Capítulo I
—¡Vamos! ¡Entra al auto!
—Estás herido, déjame manejar a mí.
El anciano se apretó el pecho cubierto de sangre y asintió, dejando que
el joven tomara el volante.
—Debemos ir al hospital.
—¡Olvida el hospital!
—Pero…
—¡Acelera! No tardarán mucho en localizarnos.
La noche era completamente oscura, y las calles de la ciudad se
encontraban desiertas. El joven aceleró el vehículo, dejando escapar una gran
estela de humo. No sabía dónde se dirigía, solo que debían alejarse, rápido.
—Vamos a salir de la ciudad —agregó minutos después, notando que las
edificaciones disminuían, abriéndose el inmenso campo.
—Mejor.
—¿Estás bien?
—Si, no fue nada… —mintió, esforzándose por sonreír. Sabía que le
quedaba poco tiempo, pero no podía decírselo ahora.
—No debimos haberlo hecho. Fue una locura.
—La locura era permanecer allí. El complot de Pierson fue perfecto, pero
el muy maldito no tuvo en cuenta que conozco ese laboratorio como la palma de
mi mano. Ese desgraciado…
—No te esfuerces, perdiste mucha sangre. Demonios, ¿por qué te pusiste
frente a mí? Sabes que esas balas no me habrían hecho mucho daño.
—Supongo que fue instinto de padre —sonrió.
—Todo esto es por mi culpa.
—¡No vuelvas a decir eso! No es verdad.
El joven suspiró y miró por el espejo retrovisor la ruta desierta. Al
parecer, habían logrado su objetivo de escaparse, pero… ¿a qué precio? Miró al
anciano a su lado. Tenía la chaqueta cubierta de sangre, al igual que parte del
guardapolvo. Respiraba lentamente, con dificultad.
—Cuando lleguemos a la próxima ciudad, buscaremos un hospital.
—Eres terco, jovencito. De acuerdo… te daré el gusto de contradecir a un
médico…
Manejó durante horas, hasta que las primeras luces del amanecer
comenzaban a asomarse en el horizonte. Estaba exhausto, pero aún no había
señales de ciudad alguna, solo pequeños pueblos. Miró angustiado el indicador
de gasolina, estaba casi vacío y no habían pasado ninguna estación de servicio.
—¿Aún… nada? —escuchó a su lado. Volteó a ver al anciano, y le pareció
que su rostro estaba demasiado pálido.
—Sigue durmiendo.
—¿Ninguna… ciudad?
—No. No tengo idea de donde estamos ni adónde vamos. Y estamos a punto
de quedarnos sin combustible.
—Demonios…
—No te preocupes, seguro faltará poco para llegar a una estación…que…
¿qué haces? —preguntó, al verlo moverse para agarrar una carpeta en el asiento
de atrás —¡No te muevas!
—Ah… aquí está… —dijo aliviado, al encontrar un grueso sobre. Lo sacó,
colocándolo en la mochila del joven —Por ningún motivo te separes de este
sobre, ¿entendido?
—¿Qué es?
—El resultado de mis 30 años de investigación… todo lo que he hecho está
ahí. Es lo que buscan.
—¿Acaso…?
—Tienes que encontrar a esa persona y entregarle el sobre.
—¿Por qué me lo dices a mí? No tengo idea de cómo encontrar a ese
hombre, ni donde buscarlo. Dijiste que lo haríamos juntos.
El rostro del anciano se contrajo de dolor y por unos instantes contuvo
su respiración. Al verlo, el joven detuvo el automóvil al costado de la ruta.
—¿Por qué… te detienes?
—Estás helado —murmuró, tocando su mejilla —Necesitamos encontrar un
hospital ya mismo.
—No es necesario.
—¡No digas eso! ¡Necesitas que te curen esas heridas!!!
—Mi pequeño Ion —murmuró, tomando una de las manos del joven —En verdad
que fuiste un “regalo del cielo” para mí.
—No hables así… como si… ¡no te atrevas a dejarme!!
—Los humanos somos seres tan débiles… lo siento, lo siento tanto…
—No sigas, no hables más —interrumpió, abriendo el chaleco para que
pudiera respirar mejor. Fue cuando vio la magnitud de las heridas y cayó en la
realidad —¿Por qué…? ¿Por qué no me dijiste?
Con lágrimas en los ojos, trató de secar la sangre que emanaba de las
tres heridas de bala en el pecho.
—¿Por qué… me dejaste seguir? Si hubiéramos buscado un hospital desde el
principio…
—Hubiera sido inútil… tengo perforado ambos pulmones, pequeño… ningún
hospital podría reparar eso. Ion, debes seguir solo.
—¡No! ¡No voy a dejarte!
—Voy a mor…
—¡NO!!!! No lo digas. No menciones esa palabra. Estarás bien, solo
necesitas descansar un poco. Nos quedaremos aquí hasta que… —comenzó a decir,
cuando fue interrumpido por la bofetada que le propinó el anciano.
—¡No seas estúpido! ¿Quieres echar por tierra todo lo que hicimos?
¿Acaso quieres que Pierson te encuentre?
—¡No me importa!
—¿Eres tan egoísta que no piensas lo que podría pasar si tú y mis
escritos caen en sus manos? —gritó, con las pocas fuerzas que le quedaban. El
rostro del joven se descompuso y comenzó a llorar. El ceño del anciano
desapareció y extendió su brazo para atraerlo junto a él —Tienes que seguir
adelante y completar mi misión. Encuentra a esa persona y entrégale el sobre.
Hazlo por mí.
—No quiero… que te vayas… no quiero estar solo de nuevo.
—Eres fuerte, mucho más fuerte que yo. Tienes que hacerlo.
—Te voy a extrañar demasiado.
—Contigo pasé los mejores 30 años de mi vida, chiquito —suspiró,
besándole la frente —No dejes que nadie te lastime… Ahora, pon en marcha el
auto.
—No… no queda más gasolina.
—Entonces sigue a pie.
—No puedo dejarte aquí.
—No tenemos opción. Además, no quiero que me veas morir, es muy triste.
Anda, deja de perder más tiempo. Vete. ¡VETE!
El joven tomó su mochila y salió corriendo, sin mirar atrás. Sólo cuando
quedó sin aliento, se detuvo a mirar el automóvil, que apenas era una mancha
gris a lo lejos.
Un nuevo acceso de llanto lo invadió, pero se contuvo e inspiró con
fuerza. No podía flaquear en ese momento. Dio una última mirada y echó a
correr.
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Había tenido que caminar el resto del día para encontrar la próxima
ciudad. Con profundo resentimiento observó las calles ruidosas, llena de gente
absorta en sus propios asuntos. Aunque había caminado sin parar, no se sentía
cansado, ni hambriento. Al contrario, quería seguir caminando. Sabía que, si
paraba un momento, los recuerdos comenzarían a llegar y el llanto resurgiría.
Se colocó la capucha de la campera al notar que comenzaba a llover. La
gente se dispersó rápidamente para no mojarse, buscando refugio bajo el alero
de las tiendas. Sentía sus miradas curiosas, preguntándose quién era el loco
que caminaba sin importarle la lluvia.
¿Qué más daba? ¿Qué sentido tenía mojarse o no?
Sin embargo, al ver que la lluvia aumentaba su intensidad, tuvo que
cambiar de opinión, por temor a que el sobre que llevaba en la mochila se
arruinara.
Además, comenzaba a oscurecer y no era seguro seguir deambulando en un
lugar desconocido.
Por todos lados veía carteles de hoteles alojamiento, pero ninguno le
inspiraba confianza, es más, la ciudad misma parecía ser solo un lugar de paso.
Así que decidió no pensar mucho y entró en el que encontró más cerca.
Buscó al encargado entre la penumbra del ambiente, iluminado solo por la
débil luz de una lámpara de techo. Encontró al hombre dormitando sobre un
mostrador, en medio de pilas de papeles y cenizas de cigarrillo.
—Disculpe, necesito una habitación.
El hombre despertó de su modorra y bostezó, mirándolo de pies a cabeza.
—¿Cuántos años tienes, niño?
—No es asunto suyo, ¿o sí?
—Solo si te busca la policía, no quiero tener problemas con delincuentes
juveniles.
—No se preocupe, no los tendrá. Entonces, ¿tiene alguna disponible?
—¿Tienes con qué pagar?
Ion suspiró armándose de paciencia y abrió su mochila para sacar la
billetera. El hombre clavó la vista en el fajo de billetes, pero solo dijo como
si nada:
—No está incluido el desayuno y el agua caliente solo dura tres minutos.
—Si, si, ¿alcanza con esto?
—Claro que sí. Habitación 12 —respondió, entregándole una llave —Que
pase buena noche.
—Estúpido —pensó, alejándose por el pasillo. Estaba demasiado cansado y
comenzaba a tener hambre. Desechó inmediatamente la idea de ir a comprar
comida, se tendría que conformar con dormir. Mañana vería que hacer con su
apetito.
La vista de la habitación lo despabiló de repente. Estaba realmente
sucia; las sábanas de la cama llena de retazos y con manchas de dudosa
procedencia. Prefería dormir en el suelo antes que recostarse ahí.
—No quiero ni pensar en qué estado estará el baño —se dijo, con un
escalofrío —Tal vez, si utilizo la mochila como almohada, pueda acostarme en la
esquina.
El ruido de golpes en la puerta interrumpió su pensamiento. Al abrir, se
encontró con el mismo encargado, que traía un par de toallas.
—Olvidé entregárselas —exclamó, haciendo el ademán de entrar.
—No es necesario… —quiso cortar e impedirle el paso, pero el hombre, en
un rápido movimiento, lo empujó hacia atrás llevándolo contra la pared —¿Qué
dem…???
—Cierra la boca o te la cerraré para siempre —amenazó, colocando una
navaja sobre su cuello —Solo quiero el dinero. Me llevaré tu mochila y te
dejaré ir sano y salvo.
—¡NO! —gritó, pensando en el sobre. No lo podía perder por ningún
motivo.
—¡Te dije que cerraras la boca, mocoso maldito! —y diciendo eso, lo
golpeó en la boca del estómago, haciéndolo caer. Su vista se nubló, viendo solo
una sombra que se acercaba a la cama, en donde estaba su mochila. Quiso
moverse, pero el dolor le quitó el aliento.
De repente, escuchó un golpe seco y un quejido, que parecía venir del
hombre. Un nuevo golpe y el ruido de la puerta al cerrarse.
—Señor, ¿se encuentra bien? —oyó. Conocía esa voz.
Cerró los ojos y los abrió nuevamente, tratando de fijar la imagen. Lo
primero que vio fue un par de anteojos, tras los cuales brillaban ojos azul
profundo, luego divisó el rostro preocupado de un hombre.
—Señor Ion, ¿se encuentra bien? ¿Está herido?
—Ce… ¿Cedric?... ¿Eres tú?
—Si, ¿está bien?
—Si—respondió, mientras lo ayudaba a levantarse.
—¿No está lastimado?
—Estoy bien. ¿Qué haces aquí?
—Lo estaba buscando, señor. A usted y al doctor Wilk.
—Él… está muerto.
—Lo sé.
—¿Cómo…?
—Señor, lo están persiguiendo —cortó —Pierson envió a sus hombres y
están muy cerca de aquí. Llegarán de un momento a otro. Debemos irnos de
inmediato.
—¿Vas a venir conmigo?
—Por supuesto.
—¿Por qué quieres ayudarme? También trabajas para Pierson.
—Que Pierson me pague el sueldo, no quiere decir que deba obedecerlo. Yo
solo obedezco al doctor Wilk… obedecía… —se corrigió, seriamente —Y a usted,
por supuesto.
Ion sonrió, tomando su mochila.
—Gracias, me alegro que estés aquí.
Al abrir la puerta, vio al encargado, que yacía inconsciente en el
suelo.
—No lo habrás matado, ¿verdad?
—No… espero.
Afuera, la lluvia se había convertido en una verdadera tormenta. Ion
abrazó la mochila, cubriéndola con su campera.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó con desazón mirando a Cedric, que se
mantuvo en silencio unos segundos, viendo a su alrededor. Luego, como tocado
por una descarga eléctrica, el hombre avanzó hasta el auto más próximo, abrió
la puerta del acompañante sacando al conductor, quien no tuvo tiempo para
reaccionar cuando ya se encontraba en el piso.
—¡Suba! —le dijo a Ion, quien obedeció, demasiado sorprendido como para
preguntar demasiado.
—No conocía ese lado tuyo tan violento.
—Siento que deba verme así, pero no tenemos muchas alternativas. Cerca
de aquí está la estación de tren.
—Pensé que iríamos en auto.
—Es un blanco demasiado visible. El tren es la mejor opción para
ocultarse.
El joven suspiró, tratando de calmarse. Era un alivio contar con alguien
que tuviera las ideas claras y supiera que hacer. Aunque nunca hubiera
imaginado que sería el callado y serio ayudante de su padre. Ahora… ¿por qué no
le había dicho a Cedric la idea de salir del laboratorio? Si hubiera estado con
ellos desde el principio… tal vez estaría vivo… ¿Acaso no confiaba en él? No…
Cedric era la persona más honesta, responsable y amable que conocía. Tal vez no
quiso arriesgar su vida, sabiendo el peligro que debería correr.
—Llegamos- dijo el hombre —Iré a averiguar los horarios de los trenes.
Para su fortuna, un tren estaba a punto de salir. Se acomodaron en el
último vagón, que solo estaba ocupado por una mujer dormida.
—¿Hacia dónde vamos? —preguntó Ion, acomodándose en el asiento.
—A algún lugar bastante lejos. Vuelvo en un instante.
—Bastante lejos… es bueno —repitió, sacándose la campera mojada. El
asiento era muy cómodo, pero el hecho de estar empapado no era agradable. A
pesar de todo, al comenzar a relajarse, el cansancio regresó. Estaba a punto de
cerrar los ojos cuando sintió que lo cubrían con una manta.
—Lamento no poder ofrecerle algo mejor, pero es lo único que pude
conseguir —exclamó Cedric entregándole un paquete con tres sándwiches y una
latita de té de hierbas.
—Gracias, pero no tengo apetito.
—Debe comer. No es bueno que pase tanto tiempo sin alimentarse.
—¿Cómo sabes eso?
—Por favor, solo coma.
—¿Y tú?
—Ya lo hice.
—¿Mi padre te mencionó algo sobre un sobre? —preguntó minutos después.
—¿Sobre?
—Un sobre que debíamos entregar a una persona. Debo encontrarla lo antes
posible.
—¿Quién es?
—No tengo idea. Solo tengo su nombre… ninguna dirección… ni otra pista.
Es como encontrar una aguja en un pajar.
—Lo encontraremos.
—Me alegro que estés aquí, Cedric —murmuró, sin poder aguantar más con
los ojos abiertos.
El hombre se ocupó de cubrirlo con la manta, para luego recostarse en su
asiento. Acomodó sus lentes, dispuesto a iniciar la larga vigilia.
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—En media hora sale el próximo tren, podemos descansar un momento y…
—Basta.
Cedric miró a Ion, quién se había sentado en una de las bancas de la
estación. Más que tomar asiento, prácticamente se había desplomado. Hacía dos
días que venían viajando sin parar, y estaba exhausto.
—¿Se siente bien?
—No, estoy mareado y… tengo náuseas. No quiero viajar más.
El hombre se sentó a su lado, quitándose los lentes para frotar sus
ojos. Él también estaba rendido.
—Lo siento, Cedric. Pero, no puedo más. Necesito comer, necesito un baño
de agua caliente y una cama para dormir esta noche. No soporto más este ritmo.
Ambos lo necesitamos.
—Si, es verdad.
—Esta ciudad parece segura, quedémonos solo un día.
—De acuerdo. Además, seguir avanzando sin rumbo no tiene sentido.
—Entonces, ¡busquemos un buen lugar para desayunar!
No tuvieron que buscar mucho para encontrar una cafetería. La ciudad era
pequeña y tranquila. Parecía como esas imágenes hermosas e impecables sacadas
de un calendario.
—Qué bonito lugar para vivir —dijo Ion mientras se sentaban en pequeñas
mesitas con manteles blancos y floreros fragantes.
—Buenos días, ¿Qué desean ordenar? —preguntó una sonriente mujer.
—Hmmm… ¿qué nos recomienda?
—Tenemos una amplia variedad de pasteles y panes caseros. La
especialidad de la casa es el pastel de crema y nueces.
—¡Perfecto! Entonces, voy a pedir una taza de chocolate con dos
rebanadas de pastel. ¿Y tú, Cedric?
—Sólo tomaré café.
—Traeré su orden en un momento.
—¿Solo tomarás café? No has comido nada en todo este tiempo.
—No tengo apetito, solo estoy un poco cansado —respondió, reprimiendo un
bostezo.
—Tal vez haya algún hotel cerca de aquí, uno que sea más seguro que el
anterior… Vaya, que rápido —exclamó al ver que la mujer se acercaba con el
pedido.
—Por favor, cualquier cosa que necesiten, no duden en llamarme. Que
disfruten su desayuno.
—¡Gracias! ¡¡Dios, esto está exquisito!! ¿Estás seguro que no quieres
probar, Cedric? —habló, pero se dio cuenta que el hombre se había quedado
dormido con la cabeza baja y los brazos cruzados sobre el pecho —Pobre, estaba
más cansado que yo.
Comenzó a comer, suspirando de satisfacción al sentir el dulce de la
crema y la calidez del chocolate. Después de pasar dos días a base de comida
empaquetada, era el paraíso poder comer algo tan delicioso. No tardó ni diez
minutos en acabar con todo, recostándose satisfecho y con el estómago lleno.
—Hmm…espero que no se le acalambren los músculos del cuello —se dijo
mirando a su compañero, que seguía profundamente dormido —Sería mejor si
durmiera en una cama.
Acordándose de eso, se levantó para ir en busca de la mujer que los
había atendido.
—Espero que te haya gustado el pastel —sonrió al verlo acercarse.
—Estuvo perfecto.
—Me alegro. ¿En qué puedo ayudarte?
—Quería preguntarle si conoce un buen hotel para quedarnos hasta mañana.
Hemos viajado sin parar por dos días y estamos muy cansados.
—Oh, deben estar rendidos. ¿Hotel? No, no hay hoteles por aquí. Es un
lugar pequeño y no tenemos muchos visitantes. Pero, si conozco una pensión. La
dueña es una señora muy amable que alquila a estudiantes, pero no creo que
tenga problemas en alquilarles una pieza por un día.
—Sería genial. ¿Queda muy lejos de aquí?
—No, está en la otra cuadra, a mano derecha. Tiene un cartelito azul.
—¡Perfecto! ¿Podría pedirle un gran favor?
—Claro, querido.
—Me gustaría ir a hablar con esa señora, para ver si podemos quedarnos.
Pero, no quiero despertar a mi compañero.
—No te preocupes. Yo cuidaré de tu amigo. Ve tranquilo.
+++++
No se perdonaba haberse quedado dormido. ¿Cómo se pudo descuidar en un
momento tan peligroso? Con la gente de Pierson pisándole los tobillos… si algo
le pasaba a…
Cedric se apoyó en la pared, sintiendo que le fallaban las fuerzas.
Cuando levantó la vista, vio a Ion saliendo de una pequeña casa.
—Hola Cedric, justo iba a buscarte a…
—¿Por qué se fue solo? ¡Debería haberme despertado!
—No fue para tanto…
—¿Qué no…? ¡Su vida está en riesgo!
—Lo siento- exclamó al ver la preocupación en su rostro —Pero, ¡mira!
—¿Una llave?
—Conseguí un lugar para descansar hasta mañana. La dueña es una viejita
adorable. Ven, ven, ya está todo —y diciendo eso lo arrastró a un pasillo junto
a la casa, en donde había varias puertas.
—Esta es la nuestra —continuó, mientras abría la número 8 —¿No es linda?
Cedric observó la iluminada y amplia habitación. Todo estaba
impecablemente limpio. Se asomó a la pequeña ventana, para después cubrirla con
la cortina. Acto seguido trabó la puerta con llave. Ion solo lo observaba ir y
venir, comprobando la seguridad de las cerraduras y estudiando cada detalle.
Parecía exagerado, pero recordó que estaban siendo perseguidos y debían tomar
todas las precauciones. Por su mente apareció el recuerdo de su padre y lo
invadió la tristeza. La habitación perdió todo su encanto, y solo pudo sentarse
con la cabeza baja, tratando de retener las lágrimas.
—¿Se encuentra bien? —preguntó Cedric, al ver que se había quedado
inmóvil y en silencio.
—Si, ¿por qué no duermes un poco? Estás muy pálido.
—Estoy bien.
—Cedric, no quisiste desayunar y no has dormido en estos días. Por esta
vez, hazme caso, ¿sí?
—Pero…
—Hazlo —repitió, prácticamente arrastrándolo hacia la cama —Yo iré a
darme un baño.
—Despiérteme cuando salga.
—Claro, claro. Vamos, acuéstate y cierra los ojos.
—No se vaya a ningún lado.
—Lo prometo, ¿tranquilo? —dijo, sin evitar esbozar una sonrisa mientras
entraba al baño. Cedric siempre había sido muy protector con su padre y con él.
Siempre atento a los pequeños detalles, anticipándose a todo… entonces, ¿Por
qué no los acompañó en el escape?
Ahora las lágrimas podían correr sin impedimento. No quería que nadie lo
viera llorar. Mientras dejaba que el agua caliente cayera por su espalda, se
puso a pensar que haría de ahora en adelante. Después de encontrar a esa
persona. ¿Dónde iría? Había pasado tanto tiempo con su padre… le costaba
imaginarse una vida sin su amable compañía.
Cuando salió, sonrió al ver a Cedric dormir tan profundo, que no sintió
absolutamente nada, incluso cuando hizo ruidos al acomodar sus cosas. Ahora,
con el estómago lleno y relajado por el baño, decidió ver el contenido del
sobre.
Sabía lo que contendría. Un cuaderno ajado y escrito con la
característica letra del doctor Wilk, pequeña e inclinada a la derecha. Conocía
a la perfección lo que decía cada página, pero no pudo evitar pasar una a una
las páginas, recordando…
Al pasar la última página, cayó una fotografía. Ion la tomó, observando
al hombre que estaba retratado. Era a quien debían encontrar.
No sabía mucho de esa persona, sólo que su padre lo admiraba mucho, y
que había intentado por todos los medios contactarlo. Cuando al fin lo había
logrado, había surgido lo de Pierson… ahora era demasiado tarde. Todo por lo
que su padre había luchado estaba en esas hojas. Era su vida.
Ensimismado en los recuerdos, no se dio cuenta del tiempo transcurrido.
Su estómago nuevamente le indicaba que tenía hambre. Miró su reloj: las cinco
de la tarde.
Se sorprendió de todo el tiempo que había pasado. El chocolate y el
pastel eran un recuerdo muy lejano.
Me pregunto si la cafetería estará abierta —pensó, y el estómago le
gruñó de solo pensarlo. Pero, cuando estaba a punto de salir, recordó su
promesa.
—Lamento despertarte, pero es tu culpa —dijo, sacudiendo suavemente a
Cedric. Le pareció que estaba pálido, y algo frío. Lo sacudió más fuerte. Al
parecer, tenía el sueño pesado.
El hombre abrió lenta y pesadamente los ojos. Parecía que le costaba
mucho esfuerzo despertarse.
—Cedric, iré a comprar algo para comer. ¿Quieres que te traiga algo en
especial?
Miró al joven, como si no entendiera lo que acababa de decir.
—Mejor quédate acostado. Volveré enseguida.
—¡No! Iré… con usted… —reaccionó, sentándose con dificultad.
—No te ves bien, ¿te duele algo?
—Tengo dolor de cabeza… solo necesito un poco de agua fría y estaré
perfecto.
—Repito que no es necesario que vengas conmigo —repitió, luego de que su
compañero se encerrara en el baño. Al no obtener respuesta, suspiró —Es más
terco de lo que imaginé.
Casi de inmediato, escuchó un sonido sordo seguido del crujido
característico del cristal al romperse. Abrió la puerta, encontrándose al
hombre de rodillas en el suelo.
—¡Cedric! —gritó, tratando de levantarlo. Al tomar su mano derecha, un
pequeño frasco se escabulló, rompiéndose a la mitad.
—Señor… salga, por favor… déjeme solo… —rogó, tratando de recoger el
frasco, pero Ion le ganó de mano.
—Esto es… del laboratorio… ¿qué hace aquí?
—Yo…
—Está vacío —continuó, levantándose con los ojos desorbitados. Fue
cuando vio los otros frascos rotos dispersos en el suelo —Eres uno de ellos…
—Déjeme explicarlo…
—¡Eres un “Dependiente”! Lo eres, ¿verdad?... ¡RESPONDE!!
—Si…—respondió en un hilo de voz —Lo siento…
—Dios mío…
—Le juro que… nunca le habría hecho daño… yo… ni siquiera quería que lo
supiera…
Ion retrocedió, sin dejar de mirarlo. Tuvo el impulso de escapar, pero
no podía. No al ver el estado en que se encontraba. Sabía que debía alejarse,
pero, aun así, no pudo evitar volver a acercarse.
—¿Hace cuánto no te alimentas?
Como no respondió, el joven tomó lo que quedaba de los frascos para
tratar de ver la etiqueta.
—La fecha es de hace dos días… cielos, Cedric. ¿Cómo pretendías
sobrevivir?
Con suavidad, lo ayudó a levantarse y regresar a la cama. Ahora si notó
el tono blanquecino de su rostro.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque… no habría aceptado que lo acompañara…
—Tarde o temprano lo hubiera descubierto… como ahora.
—Pensé que… podría lograr que encontrara a esa persona que busca. Era…
todo lo que quería. Que estuviera a salvo…
—¿Y después?
—No me importaba el después… Pero, fallé… Lo siento…
Cerró los ojos, cansado.
—No falta mucho —susurró, tomando su mano, apretándola —Será mejor que
se vaya… Cuídese mucho por favor.
La mano cayó, cayendo en una especie de sopor, respirando lentamente.
Ion se alejó, regresando al baño. Iba a cometer una locura, pero tendría
tiempo para arrepentirse. Después.
Ahora, solo podía hacer una sola cosa.
Tomó uno de los frascos que aún yacían desparramados, frunciendo el ceño
al sentir el olor.
—Es repugnante, este aroma me crispa los nervios.
Cuando regresó junto a Cedric, trató de despertarlo, pero esta vez le
fue imposible. Sabiendo que tenía muy poco tiempo, hizo un amplio corte en su
dedo con el cristal. Separó los labios de su compañero, haciendo que la sangre
se deslizara en el interior.
—Espero que sea suficiente —se dijo, luego de unos minutos. En efecto,
al poco tiempo pudo ver como volvía el tono normal a la cetrina piel. Suspiró
aliviado. Solo era cuestión de tiempo para que se recuperara totalmente.
Estaba a punto de levantarse, cuando escuchó un murmullo:
—¿Por… qué?
—Porque confío en ti —respondió, ocupándose de cubrirlo con las sábanas
—Descansa.
Esta vez, el rostro de Cedric se relajó, entregándose al sueño de
inmediato.
Capítulo II
"Le gustaba aquel lugar. A cualquier otro
le hubiera parecido una locura, pero no a él. Recorrer los largos pasillos,
esas habitaciones llenas de instrumentos extraños, personas vestidas totalmente
de blanco.
Era como estar en otro mundo… pero era el suyo.
Y, en ese mundo, podía jugar a esconderse y vivir mil aventuras. Un día era un
caballero al frente de una cruzada, el otro un pirata escondiendo su tesoro.
Pero, su preferido, era jugar a ser un investigador que descubría la cura de
todas las enfermedades y salvaba al mundo.
Tal como Él.
Por mucho tiempo ese hombre fue el único
contacto que tuvo con otro ser humano. Parecía muy serio, pero cuando lo veía
llegar, fruncía el ceño y le dedicaba una mueca con la boca extremadamente
abierta. Luego le prestaba sus lentes para que se mirara al espejo. Era lindo
usar lentes, y se dijo que, cuando creciera y fuera un prestigioso
investigador, los usaría siempre.
—¿Quieres ser investigador? —le había
dicho una vez su mentor —Entonces tendrás que estudiar mucho y ser
constante.
Al día siguiente, llevó sus libros al
laboratorio y se puso a estudiar. Bueno… todo lo que un niño de 5 años puede
llegar a estudiar. Tal vez colorear la imagen de un sapo en un estanque no era
muy académico, pero… los investigadores deben empezar con algo, ¿no?
Y así había sido hasta que conoció a su Sol. Tal
vez habían pasado unos días o tal vez semanas. Le daba lo mismo. Todos los días
eran iguales en aquel laboratorio. Hasta que, una tarde, escuchó que la puerta
en donde él y su mentor leían, se abría de repente.
Tal vez un asistente…u otro investigador —pensó el niño, un poco molesto por ser interrumpido en su estudio.
Escuchó la risa de su mentor, y otra, más fresca y alegre… como el sonido de un
arroyito de montaña.
Se animó a levantar su mirada del libro y se
encontró con un par de ojos sonriéndole. Porqué así le pareció. Que esos ojos
le sonreían.
—¿Es él?
—Así es.
—¡Es muy pequeño!! Oye, ¿qué estás haciendo?
—Yo… estoy estudiando… —contestó el
pequeño con timidez.
—Vaya, que bueno. Son muy lindos tus dibujos.
El niño sonrió, mostrándole sus avances
artísticos en el dibujo de casas y árboles. Ni una raya fuera de las líneas.
Bueno… tal vez una o dos.
—Son muy lindos tus árboles, pero, ¿no te gustaría
salir y ver algunos de verdad?
¿Salir? ¿Salir del laboratorio?
Miró a su mentor, que movió la cabeza en señal
de afirmación. Una sonrisa enorme se dibujó en su rostro.
¡Salir!! Esa sí que sería una gran aventura.
—Regresen antes de las seis y nada de comer
afuera ¿de acuerdo?
—De acuerdo —contestaron aquellos
ojos.
Estaba tan contento, que no podía dejar de
sonreír. Cerró su libro, pero antes de que pudiera bajarse de su sillita alta,
volvió a escuchar la voz de los ojos.
—Primero que nada, vamos a presentarnos. No
está bien salir con un extraño, ¿no es así? Mi nombre es Ion.
—Yo… mi nombre es Cedric.
—¡Ahora sí! Ya no somos extraños —rio.
Los ojos se transformaron en el rostro joven de
un muchacho, de fino cabello negro que caía sobre los hombros.
—¿Vamos? —dijo, extendiendo su mano.
El niño la tomó, pareciéndole cálida y suave. Sintió un cosquilleo agradable y
comenzó a reír.
Desde aquel momento, intentaba permanecer junto
a Ion todo el tiempo posible. Era feliz con su compañía, y el joven parecía
serlo también. Salían a la mañana temprano, a caminar por el parque cerca del
laboratorio y a la tarde volvían a salir. Muy pronto pudo reconocer a las aves
por su canto. Y a las mariposas por sus colores.
Ion decía que era muy inteligente, y que sería
el mejor investigador del mundo. Eso lo hacía querer crecer rápido, para
demostrarle que lo sería.
Sería el mejor de todos, así podría ser
merecedor de estar siempre a su lado…"
Cedric abrió los ojos lentamente, viendo la claridad de la habitación.
Seguramente ya era de mañana. Por primera vez en tres días, se sentía bien. Y
sabía que la razón estaba acostada a su lado. Miró el rostro dormido de Ion,
pensando en las últimas palabras que le había dicho la noche anterior.
“Confío en ti”
Lo había salvado de una muerte segura, aún después de saber el secreto
que había guardado celosamente durante tantos años. Miró la herida en su dedo,
y tuvo el impulso repentino de tomar su mano, como tantas veces lo había hecho
de niño, pero solo se atrevió a rozar el dedo lastimado, sintiéndose culpable.
—No debes sentirte mal —dijo Ion, permaneciendo con los ojos cerrados.
—¿Lo desperté? Lo siento.
—Ya estaba despierto —contestó, abriendo lentamente sus largas pestañas.
Aun así, no quiso mirarlo a los ojos —Dime, ¿mi padre lo sabía?
—Si.
—¿Desde el principio?
—Si.
Ion se sintió confundido. ¿Por qué no se lo había dicho? ¿Acaso quería
protegerlo? No, no tenía sentido.
—El doctor Wilks pensó que sería una carga muy pesada para usted —dijo,
adivinando lo que pasaba por su cabeza —Que se sentiría responsable. No quería
que se preocupara por mí… ahora…
—Ahora debemos seguir con nuestra misión. Buscaremos durante la mañana y
a la noche cuando encontremos algún hotel, haremos lo mismo que anoche.
—Señor…
—Y no quiero que volvamos a tocar el tema, ¿de acuerdo? —cortó firme,
mientras se levantaba —Vamos, debemos seguir.
—Si… —contestó con amargura. Se había convertido en lo que menos quería.
Una carga para su Sol. Por su culpa,
ahora debería lastimarse para mantenerlo con vida.
—Deja de pensar, ¿sí? —escuchó su voz, ahora mucho más suave —Tenemos
mucho que hacer.
Extendió su mano, tomando la de Cedric. Y, una vez más, sintió ese
cosquilleo único. La sensación de calidez era mucho más fuerte ahora, hasta
podía sentir los latidos de su corazón a través de la piel. Era lo más hermoso
que había sentido en la vida. Sonrió, alzando la vista, encontrándose con la
sonrisa de Ion, que exclamó:
—Me alegra que estés aquí, Cedric. Gracias.
Él también se sentía feliz. Inmensamente feliz. Su vida pertenecía por
completo al ser frente suyo, y se aseguraría de demostrárselo a cada momento de
ahora en adelante.
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—No tiene sentido seguir, casi es medianoche —dijo Ion, moviendo el
cuello lentamente, para relajarse. Habían llegado a la ciudad Capital a la
mañana temprano y desde entonces no habían parado de caminar —Busquemos un
hotel.
—Primero debe comer.
—Estoy demasiado cansado para… —comenzó a decir, pero Cedric lo tomó del
brazo “arrastrándolo” hacia el interior de un pequeño bar —De acuerdo, de
acuerdo, entendí la indirecta.
—¿Quiere algo en especial? Iré a buscarlo.
—Hmm… una hamburguesa… café doble y… helado de chocolate, ¿qué es tan
gracioso? —preguntó, al verlo sonreír.
—Nada, solo me alegra ver que recuperó el apetito. Regreso enseguida.
Ion buscó una mesa vacía en donde poder sentarse. Le dolía la espalda y
la cabeza. Había pensado que, una vez que llegaran a la Capital, su búsqueda se
terminaría. Supuestamente, la persona que debían encontrar era muy conocida, o
por lo menos eso era lo que su padre repetía siempre. Sin embargo, nadie fue
capaz de darles una mínima pista de su paradero.
Escapar las 24 horas del día le estaba resultando insoportable y no
sabía hasta cuándo lo soportaría.
¿Y si no podían hallarlo? ¿Y si todo hubiera sido en vano?
Enfocó su atención en el viejo televisor del bar para evitar seguir
pensando. Estaban transmitiendo un juego de fútbol, evidentemente de poca
importancia, ya que nadie parecía estar viéndolo.
Apoyó la cabeza sobre la mesa, esperando que Cedric no tardara
demasiado, o se quedaría dormido.
“Interrumpimos nuestra
transmisión para dar una noticia de último momento: Se necesita saber el
paradero urgente de Ion Wilks, de 15 años de edad, cabello…”
¿Acaso estaban hablando de él????
Se irguió de inmediato hacia el televisor. En primera plana, vio una
fotografía suya y en una esquina, otra de su padre.
“El asesinato del prestigioso doctor Wilks aún es un misterio, pero
la policía sospecha que fue un intento de secuestro. De parte del Instituto
Pierson no emitieron opinión, pero se cree que el científico se resistió al
secuestro a la salida del trabajo, resultando muerto al instante. También se
sabe que su hijo se encontraba junto a él en ese momento. El mismo director del
Instituto, el Dr. Elías Pierson, habló esta mañana diciendo que ofrecerán una
gran recompensa a cualquiera que aporte datos acerca del joven…”
Una mezcla de sensaciones invadió a Ion. Odio, rabia, impotencia, miedo…
Quería moverse, pero su cuerpo se había quedado helado. Sólo podía ver
el televisor, que regresó a su programación habitual.
—Señor, será mejor que nos vayamos… —escuchó la voz de Cedric, que lo
volvió a la realidad.
—¿Lo…?
—Si. Me dijeron que hay un hotel en la otra cuadra. Debemos salir de
inmediato.
Se dejó guiar por su compañero, totalmente incapaz de caminar por sí
solo. Su mente estaba bloqueada, solo veía sombras de figuras pasando frente a
sus ojos.
—Señor, ¿está bien? ¿Le traigo un vaso con agua? —preguntó Cedric ni
bien entraron a la habitación.
—¿Secuestro? ¿Acaso dijeron secuestro? ¡Esos malditos lo asesinaron y se
atreven a decir que fue un secuestro!!!? —gritó, tirando su mochila.
—Cálmese, por favor.
—¡No puedo! ¡Quiero matar a ese maldito! ¡Matarlo con mis propias manos!
¿Quiere encontrarme? ¡Iré a buscarlo yo mismo!!!!
—No diga eso.
—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿Acaso no lo viste? ¿No escuchaste?
¿Cómo puedes permanecer así después de eso???
—Porque Pierson lo está provocando. Es una trampa para que se deje
descubrir…
—¡Es un maldito cobarde!
—Lo sé. Pero, lo único que podemos hacer es seguir con el plan. Y ahora
que su fotografía comenzó a circular por los medios, debemos ser mucho más
precavidos.
—Lo voy a matar.
—¿Por qué no come algo? Le traje…
—¡¡¿Puedes dejar de hablar de comida por un maldito momento?!! —gritó,
encerrándose en el baño de un portazo.
Se arrepintió al instante de sus palabras, pero ya no podía hacer nada
para arreglarlo. Se sentía tan frustrado que necesitaba descargarlo con
alguien. Pero Cedric no se lo merecía.
Aprovechó para darse un baño y dejar que el enojo se diluyera. ¿Cómo
harían ahora para seguir buscando? No pasaría mucho tiempo antes de que alguien
lo delatara. Todo se hacía cada vez más difícil…
El baño le ayudó mucho más de lo que creía, saliendo tranquilo y
dispuesto a disculparse con su compañero. Vio que había acomodado la comida
sobre la mesa y su remordimiento aumentó el doble, caminando hacia la figura
que miraba a través de la ventana.
—Lo siento… no debí hablarte de esa manera.
—No se preocupe, entiendo por qué lo hizo.
—No, no. Siempre ha sido mi peor defecto. Reaccionar sin pensar. Mi
padre decía que podía lastimar a las personas… así como te lastimé a ti.
Perdóname.
—Todo está bien —respondió con una sonrisa.
—Me gustaría poder controlarme, pero, con solo pensar en ese sujeto…
—comenzó a decir, dándole la espalda, sintiendo que el enojo volvía a
invadirlo. Pero, cayó de repente al sentir que los brazos de Cedric lo rodeaban
en un abrazo. Se calmó al instante, riendo por lo bajo —Mi padre me calmaba de
la misma manera.
—Lo… siento… fui un atrevido… —titubeó, tratando de alejarse, pero Ion
se lo impidió, sujetando sus brazos.
—Por favor… no te alejes. Quédate así solo un momento más.
—Claro que sí, señor.
—¿Cuándo me llamarás por mi nombre? —preguntó, volviendo a reír.
—¡No podría! Le tengo demasiado respeto, así como al doctor Wilks.
Al escuchar el querido nombre, no pudo evitar suspirar.
—¿Lo extrañas, Cedric? ¿Extrañas a mi padre?
—Cada minuto.
—Yo también…
—No se mucho de esas cosas, pero creo que, de alguna manera, él sigue
con nosotros —se detuvo al escuchar la risa de Ion —Puede parecer estúpido,
pero…
—Al contrario, creo que es un pensamiento muy tierno.
—¿No piensa lo mismo?
—He visto demasiadas cosas en mi vida para tener ese tipo de creencias
—respondió, separándose lentamente. Apoyó la frente sobre el vidrio,
estremeciéndose al sentir lo frío que estaba.
—Entonces, ¿cree que la muerte es el final de todo?
—No sé lo que creo. Ya no sé nada.
—Bueno… por mi parte sé que, aunque muriera, me gustaría estar a su
lado.
Ion sonrió, derrotado. Volteó, viendo a Cedric que lo miraba con esos
ojos tan transparentes como el cristal. En un impulso, tomó su cabeza y besó su
frente.
—¿Cómo haces para ser así?
—¿Así como?
—Olvídalo —continuó, secándose las lágrimas rápidamente —Mejor voy a
cenar.
—El café debe estar helado y el helado… derretido.
—Y bueno… vamos a ver que sale de eso. Y después, será tu turno de la
cena —sonrió, mostrándole la palma de su mano —Lamento que no podamos comer
juntos, pero se me caería la hamburguesa.
—No haga ese tipo de bromas —dijo molesto, frunciendo el ceño.
El joven rio con ganas, recuperando el optimismo. Tal vez… tal vez si
fuera cierto que su padre estaba con ellos. De alguna manera…
Capítulo III
“Había caminado sin rumbo fijo hasta llegar al
parque. A esa hora de la noche estaba casi vacío, con la excepción de un
pequeño niño que se encontraba parado frente al lago.
¿Qué hacía un niño a esa hora… solo?
Apresuró el paso, seguramente estaría muy
asustado, quizás llorando, pero al llegar junto a él vio que estaba muy
tranquilo y con la mirada fija en el agua.
—¿Estás perdido? —preguntó, poniéndose
en cuclillas para quedar a su altura. El pequeño clavó sus ojos grises en él,
mirándolo con total calma, para luego volver la vista al frente —¿Qué
haces aquí? ¿Quieres que te ayude a buscar a tus padres?
La criatura suspiró, al parecer fastidiada.
—Solo quiero ayudarte —insistió el
hombre.
—Morir ahogado… ¿es doloroso?
El hombre trastabilló, casi cayendo de espaldas
al oír semejante pregunta. La vocecita era suave, pero firme. Al no obtener
respuesta, el niño exclamó:
—Dijiste que querías ayudarme. Y quiero saber
si morir ahogado duele.
—¿Por… qué quieres saber eso?
—Para entrar al lago —respondió,
molesto al tener que dar explicaciones —Además, el agua debe estar fría.
—Eres muy pequeño para pensar eso.
—¿Qué puedes saber tú de mi vida? Eres como
todos, te dejas guiar por las apariencias… Son tan irritantes.
Era tan extraño escuchar su voz llena de
resentimiento. El pequeño cuerpo estaba temblando, pero parecía temblar de
furia y enojo.
¿Cómo podían existir tales sentimientos en el
corazón de un niño?
El hombre no sabía qué hacer, pero no iba a
permitir semejante locura. Así que tomó asiento a su lado, sorprendiendo al
pequeño.
—¿Qué haces?
—Voy a esperar —respondió, cruzando
las piernas —Si te tiras al lago, te sacaré.
—¡No te metas en mis asuntos!!! ¡Vete de
aquí!
—Este parque es un lugar público, no puedes impedir
que me quede. Y el lago también es público, así que me meteré si quiero.
Por un instante, el niño se desconcertó. Pero,
solo fueron unos segundos. Apretando los puños, hizo el ademán de tirarse, pero
el hombre se lanzó sobre él, aprisionándolo entre sus brazos.
—¡Suéltame! ¡Suéltame o te vas a
arrepentir!!!
—Es inútil que grites, patalees o trates de
zafarte. Soy el triple de grande y fuerte que tú.
El niño luchó hasta que se le acabaron las
fuerzas. Se detuvo a los quince minutos, jadeando y exhausto.
—Vaya… tienes resistencia. Y muy mal carácter
—exclamó, tratando de recuperar el aliento. Le dolían los brazos y debía
admitir que no hubiera resistido mucho más. Por suerte, el pequeño parecía
haberse dado por vencido.
—¿Por… qué… lo haces? ¿Qué puede… importarle
lo que… haga?
—Porque aún tienes mucho que ver en este
mundo —contestó, disminuyendo la presión del abrazo, pero sin soltarlo
por completo.
—He visto lo suficiente.
—Claro que no. Estoy seguro que nunca viste
una célula dividirse, la belleza de los granos de polen, los microorganismos en
una gota de agua…
—¿Qué??
—Lo siento —el hombre se echó a reír —Como
soy científico, no puedo evitar hablar de eso.
—Todo eso… ¿es verdad que es bello?
—Te aseguro que sí. La gente común no puede
apreciar la magia de las cosas invisibles a sus ojos, pero yo he aprendido a
ver su belleza oculta. Y estoy seguro que tú también podrías verla.
—¿Lo… crees?
—Te la mostraré. Y si no te gusta, yo mismo
te traeré al lago y te lanzaré de cabeza.
—De acuerdo. Trato hecho.
—¡Bravo! Y, para celebrar nuestro pacto,
iremos a comer algo muy rico. ¿Te parece?
—Si.
—Pero antes, debemos presentarnos. No es
bueno salir con un extraño. Mi nombre es Arthur Wilks.
—Me llamo Ion.
—¿Y tu apellido?
—Sólo soy Ion.
—Bien, “Ion a secas”, ahora somos amigos —sonrió,
estrechando su mano, para luego alzarlo.
—¿Por qué hiciste eso??? —gritó,
aferrándose al cuello del hombre para sostenerse.
—Pensé que estarías cansado. Además, así
llegaremos más rápido.
—Trata de avisarme antes de hacer una cosa así.
—De acuerdo, de acuerdo —rio —¿Quieres
cantar una canción?
—Oh, por dios… ¿Qué edad tienes?
—Cuarenta años, pero todos dicen que parezco
más joven.
—Ya lo creo…
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Ion se despertó con el rostro bañado en lágrimas. El sueño había sido
tan real… hasta le parecía que seguía escuchando la voz de su padre en su
cabeza. Pero, solo había sido un sueño. Y tenía demasiado que hacer para seguir
perdiendo tiempo en recuerdos.
Se levantó con cuidado para no despertar a Cedric, aún era temprano y
quería que descansara todo lo posible.
—Va a ser un día muy largo —se dijo, entrando al baño. Miró su rostro en
el espejo. Sabía que Pierson diseminaría su fotografía por todos lados. Muy
pronto sería casi imposible pasar desapercibido.
—Si hubiera una forma de cambiar de rostro…
En ese instante, vio que sus ojos cambiaban de color, volviéndose
azules. Al mismo tiempo, mechones de cabello negro se volvían rubios.
Retrocedió espantado, cayendo al piso.
—¡Señor! ¿Qué le ocurre? ¿Se encuentra bien?
—Mi… mi rostro…
—¿Qué ocurre con él?
—¿No lo ves? Es… ¡me estoy transformando!!
—No… entiendo. Su rostro está igual que siempre.
Ion volvió corriendo al baño. En efecto, su rostro era el mismo.
—No puede ser —dijo, tocándose con las manos para estar seguro que era
real —Yo… lo vi, vi como cambiaba…
—Habrá sido un sueño, señor. O tal vez producto del cansancio. Lo
importante es que está bien, ¿verdad?
—Si… Si, tienes razón. Mejor preparémonos para seguir…
++++++++++
El hecho de tener que pensar dos veces antes de dar cada paso, hacía
mucho más lenta la búsqueda… y mucho más irritante.
Pero, no había otra opción. Habían encontrado la misma fotografía en
todos los periódicos. El rostro de Ion empapelaba la ciudad.
—Maldito Pierson —gruñó por tercera vez, colocándose la capucha de la
campera. Detestaba llevarla puesta, le quedaba enorme, pero era lo único que
Cedric había podido conseguir. Y por lo menos ayudaba a ocultarlo y lo protegía
del frío, pero aun así la detestaba.
—¿Por qué se tardará tanto? Se fue hace media hora…
“Tienes que dejar que te guíe…”
—¿De qué hablas, Cedric…? —preguntó volteándose, para ver que no había
nadie a sus espaldas.
Se puso en guardia de inmediato, atento a cualquier ruido, pero el
pequeño depósito que había elegido como escondite, estaba vacío.
—¿Quién está ahí? —preguntó, tratando de que su voz sonara firme, pero
solo obtuvo silencio.
Contuvo la respiración, agudizando el oído. Estaba seguro de que había
escuchado esa voz. Pasaron diez minutos más, sin otra cosa que el viento
moviendo las ventanas. Estaba comenzando a relajarse, cuando la puerta se
abrió.
—Señor, soy yo.
—Ce… ¿Cedric?
El hombre se alarmó al oír el tono de voz. Rápidamente buscó a Ion,
encontrándolo acurrucado en una esquina.
—Cedric… ¿eres tú?
—Si… ¿qué ocurrió?
—Oí una voz… como si me susurraran en el oído… pero, no había nadie…
¡Cielos, Cedric! ¡Estoy enloqueciendo!!
El joven se cubrió la cabeza con las manos, temblando incontroladamente.
—Tranquilo, todo está bien —murmuró, abrazándolo.
—No, no está bien. Me estoy volviendo loco…
—Claro que no, solo está cansado. Eso es todo.
—¿Cuándo terminará todo? ¡Estoy harto de esto!!!
—Descanse un poco. Después buscaré un lugar donde…
—¡No! No vuelvas a dejarme —pidió, ocultando su rostro en el abrigo de
Cedric —Quedémonos acá, no me importa.
—De acuerdo —respondió acariciando la negra cabellera.
Lentamente, sintió que el cuerpo del joven dejaba de temblar. Aun así,
no dejó de acariciarlo, manteniéndose en silencio.
—Lo siento —escuchó luego de un largo tiempo —Lamento comportarme así.
—No diga eso.
—Debería ser el más seguro de los dos… y mírame… estoy en un estado
deplorable.
—No es para tanto —sonrió.
—¿Tuviste algún resultado?
—No —esta vez fue Cedric quien suspiró —Comienzo a preguntarme si el
doctor Wilks no se habrá equivocado.
—¡Claro que no! —gritó, separándose.
—Es que… llevamos semanas buscando a esa persona, y nadie parece conocer
siquiera su nombre. ¿No es extraño?
—Tienes razón, pero mi padre lo conocía. Inclusive, me dijo que le
comentó su proyecto de investigación. Y solo lo haría con una persona que le
fuera de absoluta confianza.
—No queda más que seguir buscando.
—Hay otra cosa que me parece muy extraña. El hecho de que Pierson no te
nombre. Sería fácil incriminarte como el asesino de mi padre y mi secuestrador.
¿Por qué tu fotografía no aparece también?
Cedric lo miró, sonriendo tristemente.
—Nunca ha visto un dependiente, ¿verdad?
—¿Por qué me preguntas eso? ¡Claro que no! Eres el primero que conozco.
—Usted lo ha dicho: soy el primero. Los demás fueron creados a partir de
mi genoma. O sea, son clones míos. Y deben estar trabajando bajo las órdenes de
Pierson. No sería conveniente que lo vean con una persona que es idéntica al
que denuncia como culpable.
—No lo sabía… Sólo sabía lo que mi padre me había dicho: que los
dependientes habían sido creados para usarse como arma biológica. Que Pierson
había robado muestras de su laboratorio y trabajado a sus espaldas. Pensé que
eran monstruos… hasta que supe que eras uno de ellos.
—No es así, señor. Son pobres muñecos manejados por un maníaco. Pierson
es el monstruo.
—Mi padre… ¿te creó? —preguntó suavemente, no muy seguro de cómo tomaría
la pregunta.
—No. Conocí al doctor Wilks en el Hospital General, donde él estaba
haciendo una residencia en Biotecnología. Bueno… “conocer” es una forma de
decir. Había tenido un accidente cuando volvía de vacaciones con mis padres.
Ellos murieron de inmediato y yo permanecí en coma por muchos meses. Años
después, el doctor me contó que los médicos querían desconectar el respirador
que era lo único que me mantenía con vida. Mi cuerpo se deterioraba con rapidez
y no tenía esperanza de sobrevivir. Entonces, el doctor Wilks propuso intentar
un nuevo tratamiento. Era un estudio en fase experimental y nunca lo había
probado en humanos. Como no tenía pariente alguno, los médicos accedieron. Fue
entonces que el doctor me inyectó lo que habría de salvarme la vida: su sangre.
Cedric sonrió al ver el rostro asombrado de Ion.
Al principio pareció no dar resultado, pero al día siguiente, mi cuerpo
comenzó a dar señales de vida. El doctor aplicó nuevas inyecciones, y después
de cada una, veía una leve mejoría. Tanto que, en menos de una semana, podía
moverme y hablar como si nada hubiera pasado. Era un verdadero milagro. Todos
querían dar a conocer la increíble historia, pero el doctor Wilks se negó. Y
fue por el hecho de darse cuenta de un imprevisto que ni siquiera había pasado
por su mente.
—La adicción a la sangre…
—Así es. No podía soportar ningún tipo de alimento, ni siquiera
líquidos. Al primer mordisco, sentía terribles náuseas que no podía controlar.
Y creo que nunca se hubiera dado cuenta, si no fuera porque me descubrió
bebiendo las muestras que debían inyectarme. El olor me había guiado al lugar
donde las guardaba y estaba tan hambriento que las bebí todas sin parar.
Supongo que relacionó los hechos y descubrió que me había vuelto un dependiente.
—Y fue cuando llegaste a casa.
—Si. Se sintió culpable por lo que había sucedido conmigo.
—Debió decírmelo. Cuando te trajo a casa, solo me dijo que eras el hijo
de un amigo que había fallecido. Y sólo sabía que necesitaba extraerme sangre
para seguir con sus estudios. Pensaba que había algo en mí que podría ayudar a
otros.
—A mí me ayudó. Gracias a usted y al doctor Wilks estoy vivo.
—Pero… ¡Tantos años juntos y no sabía la verdad! Todo este tiempo…
—¿Hubiera cambiado algo saberlo? Creo que no.
—¿Alguna vez… te arrepentiste de ser… así?
—Nunca. Me costó entenderlo, es verdad. Pero, fui feliz junto a ustedes.
Y agradezco que haya pasado.
Ion suspiró, volviendo a esconderse en el abrigo de Cedric.
—Me pregunto si alguna vez fui normal —dijo, en un hilo de voz —Me
gustaría recordar mi pasado, pero solo llego hasta un punto… y luego todo se
vuelve negro. Pasaron tantas cosas… tanto tiempo…y estoy tan cansado que a
veces quisiera…
—Cuando todo termine, buscaremos un lugar tranquilo para vivir —cortó,
abrazándolo fuerte —Continuaré las investigaciones del doctor Wilks y
encontraré la manera de alimentarme sin lastimarlo. Y todo estará bien.
—¿Cuántas veces tengo que repetirte que no me importan estos cortes? Ya
ni siquiera los siento.
—No importa, lo haré de todas maneras. Viviremos en el campo.
—¿Y quién te dijo que me gustaría vivir en el campo?
—¿Eh? Bueno…yo…
—Sólo bromeo, Cedric —rio —El campo suena bien. ¿Cómo sería la casa?
—Sería muy grande, y con muchas ventanas. Tendría una biblioteca
inmensa, con…
Ion sonrió, olvidándose por un momento de todo a su alrededor. Cerró los
ojos, concentrándose en imaginar la casa que Cedric describía con lujo de
detalles. Se imaginó viviendo en ese lugar, en donde solo existiría la paz y
tranquilidad.
—…podríamos tener un jardín con árboles frutales, así podría hacer
mermelada. No son difíciles de preparar, estoy seguro que me saldrían bien…
—Si… sería bonito vivir allí… —fue su último pensamiento antes de
quedarse dormido.
Capítulo IV
—Entonces, ¿lo conoce?
Cedric no pudo evitar sonreír. ¡Al fin!
—Pero… no lo veo hace años. Solía venir aquí todos los días. Espere un
momento —la mujer tomó la fotografía y llamó a su compañero de oficina
—¡Walter! Ven aquí un momento por favor.
—¿Qué quieres? Tengo mucho trabajo con estos informes.
—¿Te acuerdas de él? —preguntó, mostrándole la foto.
—¡Claro! Cómo no recordar a ese sujeto.
—Tenía un nombre extraño… ¿Cómo me dijo usted?
—Cristian Barris —respondió Cedric, cada vez más ansioso.
—¿Barris? No, yo lo conocía por su pseudónimo.
—¿Sabe dónde puedo encontrarlo?
El hombre garabateó sobre un papel y se lo entregó.
—Supe que su oficina cambió de lugar, pero tal vez puedan ayudarlo.
—¡Muchas gracias!!
Cedric salió disparado. Presentía que estaban muy cerca de lograr su
objetivo. Muy pronto… todo terminaría.
--------------------------------------------------
—¿Es verdad que quieres encontrarme?
—¡Claro que sí!
—Entonces… ¿por qué no dejas que te guíe?
—No entiendo que quieres decir con eso… ¿Dónde
estás? ¿Por qué no me dejas verte?
—Si quieres encontrarme, sigue al viento…
—¡Señor! ¡Despierte!
Ion abrió los ojos, sintiéndose mareado. ¿Se había quedado dormido?
Entonces… ¿Todo había sido un sueño?
No, no esta vez.
—Tengo una excelente noticia —continuó Cedric —Encontré una pista.
—Hay que seguir al viento…
—¿Qué?
—Para encontrarlo…hay que seguir al viento.
Cedric sacó el papel que le habían dado.
—Wind… esas personas me dijeron que la persona que buscamos se hace
llamar Wind.
Ion lo miró, comenzando a entender. Entonces, la persona en su sueño…
—Debemos irnos —dijo, levantándose.
—Señor, debemos tener cuidado. No camine tan rápido…
Pero, Ion no lo escuchaba. Sólo tenía una cosa en mente, y sentía una
especie de fuerza guiándolo. Sólo se detuvo al llegar a una peatonal repleta de
gente.
—La dirección que me dieron está en la dirección contraria, debemos…
El joven miró a su alrededor, desconcertado.
“… sigue el viento…”
Cerró los ojos, sintiendo la suave brisa, casi imperceptible.
A la derecha.
Salió disparado con tanta rapidez, que Cedric no pudo reaccionar a
tiempo. En cuestión de segundos, lo había perdido de vista entre la multitud.
—Falta poco… está cerca —se repetía una y otra vez, chocando con la
gente. Entró a un callejón, siguiendo hasta llegar a un muro.
—Del otro lado… ¡Maldición! —gritó, golpeando la pared. Buscó la manera
de subir, pero era demasiado alto, no le quedaba otra opción que dar la vuelta.
Comenzó a correr nuevamente, pero chocó con algo, cayendo al suelo.
—¿Pero ¿qué…?... ¡Cedric! Lo siento, no te vi —se disculpó, levantándose
—Está del otro lado del muro, vamos.
Quiso avanzar, pero el hombre lo retuvo por la muñeca.
—¿Qué haces? ¡No tenemos tiempo! ¡Suéltame!
Fue cuando se dio cuenta. Aquel hombre no era Cedric. Sus ojos no tenían
expresión. El miedo lo invadió, y luchó con todas sus fuerzas para soltarse.
Pero fue imposible, solo logró que lo lanzaran contra la pared, golpeándose la
cabeza con tal fuerza, que por unos segundos, perdió la conciencia.
—El objetivo ha sido encontrado —escuchó —Reporto ubicación y espero
instrucciones.
—No voy a permitirlo… no estando tan cerca…
Juntando las fuerzas que le quedaban, pateó al sujeto, que cayó al suelo
como una masa inerte. Aprovechó para salir corriendo. Si lograba ir nuevamente
a la peatonal, estaría salvado.
Pero, antes de llegar a la salida del callejón, se encontró frente a
otro de aquellos clones.
—Objetivo encontrado —habló, avanzando hacia él.
—Objetivo encontrado —escuchó a sus espaldas.
Estaba acorralado. ¿Dónde se había metido Cedric? Retrocedió hasta
quedar contra la pared, con ambos dependientes cortándole el paso.
Metió la mano en el bolsillo de su abrigo, sacando la navaja que usaba
para hacerse los cortes. No se rendiría tan fácil. Si querían llevárselo, se
llevarían también unas cuantas heridas.
¿Heridas? ¿Y si…?
Con un rápido movimiento, hizo un corte en la palma de su mano derecha.
La sangre brotó rápidamente. Al verla, los dependientes dilataron sus pupilas.
—Lo sabía… ¿Quieren mi sangre? ¡Acá la tienen! —gritó, haciendo un
ademán con la mano, lo que hizo que gotas de sangre quedaran impregnadas en el
rostro de los clones. Estos parecieron enloquecer, tratando de lamerla por
todos los medios.
Por un momento pensó que lo había logrado, pero pronto se dio cuenta que
había cometido un gran error. Aquellos seres estaban fuera de sí y se
abalanzaron sobre él. Logró herir a uno en la mejilla, pero ni siquiera sirvió
para inmutarlo. El clon tomó su mano herida, mordiéndola para hacer que la
sangre siguiera saliendo, mientras que el otro tomó la navaja para hacer un profundo
corte en su otra mano.
El dolor lo hizo caer de rodillas, gritando. ¿Dónde estaba Cedric? Lo
llamó desesperado, sintiendo que la vida se le iba a cada segundo.
De repente, sintió un nuevo golpe que lo envió hacia atrás. Vio a los
dependientes retroceder, ambos con el rostro lleno de sangre. Más allá, se
encontraba Cedric con un hierro en la mano.
—¡Cedric!! —gritó, casi sin voz.
—No se preocupe, señor —contestó con voz tranquila y segura, colocándose
frente a él. Avanzó hacia sus atacantes, derribándolos nuevamente. Pero, no
importaba cuantas veces cayeran, volvían a levantarse una y otra vez.
Finalmente, logró dar un fuerte golpe en la cabeza a uno, que cayó inerte al
instante.
—Obstáculo frente al objetivo —exclamó el otro —Baja de la Unidad B-13.
Se requiere instrucciones.
—Eliminar obstáculo —se oyó del intercomunicador en el uniforme del
dependiente.
—Se procede a la eliminación —respondió, sacando un arma.
—¡Demonios!! —gimió Cedric, sintiendo el disparo en su brazo. Se alejó
de Ion, tratando de moverse rápidamente para evitar que el dependiente siguiera
disparando.
—¡Cedric!
—¡No se acerque!! —gritó, tratando de golpearlo en la cabeza. Pero, la
herida en su brazo le quitó potencia y el dependiente tomó con la mano el
extremo del hierro, inmovilizándolo.
—Eliminando objetivo —exclamó, disparándole tres veces en el pecho.
Todo se detuvo en ese instante. Sin pensar, Ion emitió un alarido
desgarrador, acercándose al cuerpo de Cedric.
El dependiente guardó el arma, tomando al joven por el brazo antes de que
pudiera llegar junto a su compañero.
—Llevando objetivo a Sede Central.
—¡NO! ¡NOOO!!!! ¡CEDRIC!!!!!
—¡Deténgase! ¡Arroje su arma y ríndase! —se oyó un grito. Acto seguido,
un hombre y una mujer se interpusieron en el camino del dependiente.
—Eliminando nuevos obstáculos…
—¡Cuidado Hack, tiene un arma!
—Yo me ocuparé de inmediato.
Ion vio emerger una llamarada, y por un instante pensó que moriría en
medio de las llamas. Sin embargo, no sentía calor. Alzó su mano, envuelta en un
aura dorada. De alguna manera, parecía protegido por esa especie de luz. El
dependiente lo soltó, retorciéndose bajo el efecto del abrasante calor.
Al verse libre, corrió hasta donde estaba Cedric, que respiraba agitado,
con los ojos muy abiertos.
—Se…ñor…
—No hables. Estarás bien en unos segundos —exclamó acercando su mano
para que se bebiera su sangre.
—Es… inútil… señor…
—¡Sólo bébela, demonios! No puedes dejarme tú también… ¡NO ME DEJES!!!
—Nuestra ambulancia está en camino —dijo la mujer, acercándose. Luego se
dirigió a Cedric, que la miraba con ojos suplicantes —No te preocupes, el SIT
lo protegerá.
El hombre sonrió, tomando la mano que Ion aún sostenía junto a sus
labios para besarla.
Sintió las lágrimas caer en su rostro y cerró los ojos, respirando por
última vez.
—La ambulancia llegó.
—Demasiado tarde—murmuró la desconocida, señalando al joven que lloraba
abrazado al cuerpo inerte de su compañero —Si lo hubiera sentido antes…
—No fue tu culpa, Alissa. Vamos, debemos llevarlo y averiguar de qué se
trata todo esto — continuó diciendo, para luego arrodillarse junto a Ion —Ven
con nosotros.
—Aléjense —dijo entre sollozos.
—Es peligroso permanecer aquí más tiempo.
—¡ALÉJENSE!!!! ¡Déjenos solos!! Tenemos una misión que cumplir…debemos…
encontrar a Wind…
—¿Wind? —la mujer miró a su acompañante.
—¡Oigan! Venus interceptó varios automóviles dirigiéndose hacia acá
—gritó un adolescente apareciendo de repente —Debemos irnos ¡Ya!
—Alissa…
—Si, si… no hay otra manera. Lo siento —y, rodeándose de un aura dorada,
la mujer tocó el cuerpo de Ion, quien cayó desvanecido al instante.
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No quería abrir los ojos. Quería seguir inconsciente, inmerso en el vacío.
Pero, su cuerpo reaccionaba en contra de su voluntad. Se aferraba a la vida, a
la luz.
—Qué bueno que despertaste.
Aquella mujer estaba a su lado. Al parecer, se encontraba en una especie
de clínica.
—No fue mi intención dejarte inconsciente, lo siento.
Ion no contestó, solo volteó el rostro hacia la ventana abierta, que
dejaba entrar los últimos rayos del atardecer.
—Dijiste que buscaban a Wind.
—¿Lo conoces? —preguntó, animándose de repente.
—Si, es… mejor dicho, fue el jefe de nuestra organización, hasta que
tuvo un accidente hace tres años.
—¿Está…?
—No, pero… se encuentra en estado vegetativo —respondió, con voz
quebrada —Se encuentra en este mismo hospital, en la unidad de terapia
intensiva. A pesar de todo, nunca perderemos la esperanza.
El hombre que tanto había buscado, la última esperanza… la persona por
la que su padre y Cedric habían muerto…
Apretó los puños, entre la rabia, el dolor y la impotencia.
—¿Por qué lo buscaban?
—Ya… no importa…
—Dentro de poco te traeré la cena. Descansa.
—¿Te dijo algo? —interrogó Hank, saliendo a su encuentro.
—No. Y no quise presionarlo.
—En la mochila encontramos una especie de diario. Habla de la
investigación de un tal doctor Wilks —informó un adolescente, apartando la
vista de su computadora.
—¿No es el tipo que mataron la semana pasada?
—Si, y ese chico es Ion Wilks. Parece que resolvimos el misterio del
secuestro.
—No resolvimos nada —gruñó Hack encendiendo un cigarrillo —Al contrario,
nos metimos en algo bien grande.
—¿Dónde está Venus?
—Fue a la estación de policía a buscar más información —respondió el
chico, volviendo a su computadora.
—¿Qué piensas hacer, Alissa?
—No lo sé… necesito pensar… volveré en un rato.
La mujer se alejó, sintiéndose totalmente perdida. No sabía qué hacer,
pero tenía la responsabilidad del asunto. Ella había captado la energía del
muchacho desde un principio, por lo tanto, debía tomar una decisión.
En esos momentos odiaba ser como era. Todos parecían dejar los problemas
sobre sus hombros, como si fuera capaz de solucionarlos.
Ella no era… ÉL.
Caminó por el largo pasillo que desembocaba en la sala especial de
terapia intensiva. Aquella sala que había sido adaptada especialmente para
albergar al verdadero jefe del SIT.
Abrió lentamente la puerta, encontrándose con un hombre que acomodaba la
almohada al paciente que yacía inconsciente.
—Buenas tardes, Randall —saludó, acercándose para ayudarlo.
—Hola, pequeña. ¿Cómo salió todo?
—Bien. ¿Te enteraste de lo que pasó?
—Sander me comentó algo.
Alissa acomodó con ternura los mechones rubios del paciente, haciendo
que Randall sonriera.
—¿Qué ocurre? —preguntó, luego que ambos tomaran asiento en una banca
junto a la cama.
—No entiendo porque me asignaron a mí. No puedo hacerlo, no soy capaz.
Ahora mismo debo tomar una decisión y no sé qué hacer…
—Muchas veces Wind dudó. Lo hacía cada vez que comenzábamos una misión.
Aprendió a controlarse frente a nosotros, pero nunca dejó de tener miedo.
—Nunca podré ser como él.
—Claro que no. Porque eres Alissa. Lo has hecho muy bien en estos 3 años
y lo seguirás haciendo hasta que él despierte.
—Gracias, Randall. Siempre sabes cómo animarme.
—Para eso estoy, pequeña.
—Iré a ver si Venus regresó con la información. ¿Podrías venir después?
Necesito toda la ayuda posible.
—Claro, iré en unos minutos.
Cuando la mujer salió, Randall volvió a acercarse a la cama. Era hora de
terminar su ritual de visitas diario. Si pudiera elegir, permanecería las 24
horas en esa sala, pero no le haría bien a él, ni a su equipo. Y sabía que
tampoco le gustaría a Wind.
Así que terminó de acomodar las mantas, vigiló el suero y la máquina que
emitía pitidos monótonos.
—Que pases una buena noche, mi amor —susurró, besando suavemente los
fríos labios, para luego salir silenciosamente de la habitación.
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—¿Acaso te has dado por vencido?
—¿Tiene algún sentido seguir?
—Estando tan cerca… no puedes detenerte
ahora…
Ion abrió los ojos. Estaba cubierto de sudor y le costaba respirar, como
si tuviera algo muy pesado sobre su cuerpo. Se levantó con dificultad,
arrancándose el suero del brazo.
Una vez más esa voz… y esa energía… Tenía que encontrarlo, aún sin saber
muy bien por qué.
Se dejó guiar, caminando por un desolado pasillo en penumbras. Sentía
frío al caminar descalzo y vistiendo solo una delgada bata. Por la oscuridad
reinante, supuso que aún era de noche, además, el lugar estaba en absoluto
silencio.
Se detuvo de repente frente a una puerta, abriéndola lentamente. Lo
primero que vio fueron las luces de una máquina, que parpadeaban al ritmo de un
leve pitido. La silueta acostada en la cama le llamó la atención, acercándose.
—Es… él… —dijo, al reconocerlo.
—Al fin llegaste…
—¿Quién dijo eso? —preguntó, volteándose.
—¿Aún no te diste cuenta?
Volvió a mirar al hombre inconsciente, sin poder creerlo.
—Por favor, toca mi mano…
Ion hizo lo que le pidió. Ni bien entró en contacto con la piel fría,
una corriente eléctrica corrió por su espalda. Todo se desvaneció a su
alrededor, volviéndose negro.
—No tengas miedo. Estás a salvo.
Al darse vuelta, vio frente a él a Wind. De pie, absolutamente normal.
—¿Qué es esto?
—El interior de mi mente.
—¿Eras tú el que me llamaba? ¿Por qué?
—Debería ser yo el que preguntara eso. Al fin y al cabo, el que me
buscaba eras tú, ¿verdad?
—Si, pero…
—Ya lo sé todo. Al entrar en contacto contigo, entré en tus pensamientos
y recuerdos. Es un gusto conocerte al fin, Ion. He oído mucho de ti.
—Entonces, sabes lo de mi padre.
—Si, y lo lamento mucho. Era un excelente hombre. No solo en el aspecto
científico, era excelente como persona.
—¿Lo conoció?
—Tuve ese honor. Él me buscó hace unos años. Quería contarme sobre su
investigación. Estaba preocupado por ti, y por el pequeño Cedric. Se sentía
culpable por lo que había hecho.
Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de Ion.
—Tu padre descubrió algo asombroso… y fue gracias a ti.
—Si nunca me hubiera conocido… él estaría vivo…
—¿Realmente piensas eso? ¿Te arrepientes de todos los años que pasaron
juntos? ¿Y que hay con Cedric? Si no hubiera sido por ti, él habría muerto.
—De todos modos, murió por mi culpa —cortó, apretando los puños con
rabia.
—Sé que es doloroso, pero…
—¿Doloroso? ¿Acaso puedes saber por lo que estoy pasando? He perdido a
las personas más importantes de mi vida…
—Lo sé. He soportado ese sentimiento durante tres años, en cada segundo.
El dolor de saber que nunca más podré abrazar a la persona que amo… verla
sufrir en silencio día tras día. Gritar con toda mi alma y que no salga sonido
alguno… conozco ese sentimiento de dolor, Ion. Ni siquiera te imaginas lo bien
que lo conozco.
El joven cayó de rodillas, llorando.
—¿Qué puedo hacer?... Estoy harto de este mundo…
—Has estado solo demasiado tiempo… tu alma está llena de rencor y odio.
Estás tan peleado con tu realidad, que te olvidas que llevas en tus venas un
poder increíble.
—¿De qué sirve ser tan especial?
No pude salvar a las únicas personas que me quisieron… no pude hacer
nada…
—Puedes hacerlo ahora. Continuar la obra de la persona que llamaste
padre. Ayudar a muchos más como Cedric.
—¿Qué pasará con Pierson?
—Mi equipo se encargará de él. Hay muchas personas que piensan que
pueden jugar a ser Dios —suspiró —Todo rastro de su obra será eliminada,
incluyendo a esas pobres almas llamadas “dependientes”. El diario de tu padre
quedará bajo nuestra custodia. Tenemos en el equipo excelentes científicos. Con
tu ayuda, podrán seguir la investigación.
—Seguir… —murmuró, levantándose —Dime… ¿Cómo estás tan seguro que se
hará lo que dices?
—Porque confío en ellos. ¿Listo para volver?
—Una última pregunta… ¿cómo haces… para soportarlo?
—Porque no puedo darme por vencido. Por el que amo, por mis amigos. Y
por el SIT.
Ion cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir, se encontró nuevamente en
la habitación.
Le costaba creer que aquella sombra pálida era el mismo hombre con el
que había hablado hace pocos segundos. Tanta seguridad, tanta fuerza… encerrada
en un cuerpo inútil.
—Seguir… seguir adelante… No sé si podré hacerlo, no tengo tu fuerza…
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—Es asombroso, realmente increíble…
Ion miró de reojo la pantalla de la computadora, pero solo distinguió
extraños símbolos sin sentido.
—¿Qué significa eso?
—Significa que hay componentes en tu sangre que tienen la capacidad de
regenerar células dañadas, como las del tejido nervioso —explicó la doctora,
sin poder contener su asombro —Aún es pronto para saber cuál o cuáles son,
pero… es simplemente un milagro.
—¿Eso explicaría lo que soy? —preguntó, volviéndose a cubrir con la
camisa. Mi padre nunca supo explicármelo.
—Tal vez esté relacionado, o… tal vez seas como Emmanuel.
—¿Quién es?
—Un ex agente del SIT. Al igual que tú, tenía mucha más edad de la que
aparentaba. Sus células tenían un proceso de envejecimiento mucho más lento de
lo normal. Se llamaba a sí mismo “demonio vampiro”.
—¿Dónde está ahora?
—Luego del accidente del Jefe, se fue y nunca supimos más de él. Era…
especial. Sólo Wind podía controlarlo.
—Demonio vampiro…
—Tenía la capacidad de absorber energía de cualquier ser vivo. Decía que
tenía una organización secreta en algún lugar de Europa Central, llamada “La
Sagrada Legión”, pero nunca contó mucho ese lugar, ni de su pasado.
—Yo no recuerdo casi nada del mío.
—Tal vez estés relacionado con él. Y si tenemos suerte, podremos
descubrir algo más con tu sangre.
—¿Necesitarán sacarme más?
—No, no es necesario. Guardamos varias muestras y las procesaremos para
almacenarlas.
—Entonces, puedo irme, ¿verdad?
—Si, Ion. Muchas gracias, has sido de inmensa ayuda.
Había escuchado esa frase tantas veces, que terminó odiándolas. Todo el
mundo le daba las gracias. ¿Gracias por qué? Sólo había dado un poco de sangre,
como lo había hecho durante años.
Era él quien estaba agradecido. En pocos días, el SIT sacó a la luz el
proyecto de Pierson y la justicia lo incriminó por realizar experimentos en
humanos. Por supuesto, todo el trasfondo relacionado a la verdadera
investigación se mantuvo en absoluto secreto y todo rastro de ella fue
destruido.
Al final de todo, las palabras de Wind se habían cumplido al pie de la
letra.
¿Qué haría ahora? El trabajo de su padre estaba a salvo. La misión había
terminado.
Alissa le había propuesto quedarse en el SIT como un miembro más. Pero,
estaba demasiado cansado. En los últimos días, parecía que el peso de sus
verdaderos años había caído con toda su fuerza.
Se dirigió a la sala en donde estaba Wind. Desde que lo conoció, tenía
la necesidad de visitarlo a diario. Se sentaba a su lado durante horas, mirando
su rostro inmutable. Había intentado comunicarse con él, pero no logró escuchar
su voz nuevamente. Aun así, el solo hecho de permanecer a su lado, le daba paz
y le hacía olvidar el vacío de su espíritu.
Cuando entró, encontró a Randall, que parecía tener la misma necesidad
que él.
—Lo siento, no quise… —se disculpó, haciendo el ademán de retirarse.
—Entra, Ion. No hay problema.
Se ubicó a su lado, permaneciendo en silencio. Cada vez que veía a
Randall, las palabras de Wind resonaban en su cabeza. Pensar que estaban tan
cerca… y tan lejos al mismo tiempo.
Detrás de la mirada triste de Randall podía ver el dolor que sentía, ese
mismo dolor quemante que él mismo había experimentado, hasta que conoció a su
padre.
—¿Aún no decides que hacer?
—No.
—Sabes que las puertas del SIT están abiertas, Ion.
—Si, lo sé. Nunca podré agradecerles lo que hicieron por mí. Y por mi
padre.
—Ojalá hubiéramos hecho más. Pero… el destino es muy cruel a veces.
Miró de reojo al hombre y un pensamiento vino a su mente, aquellas
palabras que Cedric le había dicho y que le causaron risa en ese entonces:
“…aunque
muriera, me gustaría estar a su lado…”
¿Lo estaría? De la misma manera que Wind estaba junto a Randall. Tal vez
no se daba cuenta, y tanto Cedric como su padre estaban a su lado en ese mismo
instante.
Por primera vez quiso creer. Deseó con todas sus fuerzas que así fuera.
Que había algo más allá de la muerte. De alguna manera… necesitaba saber que
estaban en algún lugar…
—Ya no lo soporto, Wind —pensó, mirándolo —No puedo seguir…
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Esperó que todos estuvieran durmiendo. Como la primera vez, recorrió el
pasillo en penumbras, pero esta vez con paso decidido.
—Dijiste que debía ser de ayuda —dijo al llegar junto a Wind —Que debía
continuar la obra de mi padre. Hice todo lo posible, ya no puedo hacer más, el
resto está en manos de tu equipo. Y tenías razón, son excelentes.
Sólo… hay una cosa más que quiero hacer. No sé si servirá, pero quiero
hacerlo. Por ti, y por Randall…
Diciendo eso, sacó una navaja y cortó su muñeca, sintiendo un
escalofrío. La última vez lo había hecho para salvar a Cedric. Con suavidad,
separó los labios de Wind, haciendo que la sangre se escurriera entre ellos.
—Por favor… que funcione. Tú si tienes por quién vivir…
Miró ansioso el monitor que indicaba los signos vitales. De repente, una
intensa luz azul explotó en la habitación. Se cubrió los ojos, hasta que la luz
se convirtió en un aura, envolviendo el cuerpo de Wind. El monitor comenzó a
titilar más fuerte hasta que pareció enloquecer en un sinfín de sonidos.
—Funcionó… ¡Funcionó! —rio, mirando como el rostro pálido recuperaba su
tez rosada —Wind… gracias por dejarme sentir verdaderamente útil por una vez en
mi vida. Gracias por todo.
—I… Ion…
—Ahora debo irme… hay dos personas que están esperándome…
Sabía que no tenía mucho tiempo. Mientras volvía a la habitación que le
habían designado, podía escuchar movimientos en los pasillos.
Cerró la puerta con seguro, apoyándose en la misma, respirando agitado.
Se sentía feliz. Imaginaba el rostro de Randall al ver despertar a la
persona que amaba. Y a Wind, al poder abrazarlo después de tanto dolor.
Sin dejar de sonreír, tomó la navaja, cortándose nuevamente la muñeca,
pero esta vez mucho más profundo. Antes de quedarse sin fuerzas, hizo lo mismo
con la otra. La sangre comenzó a salir a borbotones y pronto tuvo que sentarse
al sentir que las rodillas le temblaban.
—Me hubiera gustado hablar con Wind una vez más… estoy seguro que nos
habríamos llevado muy bien…
—¡Ion! ¿Estás ahí? —escuchó tras la puerta —¡Abre!!!!!
—Estos chicos sí que son rápidos-sonrió —Tienes toda la razón de estar
orgulloso de tu equipo…
Tenía mucho sueño. Le costaba mantener los ojos abiertos, sentía los
párpados muy pesados. Decidió recostarse en el suelo, en medio del charco de
sangre que se había formado a su alrededor.
Al cerrar los ojos, vio una casa de tejado rojo, con un gran jardín.
Tenía muchas ventanas, y todas estaban abiertas. Numerosos árboles frutales la
rodeaban. Había de todo: manzanos, naranjos, limas…
Podía sentir el aroma dulce y tibio del ambiente. A lo lejos, vislumbró
dos sombras acercándose… más cerca, cada vez más cerca…
El ruido de los golpes y los gritos tras la puerta fue haciéndose más
lejano.
Más cerca…
Al reconocer a las sombras, extendió la mano hacia ellas.
Más cerca…
Y el sonido se apagó por completo.
FIN