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21 febrero, 2026

Rh-X (Secuela de SIT)

 


Capítulo I

 

—¡Vamos! ¡Entra al auto!

—Estás herido, déjame manejar a mí.

El anciano se apretó el pecho cubierto de sangre y asintió, dejando que el joven tomara el volante.

—Debemos ir al hospital.

—¡Olvida el hospital!

—Pero…

—¡Acelera! No tardarán mucho en localizarnos.

La noche era completamente oscura, y las calles de la ciudad se encontraban desiertas. El joven aceleró el vehículo, dejando escapar una gran estela de humo. No sabía dónde se dirigía, solo que debían alejarse, rápido.

—Vamos a salir de la ciudad —agregó minutos después, notando que las edificaciones disminuían, abriéndose el inmenso campo.

—Mejor.

—¿Estás bien?

—Si, no fue nada… —mintió, esforzándose por sonreír. Sabía que le quedaba poco tiempo, pero no podía decírselo ahora.

—No debimos haberlo hecho. Fue una locura.

—La locura era permanecer allí. El complot de Pierson fue perfecto, pero el muy maldito no tuvo en cuenta que conozco ese laboratorio como la palma de mi mano. Ese desgraciado…

—No te esfuerces, perdiste mucha sangre. Demonios, ¿por qué te pusiste frente a mí? Sabes que esas balas no me habrían hecho mucho daño.

—Supongo que fue instinto de padre —sonrió.

—Todo esto es por mi culpa.

—¡No vuelvas a decir eso! No es verdad.

El joven suspiró y miró por el espejo retrovisor la ruta desierta. Al parecer, habían logrado su objetivo de escaparse, pero… ¿a qué precio? Miró al anciano a su lado. Tenía la chaqueta cubierta de sangre, al igual que parte del guardapolvo. Respiraba lentamente, con dificultad.

—Cuando lleguemos a la próxima ciudad, buscaremos un hospital.

—Eres terco, jovencito. De acuerdo… te daré el gusto de contradecir a un médico…

Manejó durante horas, hasta que las primeras luces del amanecer comenzaban a asomarse en el horizonte. Estaba exhausto, pero aún no había señales de ciudad alguna, solo pequeños pueblos. Miró angustiado el indicador de gasolina, estaba casi vacío y no habían pasado ninguna estación de servicio.

—¿Aún… nada? —escuchó a su lado. Volteó a ver al anciano, y le pareció que su rostro estaba demasiado pálido.

—Sigue durmiendo.

—¿Ninguna… ciudad?

—No. No tengo idea de donde estamos ni adónde vamos. Y estamos a punto de quedarnos sin combustible.

—Demonios…

—No te preocupes, seguro faltará poco para llegar a una estación…que… ¿qué haces? —preguntó, al verlo moverse para agarrar una carpeta en el asiento de atrás —¡No te muevas!

—Ah… aquí está… —dijo aliviado, al encontrar un grueso sobre. Lo sacó, colocándolo en la mochila del joven —Por ningún motivo te separes de este sobre, ¿entendido?

—¿Qué es?

—El resultado de mis 30 años de investigación… todo lo que he hecho está ahí. Es lo que buscan.

—¿Acaso…?

—Tienes que encontrar a esa persona y entregarle el sobre.

—¿Por qué me lo dices a mí? No tengo idea de cómo encontrar a ese hombre, ni donde buscarlo. Dijiste que lo haríamos juntos.

El rostro del anciano se contrajo de dolor y por unos instantes contuvo su respiración. Al verlo, el joven detuvo el automóvil al costado de la ruta.

—¿Por qué… te detienes?

—Estás helado —murmuró, tocando su mejilla —Necesitamos encontrar un hospital ya mismo.

—No es necesario.

—¡No digas eso! ¡Necesitas que te curen esas heridas!!!

—Mi pequeño Ion —murmuró, tomando una de las manos del joven —En verdad que fuiste un “regalo del cielo” para mí.

—No hables así… como si… ¡no te atrevas a dejarme!!

—Los humanos somos seres tan débiles… lo siento, lo siento tanto…

—No sigas, no hables más —interrumpió, abriendo el chaleco para que pudiera respirar mejor. Fue cuando vio la magnitud de las heridas y cayó en la realidad —¿Por qué…? ¿Por qué no me dijiste?

Con lágrimas en los ojos, trató de secar la sangre que emanaba de las tres heridas de bala en el pecho.

—¿Por qué… me dejaste seguir? Si hubiéramos buscado un hospital desde el principio…

—Hubiera sido inútil… tengo perforado ambos pulmones, pequeño… ningún hospital podría reparar eso. Ion, debes seguir solo.

—¡No! ¡No voy a dejarte!

—Voy a mor…

—¡NO!!!! No lo digas. No menciones esa palabra. Estarás bien, solo necesitas descansar un poco. Nos quedaremos aquí hasta que… —comenzó a decir, cuando fue interrumpido por la bofetada que le propinó el anciano.

—¡No seas estúpido! ¿Quieres echar por tierra todo lo que hicimos? ¿Acaso quieres que Pierson te encuentre?

—¡No me importa!

—¿Eres tan egoísta que no piensas lo que podría pasar si tú y mis escritos caen en sus manos? —gritó, con las pocas fuerzas que le quedaban. El rostro del joven se descompuso y comenzó a llorar. El ceño del anciano desapareció y extendió su brazo para atraerlo junto a él —Tienes que seguir adelante y completar mi misión. Encuentra a esa persona y entrégale el sobre. Hazlo por mí.

—No quiero… que te vayas… no quiero estar solo de nuevo.

—Eres fuerte, mucho más fuerte que yo. Tienes que hacerlo.

—Te voy a extrañar demasiado.

—Contigo pasé los mejores 30 años de mi vida, chiquito —suspiró, besándole la frente —No dejes que nadie te lastime… Ahora, pon en marcha el auto.

—No… no queda más gasolina.

—Entonces sigue a pie.

—No puedo dejarte aquí.

—No tenemos opción. Además, no quiero que me veas morir, es muy triste. Anda, deja de perder más tiempo. Vete. ¡VETE!

El joven tomó su mochila y salió corriendo, sin mirar atrás. Sólo cuando quedó sin aliento, se detuvo a mirar el automóvil, que apenas era una mancha gris a lo lejos.

Un nuevo acceso de llanto lo invadió, pero se contuvo e inspiró con fuerza. No podía flaquear en ese momento. Dio una última mirada y echó a correr.

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Había tenido que caminar el resto del día para encontrar la próxima ciudad. Con profundo resentimiento observó las calles ruidosas, llena de gente absorta en sus propios asuntos. Aunque había caminado sin parar, no se sentía cansado, ni hambriento. Al contrario, quería seguir caminando. Sabía que, si paraba un momento, los recuerdos comenzarían a llegar y el llanto resurgiría.

Se colocó la capucha de la campera al notar que comenzaba a llover. La gente se dispersó rápidamente para no mojarse, buscando refugio bajo el alero de las tiendas. Sentía sus miradas curiosas, preguntándose quién era el loco que caminaba sin importarle la lluvia.

¿Qué más daba? ¿Qué sentido tenía mojarse o no?

Sin embargo, al ver que la lluvia aumentaba su intensidad, tuvo que cambiar de opinión, por temor a que el sobre que llevaba en la mochila se arruinara.

Además, comenzaba a oscurecer y no era seguro seguir deambulando en un lugar desconocido.

Por todos lados veía carteles de hoteles alojamiento, pero ninguno le inspiraba confianza, es más, la ciudad misma parecía ser solo un lugar de paso. Así que decidió no pensar mucho y entró en el que encontró más cerca.

Buscó al encargado entre la penumbra del ambiente, iluminado solo por la débil luz de una lámpara de techo. Encontró al hombre dormitando sobre un mostrador, en medio de pilas de papeles y cenizas de cigarrillo.

—Disculpe, necesito una habitación.

El hombre despertó de su modorra y bostezó, mirándolo de pies a cabeza.

—¿Cuántos años tienes, niño?

—No es asunto suyo, ¿o sí?

—Solo si te busca la policía, no quiero tener problemas con delincuentes juveniles.

—No se preocupe, no los tendrá. Entonces, ¿tiene alguna disponible?

—¿Tienes con qué pagar?

Ion suspiró armándose de paciencia y abrió su mochila para sacar la billetera. El hombre clavó la vista en el fajo de billetes, pero solo dijo como si nada:

—No está incluido el desayuno y el agua caliente solo dura tres minutos.

—Si, si, ¿alcanza con esto?

—Claro que sí. Habitación 12 —respondió, entregándole una llave —Que pase buena noche.

—Estúpido —pensó, alejándose por el pasillo. Estaba demasiado cansado y comenzaba a tener hambre. Desechó inmediatamente la idea de ir a comprar comida, se tendría que conformar con dormir. Mañana vería que hacer con su apetito.

La vista de la habitación lo despabiló de repente. Estaba realmente sucia; las sábanas de la cama llena de retazos y con manchas de dudosa procedencia. Prefería dormir en el suelo antes que recostarse ahí.

—No quiero ni pensar en qué estado estará el baño —se dijo, con un escalofrío —Tal vez, si utilizo la mochila como almohada, pueda acostarme en la esquina.

El ruido de golpes en la puerta interrumpió su pensamiento. Al abrir, se encontró con el mismo encargado, que traía un par de toallas.

—Olvidé entregárselas —exclamó, haciendo el ademán de entrar.

—No es necesario… —quiso cortar e impedirle el paso, pero el hombre, en un rápido movimiento, lo empujó hacia atrás llevándolo contra la pared —¿Qué dem…???

—Cierra la boca o te la cerraré para siempre —amenazó, colocando una navaja sobre su cuello —Solo quiero el dinero. Me llevaré tu mochila y te dejaré ir sano y salvo.

—¡NO! —gritó, pensando en el sobre. No lo podía perder por ningún motivo.

—¡Te dije que cerraras la boca, mocoso maldito! —y diciendo eso, lo golpeó en la boca del estómago, haciéndolo caer. Su vista se nubló, viendo solo una sombra que se acercaba a la cama, en donde estaba su mochila. Quiso moverse, pero el dolor le quitó el aliento.

De repente, escuchó un golpe seco y un quejido, que parecía venir del hombre. Un nuevo golpe y el ruido de la puerta al cerrarse.

—Señor, ¿se encuentra bien? —oyó. Conocía esa voz.

Cerró los ojos y los abrió nuevamente, tratando de fijar la imagen. Lo primero que vio fue un par de anteojos, tras los cuales brillaban ojos azul profundo, luego divisó el rostro preocupado de un hombre.

—Señor Ion, ¿se encuentra bien? ¿Está herido?

—Ce… ¿Cedric?... ¿Eres tú?

—Si, ¿está bien?

—Si—respondió, mientras lo ayudaba a levantarse.

—¿No está lastimado?

—Estoy bien. ¿Qué haces aquí?

—Lo estaba buscando, señor. A usted y al doctor Wilk.

—Él… está muerto.

—Lo sé.

—¿Cómo…?

—Señor, lo están persiguiendo —cortó —Pierson envió a sus hombres y están muy cerca de aquí. Llegarán de un momento a otro. Debemos irnos de inmediato.

—¿Vas a venir conmigo?

—Por supuesto.

—¿Por qué quieres ayudarme? También trabajas para Pierson.

—Que Pierson me pague el sueldo, no quiere decir que deba obedecerlo. Yo solo obedezco al doctor Wilk… obedecía… —se corrigió, seriamente —Y a usted, por supuesto.

Ion sonrió, tomando su mochila.

—Gracias, me alegro que estés aquí.

Al abrir la puerta, vio al encargado, que yacía inconsciente en el suelo.

—No lo habrás matado, ¿verdad?

—No… espero.

Afuera, la lluvia se había convertido en una verdadera tormenta. Ion abrazó la mochila, cubriéndola con su campera.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó con desazón mirando a Cedric, que se mantuvo en silencio unos segundos, viendo a su alrededor. Luego, como tocado por una descarga eléctrica, el hombre avanzó hasta el auto más próximo, abrió la puerta del acompañante sacando al conductor, quien no tuvo tiempo para reaccionar cuando ya se encontraba en el piso.

—¡Suba! —le dijo a Ion, quien obedeció, demasiado sorprendido como para preguntar demasiado.

—No conocía ese lado tuyo tan violento.

—Siento que deba verme así, pero no tenemos muchas alternativas. Cerca de aquí está la estación de tren.

—Pensé que iríamos en auto.

—Es un blanco demasiado visible. El tren es la mejor opción para ocultarse.

El joven suspiró, tratando de calmarse. Era un alivio contar con alguien que tuviera las ideas claras y supiera que hacer. Aunque nunca hubiera imaginado que sería el callado y serio ayudante de su padre. Ahora… ¿por qué no le había dicho a Cedric la idea de salir del laboratorio? Si hubiera estado con ellos desde el principio… tal vez estaría vivo… ¿Acaso no confiaba en él? No… Cedric era la persona más honesta, responsable y amable que conocía. Tal vez no quiso arriesgar su vida, sabiendo el peligro que debería correr.

—Llegamos- dijo el hombre —Iré a averiguar los horarios de los trenes.

Para su fortuna, un tren estaba a punto de salir. Se acomodaron en el último vagón, que solo estaba ocupado por una mujer dormida.

—¿Hacia dónde vamos? —preguntó Ion, acomodándose en el asiento.

—A algún lugar bastante lejos. Vuelvo en un instante.

—Bastante lejos… es bueno —repitió, sacándose la campera mojada. El asiento era muy cómodo, pero el hecho de estar empapado no era agradable. A pesar de todo, al comenzar a relajarse, el cansancio regresó. Estaba a punto de cerrar los ojos cuando sintió que lo cubrían con una manta.

—Lamento no poder ofrecerle algo mejor, pero es lo único que pude conseguir —exclamó Cedric entregándole un paquete con tres sándwiches y una latita de té de hierbas.

—Gracias, pero no tengo apetito.

—Debe comer. No es bueno que pase tanto tiempo sin alimentarse.

—¿Cómo sabes eso?

—Por favor, solo coma.

—¿Y tú?

—Ya lo hice.

—¿Mi padre te mencionó algo sobre un sobre? —preguntó minutos después.

—¿Sobre?

—Un sobre que debíamos entregar a una persona. Debo encontrarla lo antes posible.

—¿Quién es?

—No tengo idea. Solo tengo su nombre… ninguna dirección… ni otra pista. Es como encontrar una aguja en un pajar.

—Lo encontraremos.

—Me alegro que estés aquí, Cedric —murmuró, sin poder aguantar más con los ojos abiertos.

El hombre se ocupó de cubrirlo con la manta, para luego recostarse en su asiento. Acomodó sus lentes, dispuesto a iniciar la larga vigilia.

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—En media hora sale el próximo tren, podemos descansar un momento y…

—Basta.

Cedric miró a Ion, quién se había sentado en una de las bancas de la estación. Más que tomar asiento, prácticamente se había desplomado. Hacía dos días que venían viajando sin parar, y estaba exhausto.

—¿Se siente bien?

—No, estoy mareado y… tengo náuseas. No quiero viajar más.

El hombre se sentó a su lado, quitándose los lentes para frotar sus ojos. Él también estaba rendido.

—Lo siento, Cedric. Pero, no puedo más. Necesito comer, necesito un baño de agua caliente y una cama para dormir esta noche. No soporto más este ritmo. Ambos lo necesitamos.

—Si, es verdad.

—Esta ciudad parece segura, quedémonos solo un día.

—De acuerdo. Además, seguir avanzando sin rumbo no tiene sentido.

—Entonces, ¡busquemos un buen lugar para desayunar!

No tuvieron que buscar mucho para encontrar una cafetería. La ciudad era pequeña y tranquila. Parecía como esas imágenes hermosas e impecables sacadas de un calendario.

—Qué bonito lugar para vivir —dijo Ion mientras se sentaban en pequeñas mesitas con manteles blancos y floreros fragantes.

—Buenos días, ¿Qué desean ordenar? —preguntó una sonriente mujer.

—Hmmm… ¿qué nos recomienda?

—Tenemos una amplia variedad de pasteles y panes caseros. La especialidad de la casa es el pastel de crema y nueces.

—¡Perfecto! Entonces, voy a pedir una taza de chocolate con dos rebanadas de pastel. ¿Y tú, Cedric?

—Sólo tomaré café.

—Traeré su orden en un momento.

—¿Solo tomarás café? No has comido nada en todo este tiempo.

—No tengo apetito, solo estoy un poco cansado —respondió, reprimiendo un bostezo.

—Tal vez haya algún hotel cerca de aquí, uno que sea más seguro que el anterior… Vaya, que rápido —exclamó al ver que la mujer se acercaba con el pedido.

—Por favor, cualquier cosa que necesiten, no duden en llamarme. Que disfruten su desayuno.

—¡Gracias! ¡¡Dios, esto está exquisito!! ¿Estás seguro que no quieres probar, Cedric? —habló, pero se dio cuenta que el hombre se había quedado dormido con la cabeza baja y los brazos cruzados sobre el pecho —Pobre, estaba más cansado que yo.                    

Comenzó a comer, suspirando de satisfacción al sentir el dulce de la crema y la calidez del chocolate. Después de pasar dos días a base de comida empaquetada, era el paraíso poder comer algo tan delicioso. No tardó ni diez minutos en acabar con todo, recostándose satisfecho y con el estómago lleno.

—Hmm…espero que no se le acalambren los músculos del cuello —se dijo mirando a su compañero, que seguía profundamente dormido —Sería mejor si durmiera en una cama.

Acordándose de eso, se levantó para ir en busca de la mujer que los había atendido.

—Espero que te haya gustado el pastel —sonrió al verlo acercarse.

—Estuvo perfecto.

—Me alegro. ¿En qué puedo ayudarte?

—Quería preguntarle si conoce un buen hotel para quedarnos hasta mañana. Hemos viajado sin parar por dos días y estamos muy cansados.

—Oh, deben estar rendidos. ¿Hotel? No, no hay hoteles por aquí. Es un lugar pequeño y no tenemos muchos visitantes. Pero, si conozco una pensión. La dueña es una señora muy amable que alquila a estudiantes, pero no creo que tenga problemas en alquilarles una pieza por un día.

—Sería genial. ¿Queda muy lejos de aquí?

—No, está en la otra cuadra, a mano derecha. Tiene un cartelito azul.

—¡Perfecto! ¿Podría pedirle un gran favor?

—Claro, querido.

—Me gustaría ir a hablar con esa señora, para ver si podemos quedarnos. Pero, no quiero despertar a mi compañero.

—No te preocupes. Yo cuidaré de tu amigo. Ve tranquilo.

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No se perdonaba haberse quedado dormido. ¿Cómo se pudo descuidar en un momento tan peligroso? Con la gente de Pierson pisándole los tobillos… si algo le pasaba a…

Cedric se apoyó en la pared, sintiendo que le fallaban las fuerzas. Cuando levantó la vista, vio a Ion saliendo de una pequeña casa.

—Hola Cedric, justo iba a buscarte a…

—¿Por qué se fue solo? ¡Debería haberme despertado!

—No fue para tanto…

—¿Qué no…? ¡Su vida está en riesgo!

—Lo siento- exclamó al ver la preocupación en su rostro —Pero, ¡mira!

—¿Una llave?

—Conseguí un lugar para descansar hasta mañana. La dueña es una viejita adorable. Ven, ven, ya está todo —y diciendo eso lo arrastró a un pasillo junto a la casa, en donde había varias puertas.

—Esta es la nuestra —continuó, mientras abría la número 8 —¿No es linda?

Cedric observó la iluminada y amplia habitación. Todo estaba impecablemente limpio. Se asomó a la pequeña ventana, para después cubrirla con la cortina. Acto seguido trabó la puerta con llave. Ion solo lo observaba ir y venir, comprobando la seguridad de las cerraduras y estudiando cada detalle. Parecía exagerado, pero recordó que estaban siendo perseguidos y debían tomar todas las precauciones. Por su mente apareció el recuerdo de su padre y lo invadió la tristeza. La habitación perdió todo su encanto, y solo pudo sentarse con la cabeza baja, tratando de retener las lágrimas.

—¿Se encuentra bien? —preguntó Cedric, al ver que se había quedado inmóvil y en silencio.

—Si, ¿por qué no duermes un poco? Estás muy pálido.

—Estoy bien.

—Cedric, no quisiste desayunar y no has dormido en estos días. Por esta vez, hazme caso, ¿sí?

—Pero…

—Hazlo —repitió, prácticamente arrastrándolo hacia la cama —Yo iré a darme un baño.

—Despiérteme cuando salga.

—Claro, claro. Vamos, acuéstate y cierra los ojos.

—No se vaya a ningún lado.

—Lo prometo, ¿tranquilo? —dijo, sin evitar esbozar una sonrisa mientras entraba al baño. Cedric siempre había sido muy protector con su padre y con él. Siempre atento a los pequeños detalles, anticipándose a todo… entonces, ¿Por qué no los acompañó en el escape?

Ahora las lágrimas podían correr sin impedimento. No quería que nadie lo viera llorar. Mientras dejaba que el agua caliente cayera por su espalda, se puso a pensar que haría de ahora en adelante. Después de encontrar a esa persona. ¿Dónde iría? Había pasado tanto tiempo con su padre… le costaba imaginarse una vida sin su amable compañía.

Cuando salió, sonrió al ver a Cedric dormir tan profundo, que no sintió absolutamente nada, incluso cuando hizo ruidos al acomodar sus cosas. Ahora, con el estómago lleno y relajado por el baño, decidió ver el contenido del sobre.

Sabía lo que contendría. Un cuaderno ajado y escrito con la característica letra del doctor Wilk, pequeña e inclinada a la derecha. Conocía a la perfección lo que decía cada página, pero no pudo evitar pasar una a una las páginas, recordando…

Al pasar la última página, cayó una fotografía. Ion la tomó, observando al hombre que estaba retratado. Era a quien debían encontrar.

No sabía mucho de esa persona, sólo que su padre lo admiraba mucho, y que había intentado por todos los medios contactarlo. Cuando al fin lo había logrado, había surgido lo de Pierson… ahora era demasiado tarde. Todo por lo que su padre había luchado estaba en esas hojas. Era su vida. 

Ensimismado en los recuerdos, no se dio cuenta del tiempo transcurrido. Su estómago nuevamente le indicaba que tenía hambre. Miró su reloj: las cinco de la tarde.

Se sorprendió de todo el tiempo que había pasado. El chocolate y el pastel eran un recuerdo muy lejano.

Me pregunto si la cafetería estará abierta —pensó, y el estómago le gruñó de solo pensarlo. Pero, cuando estaba a punto de salir, recordó su promesa.

—Lamento despertarte, pero es tu culpa —dijo, sacudiendo suavemente a Cedric. Le pareció que estaba pálido, y algo frío. Lo sacudió más fuerte. Al parecer, tenía el sueño pesado.

El hombre abrió lenta y pesadamente los ojos. Parecía que le costaba mucho esfuerzo despertarse.

—Cedric, iré a comprar algo para comer. ¿Quieres que te traiga algo en especial?

Miró al joven, como si no entendiera lo que acababa de decir. 

—Mejor quédate acostado. Volveré enseguida.

—¡No! Iré… con usted… —reaccionó, sentándose con dificultad.

—No te ves bien, ¿te duele algo?

—Tengo dolor de cabeza… solo necesito un poco de agua fría y estaré perfecto.

—Repito que no es necesario que vengas conmigo —repitió, luego de que su compañero se encerrara en el baño. Al no obtener respuesta, suspiró —Es más terco de lo que imaginé.

Casi de inmediato, escuchó un sonido sordo seguido del crujido característico del cristal al romperse. Abrió la puerta, encontrándose al hombre de rodillas en el suelo.

—¡Cedric! —gritó, tratando de levantarlo. Al tomar su mano derecha, un pequeño frasco se escabulló, rompiéndose a la mitad.

—Señor… salga, por favor… déjeme solo… —rogó, tratando de recoger el frasco, pero Ion le ganó de mano.

—Esto es… del laboratorio… ¿qué hace aquí?

—Yo…

—Está vacío —continuó, levantándose con los ojos desorbitados. Fue cuando vio los otros frascos rotos dispersos en el suelo —Eres uno de ellos…

—Déjeme explicarlo…

—¡Eres un “Dependiente”! Lo eres, ¿verdad?... ¡RESPONDE!!

—Si…—respondió en un hilo de voz —Lo siento…

—Dios mío…

—Le juro que… nunca le habría hecho daño… yo… ni siquiera quería que lo supiera…

Ion retrocedió, sin dejar de mirarlo. Tuvo el impulso de escapar, pero no podía. No al ver el estado en que se encontraba. Sabía que debía alejarse, pero, aun así, no pudo evitar volver a acercarse.

—¿Hace cuánto no te alimentas?

Como no respondió, el joven tomó lo que quedaba de los frascos para tratar de ver la etiqueta.

—La fecha es de hace dos días… cielos, Cedric. ¿Cómo pretendías sobrevivir?

Con suavidad, lo ayudó a levantarse y regresar a la cama. Ahora si notó el tono blanquecino de su rostro.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Porque… no habría aceptado que lo acompañara…

—Tarde o temprano lo hubiera descubierto… como ahora.

—Pensé que… podría lograr que encontrara a esa persona que busca. Era… todo lo que quería. Que estuviera a salvo…

—¿Y después?

—No me importaba el después… Pero, fallé… Lo siento…

Cerró los ojos, cansado.

—No falta mucho —susurró, tomando su mano, apretándola —Será mejor que se vaya… Cuídese mucho por favor.

La mano cayó, cayendo en una especie de sopor, respirando lentamente.

Ion se alejó, regresando al baño. Iba a cometer una locura, pero tendría tiempo para arrepentirse.  Después. Ahora, solo podía hacer una sola cosa.

Tomó uno de los frascos que aún yacían desparramados, frunciendo el ceño al sentir el olor.

—Es repugnante, este aroma me crispa los nervios.

Cuando regresó junto a Cedric, trató de despertarlo, pero esta vez le fue imposible. Sabiendo que tenía muy poco tiempo, hizo un amplio corte en su dedo con el cristal. Separó los labios de su compañero, haciendo que la sangre se deslizara en el interior.

—Espero que sea suficiente —se dijo, luego de unos minutos. En efecto, al poco tiempo pudo ver como volvía el tono normal a la cetrina piel. Suspiró aliviado. Solo era cuestión de tiempo para que se recuperara totalmente.

Estaba a punto de levantarse, cuando escuchó un murmullo:

—¿Por… qué?

—Porque confío en ti —respondió, ocupándose de cubrirlo con las sábanas —Descansa.

Esta vez, el rostro de Cedric se relajó, entregándose al sueño de inmediato.

                           

Capítulo II

 

"Le gustaba aquel lugar. A cualquier otro le hubiera parecido una locura, pero no a él. Recorrer los largos pasillos, esas habitaciones llenas de instrumentos extraños, personas vestidas totalmente de blanco.

Era como estar en otro mundo… pero era el suyo. Y, en ese mundo, podía jugar a esconderse y vivir mil aventuras. Un día era un caballero al frente de una cruzada, el otro un pirata escondiendo su tesoro. Pero, su preferido, era jugar a ser un investigador que descubría la cura de todas las enfermedades y salvaba al mundo.

Tal como Él.

Por mucho tiempo ese hombre fue el único contacto que tuvo con otro ser humano. Parecía muy serio, pero cuando lo veía llegar, fruncía el ceño y le dedicaba una mueca con la boca extremadamente abierta. Luego le prestaba sus lentes para que se mirara al espejo. Era lindo usar lentes, y se dijo que, cuando creciera y fuera un prestigioso investigador, los usaría siempre.

¿Quieres ser investigador?le había dicho una vez su mentor Entonces tendrás que estudiar mucho y ser constante.

Al día siguiente, llevó sus libros al laboratorio y se puso a estudiar. Bueno… todo lo que un niño de 5 años puede llegar a estudiar. Tal vez colorear la imagen de un sapo en un estanque no era muy académico, pero… los investigadores deben empezar con algo, ¿no?

Y así había sido hasta que conoció a su Sol. Tal vez habían pasado unos días o tal vez semanas. Le daba lo mismo. Todos los días eran iguales en aquel laboratorio. Hasta que, una tarde, escuchó que la puerta en donde él y su mentor leían, se abría de repente.

Tal vez un asistente…u otro investigador pensó el niño, un poco molesto por ser interrumpido en su estudio. Escuchó la risa de su mentor, y otra, más fresca y alegre… como el sonido de un arroyito de montaña.

Se animó a levantar su mirada del libro y se encontró con un par de ojos sonriéndole. Porqué así le pareció. Que esos ojos le sonreían.

¿Es él?

Así es.

¡Es muy pequeño!! Oye, ¿qué estás haciendo?

Yo… estoy estudiando… contestó el pequeño con timidez.

Vaya, que bueno. Son muy lindos tus dibujos.

El niño sonrió, mostrándole sus avances artísticos en el dibujo de casas y árboles. Ni una raya fuera de las líneas. Bueno… tal vez una o dos.

Son muy lindos tus árboles, pero, ¿no te gustaría salir y ver algunos de verdad?

¿Salir? ¿Salir del laboratorio?

Miró a su mentor, que movió la cabeza en señal de afirmación. Una sonrisa enorme se dibujó en su rostro.

¡Salir!! Esa sí que sería una gran aventura.

Regresen antes de las seis y nada de comer afuera ¿de acuerdo?

De acuerdo contestaron aquellos ojos.

Estaba tan contento, que no podía dejar de sonreír. Cerró su libro, pero antes de que pudiera bajarse de su sillita alta, volvió a escuchar la voz de los ojos.

Primero que nada, vamos a presentarnos. No está bien salir con un extraño, ¿no es así? Mi nombre es Ion.

Yo… mi nombre es Cedric.

¡Ahora sí! Ya no somos extraños rio.

Los ojos se transformaron en el rostro joven de un muchacho, de fino cabello negro que caía sobre los hombros.

¿Vamos?dijo, extendiendo su mano. El niño la tomó, pareciéndole cálida y suave. Sintió un cosquilleo agradable y comenzó a reír.

Desde aquel momento, intentaba permanecer junto a Ion todo el tiempo posible. Era feliz con su compañía, y el joven parecía serlo también. Salían a la mañana temprano, a caminar por el parque cerca del laboratorio y a la tarde volvían a salir. Muy pronto pudo reconocer a las aves por su canto. Y a las mariposas por sus colores.

Ion decía que era muy inteligente, y que sería el mejor investigador del mundo. Eso lo hacía querer crecer rápido, para demostrarle que lo sería.

Sería el mejor de todos, así podría ser merecedor de estar siempre a su lado…"

 

Cedric abrió los ojos lentamente, viendo la claridad de la habitación. Seguramente ya era de mañana. Por primera vez en tres días, se sentía bien. Y sabía que la razón estaba acostada a su lado. Miró el rostro dormido de Ion, pensando en las últimas palabras que le había dicho la noche anterior.

“Confío en ti”

Lo había salvado de una muerte segura, aún después de saber el secreto que había guardado celosamente durante tantos años. Miró la herida en su dedo, y tuvo el impulso repentino de tomar su mano, como tantas veces lo había hecho de niño, pero solo se atrevió a rozar el dedo lastimado, sintiéndose culpable.

—No debes sentirte mal —dijo Ion, permaneciendo con los ojos cerrados.

—¿Lo desperté? Lo siento.

—Ya estaba despierto —contestó, abriendo lentamente sus largas pestañas. Aun así, no quiso mirarlo a los ojos —Dime, ¿mi padre lo sabía?

—Si.

—¿Desde el principio?

—Si.

Ion se sintió confundido. ¿Por qué no se lo había dicho? ¿Acaso quería protegerlo? No, no tenía sentido.

—El doctor Wilks pensó que sería una carga muy pesada para usted —dijo, adivinando lo que pasaba por su cabeza —Que se sentiría responsable. No quería que se preocupara por mí… ahora…

—Ahora debemos seguir con nuestra misión. Buscaremos durante la mañana y a la noche cuando encontremos algún hotel, haremos lo mismo que anoche.

—Señor…

—Y no quiero que volvamos a tocar el tema, ¿de acuerdo? —cortó firme, mientras se levantaba —Vamos, debemos seguir.

—Si… —contestó con amargura. Se había convertido en lo que menos quería. Una carga para su Sol.  Por su culpa, ahora debería lastimarse para mantenerlo con vida.

—Deja de pensar, ¿sí? —escuchó su voz, ahora mucho más suave —Tenemos mucho que hacer.

Extendió su mano, tomando la de Cedric. Y, una vez más, sintió ese cosquilleo único. La sensación de calidez era mucho más fuerte ahora, hasta podía sentir los latidos de su corazón a través de la piel. Era lo más hermoso que había sentido en la vida. Sonrió, alzando la vista, encontrándose con la sonrisa de Ion, que exclamó:

—Me alegra que estés aquí, Cedric. Gracias.

Él también se sentía feliz. Inmensamente feliz. Su vida pertenecía por completo al ser frente suyo, y se aseguraría de demostrárselo a cada momento de ahora en adelante.

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—No tiene sentido seguir, casi es medianoche —dijo Ion, moviendo el cuello lentamente, para relajarse. Habían llegado a la ciudad Capital a la mañana temprano y desde entonces no habían parado de caminar —Busquemos un hotel.

—Primero debe comer.

—Estoy demasiado cansado para… —comenzó a decir, pero Cedric lo tomó del brazo “arrastrándolo” hacia el interior de un pequeño bar —De acuerdo, de acuerdo, entendí la indirecta.

—¿Quiere algo en especial? Iré a buscarlo.

—Hmm… una hamburguesa… café doble y… helado de chocolate, ¿qué es tan gracioso? —preguntó, al verlo sonreír.

—Nada, solo me alegra ver que recuperó el apetito. Regreso enseguida.

Ion buscó una mesa vacía en donde poder sentarse. Le dolía la espalda y la cabeza. Había pensado que, una vez que llegaran a la Capital, su búsqueda se terminaría. Supuestamente, la persona que debían encontrar era muy conocida, o por lo menos eso era lo que su padre repetía siempre. Sin embargo, nadie fue capaz de darles una mínima pista de su paradero.

Escapar las 24 horas del día le estaba resultando insoportable y no sabía hasta cuándo lo soportaría.

¿Y si no podían hallarlo? ¿Y si todo hubiera sido en vano?

Enfocó su atención en el viejo televisor del bar para evitar seguir pensando. Estaban transmitiendo un juego de fútbol, evidentemente de poca importancia, ya que nadie parecía estar viéndolo.

Apoyó la cabeza sobre la mesa, esperando que Cedric no tardara demasiado, o se quedaría dormido.

 Interrumpimos nuestra transmisión para dar una noticia de último momento: Se necesita saber el paradero urgente de Ion Wilks, de 15 años de edad, cabello…”

¿Acaso estaban hablando de él????

Se irguió de inmediato hacia el televisor. En primera plana, vio una fotografía suya y en una esquina, otra de su padre.

El asesinato del prestigioso doctor Wilks aún es un misterio, pero la policía sospecha que fue un intento de secuestro. De parte del Instituto Pierson no emitieron opinión, pero se cree que el científico se resistió al secuestro a la salida del trabajo, resultando muerto al instante. También se sabe que su hijo se encontraba junto a él en ese momento. El mismo director del Instituto, el Dr. Elías Pierson, habló esta mañana diciendo que ofrecerán una gran recompensa a cualquiera que aporte datos acerca del joven…”

Una mezcla de sensaciones invadió a Ion. Odio, rabia, impotencia, miedo…

Quería moverse, pero su cuerpo se había quedado helado. Sólo podía ver el televisor, que regresó a su programación habitual.

—Señor, será mejor que nos vayamos… —escuchó la voz de Cedric, que lo volvió a la realidad.

—¿Lo…?

—Si. Me dijeron que hay un hotel en la otra cuadra. Debemos salir de inmediato.

Se dejó guiar por su compañero, totalmente incapaz de caminar por sí solo. Su mente estaba bloqueada, solo veía sombras de figuras pasando frente a sus ojos.

—Señor, ¿está bien? ¿Le traigo un vaso con agua? —preguntó Cedric ni bien entraron a la habitación.

—¿Secuestro? ¿Acaso dijeron secuestro? ¡Esos malditos lo asesinaron y se atreven a decir que fue un secuestro!!!? —gritó, tirando su mochila.

—Cálmese, por favor.

—¡No puedo! ¡Quiero matar a ese maldito! ¡Matarlo con mis propias manos! ¿Quiere encontrarme? ¡Iré a buscarlo yo mismo!!!!

—No diga eso.

—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿Acaso no lo viste? ¿No escuchaste? ¿Cómo puedes permanecer así después de eso???

—Porque Pierson lo está provocando. Es una trampa para que se deje descubrir…

—¡Es un maldito cobarde!

—Lo sé. Pero, lo único que podemos hacer es seguir con el plan. Y ahora que su fotografía comenzó a circular por los medios, debemos ser mucho más precavidos.

—Lo voy a matar.

—¿Por qué no come algo? Le traje…

—¡¡¿Puedes dejar de hablar de comida por un maldito momento?!! —gritó, encerrándose en el baño de un portazo.

Se arrepintió al instante de sus palabras, pero ya no podía hacer nada para arreglarlo. Se sentía tan frustrado que necesitaba descargarlo con alguien. Pero Cedric no se lo merecía.

Aprovechó para darse un baño y dejar que el enojo se diluyera. ¿Cómo harían ahora para seguir buscando? No pasaría mucho tiempo antes de que alguien lo delatara. Todo se hacía cada vez más difícil…

El baño le ayudó mucho más de lo que creía, saliendo tranquilo y dispuesto a disculparse con su compañero. Vio que había acomodado la comida sobre la mesa y su remordimiento aumentó el doble, caminando hacia la figura que miraba a través de la ventana.

—Lo siento… no debí hablarte de esa manera.

—No se preocupe, entiendo por qué lo hizo.

—No, no. Siempre ha sido mi peor defecto. Reaccionar sin pensar. Mi padre decía que podía lastimar a las personas… así como te lastimé a ti. Perdóname.

—Todo está bien —respondió con una sonrisa.

—Me gustaría poder controlarme, pero, con solo pensar en ese sujeto… —comenzó a decir, dándole la espalda, sintiendo que el enojo volvía a invadirlo. Pero, cayó de repente al sentir que los brazos de Cedric lo rodeaban en un abrazo. Se calmó al instante, riendo por lo bajo —Mi padre me calmaba de la misma manera.

—Lo… siento… fui un atrevido… —titubeó, tratando de alejarse, pero Ion se lo impidió, sujetando sus brazos.

—Por favor… no te alejes. Quédate así solo un momento más.

—Claro que sí, señor.

—¿Cuándo me llamarás por mi nombre? —preguntó, volviendo a reír.

—¡No podría! Le tengo demasiado respeto, así como al doctor Wilks.

Al escuchar el querido nombre, no pudo evitar suspirar.

—¿Lo extrañas, Cedric? ¿Extrañas a mi padre?

—Cada minuto.

—Yo también…

—No se mucho de esas cosas, pero creo que, de alguna manera, él sigue con nosotros —se detuvo al escuchar la risa de Ion —Puede parecer estúpido, pero…

—Al contrario, creo que es un pensamiento muy tierno.

—¿No piensa lo mismo?

—He visto demasiadas cosas en mi vida para tener ese tipo de creencias —respondió, separándose lentamente. Apoyó la frente sobre el vidrio, estremeciéndose al sentir lo frío que estaba.

—Entonces, ¿cree que la muerte es el final de todo?

—No sé lo que creo. Ya no sé nada.

—Bueno… por mi parte sé que, aunque muriera, me gustaría estar a su lado.

Ion sonrió, derrotado. Volteó, viendo a Cedric que lo miraba con esos ojos tan transparentes como el cristal. En un impulso, tomó su cabeza y besó su frente.

—¿Cómo haces para ser así?

—¿Así como?

—Olvídalo —continuó, secándose las lágrimas rápidamente —Mejor voy a cenar.

—El café debe estar helado y el helado… derretido.

—Y bueno… vamos a ver que sale de eso. Y después, será tu turno de la cena —sonrió, mostrándole la palma de su mano —Lamento que no podamos comer juntos, pero se me caería la hamburguesa.

—No haga ese tipo de bromas —dijo molesto, frunciendo el ceño.

El joven rio con ganas, recuperando el optimismo. Tal vez… tal vez si fuera cierto que su padre estaba con ellos. De alguna manera…

 

Capítulo III

 

“Había caminado sin rumbo fijo hasta llegar al parque. A esa hora de la noche estaba casi vacío, con la excepción de un pequeño niño que se encontraba parado frente al lago.

¿Qué hacía un niño a esa hora… solo?

Apresuró el paso, seguramente estaría muy asustado, quizás llorando, pero al llegar junto a él vio que estaba muy tranquilo y con la mirada fija en el agua.

¿Estás perdido?preguntó, poniéndose en cuclillas para quedar a su altura. El pequeño clavó sus ojos grises en él, mirándolo con total calma, para luego volver la vista al frente ¿Qué haces aquí? ¿Quieres que te ayude a buscar a tus padres?

La criatura suspiró, al parecer fastidiada.

Solo quiero ayudarte insistió el hombre.

Morir ahogado… ¿es doloroso?

El hombre trastabilló, casi cayendo de espaldas al oír semejante pregunta. La vocecita era suave, pero firme. Al no obtener respuesta, el niño exclamó:

Dijiste que querías ayudarme. Y quiero saber si morir ahogado duele.

¿Por… qué quieres saber eso?

Para entrar al lago respondió, molesto al tener que dar explicaciones Además, el agua debe estar fría.

Eres muy pequeño para pensar eso.

¿Qué puedes saber tú de mi vida? Eres como todos, te dejas guiar por las apariencias… Son tan irritantes.

Era tan extraño escuchar su voz llena de resentimiento. El pequeño cuerpo estaba temblando, pero parecía temblar de furia y enojo.

¿Cómo podían existir tales sentimientos en el corazón de un niño?

El hombre no sabía qué hacer, pero no iba a permitir semejante locura. Así que tomó asiento a su lado, sorprendiendo al pequeño.

¿Qué haces?

Voy a esperar respondió, cruzando las piernas Si te tiras al lago, te sacaré.

¡No te metas en mis asuntos!!! ¡Vete de aquí!

Este parque es un lugar público, no puedes impedir que me quede. Y el lago también es público, así que me meteré si quiero.

Por un instante, el niño se desconcertó. Pero, solo fueron unos segundos. Apretando los puños, hizo el ademán de tirarse, pero el hombre se lanzó sobre él, aprisionándolo entre sus brazos.

¡Suéltame! ¡Suéltame o te vas a arrepentir!!!

Es inútil que grites, patalees o trates de zafarte. Soy el triple de grande y fuerte que tú.

El niño luchó hasta que se le acabaron las fuerzas. Se detuvo a los quince minutos, jadeando y exhausto.

Vaya… tienes resistencia. Y muy mal carácter exclamó, tratando de recuperar el aliento. Le dolían los brazos y debía admitir que no hubiera resistido mucho más. Por suerte, el pequeño parecía haberse dado por vencido.

¿Por… qué… lo haces? ¿Qué puede… importarle lo que… haga?

Porque aún tienes mucho que ver en este mundo contestó, disminuyendo la presión del abrazo, pero sin soltarlo por completo.

He visto lo suficiente.

Claro que no. Estoy seguro que nunca viste una célula dividirse, la belleza de los granos de polen, los microorganismos en una gota de agua…

¿Qué??

Lo siento el hombre se echó a reír Como soy científico, no puedo evitar hablar de eso.

Todo eso… ¿es verdad que es bello?

Te aseguro que sí. La gente común no puede apreciar la magia de las cosas invisibles a sus ojos, pero yo he aprendido a ver su belleza oculta. Y estoy seguro que tú también podrías verla.

¿Lo… crees?

Te la mostraré. Y si no te gusta, yo mismo te traeré al lago y te lanzaré de cabeza.

De acuerdo. Trato hecho.

¡Bravo! Y, para celebrar nuestro pacto, iremos a comer algo muy rico. ¿Te parece?

Si.

Pero antes, debemos presentarnos. No es bueno salir con un extraño. Mi nombre es Arthur Wilks.

Me llamo Ion.

¿Y tu apellido?

Sólo soy Ion.

Bien, “Ion a secas”, ahora somos amigos sonrió, estrechando su mano, para luego alzarlo.

¿Por qué hiciste eso???gritó, aferrándose al cuello del hombre para sostenerse.

Pensé que estarías cansado. Además, así llegaremos más rápido.

Trata de avisarme antes de hacer una cosa así.

De acuerdo, de acuerdo rio ¿Quieres cantar una canción?

Oh, por dios… ¿Qué edad tienes?

Cuarenta años, pero todos dicen que parezco más joven.

Ya lo creo…

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Ion se despertó con el rostro bañado en lágrimas. El sueño había sido tan real… hasta le parecía que seguía escuchando la voz de su padre en su cabeza. Pero, solo había sido un sueño. Y tenía demasiado que hacer para seguir perdiendo tiempo en recuerdos.

Se levantó con cuidado para no despertar a Cedric, aún era temprano y quería que descansara todo lo posible.

—Va a ser un día muy largo —se dijo, entrando al baño. Miró su rostro en el espejo. Sabía que Pierson diseminaría su fotografía por todos lados. Muy pronto sería casi imposible pasar desapercibido.

—Si hubiera una forma de cambiar de rostro…

En ese instante, vio que sus ojos cambiaban de color, volviéndose azules. Al mismo tiempo, mechones de cabello negro se volvían rubios.

Retrocedió espantado, cayendo al piso.

—¡Señor! ¿Qué le ocurre? ¿Se encuentra bien?

—Mi… mi rostro…

—¿Qué ocurre con él?

—¿No lo ves? Es… ¡me estoy transformando!!

—No… entiendo. Su rostro está igual que siempre.

Ion volvió corriendo al baño. En efecto, su rostro era el mismo.

—No puede ser —dijo, tocándose con las manos para estar seguro que era real —Yo… lo vi, vi como cambiaba…

—Habrá sido un sueño, señor. O tal vez producto del cansancio. Lo importante es que está bien, ¿verdad?

—Si… Si, tienes razón. Mejor preparémonos para seguir…

 

                                                   ++++++++++

 

El hecho de tener que pensar dos veces antes de dar cada paso, hacía mucho más lenta la búsqueda… y mucho más irritante.

Pero, no había otra opción. Habían encontrado la misma fotografía en todos los periódicos. El rostro de Ion empapelaba la ciudad.

—Maldito Pierson —gruñó por tercera vez, colocándose la capucha de la campera. Detestaba llevarla puesta, le quedaba enorme, pero era lo único que Cedric había podido conseguir. Y por lo menos ayudaba a ocultarlo y lo protegía del frío, pero aun así la detestaba.

—¿Por qué se tardará tanto? Se fue hace media hora…

Tienes que dejar que te guíe…”

—¿De qué hablas, Cedric…? —preguntó volteándose, para ver que no había nadie a sus espaldas.

Se puso en guardia de inmediato, atento a cualquier ruido, pero el pequeño depósito que había elegido como escondite, estaba vacío.

—¿Quién está ahí? —preguntó, tratando de que su voz sonara firme, pero solo obtuvo silencio.

Contuvo la respiración, agudizando el oído. Estaba seguro de que había escuchado esa voz. Pasaron diez minutos más, sin otra cosa que el viento moviendo las ventanas. Estaba comenzando a relajarse, cuando la puerta se abrió.

—Señor, soy yo.

—Ce… ¿Cedric?

El hombre se alarmó al oír el tono de voz. Rápidamente buscó a Ion, encontrándolo acurrucado en una esquina.

—Cedric… ¿eres tú?

—Si… ¿qué ocurrió?

—Oí una voz… como si me susurraran en el oído… pero, no había nadie… ¡Cielos, Cedric! ¡Estoy enloqueciendo!!

El joven se cubrió la cabeza con las manos, temblando incontroladamente.

—Tranquilo, todo está bien —murmuró, abrazándolo.

—No, no está bien. Me estoy volviendo loco…

—Claro que no, solo está cansado. Eso es todo.

—¿Cuándo terminará todo? ¡Estoy harto de esto!!!

—Descanse un poco. Después buscaré un lugar donde…

—¡No! No vuelvas a dejarme —pidió, ocultando su rostro en el abrigo de Cedric —Quedémonos acá, no me importa.

—De acuerdo —respondió acariciando la negra cabellera.

Lentamente, sintió que el cuerpo del joven dejaba de temblar. Aun así, no dejó de acariciarlo, manteniéndose en silencio.

—Lo siento —escuchó luego de un largo tiempo —Lamento comportarme así.

—No diga eso.

—Debería ser el más seguro de los dos… y mírame… estoy en un estado deplorable.

—No es para tanto —sonrió.

—¿Tuviste algún resultado?

—No —esta vez fue Cedric quien suspiró —Comienzo a preguntarme si el doctor Wilks no se habrá equivocado.

—¡Claro que no! —gritó, separándose.

—Es que… llevamos semanas buscando a esa persona, y nadie parece conocer siquiera su nombre. ¿No es extraño?

—Tienes razón, pero mi padre lo conocía. Inclusive, me dijo que le comentó su proyecto de investigación. Y solo lo haría con una persona que le fuera de absoluta confianza.

—No queda más que seguir buscando.

—Hay otra cosa que me parece muy extraña. El hecho de que Pierson no te nombre. Sería fácil incriminarte como el asesino de mi padre y mi secuestrador. ¿Por qué tu fotografía no aparece también?

Cedric lo miró, sonriendo tristemente.

—Nunca ha visto un dependiente, ¿verdad?

—¿Por qué me preguntas eso? ¡Claro que no! Eres el primero que conozco.

—Usted lo ha dicho: soy el primero. Los demás fueron creados a partir de mi genoma. O sea, son clones míos. Y deben estar trabajando bajo las órdenes de Pierson. No sería conveniente que lo vean con una persona que es idéntica al que denuncia como culpable.

—No lo sabía… Sólo sabía lo que mi padre me había dicho: que los dependientes habían sido creados para usarse como arma biológica. Que Pierson había robado muestras de su laboratorio y trabajado a sus espaldas. Pensé que eran monstruos… hasta que supe que eras uno de ellos.

—No es así, señor. Son pobres muñecos manejados por un maníaco. Pierson es el monstruo.

—Mi padre… ¿te creó? —preguntó suavemente, no muy seguro de cómo tomaría la pregunta.

—No. Conocí al doctor Wilks en el Hospital General, donde él estaba haciendo una residencia en Biotecnología. Bueno… “conocer” es una forma de decir. Había tenido un accidente cuando volvía de vacaciones con mis padres. Ellos murieron de inmediato y yo permanecí en coma por muchos meses. Años después, el doctor me contó que los médicos querían desconectar el respirador que era lo único que me mantenía con vida. Mi cuerpo se deterioraba con rapidez y no tenía esperanza de sobrevivir. Entonces, el doctor Wilks propuso intentar un nuevo tratamiento. Era un estudio en fase experimental y nunca lo había probado en humanos. Como no tenía pariente alguno, los médicos accedieron. Fue entonces que el doctor me inyectó lo que habría de salvarme la vida: su sangre.

Cedric sonrió al ver el rostro asombrado de Ion.

Al principio pareció no dar resultado, pero al día siguiente, mi cuerpo comenzó a dar señales de vida. El doctor aplicó nuevas inyecciones, y después de cada una, veía una leve mejoría. Tanto que, en menos de una semana, podía moverme y hablar como si nada hubiera pasado. Era un verdadero milagro. Todos querían dar a conocer la increíble historia, pero el doctor Wilks se negó. Y fue por el hecho de darse cuenta de un imprevisto que ni siquiera había pasado por su mente.

—La adicción a la sangre…

—Así es. No podía soportar ningún tipo de alimento, ni siquiera líquidos. Al primer mordisco, sentía terribles náuseas que no podía controlar. Y creo que nunca se hubiera dado cuenta, si no fuera porque me descubrió bebiendo las muestras que debían inyectarme. El olor me había guiado al lugar donde las guardaba y estaba tan hambriento que las bebí todas sin parar. Supongo que relacionó los hechos y descubrió que me había vuelto un dependiente.

—Y fue cuando llegaste a casa.

—Si. Se sintió culpable por lo que había sucedido conmigo.

—Debió decírmelo. Cuando te trajo a casa, solo me dijo que eras el hijo de un amigo que había fallecido. Y sólo sabía que necesitaba extraerme sangre para seguir con sus estudios. Pensaba que había algo en mí que podría ayudar a otros.

—A mí me ayudó. Gracias a usted y al doctor Wilks estoy vivo.

—Pero… ¡Tantos años juntos y no sabía la verdad! Todo este tiempo… 

—¿Hubiera cambiado algo saberlo? Creo que no.

—¿Alguna vez… te arrepentiste de ser… así?

—Nunca. Me costó entenderlo, es verdad. Pero, fui feliz junto a ustedes. Y agradezco que haya pasado.

Ion suspiró, volviendo a esconderse en el abrigo de Cedric.

—Me pregunto si alguna vez fui normal —dijo, en un hilo de voz —Me gustaría recordar mi pasado, pero solo llego hasta un punto… y luego todo se vuelve negro. Pasaron tantas cosas… tanto tiempo…y estoy tan cansado que a veces quisiera…

—Cuando todo termine, buscaremos un lugar tranquilo para vivir —cortó, abrazándolo fuerte —Continuaré las investigaciones del doctor Wilks y encontraré la manera de alimentarme sin lastimarlo. Y todo estará bien.

—¿Cuántas veces tengo que repetirte que no me importan estos cortes? Ya ni siquiera los siento.

—No importa, lo haré de todas maneras. Viviremos en el campo.

—¿Y quién te dijo que me gustaría vivir en el campo?

—¿Eh? Bueno…yo…

—Sólo bromeo, Cedric —rio —El campo suena bien. ¿Cómo sería la casa?

—Sería muy grande, y con muchas ventanas. Tendría una biblioteca inmensa, con…

Ion sonrió, olvidándose por un momento de todo a su alrededor. Cerró los ojos, concentrándose en imaginar la casa que Cedric describía con lujo de detalles. Se imaginó viviendo en ese lugar, en donde solo existiría la paz y tranquilidad.

—…podríamos tener un jardín con árboles frutales, así podría hacer mermelada. No son difíciles de preparar, estoy seguro que me saldrían bien…

—Si… sería bonito vivir allí… —fue su último pensamiento antes de quedarse dormido.

 

 

 

Capítulo IV

 

—Entonces, ¿lo conoce?

Cedric no pudo evitar sonreír. ¡Al fin!

—Pero… no lo veo hace años. Solía venir aquí todos los días. Espere un momento —la mujer tomó la fotografía y llamó a su compañero de oficina —¡Walter! Ven aquí un momento por favor.

—¿Qué quieres? Tengo mucho trabajo con estos informes.

—¿Te acuerdas de él? —preguntó, mostrándole la foto.

—¡Claro! Cómo no recordar a ese sujeto.

—Tenía un nombre extraño… ¿Cómo me dijo usted?

—Cristian Barris —respondió Cedric, cada vez más ansioso.

—¿Barris? No, yo lo conocía por su pseudónimo.

—¿Sabe dónde puedo encontrarlo?

El hombre garabateó sobre un papel y se lo entregó.

—Supe que su oficina cambió de lugar, pero tal vez puedan ayudarlo.

—¡Muchas gracias!!

Cedric salió disparado. Presentía que estaban muy cerca de lograr su objetivo. Muy pronto… todo terminaría.

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¿Es verdad que quieres encontrarme?

—¡Claro que sí!

Entonces… ¿por qué no dejas que te guíe?

—No entiendo que quieres decir con eso… ¿Dónde estás? ¿Por qué no me dejas verte?

Si quieres encontrarme, sigue al viento…

 

—¡Señor! ¡Despierte!

Ion abrió los ojos, sintiéndose mareado. ¿Se había quedado dormido? Entonces… ¿Todo había sido un sueño?

No, no esta vez.

—Tengo una excelente noticia —continuó Cedric —Encontré una pista.

—Hay que seguir al viento…

—¿Qué?

—Para encontrarlo…hay que seguir al viento.

Cedric sacó el papel que le habían dado.

—Wind… esas personas me dijeron que la persona que buscamos se hace llamar Wind.

Ion lo miró, comenzando a entender. Entonces, la persona en su sueño…

—Debemos irnos —dijo, levantándose.

—Señor, debemos tener cuidado. No camine tan rápido…

Pero, Ion no lo escuchaba. Sólo tenía una cosa en mente, y sentía una especie de fuerza guiándolo. Sólo se detuvo al llegar a una peatonal repleta de gente.

—La dirección que me dieron está en la dirección contraria, debemos…

El joven miró a su alrededor, desconcertado.

… sigue el viento…”

Cerró los ojos, sintiendo la suave brisa, casi imperceptible.

A la derecha.

Salió disparado con tanta rapidez, que Cedric no pudo reaccionar a tiempo. En cuestión de segundos, lo había perdido de vista entre la multitud.

—Falta poco… está cerca —se repetía una y otra vez, chocando con la gente. Entró a un callejón, siguiendo hasta llegar a un muro.

—Del otro lado… ¡Maldición! —gritó, golpeando la pared. Buscó la manera de subir, pero era demasiado alto, no le quedaba otra opción que dar la vuelta. Comenzó a correr nuevamente, pero chocó con algo, cayendo al suelo.

—¿Pero ¿qué…?... ¡Cedric! Lo siento, no te vi —se disculpó, levantándose —Está del otro lado del muro, vamos.

Quiso avanzar, pero el hombre lo retuvo por la muñeca.

—¿Qué haces? ¡No tenemos tiempo! ¡Suéltame!

Fue cuando se dio cuenta. Aquel hombre no era Cedric. Sus ojos no tenían expresión. El miedo lo invadió, y luchó con todas sus fuerzas para soltarse. Pero fue imposible, solo logró que lo lanzaran contra la pared, golpeándose la cabeza con tal fuerza, que por unos segundos, perdió la conciencia.

—El objetivo ha sido encontrado —escuchó —Reporto ubicación y espero instrucciones.

—No voy a permitirlo… no estando tan cerca…

Juntando las fuerzas que le quedaban, pateó al sujeto, que cayó al suelo como una masa inerte. Aprovechó para salir corriendo. Si lograba ir nuevamente a la peatonal, estaría salvado.

Pero, antes de llegar a la salida del callejón, se encontró frente a otro de aquellos clones.

—Objetivo encontrado —habló, avanzando hacia él.

—Objetivo encontrado —escuchó a sus espaldas.

Estaba acorralado. ¿Dónde se había metido Cedric? Retrocedió hasta quedar contra la pared, con ambos dependientes cortándole el paso.

Metió la mano en el bolsillo de su abrigo, sacando la navaja que usaba para hacerse los cortes. No se rendiría tan fácil. Si querían llevárselo, se llevarían también unas cuantas heridas.

¿Heridas? ¿Y si…?

Con un rápido movimiento, hizo un corte en la palma de su mano derecha. La sangre brotó rápidamente. Al verla, los dependientes dilataron sus pupilas.

—Lo sabía… ¿Quieren mi sangre? ¡Acá la tienen! —gritó, haciendo un ademán con la mano, lo que hizo que gotas de sangre quedaran impregnadas en el rostro de los clones. Estos parecieron enloquecer, tratando de lamerla por todos los medios.

Por un momento pensó que lo había logrado, pero pronto se dio cuenta que había cometido un gran error. Aquellos seres estaban fuera de sí y se abalanzaron sobre él. Logró herir a uno en la mejilla, pero ni siquiera sirvió para inmutarlo. El clon tomó su mano herida, mordiéndola para hacer que la sangre siguiera saliendo, mientras que el otro tomó la navaja para hacer un profundo corte en su otra mano.

El dolor lo hizo caer de rodillas, gritando. ¿Dónde estaba Cedric? Lo llamó desesperado, sintiendo que la vida se le iba a cada segundo.

De repente, sintió un nuevo golpe que lo envió hacia atrás. Vio a los dependientes retroceder, ambos con el rostro lleno de sangre. Más allá, se encontraba Cedric con un hierro en la mano.

—¡Cedric!! —gritó, casi sin voz.

—No se preocupe, señor —contestó con voz tranquila y segura, colocándose frente a él. Avanzó hacia sus atacantes, derribándolos nuevamente. Pero, no importaba cuantas veces cayeran, volvían a levantarse una y otra vez. Finalmente, logró dar un fuerte golpe en la cabeza a uno, que cayó inerte al instante.

—Obstáculo frente al objetivo —exclamó el otro —Baja de la Unidad B-13. Se requiere instrucciones.

—Eliminar obstáculo —se oyó del intercomunicador en el uniforme del dependiente.

—Se procede a la eliminación —respondió, sacando un arma.

—¡Demonios!! —gimió Cedric, sintiendo el disparo en su brazo. Se alejó de Ion, tratando de moverse rápidamente para evitar que el dependiente siguiera disparando.

—¡Cedric!

—¡No se acerque!! —gritó, tratando de golpearlo en la cabeza. Pero, la herida en su brazo le quitó potencia y el dependiente tomó con la mano el extremo del hierro, inmovilizándolo.

—Eliminando objetivo —exclamó, disparándole tres veces en el pecho.

Todo se detuvo en ese instante. Sin pensar, Ion emitió un alarido desgarrador, acercándose al cuerpo de Cedric.

El dependiente guardó el arma, tomando al joven por el brazo antes de que pudiera llegar junto a su compañero.

—Llevando objetivo a Sede Central.

—¡NO! ¡NOOO!!!! ¡CEDRIC!!!!!

—¡Deténgase! ¡Arroje su arma y ríndase! —se oyó un grito. Acto seguido, un hombre y una mujer se interpusieron en el camino del dependiente.

—Eliminando nuevos obstáculos…

—¡Cuidado Hack, tiene un arma!

—Yo me ocuparé de inmediato.

Ion vio emerger una llamarada, y por un instante pensó que moriría en medio de las llamas. Sin embargo, no sentía calor. Alzó su mano, envuelta en un aura dorada. De alguna manera, parecía protegido por esa especie de luz. El dependiente lo soltó, retorciéndose bajo el efecto del abrasante calor.

Al verse libre, corrió hasta donde estaba Cedric, que respiraba agitado, con los ojos muy abiertos.

—Se…ñor…

—No hables. Estarás bien en unos segundos —exclamó acercando su mano para que se bebiera su sangre.

—Es… inútil… señor…

—¡Sólo bébela, demonios! No puedes dejarme tú también… ¡NO ME DEJES!!!

—Nuestra ambulancia está en camino —dijo la mujer, acercándose. Luego se dirigió a Cedric, que la miraba con ojos suplicantes —No te preocupes, el SIT lo protegerá.

El hombre sonrió, tomando la mano que Ion aún sostenía junto a sus labios para besarla.

Sintió las lágrimas caer en su rostro y cerró los ojos, respirando por última vez.

—La ambulancia llegó.

—Demasiado tarde—murmuró la desconocida, señalando al joven que lloraba abrazado al cuerpo inerte de su compañero —Si lo hubiera sentido antes…

—No fue tu culpa, Alissa. Vamos, debemos llevarlo y averiguar de qué se trata todo esto — continuó diciendo, para luego arrodillarse junto a Ion —Ven con nosotros.

—Aléjense —dijo entre sollozos.

—Es peligroso permanecer aquí más tiempo.

—¡ALÉJENSE!!!! ¡Déjenos solos!! Tenemos una misión que cumplir…debemos… encontrar a Wind…

—¿Wind? —la mujer miró a su acompañante.

—¡Oigan! Venus interceptó varios automóviles dirigiéndose hacia acá —gritó un adolescente apareciendo de repente —Debemos irnos ¡Ya!

—Alissa…

—Si, si… no hay otra manera. Lo siento —y, rodeándose de un aura dorada, la mujer tocó el cuerpo de Ion, quien cayó desvanecido al instante.

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No quería abrir los ojos. Quería seguir inconsciente, inmerso en el vacío. Pero, su cuerpo reaccionaba en contra de su voluntad. Se aferraba a la vida, a la luz.

—Qué bueno que despertaste.

Aquella mujer estaba a su lado. Al parecer, se encontraba en una especie de clínica.

—No fue mi intención dejarte inconsciente, lo siento.

Ion no contestó, solo volteó el rostro hacia la ventana abierta, que dejaba entrar los últimos rayos del atardecer.

—Dijiste que buscaban a Wind.

—¿Lo conoces? —preguntó, animándose de repente.

—Si, es… mejor dicho, fue el jefe de nuestra organización, hasta que tuvo un accidente hace tres años.

—¿Está…?

—No, pero… se encuentra en estado vegetativo —respondió, con voz quebrada —Se encuentra en este mismo hospital, en la unidad de terapia intensiva. A pesar de todo, nunca perderemos la esperanza.

El hombre que tanto había buscado, la última esperanza… la persona por la que su padre y Cedric habían muerto…

Apretó los puños, entre la rabia, el dolor y la impotencia.

—¿Por qué lo buscaban?

—Ya… no importa…

—Dentro de poco te traeré la cena. Descansa.

—¿Te dijo algo? —interrogó Hank, saliendo a su encuentro.

—No. Y no quise presionarlo.

—En la mochila encontramos una especie de diario. Habla de la investigación de un tal doctor Wilks —informó un adolescente, apartando la vista de su computadora.

—¿No es el tipo que mataron la semana pasada?

—Si, y ese chico es Ion Wilks. Parece que resolvimos el misterio del secuestro.

—No resolvimos nada —gruñó Hack encendiendo un cigarrillo —Al contrario, nos metimos en algo bien grande.

—¿Dónde está Venus?

—Fue a la estación de policía a buscar más información —respondió el chico, volviendo a su computadora.

—¿Qué piensas hacer, Alissa?

—No lo sé… necesito pensar… volveré en un rato.

La mujer se alejó, sintiéndose totalmente perdida. No sabía qué hacer, pero tenía la responsabilidad del asunto. Ella había captado la energía del muchacho desde un principio, por lo tanto, debía tomar una decisión.

En esos momentos odiaba ser como era. Todos parecían dejar los problemas sobre sus hombros, como si fuera capaz de solucionarlos.

Ella no era… ÉL.

Caminó por el largo pasillo que desembocaba en la sala especial de terapia intensiva. Aquella sala que había sido adaptada especialmente para albergar al verdadero jefe del SIT.

Abrió lentamente la puerta, encontrándose con un hombre que acomodaba la almohada al paciente que yacía inconsciente.

—Buenas tardes, Randall —saludó, acercándose para ayudarlo.

—Hola, pequeña. ¿Cómo salió todo?

—Bien. ¿Te enteraste de lo que pasó?

—Sander me comentó algo.

Alissa acomodó con ternura los mechones rubios del paciente, haciendo que Randall sonriera.

—¿Qué ocurre? —preguntó, luego que ambos tomaran asiento en una banca junto a la cama.

—No entiendo porque me asignaron a mí. No puedo hacerlo, no soy capaz. Ahora mismo debo tomar una decisión y no sé qué hacer…

—Muchas veces Wind dudó. Lo hacía cada vez que comenzábamos una misión. Aprendió a controlarse frente a nosotros, pero nunca dejó de tener miedo.

—Nunca podré ser como él.

—Claro que no. Porque eres Alissa. Lo has hecho muy bien en estos 3 años y lo seguirás haciendo hasta que él despierte.

—Gracias, Randall. Siempre sabes cómo animarme.

—Para eso estoy, pequeña.

—Iré a ver si Venus regresó con la información. ¿Podrías venir después? Necesito toda la ayuda posible.

—Claro, iré en unos minutos.

Cuando la mujer salió, Randall volvió a acercarse a la cama. Era hora de terminar su ritual de visitas diario. Si pudiera elegir, permanecería las 24 horas en esa sala, pero no le haría bien a él, ni a su equipo. Y sabía que tampoco le gustaría a Wind.

Así que terminó de acomodar las mantas, vigiló el suero y la máquina que emitía pitidos monótonos.

—Que pases una buena noche, mi amor —susurró, besando suavemente los fríos labios, para luego salir silenciosamente de la habitación.

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¿Acaso te has dado por vencido?

—¿Tiene algún sentido seguir?

Estando tan cerca… no puedes detenerte ahora…

Ion abrió los ojos. Estaba cubierto de sudor y le costaba respirar, como si tuviera algo muy pesado sobre su cuerpo. Se levantó con dificultad, arrancándose el suero del brazo.

Una vez más esa voz… y esa energía… Tenía que encontrarlo, aún sin saber muy bien por qué.  

Se dejó guiar, caminando por un desolado pasillo en penumbras. Sentía frío al caminar descalzo y vistiendo solo una delgada bata. Por la oscuridad reinante, supuso que aún era de noche, además, el lugar estaba en absoluto silencio.

Se detuvo de repente frente a una puerta, abriéndola lentamente. Lo primero que vio fueron las luces de una máquina, que parpadeaban al ritmo de un leve pitido. La silueta acostada en la cama le llamó la atención, acercándose.

—Es… él… —dijo, al reconocerlo.

Al fin llegaste…

—¿Quién dijo eso? —preguntó, volteándose.

¿Aún no te diste cuenta?

Volvió a mirar al hombre inconsciente, sin poder creerlo.

Por favor, toca mi mano…

Ion hizo lo que le pidió. Ni bien entró en contacto con la piel fría, una corriente eléctrica corrió por su espalda. Todo se desvaneció a su alrededor, volviéndose negro.

—No tengas miedo. Estás a salvo.

Al darse vuelta, vio frente a él a Wind. De pie, absolutamente normal.

—¿Qué es esto?

—El interior de mi mente.

—¿Eras tú el que me llamaba? ¿Por qué?

—Debería ser yo el que preguntara eso. Al fin y al cabo, el que me buscaba eras tú, ¿verdad?

—Si, pero…

—Ya lo sé todo. Al entrar en contacto contigo, entré en tus pensamientos y recuerdos. Es un gusto conocerte al fin, Ion. He oído mucho de ti.

—Entonces, sabes lo de mi padre.

—Si, y lo lamento mucho. Era un excelente hombre. No solo en el aspecto científico, era excelente como persona.

—¿Lo conoció?

—Tuve ese honor. Él me buscó hace unos años. Quería contarme sobre su investigación. Estaba preocupado por ti, y por el pequeño Cedric. Se sentía culpable por lo que había hecho.

Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de Ion.

—Tu padre descubrió algo asombroso… y fue gracias a ti.

—Si nunca me hubiera conocido… él estaría vivo…

—¿Realmente piensas eso? ¿Te arrepientes de todos los años que pasaron juntos? ¿Y que hay con Cedric? Si no hubiera sido por ti, él habría muerto.

—De todos modos, murió por mi culpa —cortó, apretando los puños con rabia.

—Sé que es doloroso, pero…

—¿Doloroso? ¿Acaso puedes saber por lo que estoy pasando? He perdido a las personas más importantes de mi vida…

—Lo sé. He soportado ese sentimiento durante tres años, en cada segundo. El dolor de saber que nunca más podré abrazar a la persona que amo… verla sufrir en silencio día tras día. Gritar con toda mi alma y que no salga sonido alguno… conozco ese sentimiento de dolor, Ion. Ni siquiera te imaginas lo bien que lo conozco.

El joven cayó de rodillas, llorando.

—¿Qué puedo hacer?... Estoy harto de este mundo…

—Has estado solo demasiado tiempo… tu alma está llena de rencor y odio. Estás tan peleado con tu realidad, que te olvidas que llevas en tus venas un poder increíble.

—¿De qué sirve ser tan especial?  No pude salvar a las únicas personas que me quisieron… no pude hacer nada…

—Puedes hacerlo ahora. Continuar la obra de la persona que llamaste padre. Ayudar a muchos más como Cedric.

—¿Qué pasará con Pierson?

—Mi equipo se encargará de él. Hay muchas personas que piensan que pueden jugar a ser Dios —suspiró —Todo rastro de su obra será eliminada, incluyendo a esas pobres almas llamadas “dependientes”. El diario de tu padre quedará bajo nuestra custodia. Tenemos en el equipo excelentes científicos. Con tu ayuda, podrán seguir la investigación.

—Seguir… —murmuró, levantándose —Dime… ¿Cómo estás tan seguro que se hará lo que dices?

—Porque confío en ellos. ¿Listo para volver?

—Una última pregunta… ¿cómo haces… para soportarlo?

—Porque no puedo darme por vencido. Por el que amo, por mis amigos. Y por el SIT.

Ion cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir, se encontró nuevamente en la habitación.

Le costaba creer que aquella sombra pálida era el mismo hombre con el que había hablado hace pocos segundos. Tanta seguridad, tanta fuerza… encerrada en un cuerpo inútil.

—Seguir… seguir adelante… No sé si podré hacerlo, no tengo tu fuerza…

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—Es asombroso, realmente increíble…

Ion miró de reojo la pantalla de la computadora, pero solo distinguió extraños símbolos sin sentido.

—¿Qué significa eso?

—Significa que hay componentes en tu sangre que tienen la capacidad de regenerar células dañadas, como las del tejido nervioso —explicó la doctora, sin poder contener su asombro —Aún es pronto para saber cuál o cuáles son, pero… es simplemente un milagro.

—¿Eso explicaría lo que soy? —preguntó, volviéndose a cubrir con la camisa. Mi padre nunca supo explicármelo.

—Tal vez esté relacionado, o… tal vez seas como Emmanuel.

—¿Quién es?

—Un ex agente del SIT. Al igual que tú, tenía mucha más edad de la que aparentaba. Sus células tenían un proceso de envejecimiento mucho más lento de lo normal. Se llamaba a sí mismo “demonio vampiro”.

—¿Dónde está ahora?

—Luego del accidente del Jefe, se fue y nunca supimos más de él. Era… especial. Sólo Wind podía controlarlo.

—Demonio vampiro…

—Tenía la capacidad de absorber energía de cualquier ser vivo. Decía que tenía una organización secreta en algún lugar de Europa Central, llamada “La Sagrada Legión”, pero nunca contó mucho ese lugar, ni de su pasado.

—Yo no recuerdo casi nada del mío.

—Tal vez estés relacionado con él. Y si tenemos suerte, podremos descubrir algo más con tu sangre.

—¿Necesitarán sacarme más?

—No, no es necesario. Guardamos varias muestras y las procesaremos para almacenarlas.

—Entonces, puedo irme, ¿verdad?

—Si, Ion. Muchas gracias, has sido de inmensa ayuda.

Había escuchado esa frase tantas veces, que terminó odiándolas. Todo el mundo le daba las gracias. ¿Gracias por qué? Sólo había dado un poco de sangre, como lo había hecho durante años.

Era él quien estaba agradecido. En pocos días, el SIT sacó a la luz el proyecto de Pierson y la justicia lo incriminó por realizar experimentos en humanos. Por supuesto, todo el trasfondo relacionado a la verdadera investigación se mantuvo en absoluto secreto y todo rastro de ella fue destruido.

Al final de todo, las palabras de Wind se habían cumplido al pie de la letra.

¿Qué haría ahora? El trabajo de su padre estaba a salvo. La misión había terminado.

Alissa le había propuesto quedarse en el SIT como un miembro más. Pero, estaba demasiado cansado. En los últimos días, parecía que el peso de sus verdaderos años había caído con toda su fuerza.

Se dirigió a la sala en donde estaba Wind. Desde que lo conoció, tenía la necesidad de visitarlo a diario. Se sentaba a su lado durante horas, mirando su rostro inmutable. Había intentado comunicarse con él, pero no logró escuchar su voz nuevamente. Aun así, el solo hecho de permanecer a su lado, le daba paz y le hacía olvidar el vacío de su espíritu.

Cuando entró, encontró a Randall, que parecía tener la misma necesidad que él.

—Lo siento, no quise… —se disculpó, haciendo el ademán de retirarse.

—Entra, Ion. No hay problema.

Se ubicó a su lado, permaneciendo en silencio. Cada vez que veía a Randall, las palabras de Wind resonaban en su cabeza. Pensar que estaban tan cerca… y tan lejos al mismo tiempo.

Detrás de la mirada triste de Randall podía ver el dolor que sentía, ese mismo dolor quemante que él mismo había experimentado, hasta que conoció a su padre.

—¿Aún no decides que hacer?

—No.

—Sabes que las puertas del SIT están abiertas, Ion.

—Si, lo sé. Nunca podré agradecerles lo que hicieron por mí. Y por mi padre.

—Ojalá hubiéramos hecho más. Pero… el destino es muy cruel a veces.

Miró de reojo al hombre y un pensamiento vino a su mente, aquellas palabras que Cedric le había dicho y que le causaron risa en ese entonces:

 “…aunque muriera, me gustaría estar a su lado…”

¿Lo estaría? De la misma manera que Wind estaba junto a Randall. Tal vez no se daba cuenta, y tanto Cedric como su padre estaban a su lado en ese mismo instante.

Por primera vez quiso creer. Deseó con todas sus fuerzas que así fuera. Que había algo más allá de la muerte. De alguna manera… necesitaba saber que estaban en algún lugar…

—Ya no lo soporto, Wind —pensó, mirándolo —No puedo seguir…

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Esperó que todos estuvieran durmiendo. Como la primera vez, recorrió el pasillo en penumbras, pero esta vez con paso decidido.

—Dijiste que debía ser de ayuda —dijo al llegar junto a Wind —Que debía continuar la obra de mi padre. Hice todo lo posible, ya no puedo hacer más, el resto está en manos de tu equipo. Y tenías razón, son excelentes.

Sólo… hay una cosa más que quiero hacer. No sé si servirá, pero quiero hacerlo. Por ti, y por Randall…

Diciendo eso, sacó una navaja y cortó su muñeca, sintiendo un escalofrío. La última vez lo había hecho para salvar a Cedric. Con suavidad, separó los labios de Wind, haciendo que la sangre se escurriera entre ellos.

—Por favor… que funcione. Tú si tienes por quién vivir…

Miró ansioso el monitor que indicaba los signos vitales. De repente, una intensa luz azul explotó en la habitación. Se cubrió los ojos, hasta que la luz se convirtió en un aura, envolviendo el cuerpo de Wind. El monitor comenzó a titilar más fuerte hasta que pareció enloquecer en un sinfín de sonidos.

—Funcionó… ¡Funcionó! —rio, mirando como el rostro pálido recuperaba su tez rosada —Wind… gracias por dejarme sentir verdaderamente útil por una vez en mi vida. Gracias por todo.

—I… Ion…

—Ahora debo irme… hay dos personas que están esperándome…

Sabía que no tenía mucho tiempo. Mientras volvía a la habitación que le habían designado, podía escuchar movimientos en los pasillos.

Cerró la puerta con seguro, apoyándose en la misma, respirando agitado.

Se sentía feliz. Imaginaba el rostro de Randall al ver despertar a la persona que amaba. Y a Wind, al poder abrazarlo después de tanto dolor.

Sin dejar de sonreír, tomó la navaja, cortándose nuevamente la muñeca, pero esta vez mucho más profundo. Antes de quedarse sin fuerzas, hizo lo mismo con la otra. La sangre comenzó a salir a borbotones y pronto tuvo que sentarse al sentir que las rodillas le temblaban.

—Me hubiera gustado hablar con Wind una vez más… estoy seguro que nos habríamos llevado muy bien…

—¡Ion! ¿Estás ahí? —escuchó tras la puerta —¡Abre!!!!!

—Estos chicos sí que son rápidos-sonrió —Tienes toda la razón de estar orgulloso de tu equipo…

Tenía mucho sueño. Le costaba mantener los ojos abiertos, sentía los párpados muy pesados. Decidió recostarse en el suelo, en medio del charco de sangre que se había formado a su alrededor.

Al cerrar los ojos, vio una casa de tejado rojo, con un gran jardín. Tenía muchas ventanas, y todas estaban abiertas. Numerosos árboles frutales la rodeaban. Había de todo: manzanos, naranjos, limas…

Podía sentir el aroma dulce y tibio del ambiente. A lo lejos, vislumbró dos sombras acercándose… más cerca, cada vez más cerca…

El ruido de los golpes y los gritos tras la puerta fue haciéndose más lejano.

Más cerca…

Al reconocer a las sombras, extendió la mano hacia ellas.

Más cerca…

Y el sonido se apagó por completo.

 

 

FIN