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01 febrero, 2021

Enfermedad


A veces las historias se parecen demasiado a la vida “real”

A veces la vida “real” se parece demasiado a las historias…

 

Muy bien, aquí voy…

Estoy aquí, frente a ustedes, con un propósito. Me dijeron que estoy muy enfermo. Que llevo años con esta dolencia.

Más que años, toda la vida.

Y la única oportunidad que tengo de curarme es enfrentar mi enfermedad.

Claro, ustedes se preguntarán qué clase de padecimiento sufro. No, no se preocupen, no es algo contagioso.

Lo que tengo es… que no existo.

Esperen, sé que lo que están pensando. No estoy loco. Soy completamente consciente de lo que estoy diciendo.  Lo que soy, en realidad, lo que la gente ve, es sólo una ilusión.

Mi verdadero yo está repartido en mil lugares diferentes, en miles de personas distintas.

Personas que odian, aman, lloran y ríen.

VIVEN

MUEREN

Mi verdadero yo respira y camina en miles de mundos.

Repito que no estoy loco, sigan escuchando por favor. Este relato es parte del tratamiento para curarme.

Dicen que, si no logro recuperarme, desapareceré. Que el ser humano no puede sobrevivir disperso en pedazos.

Aunque… ¿saben? De esa última parte no estoy muy seguro, porque he logrado sobrevivir hasta ahora. Y he sido muy feliz viviendo todas esas vidas. Cada día me levanto y un rostro distinto me saluda en el espejo. Y me acompaña durante toda mi jornada.

Porque, claro, tengo que hacer ciertas cosas “normales”. Trabajar, por ejemplo. Uno no puede comer del aire. Tengo una casa, un auto y tres gatos. De vez en cuando me reúno con amigos y tomamos unas cervezas.

Pero, todo eso que ellos ven no es más que una máscara. Y a todos les cae bien esa máscara. Es confiable, simpática y muy diplomática. Es perfecta, se los aseguro. Funciona muy bien para el mundo normal.

 

¿Qué dicen? ¿Si alguna vez intenté quitármela?

 

Si… un par de veces.

 

¿Y? ¿Qué cómo resultó?

 

Si hubiera resultado bien no estaría aquí frente a ustedes, ¿no? Estaría a su lado escuchando a algún otro enfermo contar su dolorosa experiencia.

No, no resultó bien. Aunque al principio lo disfruté…y creí que podría dejarla de lado y ser, finalmente, una persona “normal”. Pero me equivoqué. Sin la máscara las cosas duelen demasiado. Las cosas buenas y las malas.

Lo peor fue que en esos periodos, el espejo reflejó siempre el mismo rostro. Todas esas vidas distintas se perdieron. No lograba encontrar esos pensamientos y sensaciones, esas risas y llantos.

Nadie nacía y nadie moría.

Lentamente, un enorme vacío se comenzó a apoderar de mi mente. Todo era igual.

Y, ríanse si quieren, pero siempre creí que tenía un gran poder. El poder de crear mundos. Y, de repente, ese poder se había esfumado.

¡Fue espantoso! Porque creía que lo había perdido para siempre.

Afortunadamente no fue así, ese periodo de “realidad” terminó y al poco tiempo me di cuenta que podía volver a romperme en miles de pedacitos.

¡HABÍA VUELTO! Y si, perdonen mis gritos, pero grité de felicidad, lloré de felicidad al saber que había recuperado mi magia.

Todo estaba como antes, y aún mejor.

Y fue cuando me diagnosticaron esta enfermedad. Ahora dicen que estoy en una fase que se reagudizó y, si no logro contenerla, me perderé para siempre. Porque nadie puede vivir disperso en distintas realidades.

Tengo que concentrarme en un solo yo, mi verdadera personalidad. Debo volver a ver un solo rostro en el espejo. Tengo…

Lo siento, no puedo. No puedo hacerlo. Perdón por hacerles perder el tiempo, seguro tenían mil cosas más importantes que hacer que estar escuchándome a mí.

Perdón a todos los que se preocuparon y pensaron que podían curarme.

No quiero dejar de vivir esas mil vidas diferentes. Quiero llorar, reír, odiar y amar mil veces de mil maneras diferentes.

Quiero crear cientos de  realidades distintas, aún a costa de perder mi propia realidad.

¿Qué importa una vida simple mientras pueda ver el mundo con un par de ojos diferentes todos los días?.

A cambio de eso, puedo ofrecerles vivir esa aventura conmigo.

¿Se animan?

¡Vamos! ¡Vengan conmigo! Les prometo que no se van a arrepentir.

 ¿Como dicen? ¿Quieren saber mi nombre?

 Es razonable, nadie en su sano juicio iría con un desconocido.

Tengo muchos nombres, pero no se preocupen. 

Ustedes sólo usarán uno.

Llámenme: Escritor.

Que mi vida siga tan normal como pueda, que necesito todas las aventuras para llevar a las palabras…