse con un ritmo nuevo, super pegadizo, que se te metía en la cabeza y no te lo sacabas en semanas. El k-pop originario de, por entonces, la desconocida Corea del Sur, venía a darle pelea al j-pop y j-rock (¿alguien se acuerda del para para?), que dominaban el ambiente hace años. Tengo que confesar que en ese tiempo pensé que sería solo una “moda del momento” y que pasaría en poco tiempo. Todo lo que venía de Japón era muy fuerte y no se me pasaba por la cabeza que esa musiquita pegadiza pudiera destronar a la fiebre del sol naciente. Sin embargo, no podía negar que la música se te pegaba como garrapata. Los videos, con esa coreografía milimétricamente perfecta y super difícil te atrapaba y a los pocos días ya estabas repitiendo algunos pasos (los que te salían, en los otros improvisabas moviéndote como esos muñecos llenos de aire que están en los estacionamientos de Yanquilandia). 

Lentamente, las coreografías comenzaban a meterse en las convenciones por algunos grupos valientes (otra confesión: me sabía el 90% de Sorry Sorry de Super Junior y estuve a un pelo de carpincho de presentarme en una expo, gracias dioses del Olimpo por impedirlo). 

Los años pasaron y la verdad es que perdí al k-pop de vista, no había logrado engancharme en esa época y, repito nuevamente, estaba segurísima que sería una moda pasajera. 

Quién hubiera dicho que, ¿lento? y seguro, comenzaba a meterse en nuestros pagos, haciéndose más fuerte, expandiéndose y replicándose como un virus (sé que usar la palabra virus en este momento no es lo más feliz, pero en este caso no tiene connotación negativa). 

Cuando Psy rompió el mundo en el 2012 con su "Gangnam Style" y en la serie Glee apareció una canción de Big Bang (Fantastic baby) fue cuando volví a encontrarme con el k-pop. Y la verdad es que me sorprendió que todavía existiera. Pobre ilusa, el k-pop no sólo existía, se había expandido por el mundo y en Latinoamérica seguía firme en camino de convertirse en un fenómeno sin igual. 

Volví a escuchar a los grupos del momento y me seguía pareciendo super adictiva la música y la coreografía, pero seguí mi camino con el mismo pensamiento "ya va a pasar"

 Y, no, no pasó. Todo lo contrario.

2020. Pandemia mundial por COVID 19 (y aclaro *docente de Salud Pública mode on* no está mal decir pandemia mundial, no es redundante. Pandemia es cuando una epidemia se extiende por áreas geográficas extensas, abarcando varios continentes. En este caso, la pandemia abarcó prácticamente todo el mundo *docente de Salud Pública mode off*).

La situación de la pandemia me llevó a trabajar desde casa, por lo que youtube se convirtió en mi mejor amigo. Por esas fechas (marzo del 2020), había escuchado varios grupos. Y, claro, al asistir a las convenciones en los últimos años, no había podido escapar del k-pop. Y es que las convenciones se habían convertido casi en encuentros de k-popers. También tuve la oportunidad de ir a convenciones exclusivas, y las encontré bastante interesantes. Me llamaba la atención sobretodo los grupos de baile y el hecho de que los fans pudieran reconocer los 7, 9, ¡11! o más integrantes, además de tener un impresionante, realmente IMPRESIONANTE  merchandising.

Ahí estaba. La “moda” seguía. 

La pandemia también me acercó más a las redes sociales, sobre todo a twitter, y ahí fue cuando comencé a darme cuenta de la verdadera dimensión del k-pop.

En todos lados y cuando digo todos es en TODOS, estaba el k-pop. Sin importar el tema: religión, política, economía, aparecían los “chinos” bailando (y no, ya sé que no son chinos, no lo digo con el afán de ofender, pero entiendan es el término utilizado por la gente que no es del palo). Y comencé a prestar más atención. Y cuanto más atención prestaba, más los veía. 

La primera pregunta que me surgió fue: ¿cuál es la necesidad de meter los videitos en TODOS lados? O los interminables hashtag. Particularmente no me molestaba porque los ignoraba, pero si veía un repudio general en las redes, y lo entendía. Porque estaban en todos lados. Y me parecía que, si el objetivo era dar a conocer a tu grupo, insertarlo en contextos sin sentido no hacía nada más que aumentar el rechazo. Convengamos que, para el público en general que no sabe nada de este mundo, los k-popers son considerados algo así como un grupo fanático extremo que te va a saltar a la yugular si se te ocurre hablar mal de su grupo. Y lo primero que se viene a la mente es ARMY (para darse una idea de lo fuerte que son, pongan “army” en google y lo primero que salta no es el significado de la palabra, sino el fandom de BTS). 

Y ahí surgió la segunda pregunta: ¿por qué es tan adictivo? ¿Por qué los fanáticos son tan… intensos? 
¿Qué había detrás de esos grupos de gente hermosamente perfecta?

Y así comencé mi investigación.

Como no sabía dónde ni cómo comenzar, decidí enfocarme en los dos grupos que más “conocía”: BlackPink y Monsta X.  De BP conocía varias canciones y me gustaba mucho. Es más, me había bajado su discografía (no muy extensa a pesar de los años que llevan y de ser uno de los grupos que la rompe, pero esa es oooootra historia en la que no voy a explayarme o esto va a ser interminable. Blink entenderá de lo que hablo). Pero no pasaba de ser sólo un grupo que me gustaba por las canciones, no sabía el nombre de sus integrantes ni tampoco podía identificarlas, así que me pareció comenzar por ahí. 

Afortunadamente, Youtube es un océano interminable de información y de gente maravillosa que hace cuasi documentales, con lo que me fue muy fácil conocer cada paso de su historia. Y muy pronto no sólo sabía sus nombres, su trayectoria antes del debut, después… en fin, mucha información. Después continué con Monsta X (que me costó trabajo diferenciarlos y aprender sus nombres, entonces les puse apodos simpáticos) y fue lo mismo. 

Y ahí surgió la tercera pregunta: ¿serían todos los grupos así? ¿estaría tanta información disponible y por eso los fans se fanatizaban tanto?
Y…. era algo así, pero aún me faltaba descubrir más.

Seguí con otros grupos, los más nuevos y los que ya estaban en la cima del éxito. Comencé a seguir cuentas de los grupos en Twitter e Instagram, bajé un montón de discografía y me suscribí a los canales oficiales de las principales empresas. 
Y comencé a notar un patrón. 

Y es que los fans, a la vez que escribían apoyando a sus grupos, también maldecían a sus empresas. Pedían que los cuidaran, que los trataran mejor, que los dejaran descansar, etc.
Comencé a conocer “el lado oscuro de la luna” del k-pop.

Pero vamos, que cualquier persona que más o menos conozca o frecuente el ambiente de las convenciones, escuchó alguna vez el maltrato de las empresas hacia sus grupos. La industria es así.
Cualquier persona en Corea del Sur que aspire a convertirse en artista de k-pop, sabe que se está metiendo a una picadora de carne y que, si llega a ser uno de los pocos elegidos entre miles de aspirantes, lo van a exprimir hasta sacar el último gramo de talento y energía. Que va a sufrir un entrenamiento súper intensivo donde lo van a moldear, formar y transformar hasta convertirse en un producto perfecto. Sabe que va a perder contacto con sus familiares y amigos y que va a renunciar a su vida social y privada.

Sabe que pasa a ser propiedad exclusiva de una empresa, la cual va a manejar su vida por los próximos 5, 10, 15 años en el mejor de los casos, hasta que le llegue la “fecha de vencimiento” y será descartado por otro “producto” nuevo. Y así, el ciclo sin fin.

Más o menos así es la cosa. No en todos los casos es tan extremo, pero fue la impresión general que me hice.

Sin embargo, el título de “El negocio nefasto y cruel del k-pop” no se refiere a esto. Porque este sistema lo he visto en varias disciplinas. Por ejemplo, el ballet, el patinaje sobre hielo, o la gimnasia artística. Nunca me voy a olvidar cuando a Julio Boca (un maravilloso bailarín argentino) le preguntaron qué es lo primero que iba a hacer, ahora que se había “jubilado” de su profesión como bailarín clásico, y respondió con total felicidad: comer. 

Los artistas de primer nivel, así como los atletas y deportistas, saben que llegar al éxito conlleva sacrificar un montón de cosas. Y sufren horrores para lograr la perfección. ¿Vieron alguna vez los pies sangrantes de las niñas rusas que están aprendiendo ballet? ¿O las dietas extremas a las que son sometidas? ¿Los maltratos de sus maestros?

¿El entrenamiento de las gimnastas rumanas o chinas, que las llevan a entrenar hasta caer desmayadas del dolor o el cansancio?
¿Y cuánto dura esa gloria? En el mejor de los casos, 10 o 15 años también, luego de los cuales deben retirarse, con el cuerpo lleno de secuelas por los años de entrenamiento.

Con esto no quiero decir que estoy de acuerdo o justifique el método que siguen para llegar a sus metas. Me parece horrible, pero también veo el resultado. No hay nada que disfrute más que ver las presentaciones de gimnasia artística y de patinaje sobre hielo. Lo que son capaces de hacer con sus cuerpos, esos movimientos tan perfectos y sincronizados, hasta el punto de no parecer humanos sino hermosas máquinas.

Tal como los artistas del k-pop.

Y sin embargo, detrás de esos pocos minutos de presentación, hay cientos de horas de trabajo, lesiones, dolor, estrés, presión, lágrimas, ansiedad, miedo…

Como ven, no hay nada nuevo.

Para mi, lo perverso y cruel va por el otro lado. Y vamos a meternos de lleno en el tema.

Una de las cosas que más me llamó la atención después de varias semanas (y meses) de recopilar datos, fue la relación entre el grupo y sus fans. Vi que existía un gran vínculo de comunicación entre ambos, un lazo muy profundo que no había visto antes.

Todos somos admiradores de algún grupo o artista. Personalmente, sigo a L´arc en Ciel y X-Japan hace más de 15 años, como fan trato de comprar todo su merchandising,  apoyarlos por las plataformas oficiales, y promocionar cuando sale algo nuevo. ¿Y del otro lado, que recibimos? Y… su música, obvio. Ver las presentaciones. Y de vez en cuando un miembro publica alguito en sus redes sociales. 

Entonces, cuando veo artistas de k-pop saludando todos los días a sus fans, diciéndoles que se cuiden y coman bien, mandando mensajitos super tiernos de aliento… guau, eso si que fue algo que me sorprendió.

El hecho de que ese vínculo fuera tan íntimo, como si no fuera un mensaje de un artista a un fan, sino de… un amigo, familiar...o incluso más.

Los grupos son extremadamente devotos a sus fans y eso si que no se ve en ningún lado. Y es algo que se repetía en todos los grupos.  

Y ahí me surgió una nueva pregunta: ¿por qué esa devoción?

Convengamos que los artistas siempre agradecen a sus fans, porque debido a su apoyo (y consumo de su arte) pueden lograr la fama y el reconocimiento. Pero en el k-pop no es agradecimiento, es DEVOCIÓN. 

Lo comencé a entender cuando leí sobre el sistema de premiación que manejan actualmente en Corea del Sur, que es totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados por acá. Al principio estaba totalmente perdida, pero encontré varias páginas (las voy a dejar en las referencias bibliográficas) que me orientaron bastante. Cito textualmente una frase de Ferri (2016) que creo que lo resume perfectamente: “Actualmente, la participación de los fans en las premiaciones semanales y anuales es bastante activa, ya que la mayoría de los criterios para otorgar un premio incluye el voto online, las visualizaciones del video musical en la plataforma mundial Youtube y, sobretodo, la compra del disco físico”. 

O sea, el número de fans que tenga un grupo prácticamente decide la fama y el éxito de ese grupo. Que sobreviva o caiga en el olvido al poco tiempo.

¿Y cómo logra un grupo obtener sus fans? 

Algunas empresas optan por programas de “supervivencia”, en donde los postulantes (trainee) compiten entre sí hasta llegar a la final y queda armado el grupo que va a debutar. De esta manera, vas conociendo a tu futuro grupo, empatizando con ellos y es más fácil que los sigas apoyando cuando finalmente logran su debut. Este sistema no es nuevo para Occidente, lo vimos en varias bandas y también solistas (programas como “La Voz”, “Pop Stars”, etc.). Aunque no siempre el grupo o solista sigue teniendo éxito cuando el programa termina.

Entonces, ¿cómo se aseguran las empresas que su producto nuevo adquiera seguidores fieles que no los abandonen?

Ya sea que comiences a conocerlos por programas de supervivencia o no, cuando un grupo debuta tenés información de los miembros, fotos, videos y lo que se te ocurra inundando las redes sociales. Además de seguir su vida diaria a través de un montón de cámaras que los siguen y están instaladas en sus casas (generalmente, los grupos viven juntos al principio). Sos testigo de los entrenamientos, cuando comen, cuando se levantan… hasta hay cámaras en sus habitaciones… ¿entienden? Es un gran hermano que nunca termina.

Y aunque pueda parecer tierno verlos dormir o que una cámara los muestre al despertar ¿No les parece un poco mucho? ¿La privacidad? Bien, gracias. 

Pero en fin, toda esta exposición constante hace que los sientas parte de tu vida y algo muy cercano. Sumado a una especie de programas live-action donde los ves interactuar con cachorros, cuidando niños y haciendo retos graciosos. Exponen su lado cómico, tierno, simpático, amable… si no terminás cayendo en sus encantos, ¡felicitaciones! Sos un robot sin sentimientos.

A esta altura seguramente te sentiste identificado con algún grupo o con algún integrante que pasa a ser tu favorito (Bias), pasas a formar parte del fandom y comienzas a consumir su música.

Otra de las cosas que me llamó la atención y es algo que profundiza el vínculo artista-fan son los live que continuamente están haciendo. El grupo o artista en forma individual se sienta frente a una cámara y habla con su público. Generalmente lo hacen en un entorno cómodo (su habitación, sobre la cama, etc), lo cual hace que sea como una conversación íntima y amigable. Responden preguntas, los fans les piden que hagan cosas y las hacen o simplemente les cuentan que pasó en su día o como se sienten.
Al igual que los encuentros cara a cara o “fan meetings”, donde se ocupan de “mimar” a sus fans y devolverles el cariño que les dan.

Hablando con Valeria (ValEnCiel), quien sabe muchísimo de k-pop y lo conoce desde que pisó nuestros pagos, me comentaba la importancia de la expansión y el uso de las redes sociales, lo cual posibilitó a los grupos darse a conocer a nivel internacional, lo cual antes era bastante complicado. Sin embargo, ahora cualquiera puede bajarse las aplicaciones coreanas que usan los grupos y entrar en contacto con ellos, además por supuesto de que también usan las redes más populares como Instagram y otras. 

Con toda esta tecnología, Corea del Sur ya no parece tan lejana, ¿no? Podés estar viendo a tu artista o grupo en vivo y en directo, hablando con ellos y, por supuesto, organizarte con gente de todo el mundo para votar y apoyar a tus favoritos.    

Y acá vamos con el punto clave.

Cada artista sabe que el éxito depende de sus fans. Por todo lo expuesto anteriormente, es el fandom quien decide si serán estrellas o nunca despegarán. Y cuando el fandom responde con aprobación y cariño, ellos saben que su deber es seguir brindándoles lo mejor.

Y uno puede decir: es lo lógico, el artista se debe a su público. Pero en estos casos, realmente lo toman como un deber.

Es su deber dar lo mejor, es su deber estar siempre bien y gustar, tienen que brindar felicidad. No cansarse. Sonreír. 

Mostrar siempre su mejor cara y ser perfectos.

¿Se pusieron a pensar lo frustrante que debe ser eso? 

Y cuando se enferman o lesionan, se sienten super angustiados y piden disculpas por preocupar a sus fans. ¿Entienden eso????? ¡Piden disculpas por algo que es totalmente humano como enfermarse o lastimarse! 

Y los fans ven ese esfuerzo continuo y responden comprando, votando y armando verdaderas estrategias masivas por redes sociales para “regalarles” a su grupo adorado los premios que se merecen.
Y obviamente, cuando reciben esos premios o quedan primeros en listas importantes de música, los grupos agradecen sin fin a sus fans por darles ese “regalo”.

Nuevamente, el ciclo sin fin.

Es un negocio que se maneja con el amor. Del grupo hacia sus fans y viceversa. Las empresas lo saben y por eso fomentan ese vínculo profundo. Obviamente, todo está manejado.

Cada live que se transmite, cada foto que se publica, cada video pasa por supervisión. Porque la empresa no puede dejar que un “mal paso” haga que los fans den la espalda. 

¿Qué sería un mal paso? En Latinoamérica nos puede parecer un poco extraño, ya que somos una cultura muy desinhibida, pero para el mundo del k-pop en Corea del Sur, el artista debe reflejar el ideal de perfección, virtud y buen comportamiento. Un mínimo escándalo puede llevarlos a ser “congelados” y terminar en fracaso, una pequeña equivocación puede ser su fin. 

Hablando con Maka (Maka García), que también está en el mundo del k-pop hace varios años, me comentaba que hoy en día las empresas comienzan a aflojar un poco con lo de mantener todo el tiempo la imagen de perfección de su artista. Un poco creo que es porque se dieron cuenta que ver que tu artista es un ser humano como vos, que también se cansa y se equivoca, hace que te identifiques más con él. Pero, sobretodo, me parece que la clave es que el k-pop tiene enfocado su mercado en Occidente además de Asia y al contrario de los países asiáticos, y más cuando hablamos de Latinoamérica, a nosotros nos “enamora” más un artista que actúa natural y espontáneo que uno que parece una máquina perfecta. Y si te enamorás, consumís. Así, las empresas van dejando que sus artistas se expresen un poco más libremente, pero sin soltar la cuerda del todo.   

Después de tanta información recibida, ahora puedo entender ese fervor del fandom hacia su grupo. Y es que no podés no encariñarte. Los ves desde el principio luchar para mejorar. Son talentosos, bailan maravillosamente bien. Cantan en vivo mientras bailan (todavía no puedo creer lo que son capaces de hacer). Muchos componen y producen sus canciones y álbumes desde el principio, saben hablar varios idiomas (y sino saben, aprenden para poder comunicarse con sus fans internacionales). Apoyan buenas causas y son solidarios.

¿Cómo no amarlos? Se desviven por sus fans y están constantemente agradeciendo y brindándoles cariño.

¿Cómo no amarlos?????

Sobre todo si como fan tenés el “poder” de darles un premio, reconocimiento o dejarlos en el primer lugar de lo que sea, y es fácil hacerlo. Porque lo hacés con un click, con un  hashtag, reproduciendo un video…

¿Cómo no hacerlo???

Es tan sutil el manejo de la industria, porque tanto los grupos como los fans son manejados por el amor mutuo que se tienen. Y es ese mismo amor lo que mueve el negocio.

Las empresas se aseguran de fomentar ese amor de ambos lados y eso me parece nefasto.

Mantener ese amor a toda costa hace que los artistas sufran una angustia terrible, es un deber agotador. No quiero ni imaginar lo que debe pasar por la cabeza de un grupo que debuta y literalmente se mata trabajando para agradar y no lo logra. Y no porque no tengan talento, o no sepan bailar o cantar. Sino simplemente no lograron ese vínculo de amor.

Debo decir también que siento bronca de que los grupos crean que todo lo que logran es por su fans. Bueno, realmente lo es, porque el modelo de negocio así lo decide.

Pero no debería. Cada uno de esos artistas es increíblemente talentoso, simplemente porque fue elegido entre miles, entrenado por años y desarrollado muchas habilidades.

Son los mejores porque lo son. Es simple. 

Si pensamos en cualquier otro grupo de Occidente...no sé, estoy bastante oxidada en grupos actuales, pero pongamos como ejemplo a One Direction. Tienen sus fans (Directioners) que los apoyaron en grupo y ahora en sus carreras en solitario. Consumen su música, también los promocionan por redes sociales y eso. Y los chicos (ya no son chicos, me quedé en el pasado), agradecen y responden también con cariño. Pero no hay ese vínculo de amor-devoción. Simplemente porque la industria de Occidente se maneja de otra manera. El fan no maneja el destino del artista. Y el artista no le debe la totalidad de su éxito a su fan. Eso hace que el artista tenga la libertad de ir modificando su estilo, su aspecto y su vida las veces que quiera. Habrá quienes les guste esos cambios y quienes no, pero eso no impedirá que el artista vaya evolucionando con el tiempo, como quiera y como lo necesite.

En la industria del k-pop eso es imposible. Hay demasiada competencia, todos los años salen grupos nuevos. Y todos son buenos (no hay malos cantantes ni malos bailarines), fueron entrenados por años para serlo. Eligen de entre miles de postulantes a los que van a responder a las expectativas de los fans.

Y los “diseñan” para gustar. Desde su imagen, su postura, su forma de responder entrevistas, mirar a la cámara...todo. Todo está pensado para enamorar y formar ese vínculo de amor-devoción que garantizará el éxito.

Y estoy 99,99% segura que en ese entrenamiento le meten en la cabeza a los trainee que deben su “vida” y su futuro a sus fans. Imaginen a un niño/a/e que inicia su entrenamiento muy joven (13 años en promedio o antes), alejado de su familia y círculo social. Recibiendo indicaciones las 24 horas de su vida los 7 días de la semana. Siendo moldeado para responder una expectativa de perfección. Porque si no es perfecto, no sirve.

No es de extrañar que en muchos casos colapsen y terminen con traumas y muchos problemas.

Y los que al fin logran su sueño de debutar, terminan con una presión y comienzan con otra. La de mantenerse y sobrevivir. La de lograr gustar. La de no equivocarse. 

Creo que es por eso que hay tanta hermandad en los integrantes. Porque la presión debe ser tan grande, que no tenés a nadie más que a tu compañero. A pesar de las miles de cámaras que los siguen a todas partes y la continua exposición, sólo tu grupo te ve llorar, gritar y quejarse. Porque todo lo malo nunca debe mostrarse. Tus fans no te pueden ver frustrado, con dolor o cansado. Si te ven llorar, debe ser de felicidad porque tus fans te regalaron un primer puesto o un premio. Pero llorar de tristeza, NUNCA.

No está permitido.

Como artista tu deber es ser fuente de felicidad, alegría y energía positiva. 

Tu fan debe ser testigo de tu esfuerzo por ser mejor, porque lo haces por amor al fandom.

TODO lo que haces es por amor a tu fan. 

Porque si logras el éxito es por su apoyo.  

Y si no lo logras, es porque no te esforzaste lo suficiente por ellos.

Tu fandom se esfuerza en comprar tus discos, votar, reproducir tus videos…

Tu deber es seguir haciendo feliz a tu fan.

Tu deber como fan es comprar los discos, votar, reproducir sus videos…

Porque con eso lográs un premio que hace feliz a tu grupo. Los hace sonreír y ser felices.

Y como fan, te hace feliz verlos felices.

Por eso, cuando no logran esos reconocimientos, como fan te da bronca. Porque tu grupo es bueno, lo sabés porque los conocés y seguís hace años. Sabés que trabajan día y noche para mejorar. Y ofrecerte lo mejor. Lo ves cuando suben fotos, videos o hacen lives y ves las ojeras de cansancio detrás del maquillaje. O los moretones y heridas que se hacen durante las prácticas. Cuando van a presentaciones aún sabiendo que tienen fiebre o se sienten mal. Cuando hacen esas giras interminables casi sin descansar y sabés que están muertos de agotamiento y aún así hacen presentaciones impecables. Aún cuando se les sale el hombro en plena performance pero siguen bailando. 

Entonces como fan armás hashtag y movilizaciones para que las empresas traten mejor a tu grupo. Que los cuiden, que los respeten como artistas.

Y a las empresas les importa una mierda (perdón la expresión), porque saben que, aunque reciban millones de quejas de los fans, ellos seguirán comprando, votando y haciendo promoción por las redes. Logrando premios para su grupo. Y el grupo seguirá adelante por sus fans.     

Y así, el vínculo de amor-devoción seguirá manteniendo el negocio y la empresa seguirá exprimiendo a ese grupo hasta que ya no quede más por usar y lo descarte para darle lugar a uno nuevo. Que traerá nuevos fans. 

Haciendo eterno el círculo nefasto.

ES HORRIBLE.

A medida que iba leyendo, viendo y sacando conclusiones, me preguntaba si en algún momento ambas partes son conscientes de que son manejados a través de ese vínculo de amor. Supongo que sí, cuando pasan varios años, los artistas deben darse cuenta, a medida que maduran y crecen como personas y también profesionalmente. Y los fans también. Sobre todo porque todo el negocio apunta principalmente a adolescentes y cuando llega la adultez con sus problemas y responsabilidades, ya no tenés tanto tiempo para dedicar a tu grupo. Y si bien seguís acompañándolos y apoyándolos, lo más seguro es que lo hagas desde el cariño y no desde la devoción y el fervor.

Y así es como debería ser desde un principio, ¿no?

Pero la realidad es que el negocio está ideado de otra manera. Y es un negocio que va haciéndose más fuerte con cada año que pasa. Y de manera contraria a lo que pensaba en el lejano 2010, ahora sé que el k-pop vino para quedarse por mucho, mucho tiempo. Un producto perfecto pensado para la exportación, que enamora y fascina a los jóvenes de todo el mundo. Que tiene todos los condimentos para que quedes fascinado y entres al círculo sin darte cuenta. Y comiences a votar, compartir hashtag y reproducir videos hasta el cansancio.

Porque tu grupo se lo merece y querés que sean felices.

Porque se esfuerzan y son los mejores.

Porque te dejan mensajitos de aliento, se despiertan temprano para despertarte porque vos se lo pediste.
Te dicen que te alimentes bien y que sos la razón por la que ellos se esfuerzan cada día.

Te aman y vos los amás.

¿Cómo no vas a apoyarlos si te dan tanto?

Y seguís votando, compartiendo hashtag y reproduciendo videos hasta el cansancio.

Y todo vuelve a comenzar…


Bibliografía consultada (puse sólo las más importantes)

1-Carmona Ferri, C. B. (2016). Análisis comparativo entre la estrategia occidental y coreana en la venta de discos físicos.

2-Canal de Youtube de Liry Onni
PARTE 1 : FANS DEL KPOP: HASTA DÓNDE LLEGA TU FANATISMO. QUÉ HARÍAS POR TU ÍDOLO KPOP
https://www.youtube.com/watch?v=V72gvpoTjXo&ab_channel=LiryOnni

PARTE 2 : TE VA A SORPRENDER TODO LO QUE HACEN LOS ÍDOLOS DEL KPOP POR SUS FANS
https://www.youtube.com/watch?v=YmNUXZjZuAY&ab_channel=LiryOnni

PARTE 3 : EL LADO OSCURO DEL FANATISMO. QUÉ ES UN SASAENG
https://www.youtube.com/watch?v=OchrgKv53Do&ab_channel=LiryOnni

3-Canal de Youtube de JiniChannel
¿POR QUÉ LOS ARTISTAS COREANOS "DESAPARECEN" TRAS UN ESCÁNDALO?
https://www.youtube.com/watch?v=KO104pmVAtc&ab_channel=JiniChannel

4-Meza, X. V., & Park, H. W. (2015). La globalización de productos culturales: Un Análisis Webométrico de Kpop en países de habla hispana. Redes. Revista hispana para el análisis de redes sociales, 26(1), 124-148.

5-Molnar, V. (2014). La ola K-POP rompe en América Latina: un fanatismo transnacional para las Relaciones Exteriores de Corea del Sur. Question, 1(42), 159-179.

6-Hurtado Olmos, L. (2016). El artista como producto en Corea del Sur: EXO y el fenómeno fan (Doctoral dissertation).