Si esto es lo último que voy a escribir, quiere decir que voy a morir. Sería la única explicación posible para dejar de expresar los sentimientos en palabras.
Y si voy a
morir… sería una lástima.
Siento que aún me
falta mucho.
Tengo mucho que
decirte.
Tengo mucho que
mostrarte.
Quisiera que
conozcas mi mundo.
Retazos de cielo
azul, sembrado de algodones blancos y grises.
Tierra caliente,
pies descalzos.
Hierba húmeda que
hace cosquillas entre los dedos.
Miles de árboles
que te esperan para dormir bajo su sombra.
Noches con luz de
luna, en donde te acunaría en mis brazos acariciándote la frente
Susurrándote lo
mucho que me gusta estar contigo
Debo advertirte, mi
mundo es chiquito y algo extraño. Pero es cálido, y allí nunca te van a lastimar.
Espera un momento,
tengo cosas que debo hacer primero.
Pedirte que me
mires a los ojos, que sepas que te extraño, que leas en ellos lo que me cuesta
tanto decirte.
Tomarte de la mano
para llevarte lejos del dolor, de la soledad, de la tristeza.
Brindarte aromas de
hierba, jazmín y naranjas. Atardeceres de enormes soles dorados, cantos de
chicharras… alas de mariposas…
Silencios de manos
entrelazadas, de cabeza sobre hombro, de espíritus unidos.
Murmullos de
lagunas, besos de río.
Este no puede ser
el final.
Esto es sólo un
nuevo comienzo. Hay demasiado que puedo brindarte. Por eso, te propongo algo.
Quiero que te pares
frente al espejo y mires con atención. Por un minuto, no te muevas, sólo fija
tu mirada en el reflejo.
¿Me ves?
Estoy ahí, siempre
estuve ahí. Y nunca te voy a abandonar, no importa si tú lo haces. Porque sé
que sólo será por un tiempo, y luego volverás a buscarme.
Como lo hiciste
ahora.
Nuestro destino es
estar juntos y es momento de que lo aceptes. Que me veas al fin en tu interior.
Soy esa llamita en tu alma que arde con fuerza cada vez que mueves tus dedos en
el teclado. Y que comenzó a arder en tu infancia, cuando tomaste un papel y un
lápiz y escribiste tu primera historia.
Acá estoy, contigo.
Y mi mundo está
esperándote, ese mundo que es el tuyo, porque tú lo creaste. Le pusiste un
nombre y lo comenzaste a llenar de vida.
Todos están
esperándote también, todos quieren brindarte el mismo amor que yo te ofrezco.
Queremos cuidarte y
que no sufras más. Que no tengas más miedos.
Queremos que sepas
que, para nosotros, eres lo más importante.
Todos somos un
pedacito de tu alma, de tus miedos, de tus errores, de tus aciertos. No
queremos que llores, nosotros lloraremos por ti. Sonreiremos por ti.
Amaremos y
odiaremos por ti.
Nos quedan mundos
de palabras por delante.
Y queremos que, de
una vez por todas, te animes a mostrárselos a todos. Estamos listos, y sabemos
que tú también lo estás.
Es tiempo que te
liberes, que nos liberes.
No tengas miedo de
dar ese paso. No te preocupes, estaremos contigo, a tu lado.
Sólo tienes que
cerrar los ojos y nos verás a todos sonriéndote y dándote fuerzas.
Ha llegado el
momento.
Por eso, esto no puede ser lo último que voy escribir. Porque sabemos que tú no dejarás de hacerlo.