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21 febrero, 2026

Macka (Máscara): Persona







“Persona”, es el término utilizado por Jung para referirse a la “máscara” que usamos los seres humanos para convivir en sociedad. Representa cómo nos vemos ante los demás y cómo queremos ser vistos por ellos. Puede ser única, pero generalmente es múltiple, debido a que desarrollamos varias "máscaras" (para el trabajo, familia, amigos, pareja, etc.) para adaptarnos a diferentes situaciones y ocultar nuestro verdadero ser, siendo un sistema de adaptación social, sin mostrar lo que somos realmente.

En palabras de Jung: «La persona es un complejo sistema de relaciones entre la conciencia individual y la sociedad, una especie de máscara, diseñada, por un lado, para causar una impresión definida en los demás y, por otro, para ocultar la verdadera naturaleza del individuo».

 

Inicio: 2014 – 1er Hiatus 2016

UNO

-Walker y Jones, reportándose, señor. Llegamos al objetivo. Cambio.

-Recibido, Walker, proceda según lo acordado. Cambio.

-Entendido, señor. Cambio y fuera- contestó el hombre apagando el comunicador, para luego dirigirse a su compañera- ¿Lista? -Vamos a terminar de una vez por todas con ese desgraciado.

Ambos bajaron de la patrulla policial, internándose en un estrecho callejón. La oscuridad de la noche les permitió avanzar fácilmente sin ser vistos.

-¿En qué habitación se encuentra?

-Kim le entregó la llave de la habitación 102, es aquella de la esquina.

-Bien, sube por las escaleras de emergencia, yo iré por dentro. Te avisaré cuando llegue y entraremos al mismo tiempo. Según el informe de Kim, debería estar sólo con su amante de turno, aún así no nos descuidemos, ¿de acuerdo?

-No me mires a mí, Red, Eres tú el que tiene pésima puntería.

El hombre sonrió, abriendo la herrumbrada puerta para desaparecer en el interior al tiempo que la mujer hacía lo suyo por las escaleras.

-Ese traficante de mierda me las va a pagar por hacerme subir cinco pisos a pie…

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-Quédate quieto, rusito, no quisiera lastimarte.

-Es…esto… no fue parte… del...- balbuceó, sintiendo que las palabras quedaban atoradas en su garganta. Trató de apartar al hombre que yacía sobre él, pero no tenía fuerzas ni para levantar los brazos. Su cuerpo pesaba como plomo.

 -Siento haber puesto ese calmante en el vino, pero supuse que no ibas a querer probar mi mercancia por las buenas. Vince me dijo que eres un poco quisquilloso- susurró riendo en su oído- Te va a gustar, ahora deja de mover el brazo.

El hombre tomó una jeringa de la mesita de luz, flexionando el codo del joven, quien ya no tenía control sobre su cuerpo. Sólo sintió un agudo pinchazo y un líquido irritante circular por sus venas.

-Ya está, ¿ves que no fue tan malo?- escuchó a lo lejos- Ahora comienza lo divertido.

Abrió la boca para gritar, pero tenía la garganta seca. Miles de sensaciones lo inundaron, su vista se nubló, no podía distinguir nada. Sólo escuchaba los gemidos ahogados en su oído.

A lo lejos escuchó un fuerte ruido, como el de cristales al romperse. Varias voces. Gritos de aquel hombre, y la sensación de que ya no se encontraba sobre su cuerpo. Sintió que tomaban su rostro, intentó enfocar su visión, pero lo único que logró ver fueron sombras.

-¿Chico, estás bien? ¡Responde!

-Es inútil, Cecil. Está totalmente drogado. Debemos llevarlo al hospital de inmediato. ¿Puedes encargarte tú sola?

-¿Bromeas? Este desgraciado está bien sujeto, no te preocupes.

-De acuerdo, la brigada llegará en unos minutos. Vamos, pequeño.

Aquella sombra lo tomó en brazos, sintió un fuerte olor a colonia marina y el acelerado galopar de un corazón. Una vez más intentó hablar, pero fue imposible. Un gran cansancio se apoderaba de su mente y todo comenzó a oscurecerse poco a poco. Lo último que escuchó, fue una grave voz, que resonó tranquila y firme:

-No te preocupes, todo estará bien…

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-Sargento Walkers, pensé que ya se había retirado. El paciente acaba de despertar.

-Esa es una buena noticia, doctor.

-Sí, pero aún no está en condiciones de soportar un interrogatorio. Los efectos de la droga no han desaparecido totalmente y su pulso es débil. No quiero arriesgarlo a que sufra otra descompensación.

-Por supuesto, esperaré el tiempo que sea necesario. ¿Podría pasar a verlo?

-Sólo 5 minutos. Confío en su buen juicio, sargento.

El hombre asintió y entró sigilosamente a la habitación, que se mantenía en penumbras para no molestar al paciente. Lo vio pálido y con los ojos semi cerrados, pareciéndole mucho más joven que la primera impresión. Al escuchar los pasos, volteó el rostro fijando su mirada en él.

-Soy el Sargento Walkers- exclamó, sin saber muy bien qué decir- Sólo… quería saber cómo estabas.

-¿Cuánto tiempo estaré aquí?- su voz sonó débil, pero firme.

-Hasta que los médicos te den el alta.

-¿Y después?

-Primero tu alta, después veremos qué hacer. ¿Quieres que llame a algún familiar? ¿Amigo?

El joven negó con la cabeza.

-De acuerdo, descansa- dijo, comenzando a retirarse. Antes de abrir la puerta, se volvió para preguntar- ¿Cómo te llamas?

Un incómodo silencio inundó la habitación por varios segundos. El paciente cerró los ojos y suspiró, respondiendo en voz tan baja que le fue muy difícil escucharlo:

-Kisa…

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-¿Qué clase de nombre es ese?

-No lo sé, Cecil. Ni siquiera estoy seguro que sea su nombre verdadero. ¿Ya terminaron con Atom?

-Sí, fue sencillo, cantó sin problemas. Dio varios nombres, así que vamos a tener mucho trabajo, compañero.

-¿Dijo algo del chico?

-Hmm, no. Pero, no te preocupes, cuando se recupere… ¿qué estás haciendo?- preguntó, al ver que se disponía a entrar en la oficina.

-Quiero hablar con él.

-Red, no…

-Ya sé, ya sé, sólo voy a hacer algunas preguntas, ¿de acuerdo?- respondió, sonriendo.

-Ya dije todo lo que sabía, ¿qué más quieren?- habló, con voz nerviosa el hombre al ver entrar al agente- ¡No sé nada más!

-No vengo a hablar de tus negocios sucios. Quiero que me digas quién es ese chico que estaba contigo.

-¿Qué??

-Sabías que es menor de edad, ¿verdad? Eso agrava tu situación.

-Eso no es asunto suyo.

-Sólo dime quién es.

-¡Ya dije que no…!- comenzó a decir, pero se vio alzado en vilo con fuerza y llevado contra la pared.

-No me haga perder la paciencia, Atom-habló, sujetándolo por el cuello- Nos conocemos hace mucho tiempo y sabe de lo que soy capaz. Sólo responda y lo dejaré en paz.

-No… no sé quién es, en verdad. Me lo… recomendó un amigo, que hizo el contacto con su… representante.

-¿Quién es ese representante?

-Vince. No sé su apellido, no sé nada más. Sólo hablé por teléfono…

-¿Cómo es el nombre del chico?

-No lo sé, Vince lo… lo llamaba “rusito”. Me… mandó una foto por teléfono, fue todo.

Red lo soltó, haciendo que el sujeto cayera al suelo con violencia. Cuando salió, se encontró con su compañera mirándolo enfadada.

-Cumplí mi palabra.

-Si, claro. Entonces los gritos y el golpe contra la pared fueron productos de mi imaginación, ¿verdad?

-Siempre digo que tomas demasiado café.

-En serio, Red. El chico no es nuestro problema. El departamento de Minoridad ya estará tomando cartas en el asunto.

-Si, claro… con lo eficientes que son. Sólo quería acelerar las cosas, encontrar a algún familiar o contacto.

-Olvídalo, ¿me oyes? Sabes que al Capitán no le gusta que te metas en otros departamentos.

-Si, si,  tienes razón. Sigamos con lo nuestro.

Sin embargo, esa tarde Red volvió al hospital. El muchacho ya se encontraba totalmente recuperado, sin embargo, no pudo sacarle ninguna información, por lo que decidió hablar directamente con el personal de Minoridad. Respiró hondo al entrar en la oficina, sabiendo que necesitaría de toda su paciencia.

-¡Red, muchacho! Tanto tiempo- saludó un hombre obeso, levantándose con dificultad de su asiento- ¿Quieres un café?

-No, muchas gracias.

-¿Qué te trae por aquí?

-Quería hablarte sobre el chico del hospital.

-Ah, el del caso Atom.

-Ese mismo. ¿Han encontrado alguna información de su familia?

-Nada de nada. ¿Una rosquilla?

-No, gracias. ¿Algún contacto entonces?

-No. Es raro, generalmente en estos casos los menores se encuentran en estado de shock, muy asustados, pero este chico…- dijo, mordiendo el dulce- Cuando hablé con él, estaba completamente tranquilo. Dijo que no tenía familia y que vivía solo.

-Por supuesto no le habrán creído, ¿verdad? Atom dijo que lo contactó mediante un representante, un tipo llamado Vince.

-¿Ah, si? El chico no mencionó nada de eso- respondió, rascándose la barbilla.

-De todos modos, ¿qué pasará con él?- insistió, respirando hondo para mantener la calma- Los médicos están a punto de darle el alta.

-Hmm, supongo que seguiremos la normativa de rutina. El chico pasará a una institución hasta que podamos encontrar a alguien de su familia.

-¿Y qué pasaría si algún ente oficial se ofreciera para hacerse cargo de él hasta ese momento?

-¿Ente oficial? ¿Y quién…?

-Yo.

-Red, ¿acaso tienes síndrome de niñera o algo parecido?- rió.

-Sólo quiero asegurarme que esté en un ambiente seguro y tranquilo hasta localizar a algún pariente. ¿Habría algún problema en que me hiciera cargo?

-Hmmm, no. Tendría que hacer los arreglos para designar tu custodia temporaria, pero, cómo formas parte de la policía, el trámite se haría rápidamente.

-Perfecto. ¿Lo podrías tener listo para mañana? De esa manera lo llevaría al hospital a primera hora.

-¿Mañana? Bueno…

-Prometo darte una buena y sabrosa recompensa- sonrió, guiñándole el ojo.

-Jajajajaja, sabes cómo convencerme, amigo. De acuerdo, ven mañana a las ocho y lo tendré listo.

-Gracias, Percy. Nos vemos mañana entonces- y estrechando su mano, salió rápidamente, no sin antes ver como el hombre se disponía a devorar su tercera rosquilla.

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-Adelante, el departamento no es muy grande, pero nos arreglaremos.

Kisa siguió al oficial observando detenidamente cada rincón del lugar. En verdad no era un sitio espacioso, apenas una sala pequeña, la cocina y una habitación.

-El típico departamento de un soltero- pensó el joven, mientras escuchaba a lo lejos la perorata. Después de varios minutos en los que la recorrida descriptiva no se detenía, decidió cortar por lo sano- Dime, ¿por qué me trajiste aquí?

Red se cayó, desconcertado. En realidad, ni él mismo sabía porqué lo había hecho.

-Es que… me parecía que estar en una institución no sería lo mejor para ti, después de… bueno, de lo que viviste…

-Estás bromeando, ¿verdad?- rió, desconcertándolo aún más- No soy nuevo en esto. Espera, ¿acaso pensaste que era la primera vez que me acostaba con un tipo por dinero?

-Bueno…

-¡No lo puedo creer!- volvió a reír- Esto si es gracioso. Pensaste que podías hacer una buena acción al traer a tu departamento a un inocente muchacho shockeado por un terrible trauma. Eres un iluso jajajaja.

-Oye, no me gusta el tono con que me estás hablando.

-¿Y cómo quieres que te hable? ¿Su Excelentísimo señor oficial de policía? ¿Te parece bien?- dijo con ironía, para luego ponerse serio- Agradezco que te hayas preocupado, pero puedo seguir mi vida solo. No necesito que me cuides. Así que sólo me iré y te dejaré tranquilo.

-Lo siento, pero eso es imposible.

-Escúchame bien…

-No, tú escúchame bien. Estás bajo mi custodia y yo decidiré cuándo podrás marcharte. Y será cuando encontremos a algún pariente tuyo. Así que si quieres irte rápido, me ayudarías dándome un poco de información.

-Ya dejé en claro que no tengo familia.

-Y otra cosa: no soy tan estúpido como los del departamento de Minoridad, así que no seré tan fácil de engañar,  vas a tener que decirme la verdad.

-¿Por qué te empeñas en meterte conmigo?- dijo, molesto- ¿Tienes tanto tiempo libre en tu trabajo?

-Ocuparme de tu seguridad también en mi trabajo. Podrás enojarte todo lo que quieras, pero no dejaré que vuelvas con ese Vince.

El chico abrió los ojos, desconcertado.

-Atom me dijo la forma en que contactó contigo. Ese Vince, ¿tiene a varios como tú trabajando para él? Si me ayudas, podemos meterlo tras las rejas. Y no debes tener miedo, tenemos un sistema de protección…

-Deja de hablar, por favor. No necesito que hagas nada de eso, en serio. ¿Quieres la verdad? Te diré la verdad- exclamó, con tono de cansancio mientras tomaba asiento en el sofá- Estoy con Vince bajo mi propia decisión, No me obliga a nada, los clientes los elijo yo.

-No puedes estar hablando en serio, ¿cuántos años tienes?

-¿Acaso la edad es importante?

-Si lo es cuando eres menor.

-Ah, ese tema… Estoy cansado de que siempre me refuten con lo mismo. No veo la hora de cumplir 18 años así me dejan vivir en paz. Como te iba diciendo, trabajo cuando quiero y con quien quiero. Es la primera vez que tengo… este tipo de problemas.

-Ese “problema” hizo que tuvieras una grave descompensación.

-Fue un descuido de mi parte. Generalmente conozco a los clientes, a este idiota lo acepté por un favor que le hizo a Vince. No volverá a ocurrir.

-Entonces, ¿piensas seguir haciendo lo mismo?

-Es mi vida, ¿entiendes? A pesar de tus buenas intenciones, no vas a poder mantenerme encerrado las 24 horas.

-Entiendo…- suspiró.

-Lamento decepcionarte, pero no me interesa ser redimido- sonrió, pero esta vez con amabilidad- Y lamento que te hayas tomado tantas molestias por nada. La verdad tenía una muy mala opinión de los policías, pero evidentemente no todos son unos inútiles de mierda.

-Dios mío, qué vocabulario- rió.

-Cómo si el tuyo fuera mejor. Ahora, ¿me dejará libre, oficial?

-De acuerdo, no puedo obligarte a quedarte, pero te recuerdo que eres un testigo muy importante para mandar a la cárcel a Atom. Deberás testificar.

-Lo haré con todo el gusto del mundo. Si hay algo que no soporto son las drogas y los malditos que las venden. Y le haré pagar por el hematoma que me dejó en el brazo, aún me duele.

-Entonces estás en contra de las drogas, pero a favor de acostarte por dinero.

-Así es. No soy tan malo después de todo, ¿verdad?- sonrió- Seguro habrás pensado que era consumidor de todo tipo de sustancias ilícitas jaja.

-¿Y cómo podré localizarte?

-Te dejaré mi número de teléfono.

-¿Y cómo sabré si es el verdadero?

-Qué pesado, ¿qué más quieres que te deje? Mi dirección no te la daré, lo menos que quiero es que aparezcas queriendo evangelizar a todo el mundo.

-Eres insoportable, no entiendo cómo…. bueno…

-¿Cómo obtengo mis clientes? Te podría demostrar todo lo que se hacer con mi boca, ¿te gustaría?- sonrió, entornando los ojos.

-No me cambies de tema, “jovencito”- exclamó, poniendo énfasis en la última palabra- Dime tu nombre, tu verdadero nombre.

-Es horrible.

-Lo tendrás que decir tarde o temprano en el juicio.

-Aggg, de acuerdo. Andrei Petrov.

-¿Eres ruso?

-No, mi madre lo era. Nací aquí, pero no tuvo mejor idea que ponerme ese horrible nombre para recordar un lugar que nunca veré en mi vida.

-¿Y lo de Kisa es por…?

-Eso es un se-cre-to. Y no estoy obligado a decirlo, así que no lo diré. Bien, ya tienes mi nombre y mi número de teléfono. Y si aún así no estás totalmente convencido, llámame esta noche. Prometo atender.

-De acuerdo, me convenciste.

-¿Puedo irme?

-Puedes irte.

-Muchas gracias, señor oficial. ¡Ah! ¿Cómo te llamas?

-Red.

-No seas idiota, si Red es un nombre entonces yo soy un monje. Tu verdadero nombre.

-También es horrible.

-Prometo no divulgarlo.

-Alfred.

-¿Cómo el mayordomo de Batman?- rió.

-¡Oye! Yo no me burlé del tuyo.

-Porque eres una buena persona. Y yo no. Muchas gracias por todo lo que hiciste, para ser un policía, me caíste bastante bien- habló, acercándose tan rápido que no pudo evitar que lo besara en los labios- Hasta pronto.

-Creo que me arrepentiré de esto más adelante- suspiró Red cuando el chico desapareció- Debería escuchar más a Cecil y ocuparme sólo de mis asuntos…

 

DOS

-¡Kisa! Al fin te dignas aparecer, ¿Dónde te habías metido?- increpó una mujer rubia al verlo entrar.

-¿Dónde está Vince?- preguntó a uno de los fornidos guardaespaldas, haciendo caso omiso a la pregunta.

-En su despacho- contestó el guardia abriéndole la puerta. Encontró al hombre que buscaba sentado en su amplio escritorio. Al escuchar el ruido, alzó la vista.

-¡KISA! ¿Estás bien? Estaba muy…- comenzó a decir, avanzando hacia el joven, que le propinó un fuerte golpe en la mandíbula, que lo hizo retroceder varios pasos.

-¡Mierda! No debí usar el brazo del suero- exclamó por lo bajo, cerrando el puño con dolor, para luego gritarle al hombre que aún no se recuperaba del golpe- ¡Eres un hijo de puta! Me mandaste con un loco, ¿sabías?

-Lo siento… yo, no sabía que…

-¿Qué no sabías? ¿No sabías que el idiota iba a poner un calmante en la bebida para después drogarme?!!! ¡Casi muero!!!!

-¡Lo siento! Si, fui un estúpido, lo siento. Cálmate por favor.

-No voy a calmarme, ¡no quiero calmarme!- volvió a gritar, tirando contra la pared un cenicero que encontró en el escritorio- ¡No quiero volver a verte en mi vida!!!!

Pateando la silla con furia, salió de la oficina, pegando un portazo. Casi de inmediato, la mujer rubia entró, escandalizada:

-¡Vince! ¿Estás bien?

-Si… sólo voy a necesitar un poco de hielo. El rusito tiene un brazo potente jaja.

-Ese chico es incontrolable, no respeta a nadie, ni siquiera a ti.

-Déjalo. Sabía que iba a comportarse de esa manera, y tiene razón después de todo. Fue un error mandarlo con Atom. Y ese idiota que se le ocurre hacer uno de esos experimentos. Por suerte todo salió sin mayores inconvenientes.

-Atom está en la cárcel.

-Se lo merece por hijo de puta. No me afectará en nada. ¡Auch! Ten cuidado- protestó, cuando sintió la compresa de hielo en su mejilla.

-Te quedará una marca.

-No importa, puedo soportar sus muestras de cariño.

-¿Por qué insistes en tenerlo aquí a pesar de todo?

-Por los beneficios que me consigue. Te soportaría de la misma manera si hicieras lo mismo, Rena.

-¿De esta manera agradeces lo que hago y lo que me preocupo por ti?

-No necesito que te preocupes, linda. Necesito que te ocupes de mis clientes importantes. Una compresa de hielo no ayuda al negocio, ¿sabías?

-Ocúpate tú entonces- respondió, alejándose ofendida.

-Hoy es el día en que todos pegan portazos… creo que esperaré unas horas a que se calme y tire todo lo que quiera tirar por los aires y después iré a verlo… ¡auch! Definitivamente tiene un brazo muy fuerte…

Y, como lo había predicho, cuando Vince entró en la habitación del joven, lo halló recostado en la repisa de la ventana abierta, fumando tranquilamente. Avanzó con cuidado, esquivando los trozos de vidrio, ropa y libros esparcidos en el suelo, hasta llegar a su lado.

-Sé que fui un idiota, y lo siento mucho- susurró en su oído, abrazándolo- Lo siento. Tendré más cuidado de ahora en adelante.

-Eso espero.

-¿Tuviste problemas con la policía?

-No te preocupes, pude manejarlo fácilmente.

-Estoy orgulloso de ti, ¿sabías?

-Es lo menos que puedes hacer. Tuve que soportar interrogatorios de policías estúpidos y a los inútiles de Minoridad.

-Y es por eso que traje algo para recompensarte- dijo, entregándole un estuche alargado de color dorado.

Kisa lo miró con desprecio, apartándolo con un manotazo.

-No necesito que me regales piedras brillantes como haces con tus putas. ¿Acaso crees que me importan tanto como a ellas?

-¿Por qué no cierras la boca y lo abres?- rió.

Tomó el estuche, abriéndolo con desconfianza. Cuando vio lo que contenía, no pudo contener un grito de asombro.

-¡No lo puedo creer!!!!! Este es…  !!!!!!????

-El treskilling amarillo, una de las estampillas más raras y caras del mundo. Me costó gran esfuerzo encontrarla y ...- comenzó a decir cuando el joven lo abrazó por el cuello, besándolo.

-¡No lo puedo creer! ¡Es increíble! La venía rastreando hace meses sin ningún resultado!!!!

-Porque no tienes mis redes de conexión. ¿Puedo intuir que estoy perdonado, entonces?

-Por esta estampilla me acostaría con todos los Atom del mundo.

-No será necesario- volvió a reír- En serio, prometo tener más cuidado con tus clientes. No quise admitirlo antes, pero… estaba asustado.

-Olvídalo, ya pasó- respondió, con una dulce sonrisa- Sé como cuidarme solo.

-Entonces, ¿todo está bien entre nosotros?

-Todo está bien. Yo… lo siento también por… esto- dijo, besando con suavidad la zona inflamada donde lo había golpeado.

-Me lo merecía. Guarda bien ese pedacito de papel, ¿de acuerdo? No puedo creer lo que vale esa cosa.

-Lo haré.

-¿Vas a bajar esta noche?

-No, esta noche voy a dormir contigo.

-¿Ah, si?

-Ajá. Así que vas a subir temprano y dejarás a todas esas zorras y a tus amigotes divirtiéndose solos.

-Son negocios, negocios.

-Claro… “negocios”- sonrió- ¿Lo harás?

-¿Cómo puedo negarme cuando me lo pides con esa carita? Será mejor que te prepares, te haré pagar cada centavo que pagué por esa maldita estampilla.

-Será una noche muyyyyy larga entonces- rió, mientras lo veía marcharse. Abrazó el estuche sobre el pecho sin dejar de sonreír. Era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo.

-Deberé guardarlo en un lugar muy seguro… o mejor en un banco. No puedo confiar en que aquí esté a salvo… mientras tanto, vendrás a mi caja fuerte, cosita hermosa.

Volvió a mirar aquel pedacito de papel, viejo y amarillo antes de cerrar el estuche y guardarla. En ese momento escuchó que sonaba su teléfono.

-¿Dónde demonios habrá quedado esa cosa?- se dijo, buscando por todos lados. Lo halló al fin bajo la cama, con la pantalla rajada a la mitad, por lo que no pudo divisar el número-¿Hola?

-¿Kisa?

-¿Quién habla?

-El oficial Walker.

-Hmmm.

-Soy Red.

-Ah! Eres tú, Alfred- rió.

-Qué gracioso jaja, comenzaré a llamarte por tu nombre, a ver si te gusta.

-Apuesto a que ni siquiera recuerdas como se pronuncia- continuó riendo.

-Parece que estás de muy buen humor.

-Así es, acaba de pasarme algo muy bueno.

-¿Todo está bien entonces?

-Claro que si, te dije que no debías preocuparte. Y ya confirmaste que te di mi verdadero número, puedes descansar en paz.

-Me alegro que todo esté bien. De acuerdo, entonces volveré a llamarte cuando debas testificar.

-O… podrías llamarme  para juntarnos y tomar algo. Tuvimos muy poco tiempo para hablar.

-En ese poco tiempo ya me bastó para escandalizarme por el tipo de vida que llevas, así que será mejor que no nos veamos porque sería capaz de llevarte a las patadas a un reformatorio.

-Jajajajaja, eres muy gracioso, Alfred. Muy bien, ya que no quieres verme, te diré que yo pensaré mucho en ti esta noche, ¿entiendes lo que digo?

-Santo cielo, cómo te gusta torturarme. Buenas noches.

Kisa cerró el teléfono riendo sin cesar. Aquel hombre le estaba empezando a caer muy bien.

Ya vería la manera de verlo más seguido. Al fin y al cabo, siempre conseguía lo que quería…

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-Estaba a punto de llamarte por teléfono- exclamó malhumorado Red al ver llegar a Kisa caminando tranquilamente.

-Buenos días, señor oficial. Usted me dijo a las 8 y son... eh, bueno, 8,10- sonrió- Diez minutos tarde no matan a nadie.

-Vamos, sube- continuó, abriéndole la puerta de la patrulla.

-Parece que alguien no tuvo una buena noche. ¿O eres así de gruñón en las mañanas?

El hombre se limitó a poner en marcha el auto, sin contestar. Kisa lo miró de reojo, notando su ceño fruncido y preocupado.

-Trata de ser lo más serio posible durante el interrogatorio, por favor- exclamó, luego de unos minutos de silencio- No digas nada de tus ocupaciones, limítate a lo ocurrido esa noche.

-De acuerdo.

-Tu testimonio es muy importante para llevar a Atom a juicio. Tiene un equipo de abogados que está a punto de lograr que quede libre por fianza. Tú eres mi última oportunidad de impedirlo.

-Ahora entiendo tu mal humor- dijo- Piensas que voy a arruinarlo todo y ese inútil quedará libre.

-No me das mucha confianza, eso es cierto.

-Eso fue un golpe muy duro a mi pobre corazón- contestó, llevándose las manos al pecho.

Red suspiró, entendiendo que era inútil tratar de mantener una conversación seria con ese chico.

Minutos después llegaron al juzgado, donde los estaba esperando Cecil y otro hombre de traje.

-Bien, llegamos. Que Dios nos ayude- suspiró Red.

-¿Sabes que hay de malo en tí? Demuestras demasiado. Cuando tengas que enfrentarte a tu enemigo, nunca dejes que descubra lo que verdaderamente estás sintiendo- habló Kisa, bajando la vista unos segundos. Cuando la volvió a subir, tenía los ojos húmedos, como si estuviera a punto de llorar- Cuando terminemos, vas a llevarme a comer algo muy rico, ¿de acuerdo?

El joven bajó del auto, manteniéndose tímido y con la vista baja. Respondió con monosílabos a las preguntas de Cecil, quien le explicó el procedimiento del interrogatorio.

-No estés asustado. Red y yo estaremos en la sala contigo, ¿de acuerdo?- exclamó la mujer, al notar que el chico apretaba sus manos nerviosamente- Sólo serán unas preguntas, ¿verdad, Red?

-¿Eh...? Si, si- respondió, demasiado sorprendido, mientras pensaba por dentro- Este chico... es un maldito actor.

Y fue sólo el comienzo. Cuando Kisa comenzó a relatar lo sucedido esa noche, todos en la sala se estremecieron. Incluso tuvieron que detener el interrogatorio varias veces porque el joven no paraba de temblar y llorar desconsoladamente. Incluso el juez lo miraba con emoción.

-Eso es todo, muchacho. Ve y descansa. Oficial Walker, entiendo que usted está a cargo de este chico, ¿verdad?

-Si, señor juez.

-El oficial Walker ha sido muy amable conmigo, señor- interrumpió tímidamente Kisa- Se ha comportado como el padre que nunca tuve. Estaré eternamente agradecido con él.

-Bien, ese tema luego se deberá resolver con Minoridad. Lo que me interesa es que tu testimonio ha sido muy importante. Eres valiente, muchacho.

-Lo único que quiero es que haga justicia, señor juez- murmuró, con una débil sonrisa.

-¡Estuviste fantástico, Kisa!- exclamó entusiasmada Cecil cuando salieron del juzgado- Después de escucharte, estoy segura que el juez no querrá aceptar que Atom quede en libertad, ¿verdad, Red?

-Esperemos que sí- suspiró con inmenso alivio.

-Será mejor que lo lleves a tu departamento para que descanse. El Capitán dijo que te tomes el día, así que acompáñalo hasta que se calme. Yo volveré a la Central-le susurró la mujer, para luego dirigirse a Kisa con una sonrisa- Lo hiciste muy bien, cariño.

Kisa la saludó con la mano hasta que la mujer se perdió de vista.

-Ya está bien, puedes dejar el papel de niño inocente.

-Aún no. Nunca se sabe quién puede estar viendo. Subiremos a tu auto y me llevarás al mejor café. Muero de hambre.

-¿Quién te enseñó a actuar así? ¿O es talento natural?

-Cuando tu trabajo es hacer creer a tus clientes que son los mejores amantes del mundo, aprendes a fingir maravillosamente jaja. Podría dedicarme a ser actor, ¿no lo crees? Aunque dudo ganar tanto dinero como lo hago ahora. De todas maneras, debes admitir que lo hice bien.

-Lo hiciste muy bien. Ahora todos creen que fuiste una víctima inocente de un monstruo.

-Oye, oye. Fui una víctima.

-Lo siento, no puedo verte como una víctima. Eres el desgraciado más aterrador que he conocido en mi vida.

-Gracias, lo tomaré como un cumplido. Ahora, recuerda las palabras de tu compañera, debes cuidarme hasta que esté bien. Y mi bienestar necesita café y un pastel de limón.

-De acuerdo, también estoy hambriento. De los nervios no cené anoche y tampoco desayuné.

-Oye…

-¿Si?

-Esa mujer… tu compañera.

-Cecil ¿Qué pasa con ella?

-¿Se acostaron alguna vez?

-No voy a responder eso, “jovencito”.

-Aggg, cada vez que dices “jovencito” con ese tono, pareces un anciano y eliminas todo el encanto como hombre que tienes.

-¿Encan…?¡Deja de hablar tonterías por todos los cielos! ¿Acaso no puedes mantener una conversación razonable?

-Trato de hacerlo, pero si evitas responderme…

-Porque estás delirando. Además, en el supuesto caso que… haya pasado eso que dices…

-O sea que si se acostaron. Ya me parecía. No debe haber durado mucho su relación, ella te habla como si fuera tu hermana. Eso habrá sido duro de superar para ti.

-Insoportable. Eres absolutamente insoportable.

-Claro que no. No sabes tratar a las personas. Ese es tu problema.

De repente, Red comenzó a reír, derrotado.

-Deberías reír más seguido, te queda mejor que el ceño fruncido. Los hombres alegres tienen mejor sexo, está comprobado científicamente.

-Me rindo, no puedo contigo.

-Nadie puede- respondió con un guiño- Ese es mi verdadero talento. Vamos, conozco ese café, es muy bueno. Creo que además pediré pastel de chocolate. Y un poco de helado.

-¿Y se supone que yo deberé pagar todo eso?

-Claro que sí. Conseguí que tuvieras el día libre, ¿verdad?

-Por primera vez estoy de acuerdo contigo.

-Bien, bien, ahora si nos estamos entendiendo- exclamó con una enorme sonrisa.

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TRES

-Kanada acaba de llamar para reservarte el fin de semana.

-¡Qué fastidio! – bufó Kisa, incorporándose con desgano del sofá- ¿No podrías haberle dicho que ya estaba ocupado?

-Claro que no, es uno de los empresarios más importantes del país. Y parece que se entusiasmó mucho contigo. Vamos, que no debe ser tan malo.

-No es malo, es peor que eso. Es A-B-U-R-R-I-D-O.

-Exagerado.

 -Y para colmo la tiene del tamaño de un maní, y de un maní pequeño. No hay nada peor. ¿No podrías decirle que me enfermé repentinamente?

-No.

-Va a ser el peor fin de semana de mi vida. Después tendrás que darme una semana libre como recompensa.

-¿Una semana, estás loco? Ya tienes reservas por los próximos 15 días.

-Vince, te odio.

-Lo sé. En una hora vendrá por ti, así que será mejor que te prepares.

Viendo que no tenía alternativa, Kisa salió de la oficina dando un portazo para expresar su enojo. Últimamente, los clientes que le tocaban eran puros ancianos. Afortunadamente, era muy fácil complacerlos.

-Ni siquiera tengo que llevar ropa, el viejo insiste en que use esos atuendos incómodos que parecen vestidos. Cielos… van a ser dos días eternos…

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-Red, tu celular está sonando.

-Es sólo un mensaje.

-Sea lo que sea, ese ringtone es horrible. ¿Quieres atender? Y la próxima vez, ponlo en silencio, por favor.

-De acuerdo, de acuerdo. Perdón- respondió, apartándose del archivero. Al parecer, su compañera estaba de muy mal humor.

-Debe haber discutido con su novio otra vez- pensó- Ese idiota siempre la hace sufrir.

Con ese pensamiento en su mente, tomó el celular. Cuando vio la pantalla, casi se cae de espaldas.

-Red, ¿estás bien? ¿Qué pasó?

-Na…nada, nada. Sólo tropecé, es todo- dijo con rapidez, colocando el celular en su bolsillo. Casi de inmediato, este vibró anunciando que un nuevo mensaje había llegado- Vuelvo en un momento, voy… al baño.

-No necesito que me des tanta información.

Red se alejó de las oficinas, asegurándose que nadie estaba a su alrededor y volvió a sacar el celular.

-Eres un maldito desgraciado- escribió con rapidez- Deja de mandarme ese tipo de fotos.

Casi de inmediato recibió la respuesta.

-Estoy aburrido. Y pensé que te gustaría ver la ropa que me regalaron. Es un traje oriental, se llama yukata. ¿Acaso no me sienta bien el color azul?

-Si fuera un traje, deberías tenerlo puesto y no estar acostado sobre él con el trasero al aire.

-Detalles, detalles.

-El celular estaba en mi escritorio, ¿qué hubiera pasado si alguien pasaba y veía esas fotos?

-Ese alguien habría disfrutado de la imagen. Todos mis clientes dicen que tengo el trasero perfecto, ¿tú qué opinas?

-Opino que estás loco. Déjame en paz. ¿No tienes otra cosa que hacer? Estoy trabajando.

-Ya te dije que estaba aburrido. Todo el fin de semana estuve con un viejo insoportable. E insistió en que me quedara hasta esta tarde.

-¿Dónde estás?

-En su mansión. Muy elegante por cierto, eso es lo bueno. La comida es de primera. Ojalá pudiera decir lo mismo del sexo con este tipo.

Red comenzó a reír. A pesar suyo, disfrutaba mucho de los mensajes alocados de ese chico. Nunca sabía con que locura saldría cada vez, aunque se estaba acostumbrando… muy lentamente.

-Anoche colocó una música terriblemente deprimente, parecía que estaban asesinando gente a martillazos. Dijo que lo ayudaba a “estimularse”. Fue muy aterrador, te lo aseguro.

-Aún te falta medio día, ¿podrás soportarlo?

-Si, no hay problema. Además, cuando regrese esta noche, iré a tu departamento y me prepararás esos panqueques tan ricos.

-Estoy con mucho trabajo últimamente.

-Oh, vamos, no me vengas con esas estupideces. Te gusta estar conmigo, no lo niegues. Además, prometo portarme bien.

-De acuerdo.

-Llegaré para las nueve, ten listo una montaña de panqueques. Amo el sushi, pero comerlo por tres días es demasiado jaja. Nos vemos en unas horas, Alfred.

Tal como lo había dicho, el muchacho llegó a la hora convenida, aspirando con deleite el aroma que salía de la cocina.

-¡En verdad lo hiciste!- exclamó, al ver la docena de panqueques bañados en crema y frutillas.

-Siempre cumplo lo que digo. ¿Quieres café?

-¡Si, por favor! Lo necesito.

-¿Tan mal estuvo el fin de semana?

-No, no tan malo, sólo estoy muy cansado.

-Sé que no debo meterme en tu vida, pero…

-No arruines este momento con uno de tus sermones, ¿si? Realmente disfruto estar contigo cuando no te vuelves un viejo amargo.

-Tienes un problema con los viejos- rió.

-Sólo con los amargados- rió también- Y, en realidad, no eres tan viejo.

-¿Cuántos años crees que tengo?

-Hmmmm… ¿Treinta y… algo?

-Tienes buen ojo jaja. Treinta y tres, recién estrenados.

-¿Cuándo fue tu cumpleaños?

-Es hoy.

-¿Bromeas? ¿Hoy?

-Así es.

-¿Y por qué no lo estás festejando? ¿O eres de aquellas personas que odian festejar su cumpleaños?

-Claro que no. Sólo… no tenía ganas. ¿Acaso tú lo festejas?

-¡Por supuesto!!!! Me encanta festejar mi cumpleaños. Vince organiza una gran fiesta sólo para mí. El año pasado la fiesta duró dos días enteros. Es una lástima, si me hubieras dicho antes, traía un pastel. Y unas cuantas cervezas.

-De alguna manera lo estamos festejando, ¿no crees? Sólo que tenemos panqueques y café.

-Te das cuenta que eso sonó muy patético, ¿no?

-Ja ja ja. No soy una persona muy divertida, lo admito.

-En fin, feliz cumpleaños. El año que viene te organizaré un cumpleaños decente. Lo prometo- exclamó, ocultando un bostezo.

-De acuerdo. Ahora, necesitas descansar. ¿Quieres que te lleve a algún lugar o que llame un taxi?

Kisa se mantuvo en silencio.

-No quieres volver, ¿verdad?

-No es eso… si vuelvo, Vince querrá que lo acompañe o que atienda a algún cliente y… la verdad es que no tengo ganas, Sólo quiero dormir.

-Puedes quedarte aquí.

-¿En serio?

-Puedes usar mi cama, yo me quedaré en el sofá.

-No es necesario, yo ocuparé el sofá.

-Como prefieras. Puedes darte un baño, si quieres. Te buscaré algo de ropa cómoda para dormir. No será una de esas túnicas orientales, pero…

-Muy gracioso, Alfred. Muy gracioso.

Kisa esperó a que el hombre entrara al cuarto para alejarse y sacar su celular. Marcó rápidamente y esperó.

-Hola, Will. No, no es necesario que lo llames. Sólo dile que pasaré la noche afuera, Si, si, nada más que eso. Volveré mañana temprano. Gracias, adiós- y diciendo esto, apagó el móvil.

-Te quedará enorme, pero es lo más chico que tengo.

-Muchas gracias.

-Y el calefón ya está encendido.

-Gracias. Gracias en serio, Red- sonrió.

-Vaya, al fin te decides a llamarme de la manera correcta.

-No te entusiasmes. Sólo porque es tu cumpleaños. Y porque no me dejarás que te recompense con una noche de sexo sadomasoquista.

-De acuerdo- rió- Tendré que conformarme.

-Eres un buen chico, señor policía.

-Tú también lo eres.

-Esa si que es una buena broma- contestó, alejándose.

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-¿Te gusta así? ¿O quieres que lo haga más rápido?

-Quiero que lo hagas y ya.

-Eso no fue muy amable.

-No puedo ser amable cuando me estás aplastando…

El hombre bufó, incorporándose molesto.

-¿Qué te ocurre hoy? ¿Estás de mal humor?

-No es nada.

-Lo es para mí. Le pagué el doble a Vince para reservarte y lo único que has hecho es quejarte y poner mala cara.

-Hoy no es un buen día y…

-Ya lo creo que no lo es- cortó, juntando rápidamente su ropa- ¡Vete al demonio!

Kisa cerró los ojos al escuchar el portazo. Suspiró, recostándose y cubriéndose con la sábana.

-Viejo de mierda- murmuró.

No habían pasado ni diez minutos, cuando la puerta se abrió nuevamente, dando paso a Vince. El joven se dio cuenta que estaba sumamente molesto, así que sacó a relucir su mejor arma: su sonrisa.

-¿Viniste a visitarme?

-Voy a matarte, pendejo del demonio. ¿Cómo pudiste tratar así a Frankfort?

-No fue para tanto.

-¿No fue para tanto?!!!! Estuve a punto a cerrar un negocio millonario con ese tipo y viniste a arruinarlo con tu carácter de mierda. ¿Qué demonios te pasa?!!

-Lo siento, Vince. En serio- dijo en un susurro- La verdad es que… no me siento bien. Tengo un dolor de cabeza terrible.

-¡Me importa un carajo si te duele la cabeza o si te estás muriendo! ¡Sabes la regla de oro de este trabajo!

-¡Claro que lo sé! ¡Lo sé y soy el mejor de aquí!- gritó, enojándose también- He soportado a los peores tipos encima de mí llenándome de sus porquerías solo para hacerte ganar dinero. Lo he hecho por años y ahora que un idiota impotente se queja, quieres agarrártelas conmigo. Y el día de hoy he tenido tres clientes, ¡TRES!!! ¡Estoy exhausto!

-¡Si no te gusta, entonces lárgate de aquí!.

-¡Eso haré!!!!- respondió con furia, saliendo de la habitación sin ni siquiera molestarse en colocarse la ropa.

-Un día de éstos, este chico me va a dar un infarto- comenzó a decir, encendiendo un cigarrillo. Minutos después,  uno de sus guardaespaldas irrumpió en el cuarto.

-Jefe, ¿está todo bien?

-Si, Nick. Una pequeña discusión, nada más.

-Ah, porque…

-¿Qué sucede ahora? No me digas que el rusito comenzó a destruir su habitación otra vez.

-No, señor. Él sólo… pidió un taxi.

-¿Qué?

-Le pregunté dónde iba y si quería que la limusina lo llevara, pero sólo me insultó. Ahora está afuera, en la vereda, esperando el taxi.

-Por todos los demonios, qué pendejo de mierda. Nick, quiero que lo sigas. Pero asegúrate que no se de cuenta.

-Claro, jefe. No hay problema.

Kisa había llegado al departamento, pero se había cansado de tocar el timbre sin que hubiera respuesta.

-Debe ser uno de esos días en que le toca hacer guardia nocturna. Justo hoy-se dijo, sentándose en el piso- Justo hoy…

Se estaba arrepintiendo de haberle hablado así a Vince, incluso de haber tratado tan mal a ese empresario tan importante. Estaba acostumbrado a los tipos como él, uno más o uno menos no hacía la diferencia. Entonces, ¿por qué había reaccionado así?

-Este dolor de cabeza me está matando…

Pero, no iba a volver. De ninguna manera. Sabía que si lo hacía, Vince lo miraría satisfecho, echándole en cara que era el único lugar que tenía.

Y tal vez fuera cierto, pero no le daría el gusto. No esta noche. Aunque tuviera que dormir en la calle, no volvería.

Las horas pasaron, y Kisa sentía que el sueño se iba apoderando lentamente de su conciencia. Apoyó la cabeza entre los brazos y no tardó en quedarse profundamente dormido.

Así lo encontró Red cuando llegó, llevándose un gran susto al creer que el joven estaba herido o algo parecido.

-Kisa…¡Kisa! Por todos los cielos, responde- le dijo, tomándole el pulso al tiempo que se aseguraba que respirara normalmente. El chico abrió lentamente los ojos.

-¿Red…?

-¿Estás bien? ¿Estás herido?

-¿Por qué tardaste tanto?

-¿Qué??

-Te estaba esperando… y me quedé dormido- bostezó.

-¿Dormido? No me des estos sustos, por favor- sonrió, inmensamente aliviado. Con esfuerzo, levantó en brazos al joven, quien le echó los brazos al cuello- Oye, oye, no pienso llevarte en andas.

-Debes hacerlo, por tu culpa me quedé dormido y seguramente pescaré una neumonía por esperarte en el frío de la madrugada.

-¿Y qué demonios hacías a estas horas?

-No preguntes.

-¿Problemas en el trabajo?

-No preguntes- repitió en voz baja,

-De acuerdo. Prepararé café y algo para comer, ¿quieres?

-No.

Red colocó al joven en el sofá y lo miró de frente, preocupado.

-Kisa… ¿todo está bien?

-Me duele mucho la cabeza.

-Iré por una pastilla, regreso en un minuto.

El joven se quitó el calzado y el abrigo. Estaba acomodando una almohada en su espalda cuando Red regresó.

-Toma, te ayudará a sentirte mejor.

-Gracias.

-Por nada. ¿En serio no quieres nada de comer?

-No, gracias.

-De acuerdo. Hay tarta en la heladera, por si cambias de opinión.

-¿Estuviste trabajando?

-Ajá.

-¿Y mañana entras a la hora de siempre?

-Así es.

-Son las tres de la mañana. Dormirás sólo 4 horas.

-La vida del policía- contestó, sonriendo, al tiempo que se quitaba el abrigo.

-¿No te cansas?

-Claro que es cansador, pero solo necesito dos horas y estaré como nuevo.

-No… digo, si no te cansas de ser policía.

-Claro que no. Aunque, hay días que quisiera tirar todo al infierno. ¿A qué vienen tantas preguntas?

-Nada en especial.

-Entonces duérmete o nunca se te quitará el dolor de cabeza. Y no te vayas sin avisar, ¿me oíste?

-Entendido, señor policía. Buenas noches.

-Buenas noches.

Kisa se acomodó en el sofá, sintiéndose muy cómodo. Había descubierto que ese pequeño departamento lo tranquilizaba, y se sentía más a gusto que en ningún otro lugar.

Tal vez por eso había venido.

Cerró los ojos, escuchando a lo lejos el ronquido de Red. Ese hombre tenía una facilidad increíble para dormirse al instante.

Con satisfacción, comprobó que el dolor de cabeza había desaparecido. O esa pastilla era milagrosa o, tal vez…

Bostezó, y se quedó dormido.

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-Soy yo, jefe.

-¿Qué pudiste averiguar?

-La verdad… es algo extraño.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Que el rusito se pasó dos horas frente a un departamento de la calle quince, sentado en el piso.

-¿Qué???

-Así es, jefe. Parecía que se había quedado dormido. Hasta que llegó un tipo, lo alzó y entraron juntos.

-¿Todavía está ahí?

-Si, señor.

-De acuerdo. Quiero que te quedes esperando, hasta que salga, ¿de acuerdo?

-Si, jefe. Lo haré.

Vince cortó, molesto e intrigado.

-¿Qué se te metió ahora en la cabeza? Ya me estás agotando la paciencia, pequeño demonio.

 

 

CUATRO

-Espera, espera, detén el auto, por favor.

-¿Te encuentras bien? Te pusiste… blanca…

La mujer respondió con gestos de la cabeza y salió de la patrulla, internándose en un callejón. Red esperó unos segundos y la siguió, encontrándola recostada contra la pared.

-Cecil

-Sólo son náuseas, ya…- comenzó a decir, pero se detuvo al sentir un nuevo mareo.

-Iré a comprar una botella de agua, vuelvo enseguida.

Cuando regresó, su compañera ya estaba de vuelta en la patrulla y había recuperado en parte los colores del rostro.

-Gracias- respondió, tomando un gran sorbo de agua- Me agarró desprevenida. Lamento haberte asustado.

-No es nada. ¿Qué comiste que te cayó tan mal?

-¿Comer? Ja ja ja, Red, eres tan inocente. No comí nada. Sólo… estoy embarazada.

-Ah, este… ¿felicidades?

-Gracias… supongo. Lo supe hace dos semanas y todavía no caigo.

-No deberías salir de patrulla conmigo, es muy peligroso. Hablaré con el capitán y…

-¡No! No le digas nada aún.

-No seas inconsciente, no puedo permitir que te expongas.

-Es que… aún no decido si quedarme con el o no.

-Ah, entiendo.

-Paul quiere que lo tenga, pero yo no estoy segura si estoy lista para esto. Tendré que pedir cambio de lugar y ya nada será lo mismo. Y… dios, Red, no sé qué hacer. Con Paul nos pasamos discutiendo todos los días y…y…

-Oye, tranquila- dijo, abrazándola con cariño- Todo saldrá bien.

-Siempre supiste como calmarme- suspiró, secándose las lágrimas- Eres un gran compañero.

-Y tú eres una gran mujer. No te presiones y piénsalo con calma. Hagas lo que hagas, tu decisión será la correcta.

-Eso espero.

-Y sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites, ¿entiendes? Para lo que sea.

-De acuerdo… ¿Crees que podría ser una buena madre?

-Por supuesto- afirmó rápidamente, sonriendo.

-Ojalá estuviera tan segura… tú sí que serías un buen padre, Red. Naciste con el instinto paterno a flor de piel.

-Que sea el hermano mayor de 5 niños contribuye mucho- rió.

-Y ahora que estás a cargo de ese chico, pobrecito, que sufrió tanto.

-¿Eh…? ¡Ah! Kisa.

-¿Y quién otro va a ser? Dime, ¿ya pensaste qué hacer con él?

-Eh… aparecieron unos parientes lejanos, en el campo, creo que son unos tíos. Estoy averiguando si puede ir a vivir con ellos.

-El campo le haría bien, pobre niño.

-¿Lo ves? También tienes instinto maternal.

-Es totalmente diferente. En fin, no quiero seguir hablando del tema.

-Como quieras. Te llevaré a tu departamento.

-Pero, Red.

-Ni una palabra. Harás lo que digo.

-¿Y que se supone que haga ahí? ¿Morir de aburrimiento?

-Pensar. Necesitas pensar… y mucho.

-Justamente es lo que no quiero hacer…

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-Kisa, qué raro verte por acá- saludó una mujer cuando lo vio acercarse a la barra- ¿Acaso estás haciendo buena letra con el jefe? Supe que tuvieron una gran discusión hace unos días.

-Las noticias vuelan.

-Sabes que acá hasta las paredes escuchan, cariño ¿Te sirvo algo? ¿O tienes un cliente?

-No tengo ganas de tomar nada, gracias. Tengo un cliente a las 3, pero no está confirmado. Así que no tengo que hacer otra cosa más que esperar.

El joven recorrió el lugar con la vista. Había mucha actividad esa noche, aún tratándose de un miércoles.

Los juegos del casino hervían con los gritos eufóricos de los apostadores y, más allá, los sillones de la zona VIP estaban ocupados en su totalidad.

Detuvo la mirada en el sillón exclusivo de Vince, que se encontraba conversando animadamente con otro hombre, elegantemente vestido.

-¿Quién es el que está hablando con el jefe?

-No lo sé, pero debe ser alguien muy importante, por la manera en que lo trató Vince. Para mí, es un actor o un modelo, ¿ves lo guapo que es? Hace mucho que no veía un hombre así. Hasta te gana a ti, rusito.

-Ja ja, que graciosa- contestó irónicamente, pero se quedó inmóvil al ver que aquella persona le clavaba la mirada, y sonreía. No pudo evitar que un escalofrío recorriera su espalda, mientras pensaba- No estaría mal pasar un rato con él… sería un buen cambio después de aguantar tanto esperpento de viejos. Seguro Vince le está hablando de mí.

Kisa puso en acción su sonrisa tímida, mientras entornaba los ojos. Sabía que nadie podía resistirse cuando hacía eso. Luego volteó y continuó hablando con la mujer como si nada hubiera pasado. No quería demostrar que había quedado impactado con la apariencia de ese hombre.

No habían pasado ni diez minutos, cuando una de las chicas que trabajaba de moza se acercó a él, diciéndole de mala gana:

-Vince te llama.

-Muchas gracias- respondió, sonriendo y guiñándole un ojo. Sabía que la mayoría de las chicas de allí lo detestaban y disfrutaba incentivar ese enojo.

Se acomodó el flequillo descuidadamente y fue al encuentro de su jefe, quien se levantó del sofá para recibirlo.

-Bien, aquí está. Los dejo para que puedan conocerse.

En su interior, Kisa sonrió triunfante. Una presa más había caído, y esta vez, una presa muy, muy interesante.

-Así que tú eres el famoso “rusito”- saludó el hombre, mirándolo intensamente con sus ojos grises- Es un gusto conocerte.

-El gusto es mío, señor…

-Lyon Kovac- respondió, con una sonrisa- Llámame sólo Lyon. A partir de hoy seremos bastante cercanos y no me gustan los formalismos sin sentido.

-Como usted quiera- exclamó, sin entender la razón de las palabras “bastante cercanos”. Sin embargo, no preguntó más para no parecer un entrometido. Tarde o temprano, aquel sujeto hablaría solo, como siempre lo hacían. Así que se quedó mirándolo con una media sonrisa, esperando a que siguiera la charla.

-Esta noche tenías una reserva, pero aún no está confirmada, ¿verdad?

-Así es.

-Hmm… habrá que cambiar ese sistema- habló, más para sí mismo, mientras sacaba un celular del interior del saco- No es productivo para el negocio.

Kisa se revolvió, sintiéndose cada vez más confundido. Cuando estaba a punto de abrir la boca, el sujeto exclamó, sin levantar la vista:

-A partir de ahora, los turnos serán estrictos y deberán reservarse con 24hs de anticipación. Eres muy solicitado, así que no será problema. Y reduciremos los turnos a dos horas, así se podrán aumentar los pedidos a…

-Espere un momento- cortó al fin- ¿Qué significa todo esto?

-Significa que, a partir de este momento, todo lo relacionado al negocio de las citas estará bajo mi control.

-Pero, Vince…

-Vince me tomó como su socio. Al parecer, estaba harto de soportar tu comportamiento, así que decidió que me ocupara de ti.

-No voy a aceptarlo. Quiero hablar con él- dijo, haciendo el ademán de levantarse, pero el hombre lo sujetó por la muñeca, obligándolo a sentarse nuevamente.

-Quiero que escuches con atención, Kisa. Se acabaron los juegos. No tengo la paciencia de Vince y tampoco estoy dispuesto a tolerar tu rebeldía. Harás exactamente lo que diga o…

-¿O qué? ¿Vas a ponerme en penitencia?- se burló, soltándose del agarre- No me hagas reír. Iré a hablar con Vince y haré que te echen de patadas en el culo, ¡estúpido!

Mientras veía al chico alejarse, Lyon levantó la mano derecha. Inmediatamente se acercaron dos fornidos guardaespaldas.

-Procedan como lo acordamos.

-Si, señor.

-Tengan cuidado en no dañar su rostro, ¿de acuerdo? Tampoco quiero que termine muy dolorido. Lo necesitaré mañana.

-Si, señor.

Horas más tarde, el hombre ingresó a la habitación de Kisa. Estaba en penumbras, pero podía vislumbrar que los muebles habían sido corridos de lugar. Avanzó lentamente sobre los objetos que yacían en el suelo hasta llegar a la cama.

-Suél… tame…- escuchó un susurro.

-Las cosas van a cambiar aquí, “rusito”- respondió, encendiendo la lámpara de la mesita de luz. El cuerpo desnudo sobre el lecho se estremeció. Lyon deslizó lentamente los dedos sobre el pecho del chico, notando los hematomas sobre la blanca piel- No quiero llevarme mal contigo.

-Suéltame… duele…

Alzó la vista hasta ver las muñecas fuertemente amarradas con cuerda.

-¿Vas a portarte bien?

-Si.

-¿Ves lo fácil que es? Si eres un buen chico, te trataré bien. De lo contrario, tendré que hacer que te castiguen de nuevo- respondió, comenzando a desatar los nudos, deteniéndose en el último instante- Sin embargo, tal vez convenga que el castigo dure un poco más… sólo para que no lo olvides.

Kisa apretó los dientes al sentir nuevamente las cuerdas ajustarse a la piel de sus muñecas. Lo miró con profundo desprecio, pero antes de que pudiera hablar, Lyon colocó un dedo sobre sus labios.

-Cuidado, pequeño. Mucho cuidado con lo que vas a hacer. No me obligues a llamar a mis guardaespaldas de nuevo- movió su mano hasta llegar al vientre del muchacho- Este castigo fue muy suave comparado a lo que pueden llegar a hacer contigo si se los pido. ¿Entiendes lo que quiero decir? Estarían muy complacidos en jugar con tu lindo cuerpo y no serían nada amables, te lo aseguro.

Al ver que el chico suavizaba la mirada, sonrió complacido, cubriéndolo con la sábana.

-Así me gusta. Sé que nos vamos a entender muy pronto y nos llevaremos bien. Ahora, descansa y duerme un poco- exclamó, apagando la lámpara.

-¿Vas a desatarme?- la voz en la oscuridad sonó extremadamente sumisa. Lyon sonrió.

-Déjame pensarlo un par de horas y te lo diré…

 

CINCO (30 de Marzo de 2020)

-¿Tiene que irse?

-Lamentablemente, si. Mañana recibo a unos empresarios importantes y estaré muy ocupado.

-Está demasiado ocupado últimamente. Creo que ya no le gusto a Kanada-sama.

El hombre dejó de vestirse para voltearse a ver al joven, que lo miraba con los ojos azules llenos de lágrimas.

-¡Kisa, No digas eso! ¡Sabes que eres mi favorito! Sólo que… estaré en reuniones todo el día.

-¿Y en las noches?

-¿Qué quieres decir?

-Sólo digo que si Kanada-sama lo desea, puede llevarme con él una semana. Durante el día mi señor trabajará… y en la noche…-el joven se acercó casi pegándose al cuerpo del hombre y susurró en su oído- Complaceré a mi señor como desee.

-¿Har… harías eso? Digo, ¿te gustaría venir conmigo? No quisiera que te aburrieras por estar solo tanto tiempo.

-Me emociona que mi señor se preocupe tanto por mí. Pero, ya estuve en su mansión varias veces. Hay mucho para hacer.

-¡De acuerdo! Hablaré ya mismo con Lyon para reservarte la semana entera.

-Kanada-sama no se arrepentirá- rió, abrazándolo.

-No hagas que me excite de nuevo, koibito, llegaré tarde a mi terapia.

Kisa sonrió, bajando los ojos. Cuando el hombre salió de la habitación, se echó hacia atrás en la cama, suspirando con alivio.

-Por un momento pensé que no aceptaría.

Miró el reloj de reojo, aún no era mediodía. Tenía un poco de tiempo libre hasta el próximo turno.

En el último mes había tenido más trabajo que en los últimos dos años juntos. Y todo por ese maldito hombre.

No quería reconocerlo, pero le temía. Es más, le tenía terror. Era la primera vez que tenía tanto miedo de alguien. Había cambiado todo, ahora su vida era un continuo pasar de cliente en cliente, sin siquiera tener la oportunidad de elegir u opinar. Y el hijo de puta de Vince que lo había abandonado a su suerte, dejando que lo usaran a gusto.

Eso le había dolido. Muy en el fondo tenía una especie de cariño hacia él. No sólo porque le había dado un lugar donde vivir, le había enseñado a tener la autoestima más alta del mundo. A creerse un ser superior con el poder de manejar a las personas como quisiera.

Él había creado al “rusito”, el príncipe supremo de aquel lugar. Le debía mucho… y ahora lo había dejado solo.

La puerta se abrió de repente, pero ni siquiera se molestó en abrir los ojos, de seguro sería alguno de los gorilas de Lyon diciéndole que se prepare. Cada vez le daban menos tiempo de descanso, directamente debería quedarse desnudo con las piernas abiertas y el culo al aire.

-Kanada te ha reservado una semana, en tres horas vendrán a buscarte- la voz de Lyon hizo que un escalofrío corriera por su espalda- Cancelé los dos turnos que tenías en la mañana, así tienes tiempo de prepararte.

-De acuerdo.

-Ese tipo sí que está obsesionado contigo, pagó una verdadera fortuna para llevarte. A veces me pregunto qué tan bueno debes ser para que todos estén locos por ti.

Si hubiera sido el de antes, lo habría mirado con malicia, lanzándole alguna frase picante, poniendo a prueba su cordura. Pero ahora sólo quería que se fuera y lo dejara en paz.

Como si hubiera adivinado lo que pasaba por su mente, el hombre se sentó en el borde de la cama y tomó su rostro, obligándolo a enfrentar su mirada.

-¿Cuál es tu secreto, “rusito”? Tengo varias teorías, tal vez algún día sea yo quién te reserve.

Los ojos azules brillaron por un segundo, como si estuvieran temblando. Lyon se echó a reír.

-¿Tanto miedo me tienes? No te preocupes. Eres interesante, pero…- besó la comisura de sus labios y se levantó- No me gustan los juguetes usados. Date prisa y prepara todo lo que vas a llevar, quiero que estés listo en dos horas.

-Te odio- murmuró, cuando quedó solo nuevamente. Respiró hondo, tratando de que su corazón volviera a latir con normalidad- Y te haré pagar por todo… lo juro.

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 -Kanada-san ordenó que estuviéramos a su servicio, joven señor. Todo lo que necesite le será facilitado de inmediato.

Kisa sonrió, incómodo. Nunca se acostumbraría a esas costumbres orientales. Entrar en la mansión de aquel magnate era como retroceder en el tiempo al periodo Edo, donde todos debían usar la vestimenta típica y seguir la rígida etiqueta japonesa. Pero, se había preparado mentalmente y estaba seguro que podría soportar una semana. Además, fue la única opción que encontró para escapar de Lyon, por lo menos por un tiempo. Y preparar lo que había llamado su “contraataque”.

Después de lo vivido en el último mes, estaba seguro que no aguantaría mucho más. Ya no podía contar con Vince y nadie más en ese lugar movería un dedo para ayudarlo. Tenía que encontrar a alguien que pudiera hacer frente a Lyon, y Kanada era el indicado. Nadie se atrevería a enfrentar a uno de los empresarios más poderosos de la ciudad, sobre todo cuando dicho empresario era una de las cabezas principales de la red de venta ilegal de armas.

Y lo tenía en la palma de la mano. Sólo tenía que mover lentamente sus fichas y el éxito estaba asegurado. En esa semana se encargaría de manipularlo de tal manera que hiciera cualquier cosa que le pidiera.

-Cualquier cosa.

Pero, antes de sumergirse también en aquel mundo oriental, primero debía ocuparse de un asunto muy importante, así que dejó sus cosas en el cuarto principal y pidió que le consiguieran un taxi.

-Joven señor, ¿no prefiere utilizar la limusina? Está a su disposición.

-No es necesario, muchas gracias. Sólo debo hacer una pequeña diligencia, estaré de regreso en unas horas.

Caminar libremente por la calle se sentía maravilloso. Nunca se habría imaginado que un simple acto como detenerse a ver vidrieras o tomar el subte lo harían tan feliz. Pero, aún le faltaba algo…

Entró en la primera casa de tecnología que encontró y compró el celular más barato, no contaba con mucho efectivo.

-Sólo espero que funcione- se dijo, colocando el pequeño chip en el aparato. Al encenderlo, comenzó a vibrar sin parar. El rostro de Kisa se iluminó con una enorme sonrisa al ver la cantidad de mensajes que tenía en la bandeja de entrada. Y de llamadas perdidas.

Sin perder más tiempo, marcó y esperó impaciente, tamborileando los dedos sobre la pierna.

-¿Si?

Abrió la boca, pero no pudo responder. Se sentía demasiado… ¿emocionado?

-¿Quién demonios es???? Si se trata de una broma, tengo un identificador y lo localizaré en…

Comenzó a reír y tomó aliento para responder con calma:

-Sólo tú podrías decir algo así, Alfred.

-¿Kisa? ¡KISA! ¿DÓNDE DEMONIOS TE HABÍAS METIDO?????? He tratado de localizarte por semanas… ¿TE PASÓ ALGO?

-¿Tienes un rato libre? ¿Quieres ir a tomar un café o comer algo?

-¡Claro!

-Te espero en el café de siempre. No tardes, muero de hambre.

Cuando lo vio entrar, volvió a sonreír. No le quedaban dudas de que lo había echado de menos.

-Perdón por molestarte en horario de trabajo-dijo, al notar que traía puesto el uniforme.

-Estoy saliendo de mi turno, no hay problema. Ahora sí, espero que me digas por qué desapareciste de repente.

-Lo siento, mi celular dejó de funcionar.

-Es la peor excusa que me han dado.

-Es en serio, mira, es un celular nuevo. Lo acabo de comprar. Y no pasó nada, Alfred, sólo he tenido mucho trabajo.

-De acuerdo- suspiró- Tú ganas. Sólo quiero que me digas que estás bien y te dejaré en paz.

Kisa preparó su sonrisa perfecta, pero al enfrentar los grandes ojos marrones, se congeló. Bajó la cabeza para no derrumbarse, no podía involucrarlo.

-Podría estar mejor, pero…

-¡Lo sabía!!!

-Cálmate, Red. Por favor. Escúchame, voy a hablar en serio, ¿si? No es nada grave, sólo que las cosas cambiaron un poco en el trabajo y… tomé la decisión de irme de ese lugar.

-Es lo mejor que me has dicho desde que te conozco. Al fin entraste en razón. Y ¿cómo…?

-Aún estoy arreglando algunas cosas, pero será pronto.

-¿Y dónde irás? ¿Tienes algún lugar? El departamento está disponible.

-No te preocupes, no necesitas adoptarme- sonrió suavemente- Lo tengo todo planeado.

-Tus planes dan miedo.

-Viniendo de ti, es un elogio- volvió a reír- Ahora deja de interrogarme  y cuéntame algo de ti. ¿Qué hiciste en mi ausencia? Además de lamentarte y extrañarme mucho, claro.

-Sabes que mi vida es lo más aburrido que existe.

-¿Has salido con alguien?- preguntó, revolviendo su café como al descuido.

-¿Salir? ¿Estás bromeando?

-¿Nada? ¿Sexo?

-Echaba de menos tus preguntas fuera de lugar- contestó, apartando la mirada de repente para ponerle dulce a una tostada.

El gesto no pasó desapercibido para Kisa, que levantó la ceja, sorprendido. Sin embargo, no quiso seguir interrogándolo.

-El próximo mes es mi cumpleaños- dijo,  cambiando bruscamente de tema.

-Por tu tono de voz sospecho que no habrá una gran fiesta, ¿verdad?

-Es cierto. Pero no me importa. Porque al fin cumpliré los malditos 18 años.

-La mayoría de edad es una fecha importante.

-Claro que sí, seré un adulto- agregó, mirándolo con una sonrisa.

-Kisa, creo que comenzaste a ser  un adulto hace mucho tiempo. Y no quiero saber la edad exacta porque presiento que me subirá la presión.

-Si, es mejor que no lo sepas jajajaja

-Entonces, ¿ese día harás algo especial?

-No lo creo, ¿por qué?

-Bueno, si no tienes planes, podemos ir a tomar unas cervezas.

-No puedo creer que me estés invitando a tomar alcohol y no a comer panqueques.

-No me tomes el pelo, “jovencito”.

Kisa sonrió al escuchar esa palabra, sintiendo que su pecho se llenaba de calidez.

-De acuerdo, si tengo tiempo te llamaré y arreglaremos nuestra cita. Ahora debo irme.

-¿Te acerco a algún lugar? Tengo el auto afuera.

-Gracias, pero prefiero caminar. Todavía me falta hacer algunas cosas.

-No irás a desaparecer otra vez, ¿verdad?

-Prometo que no.

-Fue bueno verte, Kisa. Cuídate mucho y recuerda que cuentas conmigo para cualquier cosa.

-Lo sé, lo sé, Alfred. Guarda tu tono paternal para tus futuros hijos- sonrió, para luego mirarlo fijamente- Fue bueno verte también. Realmente te extrañé.

Se arrepintió al instante de haber dicho esa última frase. Por suerte, el hombre lo tomó como una broma y se echó a reír. Lo saludó una vez más y salió rápidamente del lugar.

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-Fue una excelente idea lo del baño con las sales aromáticas. Hoy tuve una reunión muy estresante.

-Me alegra que lo disfrute- respondió Kisa, mojando la esponja para después frotar la espalda del hombre- Después de mi sesión de masajes, todo el estrés desaparecerá al instante.

-Si me tratas tan bien, ¿cómo podré dejarte ir?

-La semana recién comienza, mi señor- contestó, levantándose. Sin dejar de sonreír, se quitó lentamente la yukata, asegurándose que sus movimientos fueran  lentos y sutiles, para luego entrar en la amplia bañera y sentarse en la cadera de su amante- No se imagina todo lo que tengo preparado para usted… 

 

 

SEIS

Vince llevaba observando a Kisa por varios minutos. Le llamaba la atención que, en los últimos días, el joven pasaba todos sus ratos libres frente a su notebook y rodeado de libros.

¿Qué se traía entre manos esta vez?

-¿Vas a estar mirándome así todo el día?- la pregunta lo sacó de su ensoñación y se acercó al escritorio con una sonrisa.

-¿Qué estás haciendo?

-Estudiando, ¿no es obvio?- fue la seca respuesta- No estaría leyendo libros de historia por puro gusto.

-¿Estudiando? ¿Qué…?

-Me inscribí en un instituto para cursar de manera virtual. Quiero graduarme a fin de año.

-No pensé que te interesaran esas cosas, nunca me lo mencionaste.

-¿Y por qué debería hacerlo?

-Oye, Kisa… sé que estás enojado conmigo por todo lo de estos meses- suspiró, tratando de mantener la calma- Debí haberte dicho lo de los cambios antes que llegara Lyon. Pero, trata de ponerte en mi posición, no me dejaste alternativa. Estabas fuera de control. Ahora Lyon me dijo que cambiaste y eso me alegra. Así todo podrá volver a ser como antes y…

-¿Ser como antes?- rió, mirándolo por primera vez- Después de lo que pasé estos meses, ¿crees que simplemente puedo olvidar todo y ser como antes? Vete a la mierda.

-Sólo quiero… hacer algo para que te sientas mejor. Tu cumpleaños es en tres días y planeaba hacer una gran fiesta, mucho más grande que años anteriores. Le diré a Lyon que te deje libre, yo cubriré todos los gastos, ¿que dices?

-Eres TAN amable, Vince, estoy MUY emocionado por tu propuesta- respondió con ironía -Pero, estaré ocupado. Kanada me buscará mañana. Pasaré mi cumpleaños con él.

-¿Otra vez te vas con ese tipo? Prácticamente estás viviendo con él.

-¿Y eso te importa porque…?

-Antes no lo soportabas, ¿Qué pasó?

-Tú mismo lo dijiste: cambié. Eso es todo. Ahora, por favor, déjame seguir estudiando, tengo un turno en una hora y quiero aprovechar el tiempo.

-De acuerdo, si así lo decidiste, está bien. Vete con ese viejo asqueroso.

-Su pene no es asqueroso, te lo aseguro- rió maliciosamente lamiendo su bolígrafo. Vince lo miró con furia y salió de la sala maldiciendo en voz baja.

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-¿Sólo una cena? ¿Es lo único que quieres?

-Sí.

-Recuerdo que te gustaban las grandes celebraciones.

-Eso era antes. Ahora sólo quiero una cena tranquila en compañía de Kanada-sama.

-Tendrás la mejor cena del mundo- respondió el hombre besando su mano- Pero no podrás evitar que te llene de regalos, chiquito mío.

Kisa le sonrió coquetamente mientras ajustaba su corbata.

-Y este es el primero- continuó, entregándole un sobre.

-¿Qué es?

-Los datos de tu nueva cuenta bancaria. Ordené que traspasen el dinero de tu antigua cuenta, que manejaba Vince, a ésta.

-Pero… ¿Cómo…?

-No podía permitir que ese miserable siguiera poniendo sus manos en lo que te pertenece. A partir de ahora, nadie más que tú manejará el dinero. Y eso también incluye tus otros bienes, como las estampillas.

-Es… increíble. Vince enloquecerá cuando lo sepa.

-Escucha, tengo una propuesta que hacerte. Pensaba decírtelo en tu cena de cumpleaños, pero soy un hombre impaciente, así que lo haré en este momento. Quiero convertirme en tu danna.

Kisa lo miró, extrañado. El hombre comenzó a reír.

-Lo siento, es un término demasiado viejo para que lo conozcas. Lo que quiero decir, es que quiero un trato exclusivo, ¿lo entiendes? Qué solo estés conmigo. ¿Te gustaría?

-Es demasiado bueno para ser verdad ¡Me encantaría! Me siento honrado de que Kanada-sama me elija, pero… Vince... y Lyon…

-Hace poco me dijiste que Vince tiene todos tus papeles personales, ¿verdad? Partida de nacimiento y otros documentos. Y que figura como tu tutor legal. Pues bien, a partir de mañana serás mayor de edad y no lo necesitarás más. Ni a él ni a ese antro espantoso. Podrás tomar tus propias decisiones. Verás, koibito, soy un hombre de negocios y lo que te propongo es eso, un negocio. Tendrás todo lo que quieras, además de una suma mensual que irá directamente a tu cuenta. Lo único que pido es que te conviertas en mi acompañante exclusivo. Me acompañarás a los viajes y reuniones de negocios, además de estar conmigo en las noches, por supuesto. El resto del día y cuando yo esté trabajando, podrás hacer lo que quieras. ¿Qué te parece?

-Me parece un negocio demasiado bueno.

-Bien, bien, entonces pondré en marcha mi plan para recuperar tus papeles y demás cosas-dijo, satisfecho- Para mañana, todo estará a tu nombre. Hazme una lista de las pertenencias que quieres que traiga.

-Lo haré. Sólo temo que Vince se ponga violento y se niegue a colaborar.

-No te preocupes, tesoro. Tengo mis propios métodos para lograrlo. Hará todo lo que le pida, por las buenas… o por las malas. Y por su bien, espero que sea por las buenas. Como dije, soy un hombre impaciente y me gusta que todas mis órdenes se cumplan rápido.

-Y hablando de órdenes, ¿Qué desea Kanada-sama  que haga ahora?

-Sabes perfectamente lo que quiero que tu preciosa boquita haga.

Kisa sonrió y se agachó, bajando el cierre de su pantalón, sin dejar de mirarlo.

-Como ordene, mi señor…

 

Tal como Kisa lo había dicho, Vince se opuso completamente cuando Kanada lo llamó por teléfono, hasta el punto tal de amenazarlo con la policía. El empresario lo había escuchado con toda paciencia, repitiéndole antes de cortar que quería que todo estuviera listo a las diez de la noche. Y cuando la petición no se cumplió, una docena de los guardias personales de Kanada irrumpió en el local y, sin importar que estuviera lleno de clientes, comenzaron a destrozar todo sin que pudieran detenerlos. Fue inútil que Vince llamara hasta el cansancio a la policía, nadie asistió.

Kisa observaba el desarrollo de la situación desde la limusina, donde se encontraba cómodamente bebiendo champagne. Kanada le había dicho que no era necesario que fuera, pero no se perdería el espectáculo por nada del mundo. Y a juzgar por el ruido y la gente que salía corriendo del lugar, sí que se estaba armando tremendo espectáculo.

-Joven señor, aquí tiene sus documentos- dijo de pronto uno de los guardias entregándole varias carpetas- Por favor, si falta alguno…

-Todo está completo, muchas gracias.

-Ahora traeremos las cosas de la lista, en unos minutos habremos terminado- y con una reverencia, se alejó con rapidez.

-Sí, todo habrá terminado. Tanto tiempo…

Kisa bajó de la limusina e ingresó al local. Todo había quedado casi en ruinas. En una esquina vio a Vince que observaba impotente la destrucción de su negocio. En cuanto vio al joven, quiso llegar a él, pero dos guardias lo detuvieron de inmediato.

-¿Sabes lo que has hecho? ¡Me has arruinado! ¡Después de todo lo que hice por ti!

-¿Y se puede saber qué es lo que hiciste por mí?

-¡Te salvé la vida, mocoso de mierda! ¡Si no te hubiera traído conmigo, habrías muerto en las alcantarillas, como la puta de tu madre!

-Tienes razón, esa vez me salvaste la vida. Después me la arruinaste una y otra vez, pero te debo una- dijo, con voz calma, mientras sacaba una chequera del bolsillo del pantalón- ¿Cuánto vale mi vida? ¿Dos, cinco, diez millones? Hoy es mi cumpleaños, así que estoy de muy buen humor. Te daré 30 millones. Te alcanzará para reparar este desastre, pero esta vez hazlo con materiales de buena calidad, y contrata a un arquitecto con buen gusto, así no parecerá un prostíbulo común y corriente como antes.

-¡Te voy a matar…!!!!!-gritó, abalanzándose, pero lo detuvieron con un fuerte golpe en el estómago.

-Joven señor, con una orden suya…

-No es necesario, no le hagan daño- contestó, firme. Sin embargo, al ver a Lyon salir del baño donde se había escondido, continuó, señalándolo- Ocúpense de él.

-¿Qué desea que hagamos, señor?

-Asegúrense de dejarle un buen recuerdo de mi parte, no quiero que me olvide.

-Entendido, señor.

-¡Kisa, qué demonios te pasa!!!

-No te preocupes, Vince. No van a matarlo, sólo van a jugar un poco con él. Todavía tendrás un socio… o eso creo.

-Hijo de puta.

Kisa rió, se sentía maravillosamente bien. Tal vez tanta champaña estaba teniendo efecto. Pero no le importaba, al fin y al cabo, había obtenido su venganza.

A lo lejos se oían los gritos desesperados de Lyon, y volvió a reír. Miró una vez más a Vince y, tirándole un beso con los dedos, se retiró del lugar.

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Kisa se desperezó y ocultó un bostezo, levantándose con cuidado para no despertar a Kanada. Aún se sentía bastante mareado, así que caminó con cuidado, apoyándose en los muebles de la habitación.

No podía dormir. Habían sido demasiados cambios bruscos por un día. Al fin había salido de ese lugar. Se sentía raro, después de tanto tiempo, pero era lo que quería. Ahora tenía completa libertad, o por lo menos toda la libertad que su “propietario” le brindara.

No le preocupaba ese asunto, sabía que podía manejar a su antojo al empresario con sólo una mirada. Ya vería más adelante como independizarse. O tal vez no.

Le comenzaba a gustar esa vida de príncipe que tenía ahora. Quién sabe, a lo mejor terminaba por tomarle cariño a ese hombre y se quedaba a su lado hasta que muriera, que no le faltaría mucho…sobretodo por toda la intensa actividad sexual a la que lo estaba sometiendo. Si tenía suerte, en un par de meses le daría un ataque cardíaco o algo parecido.

Sonrió levemente y buscó su celular, viendo que tenía un mensaje de Red.

-“No quise llamar para no molestarte, pero espero que estés pasando un excelente cumpleaños. Cuando tengas tiempo, nos juntaremos a tomar cervezas y te daré tu regalo”.

Se había olvidado de él por completo.

-Si supieras el excelente cumpleaños que tuve- sonrió, marcando su número. Eran las dos de la mañana, si tenía suerte, podría hablar un poco.

El tono sonó varias veces. Seguramente estaría durmiendo. Estaba a punto de cortar cuando oyó una voz.

-¿Hola? ¿Quién es?

Era la voz de una mujer.

-¿Hola????

¿Dónde había escuchado esa voz? Le sonaba tan familiar…

De repente se congeló y cortó la llamada, para luego tirar el celular con furia. La había reconocido.

Era la voz de Cecil.

 

SIETE

-Estoy buscando a Red, ¿está…?

-En su oficina, pero te advierto, está de pésimo humor.

El oficial tragó saliva y entró, encontrándose a su superior encorvado frente al escritorio, con el ceño fruncido.

-Buen día, señor. El Comandante me pidió que le entregue esto-saludó, dejando un sobre a su lado. Y sin esperar respuesta, salió rápidamente.

Red emitió un gruñido de protesta. Aún le faltaba bastante para terminar el informe que debía entregar antes del mediodía, no tenía tiempo para ver sobres. Sin embargo, no pudo evitar mirarlo de reojo. Tenía el sello oficial del Ministerio de Seguridad y estaba a su nombre.

-¿Qué será…?-dijo al fin, vencido por la curiosidad. No terminó de leer ni la mitad cuando estalló en furia. Hizo un bollo con el papel y salió de la oficina echando pestes y espantando a todos los que se cruzaron en su camino.

-Comandante, ¿me quiere explicar qué significa esto??????

-Tranquilízate, Walkers, toma asiento por favor.

-No me pida que me tranquilice ¡Y no voy a sentarme!

-Sabía que lo ibas a tomar así- suspiró el hombre frente a él- Lo entiendo perfectamente, pero sabes cómo son las cosas. Y espero que aceptes y vayas a esa tonta reunión.

-¿Cómo espera que asista a la inauguración de la nueva central del Ministerio de Justicia, el mismo que no sirve para nada y liberó a Atom hace dos días???? ¡Es una burla!

-Red, cálmate un momento por favor. Escúchame como el viejo dinosaurio que soy. Atom tiene contactos muy importantes, algunos de los cuales son los mismos jueces que aceptaron su pedido de excarcelación. Todos sabemos eso, pero no podemos hacer nada en este momento, ¿lo entiendes? Estallar en furia no servirá para dar vuelta ese veredicto.

-¿Entonces pretende que me quede de brazos cruzados mientras liberan a los peores criminales de la ciudad? Si hubiera sabido que tenía que actuar así, no habría aceptado el ascenso. Prefiero seguir siendo un simple policía y patrullar las calles, por lo menos ahí si tengo poder de decisión.

-Muchacho, si te di este nuevo puesto es porque confío en tu capacidad. Pero debes entender que los altos cargos tienen una contracara que no es agradable, y es la de aceptar ciertas cosas. Debes aprender a moverte con cintura política, así podrás lograr mucho más que atrapar unos cuantos ladrones en la calle. Los peces gordos son difíciles de atrapar, pero podrás hacerlo si utilizas la carnada correcta.

Red respiró hondo, tratando de tranquilizarse. Sabía que su jefe tenía razón. Despotricar a los cuatro vientos no serviría de nada, sólo hacer que su presión subiera a las nubes… de nuevo.

-¿Entonces que se supone que debo hacer?

-Asistir a esa inauguración con tu mejor cara de póker. Habla con todos, bebe un poco y conoce a la nueva cúpula de seguridad. Sé que hay varias caras que no teníamos en mente. Hay que conocer a los nuevos enemigos.

-De acuerdo, iré. Pero sabe que mi cara de póker no es nada creíble.

-Lo sé, muchacho. Razón de más para practicar. Vamos, no será tan malo…

-“No será tan malo”- se repitió una y otra vez mientras subía las escaleras del flamante nuevo edificio de la Central de Seguridad, un lugar imponente lleno de monitores en las paredes. Aunque el hecho de estar lleno de gente elegantemente vestida, música y mozos que se movían llevando comida y bebida le daba el aspecto de ser un simple salón de fiestas.

Habla con todos, bebe un poco y conoce a la nueva cúpula de seguridad

Era mucho más fácil decirlo que hacerlo. Veía muy pocas caras conocidas, la mayoría parecían ser empresarios y hasta reconoció a un par de celebridades.

-Esto es ridículo- se dijo molesto, después de espantar a un fotógrafo de la principal revista de espectáculos de la ciudad, quien se había acercado a pedirle un par de fotografías- Voy a pasar frente al Ministro para que vea que vine y me vuelvo a casa.

Se acercó sigilosamente cuidando de escapar de los fotógrafos, pero al llegar a pocos metros del político, se detuvo en seco. Frente a uno de los grandes ventanales, divisó a un joven que conversaba animadamente con un grupo de mujeres. No podría ser…

El joven de repente se volteó a tomar otra copa de champagne y lo vio. Acto seguido dijo unas palabras y comenzó a acercarse, con una amplia sonrisa.

-¡Ni un millón de años pensé que te encontraría en un lugar como éste, Alfred! ¡Y vestido de traje! Estás muy guapo.

-Kisa ¿qué demonios haces aquí?

-Qué recibimiento tan frío- protestó- No nos vemos en un montón de meses y me saludas así. ¿Es que acaso ya dejaste de amarme?

-Lo siento- rió, recuperándose de la sorpresa- Tampoco esperaba verte.

-Sólo vine de acompañante. Y me estaba aburriendo a morir. ¿Y tú?

-Era obligación asistir para todos los que trabajamos en el Ministerio de Seguridad- suspiró-¿Y se puede saber el acompañante de quién?

-El viejo de allá, el que está hablando con el Ministro.

-La última vez que nos vimos dijiste que ibas a dejar…

-Y lo hice- cortó de golpe- No trabajo más en ese lugar. Kanada es mi nuevo “novio”

La sonrisa de Kisa al decir esas palabras hizo que Red entendiera todo. Rodó los ojos y suspiró.

-¿Acaso pensabas que iba a dedicarme a ser un ciudadano decente? Eso sería desperdiciar mis hermosas cualidades. Pero, para que no te decepciones totalmente de mí, te informo que me gradué y estoy estudiando Ciencias Económicas.

-¡Vaya, te felicito! Esa es una muy buena noticia.

-Gracias. Aprendí que no puedo confiar en nadie para manejar mis finanzas, así que decidí aprender para no tener que depender de nadie. Y me va muy bien, tengo facilidad para los números… Alfred, si vas a seguir mirándome con esa cara de padre orgulloso te dejaré plantado.

-Lo siento- volvió a reír- No puedo evitarlo, estoy muy feliz por ti.

-Señor Director- interrumpió de repente un fotógrafo- ¿Me permite una foto? Es para el boletín oficial.

-No, es que…

-Claro que sí- agregó Kisa, arreglándole la corbata- Vamos, Alfred, muestra tu linda sonrisa. Cuando el fotógrafo se alejó, el joven continuó- ¿Te llamó “director”?

-Si… tengo el puesto de Director del área de Seguridad de Narcóticos y Contrabando. Me lo dieron hace poco.

-¡Es genial! ¡Te felicito!

-Gracias, aún no me acostumbro a la oficina y… a estas cosas. No sirvo para esto.

-Claro que sí. Eres el mejor policía que conozco. Sólo tienes que soltarte un poco y sonreír en las fotografías jajaja.

-No soporto estas reuniones, todos son tan… falsos.

-Claro que sí. Y tienes que aprender a serlo también, aunque… nunca podrías ser como ellos. Eres demasiado bueno. Aunque te mezcles con la basura, seguirás siendo la mejor persona del mundo.

-Tienes una opinión demasiado elevada de mi persona- rió, sintiendo que tenía las mejillas rojas.

Kisa sonrió suavemente al verlo sonrojarse, sintiendo un dolor en el pecho. Vació el resto de su copa y preguntó, como al descuido:

-Además de ser un importante director, ¿hay algún otro cambio en tu vida?

-Hmmm… ¿cambio?

-Ajá. ¿Estás en pareja?

Red se quedó pensativo y frunció el ceño involuntariamente.

-¿Cecil aún no ha decidido si te quiere como hermano o como novio?- preguntó de repente. Al ver como el sonrojo pasaba a ser blanco papel, agregó- Si te preguntas cómo lo supe, el día después de mi cumpleaños te llamé a las dos de la mañana y ella atendió.

-Ah.

-Si no quieres contarme, no hay problema.

-No, no es que no quiera contarte. Sólo es que… no sé dónde estoy parado, eso es todo- suspiró- Cecil está embarazada y ¡No, no es mío! Quedó embarazada estando con su pareja y decidieron tener al bebé. Su relación no estaba muy bien, pero pensó que con la llegada del bebé iba a mejorar. Y bueno, fue todo lo contrario. Su relación fue empeorando hasta que decidió irse del departamento que compartían. Como no tenía lugar dónde quedarse y su familia vive en otra ciudad…

-Le ofreciste que se quedara contigo, por supuesto. El benefactor que ofrece su casa a todos-dijo en un tono molesto que no pudo evitar- Y con los días seguramente ella te comenzó a mirar con otros ojos, ¿verdad? Al héroe que la rescató de las garras del monstruo malvado. Cecil es una mujer inteligente, consiguió nuevo novio, padre y lugar donde vivir al mismo tiempo.

-No hables así de ella.

-Red, eres un idiota. Un idiota con el corazón más grande que he visto. ¿No te diste cuenta que te está utilizando?

-¡Cecil nunca haría eso!

-Tal vez no de forma consciente, pero sólo te está usando porque se siente sola. Y muy dentro de ti lo sabes, por eso no sabes dónde estás parado. Créeme, sé cuando están manipulando a alguien. Y ella te está manejando a su antojo como un títere.

-Nunca pensé que podrías ser tan cruel. Crees que porque manejas a todos a tu alrededor y te comportas como escoria, todos son como tú. Eres despreciable.

-Lo sé- replicó, tratando de controlar el temblor en su voz. Esas palabras le habían dolido en el alma- Sé que soy una escoria, la peor escoria del mundo. Lo sé muy bien.

-Joven señor- interrumpió un guardia dirigiéndose a Kisa- Kanada-san requiere su presencia.

-Voy de inmediato- contestó, para luego decir a Red, sin atreverse a mirarlo a los ojos- Disculpa, tengo que seguir con mi tarea de ser una escoria. Espero que todo vaya bien y que tu cuento de hadas imaginario tenga un final feliz.

Dio dos pasos y se paró. No quería despedirse de esa manera.

-Lamento haber hablado de esa manera. Aunque no lo creas, lo único que quiero es que no te lastimen.

Cuando llegó junto a Kanada, éste notó que tenía los ojos rojos. Fingió un fuerte dolor de cabeza, logrando convencerlo de volver enseguida. Afortunadamente el anciano también estaba cansado, así que no le costó demasiado que abandonara a sus colegas políticos.

-Cuando lleguemos, pediré que te preparen un té de hierbas, te ayudará con el dolor de cabeza.

-Si, gracias- respondió sin ganas. Lo único que quería era encerrarse en el baño y romper en llanto.

Estaban a punto de subir a la limosina cuando Kaneda escuchó que lo llamaban.

-¡Sabía que era usted! Veo que ya se está retirando, pero necesito que me escuche unos minutos.

-Koibito, ¿me permites un momento?-susurró en su oído.

-Por supuesto- forzó una sonrisa- Te esperaré adentro.

Kisa se recostó en el mullido asiento y cerró los ojos. La cabeza le latía dolorosamente. Aparte del té de hierbas tomaría un calmante. O dos…

No había pasado ni un minuto cuando la puerta de la limusina se abrió y Kaneda entró con un resoplido molesto.

-Todo listo, perdón por la espera.

-Los negocios son primero.

-Claro que no, mi tesoro es lo primero- sonrió- Te ves mal, pequeño, estás muy pálido.

-Estaré bien cuando lleguemos, no te preocupes. Sólo necesito dormir un poco.

-De acuerdo. Y mientras llegamos, te haré sentir mejor.

-¿Quién era ese tipo?- preguntó Kisa para evitar que lo siguiera besando. Su aliento a tabaco y alcohol le estaba dando arcadas.

-Quiere proponerme un negocio. Mi hermano ya me había hablado de él, parece que está en el negocio de los casinos y salones de juego. Le dije que mañana a la tarde escucharía su propuesta.

-Tu hermano siempre te manda idiotas.

-Lo sé jajajaja, no tiene visión de negocios. Pero es familia. Además, sólo escucharé qué tiene que decir y con eso dejaré contento a mi hermano. ¿Cómo dijo que se llamaba? Algo Atom.

Al escuchar ese apellido, Kisa dejó de respirar.

-¿Atom…?

-Si, un apellido bastante particular, ¿no te parece?

-Atom… no, no puede ser… No es posible… No puede ser él…

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Kisa aprovechó que Kanada debía permanecer en su empresa la mayor parte del día para salir de la mansión. No había podido dormir en toda la noche y el dolor de cabeza seguía presente. Se arrepentía de haberle hablado a Red de esa manera y el remordimiento lo estaba matando. Tenía que hablar con él.

En un principio pensó en ir al departamento del policía, pero lo más probable era que no estuviera ahí. Su actual puesto de Director seguramente lo mantendría trabajando en la oficina. Además, Cecil estaría en el departamento y por nada del mundo quería cruzarse con esa mujer.

Pero, cuando llegó al Ministerio de Seguridad, nadie quiso atender su pedido. Y se dio cuenta que no sería sencillo llegar hasta el Director. Una cosa era hablar con un simple oficial de policía y otra muy diferente llegar hasta uno de los hombres de más alto rango en ese lugar. Intentó llamar a su celular, pero tampoco atendió.

-Aún debe estar enojado conmigo- suspiró- No debí decirle las cosas de manera tan cruda.

¿Qué podía hacer? ¿Permanecer parado en la puerta del Ministerio hasta que saliera de trabajar? Si no tenía alternativa…

Afortunadamente había una casa de comida rápida justo enfrente. Si tenía que esperar, lo haría con el estómago lleno.

Con la bandeja llena de dulces y varios vasos de café, se acomodó junto a un enorme ventanal. Desde ahí podía ver los movimientos de la gente que entraba y salía, era el sitio perfecto.

Al principio fue entretenido ver el movimiento de las personas, pero después de dos horas, comenzó a bostezar. Ahora que tenía el estómago repleto, el cansancio acumulado de la noche anterior lo estaba venciendo. Apoyó la cabeza sobre la mesa, usando el brazo como almohada, y cerró los ojos. Tal vez si dormía unos minutos…

Unas risas estridentes hicieron que despertara de repente. Bostezó, tallándose los ojos. ¿Cuánto tiempo había dormido?

-Sólo tú eres capaz de dormir en un lugar así- escuchó una voz. Frente a él se encontraba sentado un hombre de traje, comiendo una enorme bandeja de papas fritas.

Kisa volvió a frotarse los ojos y enfocó su visión.

-¿Red? ¡Red! ¡Eres tú!

-Así es. ¿Se puede saber por qué estás durmiendo aquí?

-¿Eh? No… es que… te estaba esperando.

-¿Qué?

-Fui a buscarte, pero no quisieron llevarme a tu oficina. Y te llamé varias veces al celular.

-Ah, lo siento, estuve en reunión toda la mañana y…

-Red, lo siento. En verdad lo siento- lo interrumpió, mirándolo de frente- No debí decir esas cosas. No… me corresponde meterme en tu vida personal. Por favor, perdóname. Soy de lo peor. Te prometo que mantendré mi boca cerrada. ¿Me perdonas?

-No seas tan extremista- sonrió- Yo tampoco debí hablarte así, lo siento. Olvidemos todo, ¿de acuerdo?

En algún rincón de su interior, Kisa esperaba que sus palabras lo hubieran hecho recapacitar y darse cuenta que todo lo que había dicho era cierto. Que le dijera que había mandado a volar a Cecil bien lejos.

Pero era Red, nunca haría eso, aunque estuviera equivocado, nunca abandonaría a esa mujer. Maldita suertuda.

-Ahora que hicimos las paces, ¿me acompañas con una hamburguesa? Estas papas fritas me quedaron en la muela.

-¿Almuerzas esto todos los días?- dijo Kisa minutos después mientras veía como el hombre devoraba su segunda hamburguesa.

-¿Qué tiene de malo?

-Tu colesterol. Y recuerdo que una vez me dijiste que sufres de presión alta.

-No seas insoportable. Es la única alegría que tengo en el día, después de angustiarme entre reuniones y papeles. Déjame ser feliz.

-¿Quién es el extremista ahora?- rió.

-De acuerdo, esta vez ganaste- rió también- ¿En serio te gusta comer ensalada? Estamos en la cadena con las mejores hamburguesas de la ciudad.

-Me acostumbré a comer poca carne. Y si, me gusta mucho comer ensaladas.

-Eres como un conejito- sonrió, haciendo que el joven se ruborizara- ¡Vaya! ¡Logré lo imposible! Hice que el inmutable Kisa se pusiera colorado jajajaja. Mira lo adorable que te ves.

-Eres un idiota.

-Creo que ya sé cuál es tu punto débil y no dudaré en usarlo para mi beneficio. Usted no es el único que tiene armas letales, “jovencito”.

-Si vas a seguir burlándote de mí…

-No, no, perdón, no te enojes- sonrió- Pero es la primera vez desde que te conozco que te dejo sin palabras. Alguna vez tenía que ganar, ¿no?

-Será tu única victoria, tenlo por seguro.

-Ya lo creo jajajaja.

Continuaron con la conversación amena durante casi una hora. Kisa sabía que debía tocar el otro tema que lo había llevado a ese lugar, pero no quería dejar de disfrutar ese momento, se sentía tan a gusto y relajado. Y estaba seguro que Red sentía lo mismo.

Pero, sabía que él tenía que volver a su trabajo, así que se armó de valor para comenzar.

-Red, hay otra razón por la que necesitaba hablar contigo. Dime, ¿Atom sigue en la cárcel?

El hombre cambió totalmente el semblante, como si se hubiera convertido en otra persona. Bajó la cabeza y frunció el ceño.

-Anoche en la inauguración… creo que lo vi.

-Si, era él.

-¿Cómo…?

-Logró que lo dejaran libre hasta que dicten sentencia definitiva. Por supuesto, pagó una enorme suma de dinero. Y viendo como están las cosas, esa sentencia nunca va a llegar.

-Entiendo.

-Cada vez que lo recuerdo, siento que la sangre me hierve de impotencia- continuó, apretando los puños con tanta fuerza que la mesa tembló- Es una espina que tengo clavada en el pecho. Los años de trabajo y esfuerzo para meterlo tras las rejas… no sirvieron absolutamente de nada. Lo siento, ese imbécil te lastimó y ahora camina libremente.

-No es tu culpa.

-Lo que más me frustra es que no tendrá el castigo que merece. Ese maldito nunca va a pagar todo el daño que causó.

-No pienses más en eso, Red.

-Son las cosas que odio de mi trabajo- suspiró- A veces hasta la justicia ayuda a los criminales. Pero, te aseguro que lo estoy vigilando de cerca. Y no me importa cómo, pero lo meteré tras las rejas en el primer paso en falso que cometa.

-Sé que lo harás, eres el mejor policía del mundo.

-Ya ni siquiera me siento un policía, ¿sabes? Antes sentía que estaba haciendo justicia… ahora sólo siento que soy una ficha más de un enorme tablero de ajedrez totalmente corrupto.

Era la primera vez que lo escuchaba tan deprimido y angustiado. Y se sintió culpable de haber tocado ese tema tan frustrante para él.

-Debo volver, Kisa. Ya me pasé demasiado de mi hora de almuerzo.

-Perdón, no quise…

-Olvídalo. Una de las pocas cosas buenas que tiene ser el jefe es que puedo manejar mis horarios como quiero. Y realmente la pasé muy bien hablando contigo.

-Yo también lo disfruté. Deberíamos repetirlo más a menudo.

-¡Claro que sí! Además, me falta darte tu regalo de cumpleaños. ¿Lo organizamos después por mensajes?

-¡Si!

-De acuerdo. No vuelvas a dormiste, ¿eh? Cuídate mucho, conejito- y diciendo esto, se alejó rápidamente agitando la mano.

Kisa le respondió alzando el puño con el dedo del medio levantado. Lo vio entrar al enorme edificio y suspiró.

Lo que más me frustra es que no tendrá el castigo que merece. Ese maldito nunca va a pagar todo el daño que causó”.

-Tal vez pueda hacer que las cosas cambien, Red. Y así puedas sentirte mejor.

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-Entonces, ¿lo aceptó?

-Así es, me acaba de informar que acepta la propuesta que le hiciste. Felicidades.

El hombre rubio se acomodó los anteojos, sin poder creer lo que estaba escuchando.

-¿Tanto te cuesta creer que mi hermano cambió de opinión?

-La verdad, si. Cuando hablamos ayer parecía no tener ni una pizca de interés en lo que le estaba diciendo. Ni siquiera se dignó a mirarme.

-No te preocupes, Atom. Mi hermano es bastante particular, pero te aseguro que es hombre de palabra. Es más, me dejó a cargo de las negociaciones, ¿qué te parece? Y para cerrar el negocio, tendremos una cena esta noche en la casa principal. Te esperamos a las siete.

-¿Tan temprano?

-La casa principal se rige por las reglas de etiqueta japonesas, así que no te sorprendas al vernos con las vestimentas típicas. Lo detesto, pero mi hermano es el jefe- suspiró- Comenzaremos tomando té verde y tendrás una hermosa mujer que te atenderá exclusivamente toda la velada.

-Cuando dices “atenderá exclusivamente” quiere decir…

-Quiero decir todo lo relacionado a la cena- rió- Eres terrible jajajaja. Ah, una cosa más. A mi hermano le encanta ostentar todo lo que tiene. Es un hombre muy poderoso, lleno de riquezas y adora restregárselas en la cara a los menos afortunados como nosotros. Hace unos meses trajo a vivir con él a un chico. Una verdadera belleza, ya lo verás. No sé de dónde lo sacó, pero le encanta exhibirlo como una obra de arte, además de cuidarlo como un dragón a su tesoro. Y como sé de tu reputación de querer acostarte con cualquier cosa bonita con dos piernas, te advierto: ni siquiera te atrevas a mirar a ese chico, ¿de acuerdo? Él estará atendiendo a mi hermano, así que simplemente ignóralo. O te aseguro que te arrepentirás, y no refiero precisamente al negocio.

Atom tragó saliva y asintió en silencio. Kanada era un hombre imponente, su sola presencia imponía respeto y miedo y hasta los políticos más poderosos inclinaban la cabeza frente a él.

Se sentía realmente afortunado por haber captado su atención, era justamente lo que necesitaba después de casi un año en la desgracia. Si el negocio tenía éxito, volvería a jugar en las grandes ligas. Tenía que ser sumamente cuidadoso y estudiar cada paso. Nada podía salir mal.

Se repitió esas palabras una y otra vez al entrar a la Casa Principal, que ostentaba sus mejores galas para la cena. Inmediatamente lo condujeron al sitio de invitados de honor.

-Me siento muy honrado de compartir la mesa con usted, Kanada-san- saludó inclinándose con respeto. El anciano respondió con una inclinación de cabeza, acto seguido hizo un leve movimiento con la mano izquierda y una mujer se acercó a Atom, diciendo con voz sumisa:

-Estoy a su servicio, señor. Por favor, pídame lo que necesite y lo complaceré.

-Lástima que no podrás complacerme en la cama- pensó Atom, pero sólo le agradeció con una sonrisa- Hideki tenía razón, todas las mujeres de este lugar son hermosas.

Recordando las palabras de su compañero, se ocupó muy bien de no fijar su atención en la figura situada a la derecha de Kanada. Veía por el rabillo del ojo que estaba vestido con una túnica azul y llevaba el cabello rubio sujeto en una trenza sobre su hombro.

-Cuando Kanada me hable, no tendré otra opción que mirarlo y ahí podré ver qué tan fabuloso es su tesoro- se dijo. Sin embargo, el anciano no le dirigió la palabra. Durante toda la cena permaneció ajeno a su presencia y aún a la de su propio hermano. Hideki parecía estar acostumbrado y charlaba animadamente con las mujeres que llenaban constantemente su copa.

No había pasado ni una hora cuando el mismo Kanada rompió el silencio, levantándose de repente.

-Espero que siga disfrutando la cena, señor Atom. Hideki, ocúpate de todo.

-Claro, claro, hermano. Descuida, ve a descansar.

Atom se levantó para saludarlo y por un momento fugaz, su mirada se cruzó con un par de brillantes ojos azules. El joven lo estaba mirando.

Fueron sólo unos segundos, y se volteó para hablar al oído al anciano, quién sonrió mientras se alejaban.

-Ese rostro… ¿dónde lo había visto antes?

-¿Atom? ¡Atom!

-¿Eh…?

-Pregunté si quieres un cigarro. Ahora que mi hermano se fue, podemos fumar sin problemas.

-Ah. Si, si. Gracias- respondió, sin poder alejar al joven de su mente. Definitivamente no olvidaría un rostro así. De repente, lo recordó. ¡Claro, era ese chico! El de esa noche… esa noche… ¡Mierda!

-¿Qué ocurre, Atom?- preguntó Hideki al ver al hombre atragantarse hasta las lágrimas.

-No es nada. Debo irme.

-¿Tan pronto? Había reservado un excelente whisky.

-Lo dejaremos para otra ocasión, ¿de acuerdo?

-Tú te lo pierdes, amigo.

Atom pidió que le trajeran su automóvil. Quería salir de ese lugar lo más rápido posible.

De todas las personas de este mundo, tenía que volver a encontrarse con ese mocoso. ¿Debía cancelar el negocio? Si ese chico llegaba a contarle a Kanada lo que había hecho esa noche con él era hombre muerto.

Literalmente.

Sin embargo, de ahora en adelante sólo trataría con Hideki, lo más seguro es que no volviera a ver a ese viejo. Se ocuparía de que las futuras reuniones se hicieran en su oficina y todo estaría bien.

A lo lejos, detrás de un grueso cortinado de terciopelo, una delgada figura observó como el hombre subió a su vehículo y salió de la mansión.

-Kanada-san lo espera en su habitación, joven señor.

La figura se volteó y sonrió levemente, asintiendo con la cabeza.

-Hideki se veía feliz. Por lo menos ahora estará ocupado y dejará de gastar mi dinero en alcohol y cigarrillos.

-Kanada-sama es un hombre muy sensible por ocuparse del bienestar de su hermano-respondió el joven sentándose en el amplio lecho- Además, el negocio de los casinos siempre trae muchas ganancias.

-Si sigues dándome tan buenos consejos te convertiré en mi mano derecha- rió con ganas- ¿Acaso puedes ser más perfecto?

-Es muy amable... ah, ah, detenga esas manos. Recuerde que mañana tiene su revisión médica mensual y el médico ordenó descanso estricto.

-Mierda, lo había olvidado- gruñó.

-Para estoy yo, mi señor. Para cuidarlo a usted. Le traeré un vaso de leche tibia para que tome su pastilla para dormir.

Pasó frente a la sala escuchando risas y ruido de botellas vacías. Hideki seguía su fiesta privada y seguramente continuaría toda la noche. Recordó cuando él también participaba de ese tipo de fiestas con Vince. Eran buenos tiempos.

-¿Y qué hago ahora? Me he convertido en la niñera de un anciano- suspiró, colocando la leche en la tetera de plata.

-¡Vaya! Miren a quién tenemos aquí- escuchó a sus espaldas- La joya favorita de mi hermano.

Hideki avanzó dando tumbos con una botella en cada mano. Apenas se podía mantener en pie.

-Oye, cuando mi hermanito se duerma, ¿por qué no te unes a mi fiesta?

Sin responder, Kisa colocó la leche en un vaso y se dispuso a volver a la habitación.

-Espera- continuó Hideki cortándole el camino- Yo… quería darte las gracias…

-No sé de qué habla.

-Sobre la propuesta de Atom. Una vez que mi hermano decide algo, no da vuelta atrás. Eres el único que pudo haber hecho que cambiara de opinión. Me gustaría manejarlo tan bien como tú.

Kisa frunció el ceño, no soportaba a ese hombre.

-Si quieres, puedes manejarme a mí también- rió, apoyándose en la pared para no caer- ¡Dejaré que hagas conmigo lo que quieras! Jajajajaja.

-Estúpido- murmuró el joven alejándose a grandes pasos- Disfruta tus últimas borracheras, maldito inútil.

 

 

OCHO

-¿No crees que 10 paquetes de pañales es mucho?- preguntó Kisa mientras veía como Red llenaba el carrito de compras.

-Nunca son suficientes pañales- rió.

-Pareces todo un experto.

-Prácticamente crié a 5 hermanos, así que puedo decir que lo soy- le dijo, guiñandole el ojo- Ya es todo, vamos.

Kisa lo siguió mientras miraba los escaparates llenos de muñecos de peluche. Se detuvo un instante ante un gatito rechoncho y no pudo evitar acariciar las peludas orejitas. Siempre había tenido debilidad por esos muñecos, pero nunca se atrevió a tener uno por temor a que Vince se burlara de él. Y ahora ya era demasiado tarde.

Vio cómo el hombre pagaba con una gran sonrisa en su rostro. Cecil había tenido su bebé la semana anterior, un hermoso niño al que puso de nombre Alfred. Por supuesto, Red había muerto de emoción.

-Pobre niño, odiará a su madre cuando sea consciente del nombre que le puso- pensó.

-Listo. Volvamos al auto.

-¿Me acompañas a tomar un café? La clase de hoy fue muy deprimente y necesito animarme.

-Justo te estaba por decir de ir a merendar algo… ¡Rayos! Olvidé la tarjeta, vuelvo en un segundo.

-Por lo menos se lo ve más contento… odio admitirlo, pero Cecil está haciendo bien las cosas después de todo.

-Así que la clase estuvo difícil- preguntó Red, una vez que se acomodaron en el pequeño café, la tarde estaba espléndida y decidieron sentarse afuera.

-No me hagas recordar. Tengo una montaña de libros para leer para el examen de mañana. Pero me gusta. Me ayuda a decidir en qué bienes invertir. Creo que comenzaré con el negocio inmobiliario.

-Te oyes como todo un empresario-dijo, sorprendido-Es impresionante.

-No es para tanto. Las finanzas me gustan porque son imprevisibles. Parece que van en una dirección y de repente, ¡zas! Todo cambia. La clave es adelantarse al desastre y cambiar también, mientras los demás se desmoronan a tu alrededor.

-Dios santo, pobre el que se cruce en tu camino- rio tan fuerte que casi volcó el café- Por lo menos ya sé a quién acudir cuando esté en bancarrota.

-Por supuesto. No te cobraré mis servicios de asesoramiento, por lo menos no en efectivo- le sonrió coquetamente.

-Claro. Y tu novio me abrirá la garganta con una katana- volvió a reír- Estuve averiguando a ese empresario tuyo, ¿sabes?

-Cómo te gusta meterte en mi vida, Alfred- suspiró- ¿No tienes suficiente trabajo con los criminales y tu nuevo bebé?

-Sólo quería estar seguro de quién era, eso es todo. No pude averiguar mucho, dejando de lado sus negocios, todo lo demás es un misterio.

-Los japoneses son personas muy reservadas, eso es todo. Déjalo en paz.

-Pero…

-No quiero seguir hablando de eso. O comenzaremos a discutir como la otra vez. Dejemos de lado nuestras respectivas relaciones personales, ¿de acuerdo?

-De acuerdo, tienes razón. Además, la razón por la que te dije para juntarnos es para entregarte tu regalo de cumpleaños- exclamó, pasándole un paquete rectangular.

-¡Gracias!!!!! Es… ¿es un álbum para estampillas?

-Espero que sirva, me dijeron que es bueno porque tiene un recubrimiento especial para evitar la humedad y compartimientos individuales.

-Alfred Walkers, te comería la boca de un gran beso, pero pensaré en tu imagen pública y contendré mi emoción.

-Jajajajaja, de acuerdo.

-Me estaba quedando sin lugar en el último álbum, así que tu regalo me viene perfecto. En serio, muchas gracias.

-Y… acá va otro regalo de último momento- agregó, sacando un muñeco de peluche. Era el gatito que había visto en la tienda.

-¿Qué…?

-¿Crees que no noté tu cara al ver el muñequito? Soy un policía, tengo vista periférica de 180º jajaja.

-Gracias…

Red estaba por bromear sobre lo colorado de su rostro, pero se detuvo. Algo en los ojos del joven, que abrazó tímidamente el peluche, lo conmovió. Siempre se sentía descolocado cuando veía esos cambios de actitud en Kisa.

-Cuando era chico me gustaba coleccionar soldaditos de plomo. Aún hoy los tengo guardados en el departamento. Algún día completaré la colección. ¿Te gustan los peluches o los gatos?

-Las dos cosas-dijo en voz baja- Los gatos… son importantes para mi.

Kisa comenzó a jugar con los sobrecitos de azúcar, como queriendo desviar la atención de lo que había dicho. Red esperó pacientemente, presintiendo que había tocado un punto muy íntimo y el joven estaba juntando valor para seguir hablando.

-Mi nombre… Kisa, significa “gatito” en ruso- habló al fin, manteniendo la vista fija en la taza de café- Mi madre me llamaba así. Es lo único que recuerdo de ella, su voz. Ni siquiera recuerdo su rostro…o quizás no quiero recordarlo.

Se hizo un nuevo silencio, pero no duró mucho.

-Te odio con todo mi corazón, Alfred, por hacer que me ponga estúpidamente sensible- sonrió, levantando la mirada. Su voz había vuelto a la normalidad, pero los ojos azules estaban llenos de lágrimas- Y como castigo, le pondré tu nombre al peluche y dormiré abrazándolo todas las noches.

-De acuerdo- sonrió también.

-Es tarde, debo volver al estudio y tú a cambiar pañales. Gracias por los regalos.

-No dejarás que te lleve, ¿verdad?

-Claro que no, señor policía. Ya te metiste demasiado en mi vida, déjame respirar un poco o no podré seguir manteniendo mi genial apariencia.

-Eres mucho más genial cuando no estás actuando.

-¡Déjame en paz!

-Jajajaja, ¡Avisame cuando llegues a tu casa!

-¡Púdrete!- fue lo último que escuchó antes de perder de vista al joven. Volvió a reír con ganas. Miró su reloj, aún era temprano. Seguramente la familia de Cecil seguía en el departamento. Habían venido el fin de semana de visita para conocer al bebé y se sentía muy incómodo en su presencia. Sobre todo por la actitud de la mujer, quien lo trataba como un amigo frente a sus padres. ¿Les habría dicho que era su pareja? No se atrevió a preguntarle.

Pero, por las dudas, se quedaría un poco más, así tendría que verlos lo menos posible. Por lo menos tenía la notebook en el maletín, así que pidió otro café y se dispuso a adelantar el trabajo del día siguiente.

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-Kanada-san, ¿no preferiría ir a un lugar más tranquilo?

-Estoy bien, Kato.

-No se preocupe por el joven señor, personalmente me ocuparé de…

-Vamos, relájate- rió el anciano- Olvídate un momento de tu papel de guardaespaldas y acompáñame con un trago.

El fornido hombre aceptó a regañadientes y tomó asiento en el elegante sillón de terciopelo rojo.

-Hace mucho que no lo veía sonreír de esa manera- habló Kanada señalando a Kisa, que bailaba música electrónica junto a un grupo de jóvenes- Me gusta verlo así.

-Si es por eso, señor, podríamos organizar una fiesta privada. No era necesario que se expusiera a… ésto.

-Jajajaja. Es la celebración de mi hermano después de todo. Y es la primera vez que un negocio manejado por él tiene éxito. Tenía que ver con mis propios ojos el casino que construyó.

-Hay que reconocer que el lugar es imponente. Según los medios, es el más grande de la ciudad.

-Hideki es mi hermano, la grandeza corre por sus venas. Es bueno que al fin lo pueda demostrar.

-¿Se está divirtiendo, mi señor?-preguntó Kisa minutos después, cuando regresó para descansar un poco y beber.

-Claro que sí, tesoro. Porque te estoy viendo a tí.

-¿Así que le gusta verme bailar, eh?

El joven le echó los brazos al cuello besándolo tan efusivamente que Kato tuvo que mirar a otro lado, avergonzado.

-Vas a dejarme sin pulmones, chiquito. Cálmate un poco. Estás un poco ebrio, ¿no crees?

-Puede ser- rió- Iré al baño a despejarme un poco…

De inmediato Kato hizo una seña y dos hombres de negro comenzaron a seguir a Kisa, que deambuló largo rato hasta encontrar los baños. No sabía si era por el alcohol, pero estaba de muy buen humor. O tal vez porque al fin estaba en un lugar donde se sentía a gusto, con la música a todo volumen retumbando en su cabeza.

-Si tuviera un cigarrillo sería perfecto- se dijo mientras mojaba su rostro con agua.

-No es tu marca favorita, pero es lo único que tengo a mano- escuchó a sus espaldas. Asustado, levantó la vista, viendo a Vince por el reflejo del espejo.

-¿Qué estás haciendo aquí?

-Te seguí, por supuesto. Por suerte tus guardaespaldas se quedaron en la puerta. Te ves bien.

-¿Cómo pudiste entrar? Es una fiesta privada.

-¿Cómo entré?- rio- ¿Quién crees que organizó esta fiesta? ¿Y quién crees que está detrás de este casino?

-No puede ser…

-No me digas que en serio pensaste que el inútil de Hideki era capaz de manejar algo. Atom me contactó y nos pusimos a trabajar. Hideki sólo pone la cara y el decrépito de tu amante el dinero.

-¿Por qué me estás diciendo todo esto?

-Porque sé que no vas a delatarme.

-¿En serio? ¿Tan seguro estás?

-Cariño, si querías hacerlo hubieras llamado a tus matones desde el primer momento. Y no lo hiciste. Y sospecho que es porque me extrañaste- Vince lo tomó de la barbilla y se acercó a centímetros de su rostro- ¿Lo hiciste?

-No…

-Qué lástima porque, a pesar de todo lo que me hiciste,  yo sí te extrañé. He seguido tu rastro desde que me dejaste.

-Aléjate, Vince- murmuró.

-No lo haré- respondió, besándolo.

El contacto con sus labios lo terminó de descontrolar. Con la mente en blanco, lo único que pudo hacer es abrazarlo con fuerza para estrechar el contacto.

Se separaron cuando les faltó el oxígeno, pero aún así continuaron abrazados.

-Me hiciste mucha falta criatura del demonio- susurró Vince al oído del joven, quién respondió besando su cuello.

-Mierda, también te extrañé.

-Parece que tener sexo con esa momia no es suficiente para ti- sonrió con malicia- Apenas te besé y estás más excitado que un adolescente.

-Idiota, estás tan caliente como yo…

Volvieron a besarse con desesperación pero, cuando Kisa quiso bajarle el cierre del pantalón, Vince se alejó, tratando de recuperar la compostura.

-Debemos parar.

-Vince, no te atrevas a dejarme así-rogó, tomándole de la camisa para acercarlo nuevamente- Te necesito...

-Rusito, escúchame. Kanada está afuera, esperándote. Y los guardaespaldas se deben estar preguntando por qué estás tardando tanto.

-¡Mierda!

-Seguiremos otro día-continuó, colocándole una tarjeta en el bolsillo del pantalón- Y te prometo que te haré gritar mi nombre con todas tus fuerzas, ¿de acuerdo? Recuperaremos el tiempo perdido.

Kisa lo alejó, frustrado. Necesitaba calmar el galope enloquecido de su corazón y volver a respirar con calma.

Cuando volvió junto a Kanada ya había vuelto a la normalidad, pero no quiso volver a la pista de baile. Puso como excusa que se sentía mareado por el alcohol y en parte era verdad.

¿Realmente le había dicho “te necesito” a Vince?

Se sentía un completo imbécil.

-Es hora de volver, koibito.

Kisa asintió con alivio. Necesitaba descargar su frustración, de inmediato. Es por ello que, ni bien llegaron a la mansión y Kaneda cayó rendido por haberse desvelado, salió de la habitación.

Sólo había una persona que podría ayudarlo en ese momento. No era Vince, pero sabía cómo actuar. Rápido y brusco. Era todo lo que necesitaba.

Entró en el cuarto en penumbras justo cuando su ocupante terminaba de quitarse el uniforme. Sin decir una sola palabra, el hombre colocó el seguro a la puerta.

-¿Quiere que deje la luz encendida, joven señor?

-Quiero que hagas lo que sabes hacer, Kato… y quiero que seas muy violento. Sólo ocúpate de no dejar marcas, ¿de acuerdo?

-Como ordene, mi señor.

 

NUEVE

-Le dije mil veces que era una pésima idea, pero ese tipo no aprende más.

Vince comenzó a caminar por la habitación, molesto. Apretó con su hombro el celular para poder seguir hablando y encendió un cigarrillo.

-Por suerte todo quedó en un gran susto, pero no puede volver a repetirse, o tu hermano nos colgará a los tres y nos pondrá como adorno en su oficina. ¿Quieres que te de un pequeño consejo? No sé si te conviene seguir teniendo como socio a Atom. Si, si, ya sé que él fue el de la idea original, pero últimamente no ha servido de mucho. Y el haber mezclado tu negocio con su sucio mercado de drogas… ¡Claro que puedo hacerme cargo de todo! Lo he hecho en los últimos meses, ¿o no?

Vince notó por el rabillo del ojo que la persona que se encontraba dormida en su cama comenzaba a moverse y se apresuró a terminar el cigarrillo.

-Debo irme, Hideki. Piensa bien lo que te dije y en unos días comunícame tu opinión. Después de todo, eres el único jefe. Nos vemos.

-¿Qué hora es…?

-Aún es temprano, rusito ¿quieres comer algo?

-Si, muero de hambre. Quiero café, pastel de chocolate y un enorme sándwich tostado de jamón y queso. ¡Ah! Y huevos revueltos.

-¿No es demasiado?- dijo sonriendo, acercándose a la cama- ¿Tanta energía te hice gastar?

El joven sólo rió y lo abrazó, haciendo que cayera a su lado. Comenzaron a besarse nuevamente, siendo interrumpidos por el sonido del celular.

-No atiendas…

-Es Hideki de nuevo- suspiró al ver la pantalla- Ese infeliz realmente está con los calzones cagados. No tardaré, lo prometo. Y de paso ordenaré tu comida.

Kisa resopló con fastidio, pero no protestó. Sabía que la situación era delicada y convenía terminar de arreglarla de una vez por todas.

Hace dos días, la noticia de que un importante cargamento de drogas había sido descubierto en pleno centro de la ciudad, había conmocionado a los medios. Sobre todo porque la droga estaba escondida en un depósito perteneciente a uno de los casinos de Hideki, o sea de Kanada. Inmediatamente el anciano puso en marcha a su equipo y muy pronto se encargaron de hacer desaparecer la noticia de todos lados. Hideki juró mil y una veces que no tenía idea de dónde había salido la droga, pero prometió a su hermano que buscaría por cielo y tierra hasta dar con el culpable.

Kisa nunca olvidaría lo furioso que Kanada se mantuvo por casi una semana. Ahora sabía por qué todos le temían y hasta él mismo se mantuvo alejado. Y es que el anciano temía que ese incidente perjudicaría sus otros negocios, y el vínculo que mantenía con los políticos más importantes de la ciudad. Pero el más atónito fue Atom. Por supuesto que él estaba detrás de todo. Le bastó esperar a que el casino funcionara bien un par de meses para tomar confianza y volver al ruedo como traficante, asegurándole a Hideki que todas las transacciones serían seguras.

Pero olvidó un pequeño detalle. Un rubio y joven detalle.

Al comenzar su aventura con Vince, Kisa inevitablemente terminó conociendo todos los movimientos “extra” del negocio de los casinos. Y cuando supo los movimientos de Atom, inmediatamente decidió que había llegado el momento de destruirlo. Esperó con paciencia, hasta que supo la existencia del enorme cargamento que se encontraba en el depósito que nadie usaba. Y llamó ni más ni menos que al Director del área de Seguridad de Narcóticos y Contrabando.

Red casi se cayó de espaldas cuando supo toda la información que el joven manejaba y dejaba a su disposición. Y puso el operativo en marcha, desbaratando la entrega del cargamento minutos antes de que fuera enviado al exterior. Fue un éxito absoluto, pero no encontró ni una prueba para implicar a Atom. El viejo astuto había aprendido de sus errores anteriores y todos los documentos se encontraban con nombres falsos y direcciones ficticias.

Kisa se dio cuenta que, si quería acabar con Atom, debía atacar de forma directa, sin rodeos. Había oído toda la conversación de Vince y supo que Hideki buscaría la forma de deshacerse de su problemático socio lo antes posible.

Así que decidió que le daría una mano.

Después del almuerzo tardío, Kisa comenzó los preparativos para volver a la mansión. Vince se burlaba llamándolo “el protocolo”, por todo lo que tenía que hacer, pero no podía dejar afuera ningún detalle. Kanada aún se mantenía de un humor muy inestable y, si quería seguir manteniendo sus influencias sobre él, tenía que ser muy cuidadoso.

-Mañana a la noche estoy libre, ¿quieres venir a cenar?

-Sabes que en las noches no puedo.

-¿Y si te digo que cocinaré pastas caseras hechas por mis propias manos?

Kisa suspiró. Tampoco le agradaba pasar las noches en compañía del anciano, pero no tenía alternativa. Las noches eran intocables.

-¿Hasta cuándo vas a estar con él?- preguntó nuevamente, pero esta vez en tono serio-No puedo negar que me gusta volver a estar contigo, pero este jueguito de los “amantes secretos” me va a cansar muy pronto.

-¿Es una amenaza?

-No, rusito. Sólo quisiera saber qué esperas hacer con tu vida. Sé que te encanta manejar a las personas y, por los mil demonios, eres un maestro en eso. Pero tarde o temprano Kanada te descubrirá.

-No te preocupes por mí, tengo todo bajo control.

-¿Estás seguro?

El joven dejó de vestirse y lo miró, entre asombrado y preocupado.

-¿Qué quieres decir?

-No subestimes a Hideki. Es un imbécil bueno para nada, pero sabe todo lo que pasa en la Casa Central. Y sabe que, de vez en cuando, te metes en la habitación del guardaespaldas principal de Kanada. Supongo que una de las chicas que trabajan ahí te delató, nunca supiste llevarte bien con las mujeres- sonrió. Luego, al ver que el rostro de Kisa se había puesto blanco, continuó- No te preocupes tanto, por ahora. Hideki me lo dijo en medio de una borrachera tremenda. No creo que busque delatarte, tengo la impresión de que te tiene bastante miedo.

-Ese idiota.

-Sé que tener a mano a alguien como ese guardaespaldas es lo más cómodo, pero no seas inconsciente.

-Odio darte la razón. No sé en qué estaba pensando la primera vez que lo hice. Y después…bueno, es como dijiste. Era lo que tenía a mano. Pero hace más de un mes que no lo hago. Y no lo volveré a hacer, lo prometo.

-Claro, porque ahora me usas a mí como reemplazo.Y lo dices mirándome con esa carita de ángel adorable. Mocoso de mierda, eres de lo peor.

-Gracias por cuidarme, Vince- sonrió, dándole un suave beso en la mejilla, siguiendo luego por todo su rostro.

-No sé por qué lo hago, pero realmente no quiero que te pase nada malo-suspiró, cerrando los ojos.

-Te debo una, te recompensaré la próxima vez que nos veamos- y con último beso en los labios, siguió con su tarea de juntar sus cosas y terminar de vestirse.

-Alguna vez te encontrarás con algo que no puedas solucionar con sexo… y juro que tengo mucha curiosidad para ver qué demonios harás en ese momento.

                                                -----------------------------------------

A pesar de haber enviado a sus mejores hombres a la escena del crimen, Red no pudo evitar acercarse a comprobar con sus propios ojos lo que sería la noticia del año. Nunca pensó que volvería a ese motel de poca monta y subiría los cinco pisos hasta llegar a la habitación 102. Los peritos seguían con su tarea de tomar muestras, pero el cadáver aún permanecía sobre la cama.

-Señor Director- saludó respetuosamente uno de ellos acercándose- Casi terminamos, la camioneta de la morgue llegará en 5 minutos.

-Perfecto, Simmons. ¿Y la joven?

-La llevaron al hospital, estaba en estado de shock. Y también muy afectada por el alcohol y las drogas.

Red se acercó al cuerpo, que tenía el brazo izquierdo visiblemente hinchado, con un gran moretón rojizo en la parte interna del codo.

¿Por qué todo le resultaba tan familiar? Cuando lo llamaron por teléfono diciéndole que habían encontrado muerto a Atom en la habitación de un motel, no se sorprendió demasiado. Los tipos como él terminaban mal tarde o temprano. Pero, al saber los detalles, se quedó helado.

No era una simple muerte en un motel. Al parecer, el hombre y su acompañante, una joven muy hermosa, habían tenido una “fiesta” de drogas y alcohol. Cuando la joven notó que el hombre comenzaba a convulsionar, entró en pánico, llamando a los gritos una ambulancia.

-Quiero que me notifiquen cuando estén los resultados toxicológicos de ambos. Iré al hospital.

-De acuerdo, señor.

Cuando llegó al hospital, le informaron que la joven se encontraba estable, pero aún se mantenía muy nerviosa. Lo invadió una fuerte sensación de “deja vu” al entrar a la habitación en penumbras y ver a la joven con los ojos cerrados y su largo pelo rubio descansar sobre ambos hombros.

Este caso se volvía cada vez más siniestro.

-¿Cómo te sientes?- le preguntó suavemente.

-¡Le juro que yo no lo hice! ¡Yo no lo maté!

-Cálmate por favor. Nadie te está culpando. Sólo quiero que me respondas algunas preguntas, ¿de acuerdo?

La joven asintió en silencio.

-¿Atom te contrató?

-No. Yo trabajo en una agencia de modelos. Y… a veces también atendemos a algunos clientes especiales.

-¿Atom era uno de ellos?

-No, nunca lo había visto. Pero me dijeron que era un empresario muy importante.

-¿Sueles drogarte con tus clientes?

La joven apretó los puños y volvió a asentir.

-Sólo cuando el cliente quiere. Me dijeron que a él le gustaba compartir la droga con sus acompañantes, así que no me pareció raro cuando me lo ofreció. Al principio mezclamos algunas pastillas con el champagne, pero cuando sacó la jeringa, me asusté. Le dije que no iba a dejar que me inyecte, entonces lo hizo él mismo. Al principio estuvo bien, pero cuando tomó la segunda copa de vino…

-¿No dijiste que estaba tomando champagne?-cortó de repente.

-Si, pero la agencia me había dicho que a él le gustaba mucho tomar cierta marca de vino. Yo no tomo, no me gusta, pero siempre cumplimos los gustos de los clientes.

En ese momento, una enfermera ingresó a tomar los signos vitales de la joven.

-La paciente necesita descansar, señor.

-De acuerdo- suspiró- Sólo le haré una última pregunta. Dime, ¿cuántos años tienes?

-Dieciocho- la respuesta fue casi en un susurro.

-Sabremos la verdad tarde o temprano, es mejor que seas sincera.

-Yo… tengo diecisiete…

El corazón de Red latía con violencia cuando salió de la habitación, es más, todo su cuerpo temblaba.

Ahora recordaba por qué todo le resultaba tan familiar. El mismo motel, la misma habitación… un acompañante menor de edad…

Tantas coincidencias lo estaban espantando. Tuvo que esperar varios minutos para lograr tranquilizarse y recuperar su tono normal de voz antes de hacer esa llamada:

-Simmons, si, si, sé que los resultados no van a estar tan pronto. Pero quiero que presten especial atención a la botella de vino. Quiero que analicen… ¿Qué? ¿CÓMO QUE NO HABÍA NINGUNA BOTELLA DE VINO?!!!!

 

 

DIEZ

-No sé por qué estás tan angustiado, el caso se cerró sin dificultades, ¿qué más esperabas?- dijo Cecil mientras batallaba con su hijo para darle de comer la papilla.

-Justamente eso, se cerró demasiado rápido. Simplemente llegó la orden de caratularlo como “muerte por sobredosis” cuando ¡no fue así!

-¿Y qué piensas que fue?

-¡A ese hombre lo asesinaron!

La mujer lo miró, atónita.

-Lo envenenaron con dios sabe qué sustancia en una botella de vino que desapareció misteriosamente de la escena del crimen antes de que llegaran los peritos.

-Red, si hubiera sido veneno, habría salido en el examen toxicológico.

-Sabes muy bien que hay cientos de sustancias que se degradan al poco tiempo y no dejan rastro en sangre, orina ni otras secreciones. ¿Por qué desapareció esa botella? ¡MIERDA!

-No maldigas frente al bebé, te lo he dicho miles de veces.

-Lo siento…

-Ese tipo fue la espina en tu trase… en tu vida durante años y al fin desapareció. ¿No puedes simplemente dar vuelta la hoja y listo? Se terminó.

-No es tan fácil.

-¿Qué es lo que realmente te está molestando, Red? No creo que estés TAN preocupado por lo que le pasó a ese idiota. Es más, deberíamos estar celebrando.

-¿No te parece que la forma en la que lo encontraron...en dónde lo encontraron y con quién lo encontraron…? ¿No te recuerda a esa vez que lo hallamos con Kisa?

-¿Kisa? ¿Quién es…? ¡Ah! Ese chiquito. Me había olvidado completamente de él.

-El mismo motel, la misma habitación, la combinación de alcohol y drogas… hasta esa chica que lo acompañaba tiene un aire a él…

-Estás paranoico y comienzas a asustarme… ¿Qué tiene que ver ese pobre chico? Ni siquiera debe estar enterado, ¿no me dijiste que lo mandaste al campo con unos parientes lejanos?

-No… fue exactamente lo que hice…

A medida que Red comenzaba a contarle toda la verdad, Cecil no podía ocultar su sorpresa. Era demasiado increíble enterarse que ese pequeño niño con rostro de ángel era en verdad… no, no podía ser.

-¿Por qué me ocultaste todo esto? ¿Y por qué lo sigues viendo????

-No te lo oculté, simplemente creí que era mejor mantener oculta la verdad por el juicio. Y después simplemente no lo pensé.

-No me contestaste lo otro, ¿Por qué lo sigues viendo?

-¿Por qué no podría?

-Red, me acabas de contar lo que es ese chico. Una especie de manipulador terrible. ¿Te pusiste a pensar que quizás quiere involucrarte a ti también?

-No es así. Es cierto que Kisa no es un ejemplo de ciudadano, pero… es un buen chico.

-Eres demasiado confiado. Ese chico terminará hundiéndote a ti también, como a todos los otros hombres. No me extrañaría que terminaras enredándote en sus sábanas… sino lo has hecho ya.

-No debí contarte ésto- dijo, molesto, mientras buscaba su saco y las llaves del auto- Y lo de enredarme en sus sábanas, si lo hice o no sería exactamente lo mismo para tí, ¿verdad? No te importaría una mierda.

Red pensaba ir a su oficina, pero cambió de opinión. Estaba furioso y sus empleados no merecían soportar su pésimo humor. Lo que en verdad quería era tomar un par de cervezas bien heladas. Así que se dirigió a uno de sus lugares favoritos, una pequeña cervecería artesanal casi en las afueras de la ciudad, donde acostumbraba embriagarse de adolescente.

Después del tercer vaso se sentía bastante mejor y comenzó a rememorar la discusión con Cecil. Era comprensible que tuviera esa imagen de Kisa, él mismo había pensado exactamente lo mismo al principio. Ella no conocía su otra cara. La verdadera.

¿La verdadera? ¿Sería así? ¿O sería tan sólo una más de las tantas máscaras que usaba para manejar a los demás?

¿Tendría algo que ver con el asesinato de Atom? No descansaría hasta saber la respuesta.

Tomó el celular para mandarle un mensaje cuando vio que tenía uno de él. Más justo, imposible.

-”Acabo de llegar de un espantoso viaje y necesito despejarme un poco. ¿Estás libre?

-Estoy tomando cerveza en un pequeño lugar. Te mando la ubicación, no es muy elegante, pero la cerveza es de primera.

 

-Espero que tengas razón con lo de la cerveza, Alfred- saludó Kisa cuando llegó minutos después-Esto parece un depósito abandonado.

-Es un lugar de paso para camioneros- rió, haciendo señas al camarero para que trajera más bebidas-No necesita ser muy limpio, sólo tener mucho alcohol.

-Hablando de eso, ¿cuántas cervezas tomaste?

-Un par…

-Estás en un estado deplorable. Estoy seguro que fueron un poco más de un par. ¿Qué problema tuviste esta vez?

-¿Por qué asumes que tengo un problema?

Kisa lo miró fijamente, Red suspiró y se echó a reír.

-He sido descubierto.

-¿Discutiste otra vez con Cecil?

El hombre asintió en silencio para luego beber el resto de la cerveza que quedaba en su vaso.

-Pero ella no es lo que me preocupa-dijo luego de unos segundos de silencio- Eres tú.

-¿Yo???

-Dime la verdad, Kisa. ¿Tuviste algo que ver con la muerte de Atom?

El joven nunca esperó que la pregunta fuera tan directa. Se quedó helado, sin saber cómo reaccionar.

-No me mientas, por favor. Es lo único que voy a pedirte. Por favor…

El rostro de Red estaba tan angustiado y triste, que Kisa no tuvo fuerzas para decir la historia que tenía perfectamente armada. Sabía que, tarde o temprano, Red le haría esa pregunta, el hombre era demasiado perspicaz para dejarse engañar y no se quedaría con los brazos cruzados. Había pensado hasta el más mínimo detalle para satisfacer todas sus preguntas. Pero ahora todo su maravilloso plan se había derrumbado en segundos.

-Si- fue lo único que pudo decir. Vio que Red bajaba la mirada y cerraba los ojos, como si hubiera recibido un fuerte golpe- Yo lo planeé todo.

-¿Por qué lo hiciste?- preguntó, en un hilo de voz.

-¿Por qué? Red, ese tipo era una mierda. Salió libre cuando tendría que haberse podrido en la cárcel. Y volvió a meterse en el negocio de las drogas.

-¿Sólo por eso?

-Y… quería vengarme. Nunca olvidé lo que me hizo- agregó. No podía decirle la verdad. Red nunca debería saber la verdadera razón que lo llevó a planear la muerte de una persona.

-Y por eso lo mataste en el mismo entorno, con los mismos detalles. Dios, Kisa, ¿y si matabas también a esa chica?

-No iba a pasar, busqué especialmente a alguien a la que no le gustara el vino.

-Esa noche Atom te drogó contra tu voluntad, ¿y si hacía lo mismo con ella? ¿No te pusiste a pensar que algo podía salir mal en tu maravilloso plan? Por no mencionar el trauma que tiene ahora esa pobre chica. No todos tienen tu frialdad en las venas. Ella quizás nunca pueda recuperarse de ver a una persona morir ante sus ojos.

-No… no pensé en eso.

-¡Claro que no! Por qué no te importa, nunca te importa lo que pasa más allá de tus ojos. Sólo querías eliminar a ese tipo, lo que sucediera a su alrededor sería irrelevante.

-Si quieres que te acompañe a declarar… lo haré.

-¡Claro que no! El caso está cerrado y en pocos días a nadie le va a importar la muerte de ese infeliz.

-Entonces…

-Entonces, ¿por qué quería saber la verdad? Porque me das miedo, Kisa. Esa es la verdad. Me aterra saber hasta dónde puedes llegar. En lo que te estás convirtiendo.

-No me estoy convirtiendo en nada, Red. Sigo siendo el mismo- suspiró.

-Es cierto. Sólo que ahora tienes el poder de hacer lo que se te ocurra. ¿Hasta dónde quieres llegar? ¿Qué quieres hacer con tu vida?

Era la segunda persona que le hacía la misma pregunta. La maldita pregunta. No respondió, simplemente porque no tenía respuesta.

-Será mejor que no nos volvamos a ver-fue la declaración que lo volvió a dejar helado. Ahora fue él quien pareció recibir el golpe.

-Red, no…

-Lo que hiciste con Atom, no tengo pruebas y no vale la pena reabrir el caso ahora. Pero tengo un cargo público y mi deber es hacer que la justicia se cumpla. No… no puedo volver a mirar a un costado, como si no pasara nada. Cometiste un asesinato, Kisa. Eres un asesino. Y yo soy un policía.

La voz se había vuelto dura y fría y cada palabra salía disparada como una bala.

-La próxima vez, iré contra ti con todo el peso de la ley.

-Lo siento, Red… lo siento, en serio…-rogó -Por favor, no te alejes. Eres lo único bueno que tengo en mi vida…

El hombre se paró, decidido. El alcohol le había dado fuerzas y no volvería a caer en sus trucos. Estaba harto de que las personas se aprovecharan de su buen corazón. Estaba harto de ser un idiota.

-Cuidate mucho-fue lo último que dijo, sin atreverse a mirarlo a los ojos, y salió del bar tambaleándose.

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-Estuviste muy callado toda la tarde, ¿aún te sientes mal por el vuelo?

-No, no es nada. No te preocupes.

-Haré que te preparen un té.

-No necesito un maldito té- volvió a decir, alejándose del abrazo de Kanada. Pero sólo dio unos pasos y se volvió- Lo siento, Kanada-sama, perdón por hablarle de esa manera. Tengo mucho dolor de cabeza.

-Tienes muchos dolores de cabeza últimamente, especialmente en las noches.

-Lo siento.

-Que no se repita hoy, ¿de acuerdo? Voy a cerrar un negocio muy importante, así que estaré de muy buen humor. Y quiero festejarlo contigo.

-Prepararé una cena muy especial, mi señor.

-Así me gusta. Bien, tengo que irme. Estaré de regreso a las siete- exclamó, acercándose para besarlo, pero Kisa lo interrumpió.

-¿Qué soy para usted?

-¿Qué?

-Sólo quiero saber… qué soy para usted.

El anciano levantó una ceja, extrañado. Luego se echó a reír.

-¿Qué eres? Lo que le digo a todo el mundo. Mi hermoso tesoro, eso eres. ¿Satisfecho?

-Si- contestó con una sonrisa.

-Deja de hacer esas preguntas extrañas y mejor prepárate para esta noche-y después de un rápido beso salió de la habitación.

Ni bien escuchó la puerta cerrarse a sus espaldas, las lágrimas asomaron en sus ojos. Había llorado demasiado los últimos días, no recordaba la última vez que se había sentido tan… vacío. Al día siguiente del encuentro con Red, había intentado volver a comunicarse con él, pero fue en vano. Mensajes, llamadas, incluso había pasado horas en la casa de comidas rápidas, pero no logró verlo. Y después de tres días, cayó en cuenta que Red definitivamente no quería volver a saber nada con él.

Y el alma se le rompió en mil pedazos.

Alguna vez te encontrarás con algo que no puedas solucionar con sexo… y juro que tengo mucha curiosidad para ver qué demonios harás en ese momento

Llegó el momento, Vince. Mírame, no sé qué mierda hacer.

Cayó en cuenta que, en unas pocas horas, Kanada volvería y debía tener todo listo para él. Y tenía que  prepararse, no podía verlo con los ojos y la nariz rojos e hinchados por el llanto.

Se paró frente al gran espejo de pie, su imagen dejaba bastante que desear. Debería darse un largo baño y hasta utilizar un poco de base para ocultar las profundas ojeras.

¿Hasta cuándo podría mantener esa imagen? ¿Qué haría Kanada con él cuando dejara de ser el joven del que estaba obsesionado?  

 Cuando dejara de ser su “hermoso tesoro

No dudaría en descartarlo, Kanada sólo se rodeaba de “cosas” perfectas.

Puso la mano sobre el espejo, recorriendo el rostro que reflejaba. Había logrado todo con ese cuerpo, tener todo lo que quería y manejar a las personas que quería.

Menos a él.

La furia lo inundó de repente. Tomó una tijera de su mesita de luz y comenzó a cortar su cabello de cualquier manera. Los largos mechones rubios cayeron a sus pies, hasta que no quedó cabello para cortar.

Con la respiración agitada volvió a mirarse al espejo, quien le devolvió la imagen de un joven casi rapado. ¿Qué diría Kanada al verlo?

Sin embargo, no era suficiente. El cabello crecía, y su imagen volvería a ser la de antes. Esa imagen que ahora no le servía para nada, que detestaba.

Que tenía que destruir, como destruyó lo poco bueno que tuvo en su vida. Era para lo único que servía. Para destruir.

Tomó la tijera y la apretó, volviendo a llorar.

Y, cerrando los ojos, golpeó el espejo con todas sus fuerzas.

 

ONCE

-Es la última valija, señor. ¿Necesita algo más?

-No, gracias Kato. Gracias por la ayuda.

El guardaespaldas se inclinó en forma respetuosa y salió de la habitación. Kisa se sentó en la cama y esperó unos minutos antes de tomar su teléfono.

-Hola Vince. Te aviso que estoy en el hotel Continental. Si, estoy solo… es muy largo para explicártelo por teléfono. Si… habitación 84…pide en administración que te den la llave...

Cuando el hombre llegó, se llevó una gran sorpresa al ver la cantidad de valijas y otras cosas desparramadas por la habitación, casi no se podía caminar.

-¿Kisa? ¿Dónde estás?

-En la habitación.

-¿Qué demonios…?- comenzó a decir, pero se quedó sin habla al ver al joven con el cabello cortado al ras y su rostro y brazos llenos de cortes, la mayoría ya cicatrizados- ¿QUÉ  PASÓ?

-Creo que enloquecí de repente. Y decidí cortarme el cabello y golpear un espejo enorme con la tijera- habló, sorprendiéndose a sí mismo por lo tranquilo que estaba- No fue grave, sólo una herida en el brazo fue más profunda, pero los otros cortes son superficiales.

-¿Estás con calmantes?-volvió a preguntar, viendo que la mirada del joven estaba perdida y no lograba coordinar los movimientos de las manos.

-El médico de Kanada me dio unos cuantos. Ah… creo que es por eso que estoy tan tranquilo…

-¿Y Kanada dónde está?

-En su oficina, supongo.

-¿Te echó???

-No, fue más simple. Terminó el contrato. Fue más fácil de lo que creí, sólo hizo dos o tres llamadas telefónicas y en menos de una semana arregló todo para que me quede aquí. Pensé que se pondría furioso… pero ni siquiera me gritó. Sólo me hizo a un costado, como todas las cosas que no le sirven más…

-Tienes suerte que no te haya matado, mocoso de mierda. ¿Qué piensas hacer ahora?

-No sé…

-¿Por qué me llamaste?

-No tengo a nadie más…

Vince suspiró, abrazándolo suavemente.

-Sabía que estabas loco, pero nunca pensé que harías algo así.

-¿Te quedarás conmigo esta noche?

-No me dejas alternativa. Arreglaré para que me cubran en el trabajo y después pediremos algo bueno para cenar, ¿de acuerdo?

-Si.

-Vuelve a dormir. Estás tan drogado que ni siquiera puedes mantenerte en pie. Yo me ocuparé de todo.

-Vince...¿qué soy para tí?-preguntó en un susurro, luego que lo acomodaran en la cama.

-En este momento eres un enorme grano en mi culo- sonrió, besándolo.

Kisa sonrió también y cerró los ojos, quedándose dormido casi al instante.

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Ты моё солнышко, мой солнечный свет/ You are my sunshine, my only sunshine/Eres mi sol, mi único sol

Ты делаешь меня счастливым, когда небо хмурое / You make me happy when skies are gray/ Me haces feliz cuando el cielo está gris

Ты никогда узнаешь, дорогой, как сильно я тебя люблю / You'll never know dear, how much I love you/ Nunca sabrás, mi amor, cuanto te amo

Прошу тебя, не уноси моё солнышко прочь / Please don't take my sunshine away/ Por favor, no me dejes sin sol

 

La voz que entonaba la canción era dulce y suave y el niño se acurrucó feliz entre los brazos que lo mecían al ritmo de la melodía. En realidad era una canción de cuna, pero él la escuchaba todas las mañanas. Despertarse escuchando la canción en su oído le indicaba que era de día y su madre había vuelto del trabajo. Abría lentamente los ojos y reía al sentir que lo inundaban de besos y cosquillas. Luego venía el desayuno de panqueques y chocolate caliente, mientras la mujer le contaba anécdotas de su trabajo. Siempre le pasaban cosas divertidas en ese lugar y le encantaba escucharlas.

Tuvieron que pasar varios años para que supiera la verdad detrás de esas anécdotas. Y la verdad del trabajo de su madre. No le sorprendió demasiado, tampoco lo tomó de mala manera. Era un trabajo, y le había permitido tener un techo y alimento. Pero si lamentaba el hecho de que su madre no volviera a sonreír. Ahora que ya no tenía que ocultarle la verdad a su hijo, dejó ver cómo se sentía realmente.

Todo había sido mentira. La canción en las mañanas, los desayunos divertidos… todo.

Una fachada para esconder que tenía el alma rota.

Con el pasar de los años, el dinero dejó de llegar y tuvieron que mudarse a una vieja y húmeda pensión. Su madre repetía una y otra vez que le había llegado la fecha de vencimiento y ya nadie quería estar con ella. Permanecía acostada días enteros y salía sólo para emborracharse y volver casi arrastrándose hasta la cama.

Una mañana no volvió y salió a buscarla, con el temor de encontrarla muerta en un callejón. Buscó por los alrededores durante todo el día, sin animarse a ir a la policía. Finalmente se detuvo frente al lugar que había sido su lugar de trabajo. Aún estaba cerrado, pero se veía entrar y salir a algunas personas, seguramente comenzaban a prepararse para la jornada nocturna.

Sin dudar un instante ingresó al lugar, pero no pudo llegar muy lejos antes de que lo detuvieran. Ni siquiera hicieron el intento de escucharlo. Y fue cuando se enfureció y comenzó a los gritos.

Al momento acudió el gerente de aquel lugar. Y así fue cómo conoció a Vince. Ordenó que lo soltaran y lo llevó fuera de los salones, a lo que parecían ser habitaciones privadas.

-La encontré inconsciente en la entrada- dijo, al entrar a uno de los cuartos señalando a la mujer profundamente dormida- Ya la vio un médico. Se recuperará en unas cuantas horas.

-¿Cómo supiste que soy su hijo?

-Ella me hablaba siempre de tí y me mostró varias fotos. Además, eres su vivo retrato- sonrió.

-Lamento que mi madre haya causado tantos problemas. Ni bien recupere la conciencia…

-No hay prisa. Estas son mis habitaciones privadas, nadie entra sin mi permiso. Deja que se recupere tranquila. Puedes quedarte también, si quieres. Pediré que traigan comida…

-¿Por qué eres tan amable?

-Veo que no eres tan confiado como ella- rió con ganas-Pero, no tienes nada que temer. Tu madre y yo somos viejos amigos. En fin, debo volver al trabajo. Si necesitas algo, buscame en el salón central.

Cuando el hombre salió, Kisa permaneció varias horas esperando que su madre despierte. Recorrió la habitación, abrió los cajones y el placard. Incluso se tumbó a su lado para tratar de dormir, pero fue en vano. A lo lejos escuchaba el sonido estridente de la música, el lugar ya debía estar abierto.

Finalmente se animó a salir. Estaba hambriento y se maldecía a sí mismo por no haber aceptado la comida. Tal vez si encontraba a Vince, conseguiría algo para cenar.

Al llegar al salón central quedó enceguecido por las luces y el humo. Había estado en lugares así antes, pero nunca se quedaba mucho tiempo. No disfrutaba mucho del baile, aunque sí le gustaba la sensación de la música retumbando en los oídos.

-Ya veo porque mamá decía que su fecha de vencimiento había llegado-pensó, viendo que todos los acompañantes eran muy atractivos. Su madre también lo era, pero los excesos la habían desmejorado bastante.

-Nunca te había visto por acá, ¿eres nuevo?- escuchó en su oído. Al darse vuelta, vio a un anciano con lo que quiso ser una sonrisa seductora, pero terminó siendo una mueca. Kisa sólo lo miró con desprecio, estaba acostumbrado a que lo acosaran, le pasaba desde que tenía uso de razón.

-Lo siento, no trabajo aquí.

-Es una lástima, estaría dispuesto a pagar mucho por tu compañía.

-Nelson, aléjate de él, ¿quieres?- interrumpió Vince- Tienes todo un repertorio para elegir.

-Pero ninguno tiene el rostro de ángel de este jovencito.

-Si no me deja tranquilo, le voy a aplastar las pelotas y se las dejaré más arrugadas de lo que ya deben estar, viejo de mierda!!!

El anciano abrió los ojos y se alejó, indignado, mientras Vince irrumpía en carcajadas.

-Tampoco tienes el carácter dulce de tu madre. Vamos, acompáñame antes de que me espantes a todos los clientes.

-Lo siento, no me gusta que se me acerquen así... ¿También tienen una cocina aquí?

-Es sólo para el personal- respondió mientras abría un minibar y sacaba una bandeja-¿Te gusta el sushi?

-¡Claro! Gracias. Perdón por gritar así en el medio del salón, nunca reacciono bien cuando se me acercan de esa manera.

-No te preocupes, Nelson es uno de los clientes más antiguos y suele tomarse ciertas libertades. Sobre todo cuando ve un rostro bonito. Y lo digo con todo respeto, no quiero que hagas sufrir a mis bolas.

-No lo haré- rió con ganas-Así que crees que tengo un rostro bonito, ¿eh?

-Te lo habrán dicho miles de veces.

-Tal vez…respondió, mirándolo con una sonrisa.

Vince alzó una ceja, extrañado.

-¿Estoy equivocado o creo que estás coqueteando conmigo?

-¿Tú qué crees?

-¿Estás loco? ¿Haces esto siempre?

-Sólo con la gente que me cae bien, ¿qué problema hay?

-No sabes con quién te estás metiendo.

Kisa apoyó el mentón en su mano derecha y volvió a sonreír, sin dejar de mirarlo. En ese instante, uno de los guardias de seguridad entró al lugar, exclamando nervioso:

-Jefe, Dalton acaba de llamar, quiere reservar el salón especial para dentro de dos horas, pero tenemos todo cubierto.

-Siempre llamando a último momento. Voy enseguida- suspiró, para luego dirigirse al joven- Si tu madre despierta, dile a alguno de los guardias que llame a un taxi. O pueden pasar el resto de la noche aquí, no hay problema.

-¿Te vas así nomás? ¿Estás escapando?

-No soy el tipo de hombre que juega con criaturas.

Kisa se levantó de un salto y, tomándolo de la camisa, lo acercó para besarlo. Vince se quedó helado por unos segundos, pero reaccionó al sentir la lengua del joven luchar para entrar en su boca. Lo tomó de la cintura, profundizando el beso.

Se alejaron al quedarse sin aliento.

-No soy una criatura-dijo Kisa, aún con la respiración agitada-Gracias por el sushi.

Cuando volvió junto a su madre, notó con alivio que ya estaba despierta. Pero aún estaba bajo los efectos del alcohol, así que la convenció de seguir descansando un poco.

-¿Dónde estamos? No es nuestra casa.

-En el bar donde trabajabas. Vince te encontró en la entrada y te trajo aquí.

-¿Vince?- el nombre pareció despertarla por completo- ¿Él está aquí?

-Si, pero tenía que…

-¡Debo verlo! -exclamó, intentando levantarse, pero no pudo dar ni dos pasos.

-Mamá, no te muevas, aún estás ebria.

-Necesito verlo, necesito… hablar con él.

-De acuerdo, pero recuéstate.

-Quiero verlo… necesito verlo...

La mujer volvió a acomodarse y cerró los ojos, quedándose dormida al momento. Kisa acomodó suavemente los mechones rubios que habían quedado sobre su rostro y acarició sus mejillas.

-Eres una tonta…

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-Jefe, ¿quiere que traiga el auto?

-Si, Dan, por favor. Al fin terminó esa reunión de mierda- Red suspiró, aflojando la corbata con alivio. Había pasado tres horas en compañía de la cúpula de seguridad de la ciudad. Por supuesto, no habían tocado ni uno de los temas programados. Sólo charlas vanas, huecas y sin sentido.

Después de casi un año como Director, se había acostumbrado a esas reuniones de fantasía. Ya no irrumpía a gritos ni golpeaba la mesa con furia, sólo se quedaba callado y rogaba que el tiempo pasara lo más rápido posible.

En parte sentía que lo habían derrotado, pero después de caer internado por un pico de presión, se dio cuenta que debía pensar en su salud. No podía morir por un ACV antes de llegar a los 40 años.

Apresuró el paso para no cruzarse con algún político, pero antes de llegar a la puerta principal, vio que otro hombre al parecer tenía su misma idea. Se apartó al ver que no estaba solo, sino que se encontraba acompañado de dos guardias de aspecto temible. Y paró en seco al reconocerlo.

Era Kanada.

Por un momento quiso retroceder, pero su asistente ya lo estaba esperando junto al auto, así que apretó el puño y siguió caminando.

Que Kanada estuviera en ese lugar no quería decir que él también estuviera. Y si fuera así… lo enfrentaría. No podía seguir escondiéndose por siempre. Además, había pasado mucho tiempo.

Demasiado.

En ese momento, la puerta de la imponente limusina de Kanada se abrió y una hermosa joven de larga cabellera negra salió a recibirlo efusivamente, para luego entrar abrazados al vehículo.

-Jefe, ¿pasa algo?-preguntó el asistente a Red al ver que el hombre se había quedado inmóvil.

-¿Eh? No, no… volvamos a la oficina…

¿Acaso Kisa ya no estaba con Kanada? ¿Qué habría pasado? El anciano era uno de los empresarios más poderosos de la ciudad, el joven no se alejaría por cualquier motivo.

Aunque esas preguntas pasaban por su mente, era una la que más le resonaba, y la que no quería admitir.

¿Estaría bien????

Recordaba como si fuera ayer la última vez que lo había visto, recordaba su rostro desencajado, su cuerpo temblando… frágil.

Y recordaba las veces que había ignorado sus llamadas y borrado sus mensajes. Hasta que finalmente dejó de recibirlos.

En un momento había pensado en hablar con él, todavía tenía la firme esperanza de que todo se podía solucionar. Claro, lo hecho estaba hecho. Y quién sabe de cuántas cosas terribles más no estaba enterado. Pero… en el fondo sabía que tenía un buen corazón. Que la vida lo había llevado a tomar malas decisiones. Que nunca tuvo la contención que necesitaba.

Después de todo, ¿qué sabía de su pasado, de su familia? Absolutamente nada.

Pero todas las intenciones de comunicación habían quedado atrás para ocuparse de su vida y sus desastres personales. La separación definitiva de Cecil, la cual le llevó tres meses de terapia y la decisión de dejar su trabajo o adaptarse a él. Y eligió lo último, lo que le supuso caer en depresión y volver a su psicólogo.

No había mencionado a Kisa en sus sesiones, pero el profesional había intuido que tenía un asunto sin resolver. Y le había dicho esa frase que estaba cansado de oír: “No sabes mentir”

Se suponía que era una buena cualidad, pero parecía que para sobrevivir en esta sociedad tenía que aprender a esconder sus verdaderos sentimientos.

¿Sabes que hay de malo en tí? Demuestras demasiado. Cuando tengas que enfrentarte a tu enemigo, nunca dejes que descubra lo que verdaderamente estás sintiendo”

-Tal vez debería llamarlo…- dijo suspirando. Lo más seguro era que hubiera cambiado el teléfono, o que no quisiera atenderlo. Pero no perdía nada con intentarlo. Lo peor que podía pasar era que lo ignorara, o lo atendiera para gritarle cuanta cosa terrible pasara por su cabeza. 

-Nada muy diferente a lo que vivo todos los días...

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-Vince, ¿qué sucedió con mi celular? Está destrozado.

-Estuvo sonando toda la tarde y taladrándome la cabeza. Y como no pude desbloquearlo, lo lancé contra la pared.

-¡Vince! Lo usaba como despertador.

-Lo siento, Kisa, pero no tengo la culpa de que tus ex-clientes sigan intentando comunicarse contigo.

-No digas tonterías, ninguno de ellos tenía este número. Debió ser alguien que se confundió.

-Bueno, entonces ese “Alfred” debió ser más que un cliente, ¿no?

Kisa se quedó helado al escuchar ese nombre, pero se recuperó rápidamente y siguió sacando sus cosas de la mochila.

-¿Alfred?...¡Ah! Fue el policía que me ayudó aquella vez con el imbécil de Atom. Cuando tuve que ir a testificar le di el número.

-¿Policía?- Vince frunció el ceño- ¿Y por qué te llamará ahora?

-Lo sabría si no hubieras destruido el celular.

-Si lo vinculas a tu otro…

-No tengo ganas de saberlo- cortó, brusco- Forma parte del pasado, que se quede ahí. Iré a darme un baño.

-¿Por qué demonios apareces en este momento?-pensó, dejando que el agua caliente corriera por su espalda- No creas que voy a volver a humillarme y rogar que me perdones.

Cerró los ojos, respirando profundamente. No quería pensar demasiado. Dejaría el asunto atrás, no podía perder el tiempo en cosas del pasado. Se había propuesto olvidar todo lo que había hecho antes y concentrarse en su presente y su futuro. No más pasos en falso, no volvería a mostrarse tan vulnerable nunca más.

-Nunca más…

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-¿Aún sigues enfadado por qué rompí tu celular? Te compraré uno nuevo.

-No estoy enfadado. Y no necesito otro celular.

-¿No estás enfadado? ¿Y por qué tienes esa cara de mierda?

-Porque tuve un día de mierda, por eso.

-Entonces no vas a querer acompañarme a la inauguración del complejo…

-¿Es hoy? ¡DEMONIOS!

-No te preocupes, le diré a Lara que me acompañe.

-No voy a permitir que vayas con esa pelirroja. La muy zorra deja a propósito su ropa interior en el auto para que yo la vea.

-¡No puedo creer que estés celoso de ella!- rió, tomándolo por la cintura para acercarlo- Me siento halagado. Pero no te preocupes, ella no te llega ni a los talones. Ni ella ni nadie.

-¿Y aún así insistes en meterte con esas mujerzuelas baratas de tus casinos?

-De la misma manera que tú abres las piernas con cualquier hombre que te caliente-susurró, besándole el cuello- Aunque sabes muy bien que nadie sabe hacerte gritar como yo.

-Así fue el trato.

-Exacto. Y así estamos muy bien. Entonces, ¿me acompañarás? Después de todo, eres uno de los principales inversores.

-Lo haré. Dame un par de horas y estaré listo…

Kisa intentó mantenerse de buen humor, pero había dejado de disfrutar de los eventos nocturnos. No lo podía entender, ahora tenía la completa libertad de beber, fumar y acostarse con quien quisiera, sin embargo, no se sentía cómodo… o mejor dicho, se sentía cansado.

Esa era la palabra: cansado.

Tal vez por haber pasado los últimos 5 años de su vida en el mismo ambiente. La música, las luces y la gente ya no lo divertían.

Luego de posar para los principales medios que habían venido a cubrir la inauguración, se alejó de la multitud, dirigiéndose a la barra. Vince seguía atendiendo a los invitados, seguramente se quedaría toda la madrugada y debería volver solo al departamento.

-Buenas noches, jefe, ¿le sirvo lo de siempre?

-Si, David. Gracias. Vas a tener mucho trabajo esta noche.

-No crea. La mayoría de los invitados van a pasar directamente al salón VIP, no se atreverían a acercarse a un humilde barman como yo- respondió, riendo.

-Ellos se lo pierden. Tus tragos frutales son los mejores del mundo.

-Muchas gracias- sonrió mientras le pasaba la copa.

-¡Oiga! ¡Usted...!-se escuchó a lo lejos-¡Otra cerveza!!

-Disculpe, jefe…

Kisa movió la cabeza, indicando que fuera a atender al cliente. Bien sabía él lo impaciente que podía ser un ebrio.

Era lo malo de ese nuevo complejo. En palabras de Vince: “todo el mundo tenía derecho a disfrutar del alcohol”. Es por ello que el nuevo edificio tenía varios pisos diferenciados, donde el último era totalmente exclusivo y el primero, donde se encontraba ahora, contaba con precios económicos, de tal manera que cualquiera podía tomarse un par de cervezas. No negaba que era una idea excelente, las personas de clase media eran quienes venían a desahogar sus penas y gastar sus sueldos cada mes. Pero eso también traía aparejado un mar de borrachos que debían ser sacados a la fuerza por la seguridad.

Y hablando de borrachos, uno de ellos había caído al suelo haciendo gran alboroto. Intentó levantarse, pero lo único que logró fue caerse de nuevo, causando risas a su alrededor. Kisa reprimió una sonrisa, mientras la seguridad se acercaba para sacarlo del lugar.

-¿No te parece conocido?- escuchó a su lado- Creo que lo vi en las noticias…¿No es el tipo que habló sobre el operativo anti-drogas?

-Si, tienes razón… ¿Qué…?

Kisa pegó un salto sin terminar de escuchar la conversación. Se acercó al hombre, quien protestaba débilmente mientras era arrastrado a la salida, reconociéndolo al instante.

-No lo saquen por la entrada principal-ordenó a los guardias- Vayan por la de emergencia y busquen a mi chofer. Los alcanzaré en un minuto.

Kisa miró a su alrededor, para ver si alguien más había notado lo sucedido, pero todos estaban ensimismados en sus propios asuntos. Palpó el bolsillo de su saco y suspiró con alivio al ver que tenía las llaves del departamento.

-Colóquenlo con cuidado en el asiento de atrás. Gracias muchachos, pueden volver al trabajo. Si ven a Vince, diganle que me fui a casa, ¿de acuerdo?

Los guardias asintieron sin dudar, alejándose al instante.

-Lo llevo al departamento del señor Vince o…

-No, al mío, Roger- respondió, mirando de reojo al hombre ebrio que dormía a su lado. Afortunadamente nadie más lo había reconocido y los medios estaban ocupados en la parte VIP.

-Te salvaste de un enorme escándalo, Alfred.

Finalmente llegaron al departamento y, con ayuda del chofer, colocó al hombre inconsciente en la cama.

-En cada encuentro que tenemos te veo en peores condiciones- habló Kisa, mientras le quitaba los zapatos- La próxima vez estarás muerto.

-Oye, oye… no tan... rápido- dijo de repente el hombre al sentir que le quitaban el pantalón- Tomemos unas cervezas… primero…

-Ni lo pienses, Red. No quiero que llenes mi cama de vómito. Vamos, deja que te quite la ropa, estarás más cómodo- comenzó a decir, pero en un movimiento brusco sintió que lo tiraban sobre la cama y luego un peso sobre su cuerpo.

-¡Qué mierda piensas que…!-comenzó a decir, pero la risa de Red lo interrumpió.

-Soy más… rápido…-canturreo el hombre, mirándolo fijamente. Sin embargo, Kisa se dio cuenta que no lo había reconocido. Es más, podría asegurar que estaba más inconsciente que consciente- Eres preciosa…

El corazón de Kisa comenzó a acelerarse. Sin pensarlo demasiado, extendió sus manos para acariciar el rostro del hombre, su barba mal cortada, sus labios… para luego acercarse y besarlo. No sintió resistencia, al contrario.

Suavemente y sin cortar el beso, lo volteó, acomodándose sobre su cadera. Cuando sintió que Red se quedaba sin aliento, se separó, mirándolo expectante.

-Eso estuvo muy bien… acércate… de nuevo…

Accediendo a su pedido, volvió a besarlo. Sintió escalofríos cuando las manos de Red comenzaron a acariciar su espalda. Se sentía tan bien… mucho mejor de lo que había imaginado.

Mil veces había fantaseado con tener a Red de esa manera. De besar sus labios ásperos, bajar por su mentón, por su pecho. Desatar sonidos ahogados, volver a besarlo.

Se sentía de maravilla. Y sabía que podía hacer que el hombre se sintiera de la misma manera. En el estado en el que estaba, no sería difícil convencerlo de que estaba con una mujer.  Entonces, ¿por qué no aprovechar el momento?

Sin embargo, se detuvo poco antes de llegar a su entrepierna. Muy dentro suyo, más allá del estado de excitación en el que estaba, lo supo.

Lo que estaba haciendo estaba mal. Muy mal.

No era cualquier hombre. Se había obsesionado con muchos anteriormente, y cuando lograba el objetivo de acostarse con ellos lo sentía como un verdadero triunfo. 

Pero era Él.

Lentamente volvió a subir.

-¿Por q…?

-Ahora quiero que duermas, Red- cortó, cubriéndolo con la sábana. El hombre suspiró, cerrando los ojos. Antes de levantarse, no pudo evitar volver a besarlo en los labios, para luego susurrar en su oído- Perdóname por lo que hice… nunca volverá a pasar, lo juro.

No tardó en escuchar los ronquidos, sonriendo al recordar la facilidad de sueño que tenía aquel hombre. El departamento era amplio, así que se dirigió a la sala y encendió el televisor, sabiendo que no podría pegar un ojo en toda la noche.

 

 

DOCE

-Llegué lo más rápido que pude, lo siento tanto… ¿estás bien?

-No, no lo estoy. Pero no puedo hacer nada para cambiarlo. ¿Tienes un cigarrillo?

-¿No prefieres que te lleve a desayunar primero?

-Sólo quiero un puto cigarrillo, Vince. Si no lo tienes…

-Espera, espera- el hombre tomó al joven por el brazo y le dió lo que quería.

Luego de dar una amplia bocanada, el joven suspiró y dijo, mucho más tranquilo:

-Gracias. Perdón por hablarte así, pero hace cinco horas que estoy en este lugar de mierda.

-¿Dónde… la encontraron?

-En un callejón… a unas cuadras de la casa. Ya estaba inconsciente. Trataron de reanimarla en el hospital, pero tuvo… un paro y… murió. Ya reconocí el cuerpo, pero falta hacerle unos estudios para confirmar si estaba drogada- el joven rió con amargura y volvió a suspirar- Les dije que no era necesario, que seguramente encontrarían tanto alcohol y drogas en su sangre que no podrían identificar todas las sustancias. Pero, al tratarse de drogas intervino la policía y todo se complicó… mierda, estoy muy cansado…

-¿Cuánto tiempo más debes quedarte?

-No lo sé. Necesito que me den la autorización para poder llevar su cuerpo a…-su voz se quebró y volvió al cigarrillo- Me dicen que por ser menor de edad el trámite se hace más difícil…

 -Inútiles de mierda. No te preocupes, me encargaré en seguida.

Vince se acercó a los oficiales que se encontraban a unos metros de distancia. Kisa no pudo entender lo que hablaban, pero sí vio que los hombres abrían los ojos, asombrados. Acto seguido, los tres ingresaron a una oficina.

No había ni terminado el cigarrillo cuando vio salir a Vince con una carpeta en las manos.

-¿Vamos a tomar un café? Debo hablarte de algo.

Cuando ambos estuvieron instalados en la cafetería del hospital, Vince volvió a hablar, pasándole la carpeta.

-Seré breve. No puedes retirar el cuerpo de tu madre por ser menor de edad. No les importa que seas su única familia, no van a permitirlo. El caso pasará a un juzgado y tendrás que esperar que un juez autorice el traslado, trámite que puede llegar a tardar semanas.

-Mierda…- respondió, demasiado cansado para enojarse, ya no le quedaban fuerzas.

-A menos, que consigas un tutor legal.

-¿Y qué se supone que es eso?

-Un adulto que acepte hacerse cargo hasta que cumplas los 18 años. Y que responda por tí, en este caso, para llevar a cabo todos los trámites que hagan falta.

-Genial… tutor legal- rió por lo bajo- Entonces ¿para que me das estos papeles? Si no valgo una mierda para la sociedad.

-Para que firmes en caso de aceptar que me convierta en tu tutor hasta la mayoría de edad.

El joven lo miró sin saber cómo reaccionar.

-Piensalo, Kisa. No es sólo para este caso. Nadie te dará trabajo o te alquilará una habitación con 16 años. Es una mierda, lo sé. Pero, es la realidad. Además, tampoco pienso convertirme en tu padre.

-¿Y por qué lo haces entonces?

-Por la memoria de tu madre. En verdad le tenía mucho cariño. Lamento que haya terminado así… y no puedo dejar de sentir algo de culpa.

-No debes culparte. Ella nunca aceptó que no la amaras de la forma que ella lo hacía.

-De cualquier manera, déjame hacerme cargo. Seguiré pagando el alquiler del departamento y lo que necesites de la escuela y esas cosas.

-¿Y qué deberé darte a cambio?

-¿A qué te refieres?

-Ya que vas a mantenerme dos años, dime cómo voy a devolverte ese dinero.

-No es necesario que hablemos de eso en este momento.

-Si es necesario- respondió con firmeza. Cuando nos conocimos, dijiste que yo no era tan confiado como mi madre, y es cierto. Ella confió demasiado en todos… y ahora está pudriéndose en una camilla. No voy a cometer sus mismos errores.

Vince frunció el entrecejo y apretó los puños.

-No te reprimas por lástima. Dime exactamente lo que estás pensando.

-Pienso que eres el mocoso más terco que vi en la vida-gruñó- De acuerdo, esta es mi propuesta. Trabajarás en el bar que administro. Obviamente no podrás recibir un sueldo, pero todos los meses te daré el dinero en efectivo y harás lo que quieras, ¿de acuerdo?

-¿Qué tipo de trabajo?

-Serás uno de los mozos. Es el único lugar donde puedo ubicarte.

-Me parece bien. Acepto.

-Entonces firma en la primera y última hoja, por favor. Puedes leer primero.

-No hace falta- respondió, firmando rápidamente para luego devolverle la carpeta a Vince. Al ver que nuevamente el hombre lo miraba atónito, continuó- Leí el primer párrafo y no entendí ni una palabra. Además, te convertirás en mi tutor, si quieres engañarme de alguna manera, cometeré un delito y acabarás en la cárcel.

-Dios mío, acabo de meterme en un enorme problema- suspiró, derrotado-Espérame aquí, iré a entregar esto.

-Espera un momento.

-¿Te quedó alguna duda?

-No. Sólo… quiero darte las gracias. Es verdad que soy desconfiado, terco y mil cosas más. Pero, no soy desagradecido.Te debo una.

-Con tu primer sueldo me llevarás a cenar- Sonrió- Volveré enseguida.

Cuando lo perdió de vista, Kisa cerró los ojos, tratando de no echarse a llorar. Se estaba reprimiendo desde la madrugada, cuando recibió la llamada de la policía en donde le decían que su madre estaba muerta y que debía ir al hospital para reconocer el cadáver. Desde ese momento todos fueron flashes, como si fuera una película.

Sabía que ese momento llegaría tarde o temprano, sobre todo cuando su madre comenzó a desaparecer durante varios días, para regresar en estado deplorable, llamando a Vince hasta perder el conocimiento.

-¿Por qué tuviste que ser tan estúpida?- murmuró, recordando aquel cuerpo rígido cubierto sólo con una delgada tela. No podría olvidarse nunca de esa imagen.

-Todo está listo- dijo Vince, sacándolo de sus pensamientos- En una hora vendrá el servicio funerario y se encargará de todo. Creo que lo mejor sería la cremación, me dijeron que pueden organizar una pequeña ceremonia.

-No es necesario. Ella no era creyente y yo tampoco lo soy ¿Debo estar presente cuando…?

-No. Sólo hay que retirar los objetos que traía consigo. Kisa, si quieres despedirte…

El joven movió negativamente la cabeza.

Después de terminar con todos los trámites,Vince lo llevó de regreso a su departamento.

-¿Estás seguro que no quieres venir conmigo? Mi departamento no es muy grande, pero…

-Gracias,Vince, pero ya has hecho demasiado. Además, vas a tener que soportarme dos años, no quiero que te canses de mí enseguida-sonrió.

-De acuerdo, llámame si necesitas algo.

-Lo haré, muchas gracias.

Al fin podía descargarse. Cuando cerró la puerta, las lágrimas comenzaron a salir de forma descontrolada. Apretó en su mano la fina cadena con dije de gatito, único objeto de su madre que quiso conservar.

Una etapa de su vida se había terminado y necesitaba asimilarlo lo antes posible. Y seguir adelante.

Seguir.

No importaba como.

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Red abrió los ojos y trató de reconocer el lugar donde estaba… y recordar porqué estaba prácticamente desnudo. No era la primera vez que le pasaba algo así, pero generalmente despertaba con una mujer a su lado. Se levantó con lentitud para no aumentar el dolor que le estaba partiendo la cabeza y tomó su camisa, que estaba cuidadosamente doblada sobre un escritorio.

¿Dónde estaba? Recordaba vagamente estar tomando cerveza en ese famoso bar del cual todos hablaban  y… nada más.

Salió del cuarto, cubriéndose los ojos de la luz del sol que entraba a raudales a través del enorme ventanal de la sala.

-Hola Alfred, al fin despertaste. Pensé que tendría que dormir otra noche en el sofá- saludó un joven desde el escritorio donde estaba estudiando- No te quedes parado así, parece que viste un fantasma. Di algo.

-No… ¿Kisa? ¿Qué…?

-Te lo explicaré, pero no te preocupes, no hiciste nada de lo que debas arrepentirte, excepto destruir más de la mitad de tu hígado. Ponte cómodo en el sofá, iré a traerte algo de comer.

Red obedeció, demasiado atónito para replicar.

-Siento lo de tu ropa, pero la ibas a arrugar totalmente y no tengo nada de tu talla- continuó Kisa, apareciendo poco después con una bandeja- Entonces me pareció que lo mejor era quitártela.

El joven trataba de hablar normalmente, pero se sentía muy incómodo. No sólo por el temor que Red recordara algo de lo ocurrido, sino por el simple hecho de enfrentarlo. Ni siquiera tenía el valor de mirarlo a los ojos.

-¿Cómo…?

-También estaba en el bar- cortó, adivinando la pregunta- Estabas en muy mal estado, Red, tanto que prácticamente te desmayaste. Elegiste una mala noche para emborracharte, había muchos medios en el lugar y temí que pudieran reconocerte.

-Mierda…-murmuró, tomándose la cabeza con las manos.

-¡Nadie te vio!- se apresuró a decir- Los guardias te sacaron de inmediato y me ayudaron a traerte aquí. No te preocupes, ellos no dirán una palabra.

-¿Estás trabajando en ese bar?

-Más bien, soy uno de los dueños…ya no… trabajo en ese rubro…

Un nuevo silencio incómodo se apoderó de ambos. Red seguía con la cabeza baja, sin moverse.

-Gracias-dijo de repente- Hiciste todo esto aún después de como te traté.

-Tuviste razón, Red. En cada palabra que dijiste.

-Ya no estás con Kanada- Kisa negó con la cabeza- Ayer traté de comunicarme contigo.

-Cambié de número. Después que rechazaste mis intentos de pedirte perdón, me convencí que no querías saber nada conmigo.

-Lo siento.

-Fue bueno que lo hicieras. No fue agradable, pero me ayudó a tomar la decisión de cambiar algunas cosas.

-¿Estás bien ahora?

-¿Qué es “estar bien”?-sonrió- ¿Tú lo estás?

-Has comprobado que no- sonrió también.

Por primera vez se miraron a los ojos y el ambiente pareció distenderse.

-Come un poco. Tu estómago debe estar pidiendo a gritos un poco de alimento.

-Veo que sigues con la alimentación saludable- dijo, mirando el bowl de frutas y el enorme vaso de jugo-¿No tienes café?

-Primero debes hidratarte y no creo que quieras beber dos litros de agua. Con la fruta tendrás líquido y un poco de azúcar natural. Después que comas todo, recién te prepararé café.

-Como ordene, jefe- rio- Y mientras me obligas a comer estas cosas insulsas, qué te parece si me cuentas qué es de tu vida?

-¿Harás lo mismo?

-Lo juro.

-De acuerdo. Veamos… después de que me separé de Kanada me concentré en la universidad. Me va muy bien. Y con el dinero que tenía ahorrado comencé a hacer algunas inversiones. El bar fue una de ellas, además de algunas propiedades, como este departamento.

-Vaya… es muy bueno. Sabía que serías un excelente empresario.

-Gracias, pero recién me estoy animando a invertir. El rubro de las propiedades me gusta, pero es un negocio arriesgado.

-Lo del bar parece más seguro, por lo menos conmigo tienes asegurado un cliente permanente.

-No es gracioso, Red- reprochó suavemente- Eso fue sólo para apoyar el negocio de un amigo. Sólo pongo el dinero, nada más.

-Me alegro que sólo sea un bar… por que sólo es un bar, ¿verdad?

-Si, te lo aseguro. Fue una de las condiciones que puse para aceptar ser uno de los inversores. Ya tuve demasiado con lo otro. Bien, tu turno.

-Después de oír tus avances, lo mío te parecerá terrible- suspiró- El trabajo sigue todo igual, no sé ni para qué sigo yendo. Y lo mío con Cecil terminó... definitivamente.

-Lo siento.

-Yo también. Pero fue lo mejor para ambos, y sobre todo para el bebé. Lo bueno es que ella pudo pedir el traslado a la ciudad donde viven sus padres, así que estará contenida… o eso espero.

-¿Ya no se hablan?

-El psicólogo me aconsejó que evitara todo contacto, por lo menos por un tiempo. Hasta que termine de superarlo. Eso fue hace un año…

-Me parece bien lo del psicólogo, pero no parece que te esté ayudando. Y estabas muy encariñado con ese bebé.

-Kisa, es mejor que me quede lejos. No soportaría que Cecil me viera así- respiró hondo y continuó- Como ves, no tengo nada bueno que contarte, pero me alegro que te vaya mejor que a mi. En serio, me pone muy feliz.

Kisa tamborileó los dedos, nervioso. Al notarlo, Red continuó, angustiado:

-Perdón, no debí contarte esto, no quiero que te sientas mal…

-No estoy mejor que tú, Red. Que me vaya bien en los estudios o esté en una buena situación económica no quiere decir que no me sienta como la mierda.

-¿Qué…?

-¿Sabes por qué ya no estoy con Kanada? Porque tuve una crisis nerviosa y como un estúpido quise terminar con mi imagen “perfecta”. Estas cicatrices en mi brazo son el recuerdo de que, de alguna manera, tuve éxito. Cuando me recuperé, decidí que me concentraría en no depender de nadie, de ninguna manera, pero…

Los labios de Kisa comenzaron a temblar y no pudo seguir hablando. Se había propuesto no mostrarse vulnerable nunca más, pero sólo le bastó volver a ver a Red para que toda su resolución se fuera por un caño.

¿Por qué seguía siendo tan idiota????

-Oye, creo que ambos merecemos un café, ¿no?-dijo Red despacito- Te invito a desayunar. O almorzar, no tengo idea qué hora es.

-¿No tendrías que ir a trabajar?

-Ni siquiera se darán cuenta que no estoy en la oficina. Vamos, ahogaremos las penas con café y medialunas rellenas. Cumplí con tu orden de comer estas cosas, ahora necesito verdadera comida.

-De acuerdo- sonrió- Hay una cafetería muy buena en la esquina.

-¡Perfecto! ¿Podría darme un baño primero? Siento que soy un asco.

-Lo eres- rio- El baño está contiguo a la habitación, ahí encontrarás todo lo que necesitas.

Mientras esperaba, Kisa comenzó a ordenar su escritorio de trabajo. Apagó la computadora y cerró los libros. Sabía que estaba haciendo totalmente lo contrario de lo que se había propuesto pero, por primera vez en mucho tiempo, no se sentía tan vacío.

Era algo que solo Red podía lograr. Y lo había recuperado… de alguna manera.

De repente, el sonido de su celular lo sacó de sus pensamientos.

-Cuando dijiste que te quedarías poco tiempo, no pensé que sería tan poco.

-Hola Vince, realmente estaba muy cansado. ¿Cómo terminó todo?

-Perfecto. Hubo una repercusión muy buena en los medios.

-Me alegro.

-¿Vendrás esta noche?

-No lo sé, mañana tengo un examen importante, tal vez me quede en mi departamento.

-De acuerdo. Si cambias de opinión, organicé una noche de máscaras en el bar.

-¿Noche de máscaras?

-Pensé que sería interesante tener noches temáticas, ¿te parece mala idea?

-No, al contrario. Suena divertido…-comenzó a decir cuando escuchó a lo lejos la voz de una mujer, voz que reconoció al instante, seguido del reproche de Vince. Imaginó la situación y comenzó a reír.

-Mierda, sabes que lo hace a propósito.

-Lo sé, lo sé. En fin, seguro que la noche de máscaras será un éxito- continuó con animación- Debo seguir estudiando.

-De acuerdo… avísame si cambias de opinión e iré a buscarte en persona, ¿si?

-Lo haré. Hablamos luego.

Continuó riendo aún después de cortar. Era la primera vez que no irrumpía en gritos al saber que esa mujer estaba con Vince. Es más, ni siquiera le importaba.

-Ese baño me devolvió la vida. Ya no soy un asco, ¿verdad?

Kisa sonrió en respuesta.

-Podrías hacer algo con esa barba, pero estás pasable, Alfred- sonrió- ¿Listo para seguir arruinando tu alimentación?

Definitivamente ya no se sentía vacío.

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-Muy bien, Kisa, acá está tu primer sueldo. Lo hiciste bien.

-Gracias ¿dónde quieres ir a cenar?

-¿Eh?

-Dijiste que debería llevarte a cenar con mi primer sueldo.

-Lo había dicho en broma- rio.

-Pues yo lo tomé en serio, así que dime dónde iremos mañana. Es lunes y el bar estará cerrado, así que no tienes excusas. A menos, claro, que tengas otra cosa más importante que estar conmigo- dijo, sonriendo.

-Si lo dices de esa manera, no veo forma de escapar- rio- De acuerdo. Te pasaré a buscar a las ocho, ¿de acuerdo? Ahora ve a prepararte, abrimos en media hora.

-¡Si, jefe!- rio también.

El mes había pasado rápido y mucho mejor de lo que esperaba. Había entrado con cero expectativas y la sensación de que renunciaría a la semana, sin embargo se había adaptado rápidamente. Lo único malo era resistir al día siguiente en la escuela sin quedarse dormido sobre el escritorio. Pero, no se preocupaba mucho por eso. Lo importante es que tenía un trabajo que le agradaba y, sobre todo, le agradaban las propinas de los clientes.

No le fue difícil destacarse entre el personal y al poco tiempo se había convertido en uno de los mozos favoritos del lugar. Lo que por cierto, le había traído algunos problemas con sus compañeros y compañeras de trabajo. Pero estaba acostumbrado a eso. Después de todo, el trabajo no era un lugar para hacer amigos.

-Pensé que te gustaría ir a un lugar más… sofisticado- dijo Kisa cuando entraron con Vince a una pizzería.

-¿Qué dices? La pizza es la mejor comida del mundo. Por mi, comería pizza todos los días. Pizza y cerveza, sería el paraíso, ¿no crees?

-Paso.

-¿No te gusta la pizza????

-No me mires como si hubiera dicho una locura. Me gustan, pero no es de mis comidas favoritas.

-Acabas de romper mi corazón- rio- La próxima vez te tocará elegir el lugar, ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

-¿Cómo te sentiste en tu primer mes de trabajo?

-Bien, bastante bien.

-Walter me comentó que te convertiste en el mozo más solicitado, especialmente de las mesas VIP. No sé si felicitarte o preocuparme.

-¿Preocuparte? ¿De qué?

-Que quieran sobrepasarse contigo.

-Sé cuidarme solo, no te preocupes.

-No tengo dudas de que sabes cuidarte. Me preocupo por la seguridad de los clientes.

Kisa lo miró con enfado, hasta que se dio cuenta que Vince estaba aguantando la risa.

-Qué gracioso, Vince. Que gracioso.

-Ya, hablando en serio, me asombra que sepas manejar a los clientes, especialmente a los ebrios.

-No es difícil manejar a un borracho, la clave es hacerlos creer que tienen el control.

-¿Dónde aprendiste todo eso?- preguntó asombrado.

-No te olvides que crecí con una madre alcohólica- contestó, sombrío- Estaba acostumbrado a buscarla en los peores antros de la ciudad. Había de todo en esos lugares.

-¿Trabajar en el bar no te afecta?

-No, al contrario. Conozco el ambiente, sé como manejarme. Además, las personas que van a tu bar son mucho más agradables… y dan buenas propinas jajaja. Es un gran lugar.

-Sería mucho mejor si mi jefe aceptara las ideas que tengo para mejorarlo, pero se conforma con lo que tiene- suspiró- Detesto a las personas conformistas.

-¿Por qué no abres tu propio bar?

-Lo dices como si fuera tan fácil. Se necesita mucho dinero.

-O a alguien que ponga el dinero por ti.

-Que es igual o más difícil de conseguir. No creas que no lo he intentado. Pero aún no logro encontrar a un pez gordo que esté dispuesto a aceptar mis ideas locas.

-¿Qué tan locas son tus ideas? ¿No quieres abrir un bar?

-Mucho más que eso. Quiero un lugar que ofrezca varias opciones a la gente que asista, no sólo emborracharse hasta caer al piso.

-Se oye interesante.

-Sólo espera, Kisa. Cuando tenga la oportunidad, voy a abrir el mejor lugar de entretenimientos de la ciudad. 

-¿Me dejarías trabajar ahí?

-¡Por supuesto!

-Entonces, trato hecho.

-¿Qué?

-Nada, nada ¿pedimos la famosa pizza?

Cinco días después, Vince se llevó una gran sorpresa al recibir la llamada de uno de los empresarios más grandes de la ciudad. El hombre era uno de los clientes habituales del bar, pero nunca le había dirigido la palabra. Ahora, no sólo lo llamaba para concretar una reunión de negocios, sino que horas más tarde, cuando se reunió con él, le ofreció ser su inversor.

Ni bien finalizó la reunión, que había culminado de manera exitosa, se dirigió al departamento de Kisa. Lo más seguro es que el joven se encontrara en la escuela, pero no perdía nada con intentar, sobre todo cuando tenía varias cosas que preguntarle.

-Pensé que estarías en clase- exclamó cuando Kisa le abrió la puerta.

-Estaba muy cansado para ir- respondió con un bostezo mientras le indicaba que entrara- Por cierto, interrumpiste mi sueño. ¿Qué haces tan temprano?

-Son las once de la mañana.

-Todo antes del mediodía es muy temprano para mi.

-Acabo de tener una reunión con Miller. Se ofreció a ser mi inversor para que pueda abrir mi propio bar.

-Es una buena noticia- bostezó nuevamente-Necesito un café, ¿quieres un café?

-Lo que quiero es que me digas qué hiciste para que ese tipo me llamara de repente.

-¿Qué crees que hice?

-No tengo idea, Miller siempre pedía que lo atendieras en el bar. ¿Le hablaste de mi proyecto?

-Algo así.

-Kisa…

-La persuasión no es la única capacidad increíble que tengo, ¿sabes?-sonrió, guiñándole el ojo.

-¿Te acostaste con Miller????

-No lo digas así, parece como si acabara de cometer un crimen. No es la primera vez que lo hago, es un tipo agradable. ¿Me vas a sermonear?

-Claro que no, es tu vida y puedes hacer lo que se te ocurra con ella. Y evidentemente sabes que hacer. Además, me hiciste un enorme favor.

-Lo hice porque sé que eres capaz de hacer bien las cosas. Y como jefe, sé que tendré más libertad- rio.

-¿O sea que todo fue en beneficio tuyo?

-Claro que si. Todo lo que hago es para obtener algo a cambio.

-O sea, que lo de Miller…

-No entraré en detalles, pero te aseguro que tuve buenas ganancias.

-No lo dudo. Creo que el puesto de mozo te quedó chico.

-No me molesta, en serio.

-Eres una persona increíble, Kisa. Seguramente te lo habrán dicho muchas veces, pero no puedo evitar decírtelo.

-Muchas gracias, viniendo de ti es un gran elogio.

-En mi bar, aunque sigas siendo un mozo, vas a destacar, como destacas en todos lados. Tienes un encanto magnético, podrías tener a cualquiera a tus pies.

-¿Lo crees?

-Absolutamente. Si quieres, realmente podrías sacar muchas ganancias.

-Entiendo donde vas, Vince. Es tentador, pero nunca me acostaría con alguien por imposición. Ni siquiera tuya. Nunca lo hice y nunca lo haré.

-No sería por imposición. Elegirás a los clientes tú mismo y tendrás un porcentaje de lo que pague cada uno, además del sueldo fijo, claro.

-¿Tienes tanta fe en mí?- rio- Podría arruinar tu negocio.

-Al contrario, serás el rey absoluto, Rusito.

-¿Y eso?

-Vas a tener que encontrar un apodo y creo que es el adecuado. ¿No te gusta?

-Me suena muy cursi- rio.

-Mejor. Déjalos que se confíen por tu carita de ángel y harán todo lo que quieras.

-Sabes como convencer a la gente, Vince.

-Y tú cómo manejarlos.

-Entonces, seremos un muy buen equipo, ¿no crees?-sonrió, acercándose.

-Un equipo de trabajo, que quede sólo ahí.

-Qué aburrido. ¿No tienes curiosidad de saber cuales son mis otras capacidades increíbles?

-Temo caer en tus redes y que me termines manejando como a los otros-sonrió.

-Eres demasiado inteligente para eso, nunca podría manejarte. Pero si podríamos pasar un buen rato.

-Kisa…

-No te preocupes- susurró, acortando la distancia para besarlo-No me voy a enamorar de ti.

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Vince entró al departamento esperando encontrar a Kisa durmiendo en su habitación. Eran las 7 de la mañana y hacía mucho frío, por lo que le sorprendió encontrar al joven en el sofá, cubierto por una gruesa frazada y rodeado de papeles.

-¿Qué demonios haces levantado tan temprano?

-Hola, Vince. Últimamente me levanto a esta hora- rio- Hace que mi día sea más productivo. ¿Qué haces tú tan temprano?

-Salí del bar y vine con la idea de meterme en la cama contigo. Pensé que tendría que echar a algún tipo, pero nunca me imaginé que te encontraría trabajando.

-¿Echar a un tipo?- rio con ganas.

-No te veo hace dos semanas y eso sólo pasa cuando te encaprichas con alguien y me abandonas.

-Qué exagerado jajajaja.

-Es la pura verdad. ¿Quién me está reemplazando ahora?

-Es muy temprano, Vince- respondió levantándose del sofá- ¿Por qué no dejas los delirios y me acompañas a desayunar?

-Prefiero acompañarte al cuarto.

-¿No tuviste suficiente con Lara?

-Ahhh, ya veo. ¿Es una especie de venganza? ¿Me estás ignorando por haber pasado unas cuantas noches con ella? Juro que no pisó el departamento- exclamó, tomándolo de la cintura.

-No me importa en lo más mínimo que estés con esa mujer, en serio. Pero, ya que quieres mi atención, ayúdame con algo.

-Lo que quieras.

-Necesito tu opinión para un negocio.

-¿Negocio? Pensé que querías que te ayudara con otra cosa. Vamos, Rusito, ¿estás buscando que te ruegue?

-Te dije mil veces que no me llames así, quiero olvidar ese apodo…

-Lo siento- murmuró, depositando suaves besos en su hombro y cuello- Sólo quería que me prestes atención, ¿o es que ya no quieres estar conmigo?

-Estás insoportable hoy- respondió, cerrando los ojos- ¿Piensas que puedes venir y exigir que deje de trabajar para estar contigo?

-Por supuesto. Te dejé bien en claro para qué estoy acá.

-De acuerdo- sonrió- Pero después vas a ayudarme.

-Después, después vamos a desayunar en la cama, volveremos a tener sexo y, si aún te quedan energías, te ayudaré en tu bendito negocio.

-Vas a hacerme perder todo el día, maldito bastardo.

-Eso se oye más como el Kisa que me gusta- rio- Podré hacerte perder todo el día, pero te juro que valdrá la pena…

 

-No entiendo por qué quieres arriesgarte invirtiendo en la Bolsa, ¿no tienes suficiente con el negocio inmobiliario?

-Es bueno, pero un poco monótono, me aburre. Por eso quiero intentar algo nuevo.

Vince se desperezó, estirándose cuan largo era en la cama.

-En eso estoy de acuerdo, es lo más aburrido que existe.

-Entonces, ¿invierto o no?

-Mejor comienza con poco, hasta que te acostumbres al manejo de las inversiones. Y consigue alguien que te asesore. Puedo recomendarte a uno de mis administradores.

-Vince, la semana que viene rindo mi última materia y me recibo, puedo asesorarme solo- respondió, indignado.

-¿Y entonces para qué pides mi opinión?- rio.

-Porque considero que eres un excelente empresario y tienes mucha experiencia.

-Si tanto me admiras, ¿por qué ya no vas al bar?

-Te lo he repetido miles de veces, no puedo quedarme toda la noche y al día siguiente ir a la facultad.

-Puedes repetir ese verso hasta el infinito y aún así no lograrás que te crea.

-De acuerdo- suspiró, sentándose- La verdad es que ya no me siento cómodo.

-¿Alguien te molestó?

-¡No! No fue eso, es… no disfruto estar bebiendo toda la noche y hablando con desconocidos. Antes lo hacía porque era mi trabajo. Ya no lo es. Entonces prefiero enfocarme a lo que realmente va a ser mi trabajo.

-No es necesario que estés toda la noche…

-¡Ya no quiero ir, Vince!- gritó, perdiendo la paciencia.

-De acuerdo, no es necesario que grites- exclamó el hombre, comenzando a vestirse. 

-Perdón, no quise decirlo de esa manera.

-No hay problema, Kisa. Y no hay problema que no vayas al bar. Concéntrate en tu estudio y tus inversiones.

-¿Te vas? ¿No querías desayunar?

-La verdad es que ya no tengo ganas.

-Vince…

-No estoy enojado. Te conozco demasiado, Kisa. Cuando se te pase esta nueva locura, sabes dónde encontrarme.

-No entiendo a qué te refieres.

-¿Hace cuánto nos conocemos? ¿5 años? ¿7, 8? Bah, no importa, siempre es lo mismo. Cuando se te meten esas ideas raras en la cabeza, enloqueces. No sé cuál será ahora, pero se te pasará. Y volverás a ser el mismo de siempre.

-¿Crees que no soy capaz de hacer otra cosa que beber y acostarme contigo o con otros para obtener lo que quiero?????

Vince miró al joven, que se había puesto rojo de rabia y apretaba los puños con tanta fuerza que parecía temblar.

-¿Por qué te enoja tanto aceptarlo? Antes estabas orgulloso. ¿O acaso quieres ser uno de los tantos  hipócritas que se creen “buenos ciudadanos” por vestirse con traje y corbata y trabajar en oficinas? Bueno, haz lo que quieras, chiquito. Pero te diré algo: en todo este tiempo, cuando otros te abandonaron, fui el único que te ayudó. Y lo seguiré haciendo. Así que, cuando te canses de la imagen de “chico bueno” que tienes ahora, búscame en el bar, donde estaré bebiendo, haciendo negocios y acostándome con quien me dé la gana. Estoy seguro que no pasará mucho tiempo sin vernos, “Rusito”. Hasta entonces.

Kisa apretó los labios aguantando las ganas de llorar. No era la primera vez que discutía con Vince, habían tenido miles de peleas, pero era la primera vez que no podía responderle. Y el hecho de haberse quedado mudo le daba tanta bronca que no podía soportarlo.

¿Por qué no había podido refutar sus palabras? Había quedado como un estúpido.

Respiró profundamente para controlarse y poco a poco se tranquilizó. Volvió a acostarse y se cubrió con las mantas. Tal vez si dormía un poco podría recuperarse y volver a trabajar.

Sin embargo, pasaron los minutos y no pudo conciliar el sueño. Es más, ni siquiera podía cerrar los ojos, así que tomó su celular.

-¿Estás muy ocupado para desayunar conmigo?

No tuvo que esperar ni cinco minutos cuando obtuvo la respuesta.

-Nunca estoy demasiado ocupado para desayunar. Estoy en la oficina, ¿dónde estás?

-En mi departamento.

-Ok. Paso a buscarte en media hora.

Sabiendo que era extremadamente puntual, Kisa pegó un salto y comenzó a vestirse con rapidez. Casi terminaba cuando escuchó el timbre.

-Hace demasiado frío, seguramente comenzará a nevar esta noche-comenzó a decir mientras se restregaba las manos-¿Dónde quieres ir a desayunar?

-Donde quieras, me da lo mismo.

Algo en el tono de voz le llamó la atención y Red se acercó para ver de frente al joven, quien se había mantenido con la vista baja todo el tiempo.

-¿Kisa…?

-Estoy bien.

-No, no lo estás.

Como si las palabras hubieran sido un detonante, las lágrimas comenzaron a salir, hasta convertirse en un llanto desconsolado.

Quiso controlarse, no quería llorar frente a él. La última persona que lo había visto llorar había sido su madre, cuando era un niño. Pero cuanto más quería detenerse, el llanto se hacía más intenso.

En ese momento sintió que lo abrazaban suavemente, pero a la vez con firmeza. Sintió el aroma marino, de aquella fragancia que había comprado y tenía escondida en su mesita de luz para olerla todas las noches antes de dormir.

-Todo estará bien, ¿me oyes?- escuchó la voz grave en su oído- Estoy aquí, contigo.

Kisa tembló al escuchar  aquellas palabras e, incapaz de contestar, solo pudo aferrarse con fuerza al abrigo, deseando que el tiempo se detuviera para siempre.

 

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1/12/2025

-Tu historial académico es excelente y has demostrado una muy buena aptitud de liderazgo, además de tener brillantes recomendaciones de tus profesores. Con seguridad, encontrarías docenas de propuestas mejores que las de nuestra empresa.

-Tal vez- el joven se acomodó en su asiento, tratando de calmar su ansiedad. Estaba muy nervioso, como hace mucho tiempo no se sentía.

-Entonces, ¿por qué quieres trabajar con nosotros?

-Porque… - respiró profundo, concentrándose en cada palabra- Tendría la oportunidad de probar mis habilidades en otras regiones, como Europa o Asia. No me importa comenzar de abajo, sólo quiero saber si soy capaz de salir de mi zona de confort.

La mujer sonrió y guardó los papeles en una carpeta.

-Muy bien, señor Petrov, es todo por ahora. En breve le avisaremos la decisión del comité. Muchas gracias por asistir.

El joven se levantó, saludando con la cabeza. Al salir de la oficina, no pudo evitar suspirar con alivio. Sentía que se había sacado una mochila de plomo de la espalda. Lo había logrado.

Sabía que lo aceptarían como becario. Ninguna empresa dejaría escapar la oportunidad de tener trabajando prácticamente gratis a un egresado con promedio perfecto y medalla de oro.

-Ojalá me envíen a algún lugar de Asia. China estaría bien, o mejor aún, Japón. Aún recuerdo bastantes cosas del idioma-pensó, mientras encendía su celular. Al instante la pantalla se llenó de notificaciones de mensajes, la mayoría de Red, por lo que procedió a responder:

-Acabo de salir de la entrevista, me fue muy bien. Te avisaré ni bien tenga la respuesta…

Estuvo a punto de escribir “y después nos juntaremos a festejar”, pero se abstuvo y solo terminó con un “Gracias por preocuparte tanto”

Casi una hora después, recibió la noticia de que la empresa lo había aceptado como becario. Su destino inicial sería Corea del Sur, donde recibiría una capacitación inicial de seis meses y luego lo derivarían a lo que sería su lugar de trabajo por los próximos dos años.

Suspiró aliviado, la primera parte de su plan había tenido éxito. Ahora contaba con una semana para organizar sus cosas y dejar todo preparado para su ausencia.

Afortunadamente, ya había hecho los arreglos con la inmobiliaria para alquilar su departamento. De los otros negocios dejaría que su gestor se hiciera cargo. No le importaba mucho.

Lo único que le importaba es que en una semana estaría a miles de kilómetros de distancia.

Entró a su departamento pensando en darse un largo baño caliente, pero le llamó la atención ver que, entre toda la oscuridad,  una suave luz brillaba en el balcón.

-Al fin llegaste, estaba a punto de quedarme dormido- saludó Vince, desperezándose en la reposera donde estaba echado.

Kisa dio un vistazo a la mesa, donde se encontraba una bandeja cubierta, una botella de champagne en una cubetera llena de hielo y una caja de bombones, todo iluminado por la luz de un candelabro. Antes que pudiera contestar, Vince continuó:

-Pensé en venir a celebrar tu nuevo trabajo.

-¿Cómo…? Sólo te mencioné que tenía una entrevista.

-Te aceptaron, ¿no?

-Si, me acaban de avisar. Pero…

-Nadie en su sano juicio te rechazaría- respondió mientras abría la botella y servía el contenido en las dos copas de cristal- Felicitaciones.

-Gracias- dijo el joven, demasiado cansado para seguir interrogándolo. Tomó un buen sorbo, sintiendo el amargo sabor recorrer su garganta.

-¿Cuándo comienza?

-En una semana. Pero, hay algo que no te dije. El nuevo trabajo es en el extranjero. Precisamente en Corea del Sur.

Vince contrajo el ceño, pero se recuperó casi al instante. Bebió de un sorbo el contenido de su copa y se sirvió más.

-Vaya… es algo lejos. Por lo menos tienes experiencia con los asiáticos.

-Pensé exactamente lo mismo-sonrió- Gracias por el detalle de la cena, no era necesario.

-No, pero quise hacerlo. ¿Por qué no te pones una ropa más cómoda? Traje tu sushi favorito y…

-¿Por qué estás haciendo todo esto?

-¿Por qué? Porque quiero guardar un buen recuerdo juntos antes de perderte por completo- contestó, con un leve temblor en la voz- Vamos, concédeme una última noche.

-Iré a cambiarme, vuelvo enseguida.

Cuando Kisa regresó, tomó asiento en la reposera junto a Vince, comenzando a comer el sushi en silencio, sin saber qué decir.

-¿Está bueno?

-Si, gracias.

-Después que pruebes el verdadero sushi, este te parecerá una basura. Será interesante ver como evoluciona tu paladar… cuando vuelvas, si es que vuelves.

-Claro que voy a volver.

-No estaría tan seguro. Porque la razón por la que estás escapando debe ser gigante- Vince esperó la reacción del joven, pero este continúo comiendo, mirando las estrellas que comenzaban a vislumbrarse en el horizonte- Es gracioso, pensé que te conocía como la palma de mi mano, que éramos iguales, que por eso seguimos juntos a lo largo de los años. A nuestra manera particular, pero juntos. Sin embargo, te subestimé. Subestimé los cambios que se estaban produciendo frente a mis ojos o no quise verlos, da lo mismo. Algo te hizo cambiar. Y no es algo reciente, lleva años… ¿verdad?

-Si- respondió suspirando- ¿Ves? Me conoces muy bien después de todo.

-¿Y puedo saber qué fue?

-¿Para qué quieres saberlo?

-Vamos, hazlo por los años que nos conocemos. Quiero saber que es lo que hizo que la persona más fría, egocéntrica y manipuladora del mundo se convirtiera en un gatito que está huyendo desesperado. ¿Qué tanto la cagaste?

Al escuchar la palabra “gatito”, Kisa no pudo evitar cerrar los ojos. ¡Qué diferente sonaba ese nombre en otra voz que no fuera la suya! Miles de sensaciones se acumularon en su mente y no pudo evitar que las lágrimas comenzaran a correr por sus mejillas.

Vince no podía creer lo que estaba viendo. El joven se encogió, abrazando sus piernas, comenzando a llorar desconsoladamente. Nunca lo había visto así, parecía a punto de romperse del dolor. De repente, como si un rayo lo atravesara, lo comprendió todo- Dios mío…

-Tienes derecho a burlarte, no me importa- murmuró Kisa luego de varios minutos- Me lo merezco.

-¿Por qué crees que mereces que me burle de ti?- contestó, acariciando la maraña de pelo rubio.

-Porque fui un estúpido.

-Bueno, en eso estoy de acuerdo- dijo, con una sonrisa amarga- ¿Él lo sabe?

-¡Claro que no!

-¿Tan imposible es que ni siquiera quieras intentarlo? Por todos los demonios, Kisa, cualquier persona caería de rodillas por ti.

-No quiero que caiga de rodillas. Quiero que me ame, que me ame como lo amo yo… y eso no lo puedo lograr… y ya no sé como seguir soportándolo…Intenté por años mantenerme alejado. Y volví a caer una y otra vez. No importa lo que haga, basta que me mande un mensaje, escuchar su voz… ver sus ojos… alejarme es lo único que me queda.

Vince apartó su mano. No quería reconocerlo, pero estaba molesto.

-No vas a decirme quién demonios es, ¿verdad?

-Por supuesto que no- respondió de inmediato, levantando su cabeza para enfrentar su mirada.

-¿Qué tan importante es para que lo protejas así? Ese desgraciado está haciendo que te vayas a la otra punta del maldito planeta.

-Porque es la mejor persona del mundo. Y si te atreves a tocarlo, juro por lo que más quieras que voy a matarte.

Vince abrió los ojos sorprendido. El rostro de Kisa estaba desencajado de furia. Mil veces lo había visto enfadarse con él, sin embargo, nada se acercaba al enojo que emanaba en ese momento.

Definitivamente, el joven frente a él era otra persona, muy diferente a la que había conocido.

-De acuerdo, me doy por vencido- dijo, levantando las manos- No voy a seguir perdiendo el tiempo. Sólo espero que no termines de la misma manera que tu madre.

-No lo haré, no te preocupes.

-Supongo que es la última vez que nos vemos, así que espero que te vaya bien. Aunque no lo creas, es lo que verdaderamente espero- dijo, tirando un manojo de llaves al suelo- No volveré a mandarte mensajes y espero que hagas lo mismo.

-Espera un momento, Vince, no quiero que la última vez que nos veamos sea de esta manera.

-No sé qué más esperas que haga. Ya no te reconozco, no sé quien eres y no sé cómo tratarte. No esperes que extienda mi mano y diga “quedémonos con los buenos recuerdos” o “cuenta conmigo para lo que necesites”.

-De acuerdo, es lo justo.

-Claro que si. No voy a seguir arriesgando mi pellejo por ti. Yo no soy “la mejor persona del mundo” ¡Demonios!- gritó, saliendo del departamento a grandes pasos. Lo último que escuchó Kisa fue el fuerte golpe de la puerta al cerrarse y después el silencio.

                                          —------------------------------------

Había llegado el día antes de su partida. Todo estaba listo, había arreglado sus negocios y todo quedaba en las mejores manos. Sólo quedaba una última cosa.

Decirle la verdad de su trabajo a él y despedirse.

Pero no iba a poder enfrentarlo. Porque era la única persona capaz de atravesar las capas y capas de defensa que había fabricado desde su infancia, cuando supo la verdad del trabajo de su madre y tuvo que enfrentar la realidad del mundo. Cuando tuvo que congelar su corazón y sus sentimientos, para poder sobrevivir a los horrores que ella no pudo soportar.

No quería arriesgarse a verlo y que con sólo su sonrisa y su voz su corazón se desgarrara y terminara gritándole que lo amaba como nunca antes había amado a alguien. Porque sabía como reaccionaría.

Primero con genuina sorpresa, porque era el hombre más inocente del mundo. Lo miraría con esos enormes ojos grises de cachorro, con una gran preocupación… y con mucha culpa. Se sentiría responsable de no poder corresponderle. Y lo peor de todo, lo abrazaría para tratar de consolarlo.

Y si lo abrazaba, no iba a ser capaz de separarse de él. Nunca más.

Así que decidió que lo mejor sería no verlo en persona. Con la excusa de que debía terminar trámites importantes, lo esquivó hasta el último momento.

-”Pasajeros… el vuelo 707 de la Aerolínea Emirates rumbo a Corea del Sur se encuentra listo para abordar…

Kisa tomó su equipaje de mano. No había vuelta atrás. Tomó su celular y apretó “enviar” en el mensaje que había escrito y vuelto a escribir mil veces. Esperó a ver la señal de que le había llegado al remitente y acto seguido apagó el aparato. Ya se encargaría de quitarle el chip y tirarlo en algún lado. La cabeza comenzaba a latirle, pero había traído consigo un par de pastillas. Y si eso no funcionaba, se encargaría de apagar su conciencia con todo el alcohol que las azafatas quisieran darle. En un par de horas, todo habría quedado atrás. Su país, su vida… él…

Una vez más, saldría adelante como fuera. Tomó la cadenita de oro con dije de gatito en su mano y la apretó con fuerza para darse ánimos. Y comenzó a caminar rumbo a su destino.

                                                ………………………………..

¡Hola Alfred! ¡No vas a creer lo que me pasó!!! La empresa que me contrató me ofreció un puesto…¡En Corea del Sur!!! ¿Lo puedes creer? Obviamente que acepté de inmediato, aunque no tiene un gran sueldo, es una enorme oportunidad de aprender. Así que vale perder un poco de dinero por la experiencia. ¿Ves como he aprendido a ser una buena persona? Porque lo aprendí de ti jajaja. He tenido que salir volando, y no, no es broma, te estoy escribiendo desde el aeropuerto, estoy a punto de subir a mi avión. No te preocupes, voy a estar muy bien. Seguramente tenga que cambiar de número de teléfono, así que no me van a llegar tus mensajes. Pero, cuando llegue a destino y me acomode, me comunicaré contigo. De nuevo, no te preocupes. ¿Qué cómo lo sé? Estoy viendo tu cara de preocupación ahora mismo. Pórtate bien, porque no voy a estar a tu lado para cuidarte y tenerte a raya. No te esfuerces demasiado, trata de comer alguna verdura de vez en cuando y cuida esa presión alta. Bueno, debo irme. Te mando un beso enorme. Si, un beso enorme, como los que te gustan jajajaja. Hasta pronto, Red…”

                                                    ……………………………………

 

5 años después

 

-Buenas tardes, señor, estas son las carpetas que me pidió.

-Gracias, Ellie. ¿Tan pocas?-dijo, al notar que solo había tres.

-Son las únicas propuestas que se ajustan a sus requisitos- suspiró- Todas las demás son de empresarios que…

-Esas no me importan- cortó en seco- Bien, parece que hoy terminaremos temprano.

-Eso es bueno, está haciendo mucho frío y dicen que va a nevar horrores esta noche.

El hombre rio al ver que la joven temblaba, aunque dentro de la oficina se sentía un calor muy agradable.

-Entonces será mejor que terminemos de una vez, ¿quieres ayudarme a decidir?

-¡Claro, jefe! ¡Me encanta ver esos proyectos con usted! ¡Gracias!- exclamó, aplaudiendo emocionada- ¿Preparo café?

-Si, realmente necesito una buena taza. ¿Piensas ir a algún lado en las vacaciones de Navidad?- preguntó como al descuido mientras la veía preparar todo.

-Con mi novio queremos ir a visitar a mi abuela y después pasar un par de días en alguna cabaña.

-Creí que no te gustaba el frío.

-¡Lo detesto! Pero bueno, Joel ama la nieve y…usted sabe…-dijo, sonriendo con los ojos brillantes-¿Y usted?

-Hmm… no creo. Prefiero quedarme en casa a comer y tomar mucho.

-Es una excelente decisión- rio- Después de estar tanto tiempo en el extranjero, debe querer estar tranquilo y relajarse.

-Y además hay que prepararse para las rendiciones de fin de año.

-Me gustaría que no piense tanto en el trabajo, jefe-dijo mientras le alcanzaba la taza-Se acerca Navidad, debería pensar en disfrutar.

Los ojos de la joven lo miraban con genuina preocupación y el hombre no pudo evitar volver a sonreír.

Encontrar a Ellie había sido una verdadera fortuna. No sólo era una becaria eficiente, sino que tenía una personalidad encantadora. De alguna manera, en el poco tiempo que llevaba trabajando con él, se había arreglado para convencerlo de no quedarse tanto tiempo en la oficina, de comer saludable y hasta se ocupaba de que tomara suficiente agua. No sabía cómo, pero siempre lo convencía. Parecía una hermanita pequeña cuidando a su hermano mayor. Y tenía que reconocer que le encantaba tener a alguien que se preocupara por él… de alguna manera.

-Deja de sermonearme, “jovencita”. Mejor dime que opinas de cada una de estas tres carpetas.

-De acuerdo- contestó, poniéndose seria de repente. Era adorable ver como cambiaba de actitud, queriendo imitar su postura solemne. Pero era en vano, sus grandes ojos grises eran demasiado tiernos, casi que daban ganas de acariciarle la cabeza como a un cachorrito. Pero se contuvo y escuchó atentamente.

-La primera solicitud es de una pareja de 60 años, el señor trabajaba en una metalúrgica, pero hace un año tuvo un accidente y perdió gran parte de su visión de su ojo derecho. La empresa lo indemnizó, pero llevan gastado casi todo el dinero y no consigue otro trabajo. Su mujer se está recuperando de un cáncer de pulmón y aún no puede trabajar, pero es una modista experta. El segundo caso es de una madre con tres chiquitos. Su pareja la abandonó y se llevó los pocos ahorros que tenía. No logra encontrar un trabajo que acepte que lleve a sus hijitos, y por supuesto no va a dejarlos solos, y está a punto de perder su departamento por no pagar el alquiler. Y el último caso es de un matrimonio con un hijito y otro en camino. El hombre era policía, pero renunció al trabajo y con su esposa abrieron una cafetería, pero no lograron cubrir los gastos de la inversión y a los pocos meses los expulsaron por falta de pago.

-Bien, describiste los casos, pero quiero saber tu opinión.

Ellie tamborileó los dedos con nerviosismo y respiró profundamente antes de responder:

-En el primer caso, la señora podría trabajar cómodamente desde su casa si tuviera las máquinas y lo demás. Su esposo podría ayudarla a llevar las prendas terminadas o cualquier otra tarea que no forzara su visión. En cuanto al segundo… la señora sabe cocinar muy bien. Si tuviera un emprendimiento de comidas, como preparar viandas o algo así, podría trabajar desde su casa. Incluso podría tener a alguien que le ayude con los hijitos, hasta que logre acomodarse. Y en el último caso, por lo que pude hablar con ellos, el problema fue un mal manejo de costos, lo cual suele ser bastante común cuando no se conoce bien el rubro. Con un buen asesoramiento, podrían abrir de nuevo un local, más pequeño, e ir mejorando a medida que aumentan sus ingresos.

-Tus sugerencias me parecen muy buenas, pero el crédito que brindamos es único. ¿A quién eliges?

El hombre miró a la joven, tratando de mantener la seriedad de su rostro. Imaginaba que la jovencita estaba teniendo un fuerte debate moral consigo misma y le apenaba someterla a esa presión. Pero también sabía que, si quería formarse en el negocio, debía endurecerse, o no sobreviviría. No había lugar para las personas sensibles en el mundo real.

-La verdad es que no puedo elegir.

-Entonces no estás cumpliendo tu trabajo, estoy decepcionado…

-¡Espere, jefe! Mire, sé que no es lo que usted acostumbra hacer, pero tengo una contrapropuesta que hacerle. Y le juro que es muy buena. Por favor, denme la oportunidad de explicarle.

-De acuerdo, tienes cinco minutos para hacerme cambiar de opinión.

Con la rapidez de un rayo, la jovencita abrió frente a él una carpeta, completamente llena de números, tablas y figuras, comenzando a hablar de las ventajas de brindar tres créditos en vez de uno. Hablaba con tanta seguridad que antes de los 3 minutos, ya lo había convencido por completo. Sin embargo, dejó que terminara, mirándola con una especie de ¿orgullo?

-Supongo que es lo que deben sentir los padres cuando ven a sus hijos- pensó, cuando la jovencita terminó y lo miró, con su rostro rojo y la mirada brillante, esperando ansiosa su respuesta. Aclaró la voz con un carraspeo y exclamó- Estás muy segura de tu proyección económica, así que seguiré tu consejo. Y más que eso, te dejaré a cargo de estos tres proyectos. Ah, ah, todavía no festejes, jovencita. Dime, ¿tanto confías en esas personas? Tranquilamente podrían recibir el crédito y desaparecer con el dinero. Si se trata de un solo caso se podría manejar, pero ¿tres? Será tu responsabilidad responder si la empresa tiene que enfrentar semejante pérdida.

Hace un tiempo había decidido que su becaria podía subir otro escalón y asumir más responsabilidades. Aunque tal vez era muy pronto para dejarla manejar tanto dinero, ¿qué más daba? Era sólo dinero.

Era el desafío ideal para probar si Ellie tenía madera de economista. Más que eso, si era capaz de equilibrar su carácter dulce y sensible con la firmeza que requería el trabajo.

-Asumiré toda la responsabilidad- la respuesta segura de la jovencita lo sacó de sus pensamientos- Confié en mí, jefe. No lo voy a defraudar.

Ahora si no pudo evitar la sonrisa… y la sensación de calidez en su pecho. Era increíble como esa muchacha lograba hacerle sentir… lo que era tener un corazón latiendo de alegría.

-Muy bien. Dejaré todo listo para que mañana a primera hora vengan a firmar los papeles. Así podrás darles un excelente regalo de Navidad a esas tres familias.

Ellie saltó de su asiento, pero se contuvo al instante de la idea de colgarse de su cuello para abrazarlo. Estaba tan feliz que no podría quedarse quieta.

-Gracias, jefe.

El sonido del celular la sacó de su felicidad e inmediatamente lo agarró para apagarlo.

-Vamos, vete. No hagas esperar a Joel.

-¿Qué…?

-Es él, ¿verdad?

-Si jajaja

-Mañana te quiero en la oficina a primera hora.. Buenas tardes.

-¿Pero… no quiere que lo ayude a…?

-Te quiero fuera de mi vista de inmediato. Buenas tardes, Ellie.

-Buenas noches, jefe.

Esperó unos segundos y se asomó por el amplio ventanal de la oficina, justo a tiempo para ver a la jovencita saltar a los brazos de su novio. Vio que le decía algo e inmediatamente ambos se pusieron a saltar y a dar vueltas en plena vereda, para luego correr a tomar el ómnibus.

-Son dos locos que se complementan perfectamente-dijo, riendo.

Volvió a sentarse, sintiendo que la oficina había quedado demasiado silenciosa. Abrió la playlist de su computadora y dejó que sonara el compilado de Navidad. Aún le quedaba algo de café, así que tenía el acompañamiento justo para terminar de organizar los tres créditos.

Se felicitó a sí mismo por haberse convencido de “crear” esa inversión. Que en realidad, de inversión tenía muy poco. Pero quería que la verdadera intención quedara escondida, de esa manera se aseguraba que nadie intentara aprovecharse de la oferta. Aún así, todos los años cuando abría la convocatoria, docenas de empresas e inversores se presentaban, ansiosos de obtener esa gran suma de dinero con una tasa de interés prácticamente inexistente. Pero las reglas estaban claras e inmediatamente se desechaba todo aquello que no correspondía.

Era el segundo año que lo llevaba a cabo. El año anterior había sido un éxito y la escuela de oficios crecía a pasos agigantados, incluso habían sido los encargados de hacer el nuevo mobiliario de su oficina, devolviendo de esa manera el crédito recibido.

Y si este año volvían a tener éxito, tal vez consideraría ampliar el cupo. Sobre todo si Ellie era capaz de estar al mando de todo.

Hojeó las carpetas, deteniéndose en las fotografías, sonriendo al imaginar los rostros de esas personas cuando la jovencita les diera la buena noticia.

-Si las viandas de esta mujer son buenas, podría pedirle que se encargue de las mías. Así me ahorro el trabajo de pensar qué comer… y los sermones de Ellie por comer tanta comida envasada.

Rio con ganas, pero se congeló al ver las fotografías de la última carpeta. Las hojas se deslizaron de sus dedos, cayendo al suelo. Por un instante, sintió que no podía respirar.

Tuvo que hacer un enorme esfuerzo para controlar sus manos, que temblaban incontrolablemente al recoger los papeles caídos. Buscó la planilla de inscripción para ver los nombres.

Y lo vio. No había dudas.

“El hombre era policía, pero renunció al trabajo…”

Alfred Walker. 41 años.

-Red…-murmuró, acariciando la fotografía del hombre barbudo.

No pudo evitar que las lágrimas comenzaran a caer. Después de 5 años, pensó que ya no le quedaban lágrimas, pero evidentemente no era así. Lloró en silencio hasta perder la noción del tiempo, abrazando la fotografía.

Regresar y volver a verlo había sido su mayor miedo, por ello había decidido irse a vivir al otro extremo de la ciudad. ¿Cuál era la probabilidad de que Red eligiera hacer lo mismo?

Cuando se calmó y pudo tomar el coraje suficiente, se animó a ver la información restante. Su esposa se llamaba Vivian y esperaba una nena. Y el niño tenía 6 años y se llamaba Adrián.

-Tu esposa es muy bonita, Red. Tiene una sonrisa muy cálida. Y el niño es tu imagen, no hay dudas que es tu hijo- murmuró- Y seguramente estés enloquecido con la niña que vendrá.

Siguió leyendo la información del formulario, analizando los papeles de lo que había sido la cafetería.

-Dios mío, estos números son terribles. ¿Cómo se les ocurrió abrir un café? Red, eras terrible en matemáticas, ni siquiera entendías tu propio sueldo. Definitivamente van a necesitar muchísimo la ayuda de Ellie.

Sin darse cuenta, comenzó a garabatear sobre una hoja, haciendo números y proyecciones. Si en algo se consideraba un experto, era en convertir un desastre en un negocio rentable. Lo había hecho con su propia vida y lo haría de nuevo ahora.

                                            ……………………………………….

-¿Señor Petrov, hasta que hora se quedó ayer?-preguntó Ellie al entrar a la oficina al día siguiente.

Recién en ese momento Kisa cayó en cuenta el estado calamitoso de su oficina. Desde los papeles desparramados por todos lados hasta los paquetes de comida y los vasos de café apilados en su escritorio.

-Ehhh, creo que perdí la noción del tiempo- respondió y antes de que pudiera replicarle, le preguntó- ¿Llegaron?

-Si, justamente venía a avisarle que ya están las tres familias presentes.

-Perfecto, encárgate de que firmen todo, por favor.

-¿No quiere estar presente? Todos están ansiosos por conocerlo y agradecerle.

-Eres la que está a cargo, así que te dejaré la responsabilidad de recibir los agradecimientos. Además, debo limpiar la oficina antes de que decidas echarme un sermón.

-¿Está seguro?

-Absolutamente. Sabes que no me llevo bien con la gente.

-De acuerdo- sonrió- Iré a…

-¿Ellie?

-¿Si, jefe?

-Toma- dijo, arrojándole una caja- Es tu nuevo sello. No quiero que mi nombre aparezca en ningún lado, ¿de acuerdo? Eres la jefa.

-¡Si, señor!- respondió con una enorme sonrisa, para luego marcharse rápidamente.

Había pasado la noche en vela preguntándose si tendría el valor de asomarse por el ventanal. Pero no pudo evitarlo. Esperó y esperó, sintiendo un nudo en la boca del estómago.

Pensó que se echaría a llorar, pero cuando lo vio salir, abrazado a su esposa y llevando en andas a su hijito, los tres emanando la felicidad más sincera y plena del mundo, sintió un enorme alivio. La manera en que la mujer lo miraba le dio la señal de que lo amaba con cada fibra de su ser. Y él le correspondía.

-Te mereces ser la persona más feliz del mundo…-susurró- Me aseguraré que sigan siendo la familia feliz que son ahora. No vas a tener que preocuparte nunca más, Red. Los voy a cuidar. Te doy mi palabra.

Cuando los perdió de vista, comenzó a limpiar la oficina. Oyó la puerta abrirse a sus espaldas y estuvo a punto de pedirle a quien fuera que se retirara, pero se detuvo al notar que se trataba de Ellie.

De inmediato la joven notó un cambio en su jefe y se acercó en silencio. Lo miró de reojo, tratando de ver qué le pasaba, pero su rostro estaba impasible, como siempre. Aunque sus ojos tenían un brillo extraño, triste. Sin decir palabra, comenzó a ayudarlo. Tenía el presentimiento de que en ese momento su jefe necesitaba compañía.

Cuando al fin terminaron, se animó a decir, con voz suave.

-La mamá de los chiquitos trajo una tarta de crema, puedo preparar té y lo probamos, ¿le parece?

-Me parece perfecto-respondió, con voz quebrada.

Durante el desayuno, Ellie se encargó de notificar las novedades de la empresa, lo que faltaba cerrar antes de fin de año y hasta la organización del evento que los empleados estaban organizando. Todo mientras se ocupaba de servir el té y asegurarse de que comiera una rebanada tras otra de la exquisita tarta.

Sabía que la joven se había dado cuenta de que estaba luchando por contener las lágrimas. Y le agradecía infinitamente que no hiciera preguntas. Que solo siguiera hablando sin cesar, dejando que la suave voz lo tranquilizara poco a poco.

-Creo que con ese movimiento las inversiones podrían aumentar un 40%...

-Gracias, Ellie.

La joven lo miró, desconcertada.

-De nada, pero aún no es el porcentaje que…

-No me refiero a eso- volvió a cortar- Gracias.

La joven sonrió, sin entender muy bien. Pero nunca había visto a su jefe tan triste. No quería verlo así.

-A veces… ciertas situaciones me ponen un poco… sensible, ¿sabes? No me hagas caso.

-Hoy lloré al entregarle el crédito a esas familias- exclamó Ellie-Por un momento tuve mucha vergüenza de que me vieran así, pero todos estaban tan felices que no pude evitarlo. Lo mejor fue que después lloramos todos juntos, abrazados. Los chiquitos corrían a nuestro alrededor. Fue tan hermoso. Gracias por permitirme vivir este momento.

-No tienes por qué agradecerme, fue tu idea dar los tres créditos.

-Pero usted lo hace posible. Gracias a usted estas tres familias tendrán una nueva oportunidad. Así como el año pasado lo tuvo la escuela. Todo fue gracias a usted. Es una excelente persona y estoy feliz de trabajar con usted.

-Son negocios, Ellie. No soy un benefactor.

-Puede decir lo que quiera. Pero conmigo no funciona ese papel de empresario villano que quiere mostrar a todos- rio la joven- Manejo muy bien los números como para que pueda engañarme.

-Oye, oye- rio también, sintiendo que la tristeza se alejaba poco a poco- No creas que por tener tu propio sello tienes el derecho de hablarle así a tu jefe.

-Lo siento, lo siento. Guardaré el secreto.

-Más vale que así sea. Ahora vamos a ver esos contratos. ¿Y dijiste algo de un evento de fin de año? ¿Cuándo demonios me iban a avisar que estaban organizando algo así? No esperen que asista…

“Es una excelente persona…”

Ojalá algún día se sintiera merecedor de esas palabras. De sentir que merecía estar bien, en paz… Había dado los primeros pasos, pero parecía muy poco.

La perorata interminable de la joven a su lado lo hizo sonreír nuevamente.

O tal vez no…

 

FIN

2 de diciembre de 2025


PD: Rusito, te odio y te amo en partes iguales